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Volumen 4 - No.2 - 1999

La costa hondureña de la Mosquitia se encamina hacia un futuro mejor
por Rossany Auceda, foto de Bjorn Sletto


Niños lavando nance, fruta parecida a la manzana, en la costa de la laguna Ibans.

Wan raika jelpkaba taun dukia sa baku sin taunra iwi uplika dukiasa. Estas palabras, que en idioma misquito quieren decir “la salud es del pueblo y para el pueblo”, fueron pronunciadas por un líder religioso de la comunidad de Uhi, cuando el Dr. Francisco Medina, Director de la Región Sanitaria No. 8, inauguró un centro de salud rural en el apartado Departamento de Gracias a Dios, conocido popularmente como la Mosquitia, el territorio menos poblado de Honduras, y según algunos, de toda Centroamérica.

Gracias a Dios, ubicado en la región nororiental de la costa atlántica, es el segundo más grande del país y está constituido por seis municipios, cuatro de los cuales fueron creados en 1996. Su población es multicultural, integrada por cuatro grupos indígenas: los tawacas, los pechs, los garífunas y los misquitos, que representan 70 por ciento de la población.

La inauguración de la nueva clínica de Uhi no pasó inadvertida para los cerca de 58.000 habitantes de la Mosquitia, que ven esperanzados el nuevo impulso por llevar actividades de salud a un rincón del mundo en el que los factores étnicos, culturales, educacionales y económicos han representado un desafío casi insuperable para este sector.

Visitar la Mosquitia es ver todavía la inocencia de una tierra plena de riquezas naturales, un territorio virgen con lagunas, manglares y una extensa red fluvial que exuda el aire puro de las selvas tropicales; una zona salvaje en la que los seres humanos constituyen una minoría (la densidad alcanza a 3,2 habitantes por km2); una región que alberga personas de piel clara y oscura con rasgos, formas y lenguas diferentes; un pueblo que lucha para lograr el sustento diario a través de la pesca, la caza, la agricultura y los trabajos asalariados estacionales vinculados a la tierra y al mar que lo rodea.

Esta nueva esperanza tuvo lugar en una crítica e irónica coyuntura en la historia de la Mosquitia. Semanas después de la inauguración de la clínica de Uhi, el huracán Mitch alcanzó a la Mosquitia en su devastador paso por Centroamérica. Aunque milagrosamente no hubo muertos ni heridos graves, las pérdidas económicas y emocionales fueron considerables. Las inundaciones que siguieron al peor huracán de este siglo arrasaron los huertos de maíz, arroz y frijoles cuidadosamente plantados. “Ahora los pobladores tienen que trabajar más porque quedaron sin comida”, asegura Elena Marley Cunningham, enfermera profesional que trabaja en la zona.

A pesar de la abundancia ecológica de la Mosquitia, la mayor parte de sus habitantes carece de agua limpia para beber y de servicios básicos de saneamiento. Según un informe del Gobierno, a fines de 1998 solo 22 por ciento de los habitantes contaba con servicios de agua potable, y como consecuencia del huracán, el porcentaje de la población que tenía servicios de eliminación de desechos se redujo de 27 a apenas 10 por ciento.

Debido a esta situación, los funcionarios de salud pública temían brotes de enfermedades después del huracán. La malaria ha sido siempre un importante problema de salud en la Mosquitia, aunque el número de casos no se incrementó significativamente después de las inundaciones, dice el Dr. Juan Rosado, Coordinador Municipal de Salud del Municipio de Puerto Lempira, capital del Departamento de Gracias a Dios, porque la Secretaría de Salud de Honduras tomó medidas inmediatas para fumigar y drenar los criaderos naturales de los mosquitos.

Las condiciones de vida y de salud siempre han sido más precarias en la Mosquitia que en el resto del país. La elevada tasa de mortalidad materna —461,8 casos por cada 100.000 nacimientos vivos en comparación con una tasa nacional de 168— ha sido una constante preocupación de las autoridades de salud. Las principales causas de muertes son hemorragias, infecciones e hipertensión. La mitad de estas mujeres muere durante el curso del embarazo y la otra mitad durante el parto o inmediatamente después. Del total de nacimientos ocurridos en 1998, 56,3 por ciento fueron atendidos en el hogar, lo que indica que la mayoría de las mujeres no asiste a un establecimiento de salud.

Las estadísticas de mortalidad materna sugieren las disparidades económicas, educacionales y geográficas existentes en la región: las oportunidades son escasas y las distancias muy grandes. La prevalencia de las parteras también indica la importancia que revisten las prácticas médicas tradicionales en la región y la necesidad de crear servicios de salud culturalmente apropiados en el futuro.

A pesar de los reveses producidos por el huracán Mitch, durante los últimos años la Mosquitia ha logrado importantes avances en el acceso a la atención de salud. Actualmente existen 29 centros o puestos de salud en todo el Departamento, 12 de los cuales están vinculados por un sistema de comunicaciones por radio que ha posibilitado el intercambio de información y ha incrementado la vigilancia epidemiológica dentro de la región.

La oportunidad de construir sobre estos primeros y fundamentales pequeños avances en materia de salud humana se presentó durante el gobierno anterior mediante la puesta en práctica del Proyecto de Acceso a los Servicios de Salud en la Mosquitia, que el actual presidente Carlos Flores Facusse ha extendido por cuatro años más.

Estas medidas forman parte integral de la Nueva Agenda de Honduras 1998-2002 (que en el período posterior al huracán Mitch se denominó Plan de Reconstrucción Nacional) después de un acuerdo conjunto suscrito por la Secretaría de Salud y los gobiernos locales del Departamento de Gracias a Dios.

Los resultados del proyecto hasta la fecha son notables: la población con acceso por primera vez a los servicios de atención de salud pasó de 23 por ciento en 1993 a 84 por ciento en 1998. Como en el caso de la inauguración del nuevo centro de salud de Uhi, el director regional Medina dice que estos logros se basan en el apoyo financiero y el esfuerzo combinado de las comunidades locales, gobiernos municipales, organizaciones no gubernamentales, Secretaría de Salud de Honduras, Organización Panamericana de la Salud, Gobiernos de Suecia, Japón y España y otros gobiernos y organizaciones.

Los objetivos del proyecto incluyen la ampliación de los servicios de suministro de agua potable y eliminación de desechos, la construcción de clínicas de atención maternoinfantil, centros de atención primaria y unidades de salud flotantes, y la puesta en práctica de estrategias de rehabilitación comunitaria e incluso la provisión de ayuda a quienes han perdido sus hogares y sus medios de vida como consecuencia del huracán, obligándoles a enfrentar un futuro aún más incierto.

La Clínica de Buzos Rey Alfonso XIII, ubicada en la localidad de Cauquira, es otro ejemplo de rehabilitación comunitaria. En la zona existen aproximadamente 5.000 hombres para quienes el buceo en busca de langostas representa una rápida, aunque estacional fuente de ingresos. Sin embargo, tarde o temprano muchos de ellos sucumben al síndrome de descompresión inadecuada, causado por bucear en aguas demasiado profundas o retornar a la superficie rápidamente, lo que produce falta de oxígeno en el cerebro y dolores crónicos, desórdenes neurológicos, parálisis parcial o total e incluso la muerte. La clínica cuenta con una cámara hiperbárica para ayudar a estabilizar a los lesionados y ofrece servicios destinados a promover la conciencia acerca de los riesgos ocupacionales involucrados y la forma de prevenirlos mediante el uso de equipos adecuados y técnicas de buceo. El proyecto cuenta con el respaldo de la Fundación de Desarrollo Nacional (FUDENA), los Gobiernos de España y de Honduras y la propia comunidad, preocupada por el bienestar de sus padres, maridos e hijos.

Otro ejemplo de acuerdos similares fue la firma de un convenio entre la Secretaría de Salud, la Asociación de Desarrollo Socioeconómico Indígena (BAYÁN), las alcaldías de los municipios de Juan Francisco Bulnes y Brus Laguna y asociaciones laborales locales, que han acordado compartir la administración de un hospital privado recientemente inaugurado en la localidad de Palacios.

Olegario Martínez, asesor de los alcaldes de la Mosquitia, enfatiza que los tiempos han cambiado y que “ahora ya no cabe dentro de la agenda de los alcaldes de este Departamento estar solamente extendiendo las manos para recibir dádivas. Ahora hablamos de convenios de cogestión, de participación social como estrategias que se desarrollan para beneficio de nuestras comunidades”.

Estas estrategias obviamente funcionan en la labor del hospital de Puerto Lempira, el cual, a pesar de sus limitados recursos de personal y logística, atiende a una población de más de 30.000 personas en 14 comunidades. “Este es un hospital con puertas abiertas”, asegura su Directora, Telma Soliman Herrera.

Otro de los logros importantes, a pesar de la falta de electricidad en la mayor parte de los pueblos, es la conservación de las vacunas mediante la cadena de frío —la baja temperatura constante que se requiere para mantener la efectividad de las mismas— utilizando energía solar y kerosene para los sistemas de refrigeración en los puestos y centros de salud. Durante una campaña de inmunización llevada a cabo en 1998, los trabajadores de salud pudieron vacunar a más de 85 por ciento de todos los niños menores de 5 años de edad. La cobertura de niños menores de un año alcanzó a 100 por ciento en el caso de poliomielitis, sarampión, parotiditis, rubéola y tuberculosis, y a 93 por ciento en los casos de difteria, tétanos y tos ferina, que son las principales causas de muerte de bebés en el primer año de vida.

La Mosquitia constituye un terreno fértil para continuar la labor iniciada antes del huracán Mitch, y disminuir la sensación de pérdida después de la catástrofe. Hay campos que deben ararse, semillas que es preciso sembrar, cultivos que atender, hogares, escuelas, iglesias y clínicas que deben rehabilitarse, vidas que deben reconstruirse.

Los propios pobladores se maravillan de su “natural resistencia a la adversidad”, al recordar una larga y turbulenta historia de invasiones y aislamiento que se remonta al siglo XVII cuando un grupo de esclavos procedentes de África Occidental naufragó cerca del cabo Gracias a Dios y se estableció entre las aldeas indígenas que bordeaban el río Coco. Los misquitos habrían de sobrevivir tres sangrientas guerras libradas durante el siglo XVIII entre los ingleses y los españoles por el control de la costa, así como numerosos ciclos de auges y depresiones —el caucho, banano, oro y madera— que atrajeron a los extranjeros a sus tierras.

Hoy, el desafío es la reconstrucción después de Mitch, y los residentes de la Mosquitia están haciendo lo que ya han hecho antes: empezando de nuevo, si es necesario, recibiendo la ayuda de forasteros de otras partes y de otros países, buscando siempre convertir a la Mosquitia en un mejor lugar para vivir.


Rossany Auceda es periodista y editora especializada en temas de promoción y protección de la salud con base en Tegucigalpa, Honduras, donde participa en el Proyecto de Colaboración para la Reforma del Sector Salud de la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos.


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