 Un gesto de amor Semana de vacunación en las Américas (continuación)
 Madres y padres con sus niños ya hacían fila, todos muy bien vestidos y con colores vistosos. Un entusiasmo colectivo invadía el ambiente, acompañado por el llanto de algún niño que ya intuía que sería vacunado.
El día despunta con una calma aparente Junio de 2003
Guayaquil, 1 de junio
Después de un desayuno rápido —pan fresco con mantequilla, jalea de guayaba, una taza de café negro y unos trozos de papaya dulce y cremosa— salimos de nuestro hotel, ubicado en el Malecón Simón Bolívar frente al Río Guayas, hacia la primera locación, un pequeño centro de salud en las afueras de la ciudad.
Salimos despacio. Las luces comienzan a apagarse y ya aparecen en las esquinas los primeros vendedores ambulantes. Algunos de ellos, niños.
El sol no se hace esperar. A las 7 de la mañana esimplacable, al igual que el tránsito. Don Rafael, nuestro chofer, se escurre con destreza entre lo que abruptamente se convir tió en un mar de carros, buses y gente cruzando la calles por cualquier lugar. Lo nuevo y lo viejo se mezclan en esta ciudad. Dejamos atrás la Catedral y el Parque delas Iguanas. El paisaje cambia cuadra a cuadra. Empiezan a verse talleres de reparación de llantas, quioscos, puestos improvisados de venta de frutas y verduras.
En un giro a la derecha dejamos la carreteraasfaltada para entrar a un camino de tierra, angosto y lleno de pozos. Viviendas precarias, cables de electricidad por todas partes, personasasomadas a las ventanas a pesar del potente sol.
7:15 de la mañana
Llegamos al Centro de Salud Fertisa. El afiche promoviendo la Semana de Vacunación en las Américas adorna vistosamente la entrada. Madres y padres con sus niños ya hacían fila, todos muy bien vestidos y con colores vistosos. Un entusiasmo colectivo invadía el ambiente, acompañado por el llanto de algún niño que ya intuía que sería vacunado. Los encargados del centro querían mostrarnos y explicarnos todo. Sin embargo, queríamos acompañar a los vacunadores a los vecindarios, verlos vacunar casa por casa, hablar con los moradores, revisar las tarjetas de vacunación. Nos dijeron que ya habían salido y nos indicaron dónde podíamos encontrarlos. Nos despedimos pronto, con la promesa de volver.
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