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Revista Perspectivas de Salud |
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Un gesto de amor Semana de vacunación en las Américas (continuación) Cusubamba, 4 de junio
Al llegar ya una banda tocaba animadamente. Había gente por todos lados, muchos llevando sus atuendos indígenas para la ocasión. La placita del pueblo, con su iglesia y sus tienditas se vestía de fiesta. Vendedores de helados en conos y dulces de la región, eran perseguidos por bandadas de niños. Mientras en un acto de respeto hombres y mujeres de rostros curtidos por el sol y por la dureza de esta tierra asistían a la ceremonia con mucha solemnidad. Quisiera creer que la mirada profunda que hay en esta gente es de esperanza por haber sido recordados durante esta semana. Entre una y otra pieza, desde una tarima se daban discursos de agradecimiento por el esfuerzo de todos los involucrados en la campaña de vacunación. Era una fiesta, la fiesta de la salud. A pocos metros y al ritmo de trombones, platillos y discursos, los niños eran vacunados. ¡Un espectáculo de colores, de voluntad y dedicación! Río Daule, 6 de junio
Durante una semana completa, todos los días de sol a sol, un ejército de 200.000 trabajadores de salud dieron lo mejor de ellos para que los 15 millones de niños recibieran sus vacunas. Para estos niños, éste será un evento que marcará para siempre una crucial diferencia en sus vidas. La diferencia entre ser víctimas de enfermedades prevenibles y tener la oportunidad de crecer sanos y fuer tes. La diferencia entre ser recordados en discursos, informes y estadísticas, y ser respetados con acciones verdaderas. La diferencia entre ser simples sobrevivientes, y poder despertarse con la luz de la mañana para hacer todo lo que hace un niño: ir a la escuela, jugar y ser feliz. Manuel Calvit es productor del programa de radio "Salud Siempre" y colabora como camarógrafo, editor y guionista en el Área de Información Pública de la Organización Panamericana de la Salud. Armando Waak es fotógrafo de la OPS. |


La ceremonia oficial del lanzamiento de la campaña empieza al mediodía. Salimos con buen tiempo bajo un cielo azul sin nubes y una suave brisa. Un desvío en la carretera nos retrasó. En el último tramo hacia Cusubamba empezamos a serpentear el camino siempre en subida. Nos llamó la atención la deforestación que dejaba entrever un paisaje montañoso y árido. En silencio continuamos el camino.
La tarde empezaba poco a poco a morir. Por un tiempo bordeamos en carro el Río Daule. Sus verdes aguas y la densa vegetación se hacían uno. Luego, atravesamos a pie por un pequeño camino de tierra hasta llegar a un claro. Desde allí se escuchaba las risa de los niños correteando, el canto de las cigarras, una radio. Y aunque el alegre bullicio no cesaba, de pronto me sentí rodeado por el silencio. Alguien a quien nunca pude ver el rostro me dijo: "¿Ves allá, sobre el río, a lo lejos? Esos son vacunadores que navegarán el río durante una semana. Visitarán cada aldea ribereña para llevarle las vacunas a los niños que no pueden venir hasta acá". Las tres embarcaciones se deslizaban suavemente sobre las aguas oscuras. Cada una tomando una dirección diferente, cauce arriba, abajo, por los afluentes, todas con una misma meta.