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Revista Perspectivas de Salud |
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La epidemia está avanzando en gran parte del mundo como un volcán en permanente erupción. ¿Podrán las Américas escapar de una nueva explosión?
![]() "El aumento de tan solo el 1% de la incidencia de la infección en China, India, Rusia, significa 20 millones de personas", Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (Fotos ©Armando Waak/PAHO) |
Hace 18 años que Anthony Fauci dirige el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos (NIH) y que pelea contra el sida, la primera epidemia de la era de la globalización.
Su oficina es un tapiz de títulos académicos y de honores. Con las manos sobre la cabeza, no deja de mirar hacia afuera cuando describe con palabras muy claras lo que denomina la "nueva ola del sida". Ha recorrido el mundo y puede dibujar con perfección de científico y de testigo directo un mapa difícil: la epidemia sigue avanzando como un volcán en permanente erupción en todo el mundo y especialmente en cinco países que hoy se consideran los de más alto riesgo: China, India, Nigeria, Rusia y Etiopía. "Imagínese que el aumento de tan solo el 1% de la tasa de incidencia de la infección en esos países significa 20 millones de personas", grafica Fauci.
Ante la insistencia de la cronista, aclara que siempre trata de dejar fuera de su trabajo las reacciones emocionales. De otra forma, no caben dudas, el contacto diario y de frente con la realidad sería abrumador: a diciembre de 2002, ONUSIDA estimaba en 42 millones el número de personas en el mundo viviendo con VIH/sida, en 5 millones las nuevas infecciones y en 3,1 millones las muertes de ese año. Los científicos, que hace cinco años afirmaban que la vacuna preventiva estaría lista en cinco años, ahora son mucho más cautelosos, porque este virus súper mutante es tremendamente evasivo y no permite diseñar un modelo definitivo para una vacuna. Hoy, aseguran que las herramientas más eficaces para enfrentarlo son la prevención y los tratamientos, las potentes terapias antirretrovirales que combinan tres o más drogas y logran frenar la replicación viral.
Un virus que no discrimina
Como pocos virus, el VIH ha sido por demás democrático, afectando a ricos y a pobres (al menos en los primeros años de la epidemia), atravesando continentes sin necesidad de visas, siempre atrincherado en el invisible espacio de una célula. Por esto mismo, cualquier cambio mínimo que se produzca, cualquier nueva droga, nuevo descubrimiento, repercute en todo el mundo.
Hasta ahora, la lógica de la epidemia ha sido implacable: allí en donde los sistemas colapsan y presentan fisuras, el virus aprovecha para entrar con más fuerza. "Y esto ocurre cuando se ve afectado el orden social y económico de un país, el caso de muchos países africanos, de la ex Unión Soviética. Las guerras, las crisis, provocan movimientos migratorios, enormes quiebres en los sistemas de salud, generando condiciones ideales para que el VIH se expanda", enfatiza Fernando Zacarías, jefe de la Unidad de VIH/sida de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
¿Esta ley regirá también en esta parte del mundo? Las estadísticas indican que, en Norteamérica, cerca de 1 millón de personas viven con VIH/sida. En América Latina y el Caribe, viven 1,9 millones de adultos y niños con el virus. Esta última cifra incluye a las 210.000 personas que, según las estimaciones, contrajeron el VIH el año pasado. También en 2002 murieron 100.000 personas en la Región a causa del sida.
Zacarías recuerda que hace 20 años, cuando la epidemia todavía se mal llamaba "peste rosa" y el virus era un misterio recién clasificado, el futuro era el Apocalipsis. "Hubo una encuesta internacional entre expertos y nuestra visión fue aterradora: imaginábamos un 2000 completamente devastado por la enfermedad". El tiempo y los hallazgos médicos demostraron que la infección podía volverse crónica, que la persona podía no desarrollar sida, y que no todo el planeta iba a ser diezmado. Que la lucha implicaba claras decisiones sanitarias y compromisos políticos. Y que jamás se podía bajar los brazos porque, como dijo Richard Feachem, director del Fondo Mundial de lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria en una nota de opinión en el periódico The Washington Post, "esta guerra sólo está empezando".
![]() "El nuevo blanco de la epidemia son las mujeres, en especial las mujeres monógamas que se contagian de sus propios maridos", Fernando Zacarías, jefe de la Unidad de VIH/sida de la OPS |
Las cepas africanas del virus, completa Zacarías, serían más patogénicas y podrían diseminarse más fácilmente por vía heterosexual, lo que explicaría, sólo en parte, la violenta aceleración de la epidemia. De todas formas, aclara, el virus tiene la capacidad de mutar con tanta facilidad que este escenario perfectamente podría cambiar en los próximos años.
También es cierto, agrega Zacarías, que muchos países de la región se tomaron muy en serio a "la nueva enfermedad", ya a comienzos de los años ochenta. "En Brasil, por ejemplo, hubo decisiones concertadas desde el principio a todo nivel, ministerial, de salud pública, en las comunidades; y las campañas y acciones eficaces de intervención lograron que la epidemia desacelerara su progresión. También en Cuba se tomaron medidas drásticas, que fueron muy criticadas, pero que permitieron que en los primeros años de la epidemia el virus no entrara en la isla". Sin embargo, hoy en día, en un mundo de viajes, turismo y globalización, los científicos aseguran que los cercos epidemiológicos de hace dos décadas ya no tienen efecto.
Y los resultados en los países son dispares. El informe 2002 de ONUSIDA indica que uno de los factores que favorecen la propagación del VIH en la Región es la combinación de desarrollo socioeconómico desigual y alta movilidad de la población.
Como pocas, esta epidemia también enfrentó al hombre con la necesidad de modificar conductas, de explorar su cultura. Y hacia las conductas también enfoca Zacarías a la hora de explicar el devenir del virus en la región. "La transmisión heterosexual se está convirtiendo en una muy importante vía de infección. Y el blanco más reciente de la epidemia son las mujeres, en especial las mujeres monógamas que se contagian de sus propias parejas, que en muchos casos tienen sexo con otros hombres. Lo que ocurre es que la cadena de contagio termina ahí, en la esposa o novia". En esta cuestión básicamente cultural Zacarías encuentra otra razón que desacelera el desarrollo de la epidemia.
Un grito hacia los varones
Hace dos años, el lema de la campaña mundial de ONUSIDA reclamó que los hombres tomaran las riendas de su sexualidad. Lejos de tratarse de un regreso al control sexual masculino, fue un grito hacia los varones, para que tomaran conciencia de que el uso del preservativo evita el propio contagio, y el de sus parejas. Que usar el preservativo es, en algún sentido, hacerse cargo de la parte de compromiso que les toca en esta lucha.
Y este enfoque no es caprichoso, ya que el uso del condón sigue siendo crucial para prevenir la infección. Sin embargo, es un elemento sobre el que no todas las mujeres tienen poder. "En muchos países, de todos los continentes, las mujeres no tienen el estatus social como para tomar sus propias decisiones acerca del sexo seguro. Y estos escenarios coinciden con las sociedades que más han negado la existencia del VIH y que lo han considerado durante mucho tiempo como un mal del afuera, que viene de otra parte, de otro país. Por eso hay que seguir educando, porque romper esas barreras culturales llevará años", explica Fauci.
En Sudáfrica (en donde una de cada 4 personas está infectada), un rey tribal puede tener hasta docenas de hijos y varias mujeres ¿un rey usará preservativo? ¿Lo usará un camionero que atraviesa varios países de América Latina trasladando mercancías? ¿O un campesino de la provincia de Jilin, en China, que dona sangre una vez por mes como una forma de ingreso fijo? Zacarías, para completar el concepto de Fauci, agrega que para educar, hay que utilizar las herramientas que ofrece la propia comunidad, "en Haití hemos hecho campañas en las que el mismo sacerdote vudú explicaba, con su propio lenguaje y rituales, cómo utilizar bien un condón. Las intervenciones deben realizarse sobre las poblaciones, las nuevas cohortes, en especial en los nuevos grupos vulnerables, las poblaciones móviles (hay muchas en el continente), las trabajadoras sexuales, las maquiladoras, y los grupos indígenas, entre los que el virus se ha expandido dramáticamente en los últimos tiempos. Por ejemplo, la población de la etnia garífuna de Honduras tiene entre un 15% y un 20% de prevalencia de VIH".
Entonces, ¿en qué punto del camino nos encontramos? Los expertos coinciden: en una encrucijada. Esto quiere decir que es un momento perfecto para hacer las cosas bien, para lograr que la epidemia no explote, para tomar el camino correcto.
Según Fauci, un gesto claro en este sentido es un compromiso político y económico. "En los Estados Unidos se destinan muchos recursos al VIH/sida. En mi instituto, alcanza al 50% de los recursos. Y eso ocurre porque el Presidente y los congresistas aprobaron ese uso. Los líderes políticos del país apoyaron los esfuerzos en esta lucha. Y esto es así, según el informe del Consejo Nacional de Inteligencia, y yo tengo la misma percepción, porque se trata de una epidemia que está esperando estallar". Por ahora, la epidemia es global y, por ende, hay un interés global. La preocupación de Zacarías es qué pasará cuando el sida deje de ser un problema para los países ricos.
![]() En la población general, la cultura de la sexualidad está cambiando. Hoy los jóvenes saben que es esencial protegerse a sí mismos. |
Uno de los logros de este país es que, según concluye el informe de ONUSIDA, "en el caso de los seropositivos que utilizan drogas intravenosas, Brasil ha adoptado un enfoque menos punitivo para afrontar el problema doble que suponen este consumo y la infección por VIH, lo que ha contribuido a disminuir la propagación del virus en este subgrupo de población en las áreas metropolitanas". También en forma coincidente, un estudio a escala nacional comprobó el mayor uso del preservativo entre esta población (del 42% en 1999 al 65% en 2000), un signo de los esfuerzos sostenidos en educación y prevención. Y lo mismo ocurrió con el uso de condones entre adolescentes.
Pero uno de los aspectos más interesantes de este tejido que frena la expansión del virus reside en la activa participación de los mismos seropositivos. Según explica Javier Hourcade Belloq, secretario regional de la Red Latinoamericana de Personas Viviendo con VIH/sida, la entidad conjuga el trabajo de siete redes regionales que sólo en Chile cuenta con 2.000 personas y trabaja muy cerca de los gobiernos y las organizaciones intentando que se escuche la voz de los portadores. "La cooperación horizontal ha permitido alcanzar muchos éxitos, especialmente contra la discriminación y los altos precios de las drogas", asegura Hourcade Belloq.
Ante esta encrucijada en la que se halla el continente, la epidemia definitivamente puede estabilizarse. "Es más difícil medir la prevención en una población que los tratamientos. Y lo cierto es que con las nuevas terapias antirretrovirales, menos pacientes llegan a desarrollar sida, y el número de hospitalizaciones en los países ha bajado muchísimo", explica Zacarías.
Entonces, ¿por qué no relajarse un poco y descansar los brazos? En San Francisco, Estados Unidos, una ciudad que fue epicentro de la epidemia en los ’80, los esfuerzos de prevención lograron bajar drásticamente la tasa de incidencia de infección entre hombres que tenían sexo con hombres.
En aquellos años, el miedo operó como un motor: morían amigos, parejas, había que cuidarse. Sin embargo, un estudio del Departamento de Salud Pública de esa ciudad comprobó un aumento de las infecciones en los últimos seis años. "Se debe a que las nuevas generaciones de hombres que tienen sexo con hombres no tienen la misma percepción del peligro, saben que hay buena medicación, que la infección puede tratarse. Pero a ellos habría que decirles que siempre, siempre, lo mejor es no infectarse", asegura Zacarías.
Tanto Zacarías como Fauci son veteranos en esta guerra. Y, a esta altura del camino y con visión de profetas, pueden hacer vaticinios. Zacarías concluye: "Este proceso de estabilización de la epidemia quizá no me toque verlo a mí. Pero se puede lograr. En la población general, la cultura de la sexualidad está cambiando. Los jóvenes que iniciaron su vida sexual en la era del sida saben que es esencial protegerse. Las palabras clave son cuidados, prevención y tratamientos". Y Fauci agrega: "Si no somos agresivos en prevención y educación ahora, si no ponemos todos nuestros recursos para tratar a las personas que ya están infectadas y relacionamos tratamiento con prevención, entonces el escenario empeorará. Pero tenemos la gran oportunidad de provocar un enorme impacto ahora mismo".
Los dos coinciden. El comienzo ha sido difícil. Pero si se actúa a tiempo, el futuro podrá modificarse.
Paula Andaló es periodista en el área de Información Pública de la Organización Panamericana de la Salud, en Washington, D.C.