Durante un panel de la cumbre internacional, especialistas de varios países analizaron la necesidad de luchar contra las desigualdades en el acceso a la salud.
Buenos Aires, agosto de 2007 - Economistas y expertos en salud de varios países coincidieron hoy en Buenos Aires en la necesidad de luchar contra las desigualdades en el acceso a la salud y eliminar las brechas entre los diferentes estratos socioeconómicos de los países. "El éxito de la economía en una sociedad no puede ir por separado de los miembros de esa sociedad", resaltó el director del Instituto Internacional de Sociedad y Salud, Michael Marmot, durante el panel "Equidad en salud y financiamiento", realizado hoy durante la cumbre mundial "Buenos Aires 30/15: De Alma Ata a la Declaración del Milenio", convocada por el gobierno argentino a casi 30 años del tratado que sentó las bases de Atención Primaria de la Salud (APS).
“Nos tenemos que concentrar no sólo en los más pobres cuando planificamos los programas sociales, sino en el conjunto de la sociedad y no esto no debe ser en detrimento de los más pobres. Tenemos que concentrarnos en la inequidad porque cuantos más ingresos tiene la persona, más acceso a la salud posee, lo cual es totalmente injusto”, advirtió Marmot, procedente del Reino Unidos, durante la conferencia de la que participan representantes de 60 países con el objetivo de alcanzar acuerdos en atención primaria de la salud, con vistas al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Por su parte, el argentino Bernardo Kliksberg, asesor principal de la Dirección Regional para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), aseguró que “América Latina es la región más desigual del planeta en la distribución del ingreso”. “Existen desigualdades en el ingreso, en el acceso a bienes productivos, en la educación, en el acceso al crédito y en Internet”, señaló.
“Esta desigualdad impacta en la salud porque cuando sube la regresividad, se paga en esperanza de vida. En América Latina, además, hay 60 millones de personas que no tienen agua potable y 120 millones que no tienen acceso a una instalación sanitaria. La escasa educación, a su vez, impacta sobre la tasa de mortalidad infantil. Y las cifras serían mucho peores si los ministerios y la OPS no hubiesen trabajado como lo vienen haciendo”, sostuvo Kliksberg.
En este sentido, el experto manifestó que la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Mirta Roses, “ha trabajado mucho en lo que es la tiranía de los promedios ya que podemos tener números muy diferentes según el lugar donde estemos”.
“Esta desigualdad de fondo se combate desde la salud”, definió Kliksberg. Estas diferencias también fueron plasmadas en el documento que trabajan los especialistas y funcionarios que participan del encuentro para redactar la declaración final de la convención. “Las coberturas no son uniformes, existen asimetrías en la información sobre el cuidado de la salud en los sistemas poblacionales”, señala el texto.
“Los sistemas de salud pueden ser potentes redistribuidores de la riqueza de los países. La equidad y la solidaridad son prioritarias en salud. El gasto en salud debe ser considerada inversión para el desarrollo. Y las políticas de financiamiento deben respetar estos principios”, señala el documento, que aún se encuentra en elaboración.
A tono, el coordinador de la Secretaría Global del Movimiento de Salud de los Pueblos, Ravi Narayan, indicó que “el desafío está en si la salud es para todos o para quienes puedan pagarla. En varios países, hay personas que quedan fuera del sistema. Por este motivo, el acceso a la salud no tiene que tomar en cuenta la capacidad de pago de las personas. Tenemos que ir hacia una globalización generalizada desde abajo hacia arriba”.
“Para eso, hay que escuchar lo que dice la gente. A una persona viene con tos, le damos un jarabe, pero si nos sentamos a escucharla, vemos que detrás hay una historia de pobreza y explotación. Entonces, ¿alcanza el jarabe?”, se preguntó Narayan, procedente de India.
En tanto, el académico estadounidense Philip Musgrove, uno de los editores de la publicación Health Affaire, postuló que “la mayor inequidad deriva del gasto de bolsillo cuando éste resulta ser catastrófico”. “Esto es, cuando se tiene que gastar más del 40 por ciento de los recursos del hogar, después de cubrir su necesidad básica de alimentarse”, explicó.
“Para que el enfermo no tenga que elegir entre su desastre financiero y su salud hay que terminar con el gasto catastrófico de bolsillo. Este gasto representa un pequeño porcentaje del gasto total de salud, por lo cual es totalmente viable y prioritario afrontarlo”, sostuvo Musgrove.
Según el académico estadounidense, los gastos catastróficos generan inequidad. En este punto, el asesor senior para el Control de Enfermedades del Ministerio de Salud Pública de Tailandia, Suwit Wibulpolprasert, consideró que la inequidad social “es lo más generalizado en el mundo”.
“Se necesita paz, democracia y crecimiento económico para pasar de la deuda pública al desarrollo en salud. Necesitamos mejores sistemas, más fuertes y también un movimiento cívico más fuerte” para terminar con las desigualdades, afirmó Wibulpolprasert, quien elogió además la prescripción médica por el nombre de la droga que impulsó el Ministerio argentino de Salud.
“La financiación en salud tiene ramificaciones no sólo en la atención, sino en el bienestar social en general”, aseguró el académico indio Sudhir Anand. Según el experto, es necesario suscribir “acuerdos sociales para mejorar la salud de los más vulnerables”.