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Volumen 4 - No.2 - 1999
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Los muros como medios de comunicación
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Los murales han sido llamados los cuadernos de los pobres. Son el lugar donde los que no tienen voz pueden registrar sus historias de angustia, injusticia y enfermedad. Pero más que registrar sus vidas y luchas, los murales constituyen una forma de comunicarse efectivamente con el resto de la ciudad. En muchos lugares, los murales están prohibidos y deben pintarse al amparo de la noche. En algunas ciudades, sin embargo, hay muros destinados no oficialmente a estas expresiones. La mayoría de los murales transmiten mensajes políticos, defendiendo los derechos de los trabajadores, protestando por el precio del pan o respaldando partidos marginales que carecen de dinero. Recientemente se ha observado la tendencia de pintar caprichosas imágenes de alienación, desesperación, indiferencia política y corrupción en la vida urbana.
Están pintados por clubes o brigadas de muralistas, por lo general jóvenes que provienen de zonas periféricas que acuden a la ciudad a difundir su mensaje de nihilismo y protesta.
Pero junto a estos están apareciendo cada vez con más frecuencia murales que alertan al público acerca de los peligros de las drogas, las enfermedades infecciosas, las enfermedades de transmisión sexual, la contaminación, la televisión e incluso el vacío existencial, que es el resultado de una vida disipada e indiferente. Difunden el mensaje de que la redención es posible a través del compromiso en favor del prójimo, una vida saludable y el respeto por la forma y el diseño.
Lo más notable de estos murales, pintados a escondidas y en la oscuridad, es su diversidad de formas y estilos. En un lenguaje visual accesible a todos, muestran en forma contundente los peligros de fumar pasta de coca, el equivalente latinoamericano del crack; los peligros del alcohol y del contacto sexual sin protección que puede conducir a embarazos, SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual.
Estas brigadas de muralistas están complementando en forma creativa la labor de los ministerios de salud, cuyas campañas de información pertenecen al sector formal, ya que son planificadas y cuentan con personal y presupuesto. La labor de estos artistas anónimos, por otra parte, refleja inquietudes personales cuyo enfoque novedoso es sin duda más espontáneo.
Quizá convendría que estas dos fuerzas en favor del cambio se unieran y compartieran sus respectivas experiencias, dando más poder al pueblo a través de dos fuentes muy confiables.
Marcelo Montecino es periodista, fotógrafo, traductor y autor de varios libros sobre temas internacionales.

