|
Revista Perspectivas de Salud |
![]() |
Los habitantes de Villa Centenario han construido una nueva comunidad saludable para reponer sus hogares perdidos en los terremotos de 2001
![]() Ingenieros de la OPS desarrollaron el prototipo para las 100 viviendas de Villa Centenario. |
Antes de los terremotos, Carlos Osorio, su esposa María Ester Echeverría y siete de sus diez hijos habían vivido en la pobreza como colonos en una finca ajena, a cambio de cuidar el terreno y cultivar la tierra, en Acajutla, departamento de Sonsonate, en el occidente de El Salvador. La casa donde vivían —una estructura endeble con paredes de adobe y bahareque y un techo de trozos de plástico— quedó totalmente destruida por los terremotos. La familia, acostumbrada a las dificultades, empezó a buscar desesperadamente otro trabajo y un lugar para vivir. "Pensaba que me iba a morir y que mis hijos iban a quedar abandonados como mi padre me dejó a mí", recuerda Carlos Osorio con lágrimas en los ojos.
![]() La Dra. Mirta Roses Periago, directora de la OPS, con Carlos Osorio, uno de los lideres comunitarios. |
Pero lo más importante fue la participación activa de las 100 familias que son las entusiastas beneficiarias del proyecto. "Es un milagro —dice Osorio con emoción— que Dios y todas las organizaciones que nos ayudaron, nos dieran una casa propia".
![]() Los habitantes de Villa Centenario construyeron sus propias casas y se reúnen regularmente para discutir cómo mejorar las condiciones de vida de su comunidad. |
Esto representaba una gran dificultad para el gobierno y los ciudadanos por igual: reconstruir no sólo las viviendas, sino comunidades enteras que fuesen más fuertes y más saludables que las destruidas. "Era una oportunidad para pensar mejor en lo que son las viviendas rurales, y para introducir un nuevo concepto de vida saludable, aun en el contexto de la pobreza", dice Horacio Toro, representante de la OPS en El Salvador.
"Fue una chance para encontrar soluciones a problemas antiguos, como la falta de servicios básicos de saneamiento y los comportamientos humanos perjudiciales para la salud que van unidos a la pobreza y las malas condiciones de vida".
La tarea de crear un nuevo prototipo de vivienda saludable fue emprendida por un grupo de ingenieros sanitarios de la representación de la OPS en San Salvador. La Organización también ayudó a obtener el financiamiento para el proyecto de varios gobiernos como los de Bahamas, Canadá, Italia, Noruega y Suecia, y más tarde de la Fundación Panamericana de Salud y Educación (PAHEF), para financiar las primeras 60 casas, mientras que la orden religiosa de los Hermanos Maristas recaudó fondos para costear las 40 casas restantes. La meta era hacer de Villa Centenario OPS un proyecto modelo que demuestre que es posible contar con viviendas y comunidades saludables hasta en las zonas rurales más pobres.
El núcleo de Villa Centenario está formado por 100 casas, construidas con todos los elementos para que sean seguras en caso de terremotos, pero además para que ofrezcan la posibilidad de llevar una vida saludable, aun en las zonas rurales más pobres. Las casas fueron diseñadas como prototipos de vivienda antisísmica, de bajo costo y de fácil construcción; los futuros residentes se encargaron de apoyar la construcción utilizando herramientas sencillas y materiales duraderos. Cada casa tiene tres dormitorios pequeños, la cocina y un área social, todo en una superficie de 41 metros cuadrados. Están equipadas con un tanque de almacenamiento de agua y filtros de purificación, una ducha, una pila para lavar ropa y utensilios de cocina, una estufa que funciona con gas o con leña, una letrina y un sistema sencillo para eliminar las aguas residuales. Las ventanas y las puertas están recubiertas con malla milimétrica para impedir la entrada de insectos. El costo total de los materiales asciende a poco más de 4.000 dólares.
Hoy en día, menos de dos años después del comienzo de la construcción, Villa Centenario OPS tiene, además de sus 100 viviendas, un centro comunitario bautizado con el lema Salud Para Todos, una plaza principal, un parque con juegos infantiles, un campo deportivo, un dispensario médico, una panadería y un molino de "nixtamal" para tortillas de maíz. Los niños van a una escuela situada a un kilómetro de distancia del poblado. Recientemente se ha inaugurado el alumbrado eléctrico y el acueducto que posibilita que cada casa cuente con el servicio de agua sanitariamente segura. El Municipio de Acajutla presta los servicios de recolección de la basura.
"Estas nuevas formas de trabajo de los ministerios de Salud acercan los programas hacia las comunidades, haciendo de los salvadoreños los protagonistas de la salud", dice el ministro de Salud, Francisco López Beltrán.
Se asigna suma importancia a la vivienda saludable, o VIVISAL, pero la participación social es igualmente importante. El presidente de la República, Francisco Flores, señaló el día de inauguración de la Villa que es "un nuevo concepto en provisión de vivienda, que incorpora un sistema de atención integral a las necesidades básicas de las familias".
La Villa Centenario cuenta con una Junta Directiva elegida entre todos que tiene personería jurídica, además de brigadas voluntarias de salud y saneamiento, programas de adiestramiento comunitario, varios proyectos para generar ingresos e iniciativas comunitarias de nutrición apoyadas por el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (INCAP), uno de los centros panamericanos de la OPS.
Varios gobiernos y organismos han ayudado a organizar campañas comunitarias para el control de las moscas y mosquitos, vacunación de niños y alfabetización de adultos.
Villa Centenario OPS ya ha cumplido su propósito como un modelo de vida saludable. El Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano de El Salvador ha utilizado el concepto de Vivienda Saludable en apoyo a la construcción de unas 50.000 soluciones habitacionales en el país, dotándolas de las características de saneamiento básico del prototipo VIVISAL, y de sus enfoques integradores y participativos para la producción social de salud.
En cuanto a los residentes del pueblo, su "transformación" —al pasar de víctimas de un terremoto a protagonistas del cambio social— puede observarse en la familia Osorio. Uno de los que primero contribuyó a la construcción de Villa Centenario, Carlos, es actualmente una figura conocida y respetada que ha asumido numerosas responsabilidades en la comunidad. En cinco ocasiones ha aceptado ser presidente de la Junta Directiva; es el principal responsable del funcionamiento del centro comunitario y del parque principal, además de supervisar la panadería y el molino de maíz para tortillas. También asiste a cursos sobre higiene familiar y comunitaria y participa en el programa de huertos hidropónicos, impulsado por el INCAP.
María Ester, su esposa, trabaja en la panadería que es una microempresa dirigida por mujeres y forma parte de una brigada sanitaria de voluntarios. Sus dos hijos menores asisten de nuevo a la escuela.
No obstante, la transformación dista de estar terminada. "Para crear una comunidad exitosa y sostenible —dice Maritza Romero, responsable del área de promoción de la salud de la OPS en El Salvador— es necesario que nazca un fuerte sentido de pertenencia entre las familias, que no se conocían antes, de tal forma que puedan identificar los problemas que comparten y llegar a soluciones comunes. Este proceso puede llevar años".
![]() Los ninos de Villa Centenario posan frente al arco que da la bienvenida a los visitantes a su comunidad. |
Gerardo Merino, especialista en nutrición y consultor del INCAP en El Salvador, agrega: "Villa Centenario es un modelo exitoso de lo que ha logrado una comunidad en materia de salud ambiental, pero no hay que olvidar que todavía debe hacer frente a los graves problemas de la gente que vive en extrema pobreza. Según parece, algunos de los residentes están tan mal alimentados que carecen de la energía y de la motivación para participar en estas actividades".
Osorio es la prueba viviente de que la falta de empleo sigue siendo, tal vez, el obstáculo más difícil y el más urgente de superar. "Mi principal problema es económico, porque no tengo trabajo —dice—. Dependo de lo que mis hijos mayores me dan para sostener al resto de los muchachos. A veces comemos sólo maíz, y muchas veces de noche nos vamos a dormir con el estómago vacío. Doy gracias a Dios y a todos ustedes por apoyarnos, pero espero encontrar un trabajo pronto, porque a mí no me gusta pedir".
Jorge Jenkins Molieri es asesor en salud ambiental y responsable del Programa de Desastres en la representación de la OPS en El Salvador.