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Revista Perspectivas de Salud |
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Una joya cubana de la medicina tropical por Annmarie Christensen ![]() ![]() ![]() El Instituto Pedro Kourí, fundado hace 66 años, ha contribuido a que Cuba sea un participante de categoría mundial en la lucha contra las enfermedades tropicales. Un desvío en el kilómetro seis de la autopista La Novia del Mediodía, en La Habana, lleva a la entrada del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), una de las joyas institucionales de Cuba. En el moderno complejo de 10 edificios, eminentes científicos de la isla investigan más de 12 especialidades, desde biotecnología hasta tratamientos para el VIH/sida. En su oficina, el director del instituto, Gustavo P. Kourí, recibe a la cronista con una sonrisa cálida que ilumina sus rasgos bien definidos. En la pared que está detrás del escritorio hay variados reconocimientos nacionales e internacionales recibidos por Kourí y su instituto a lo largo de los años; entre ellos se encuentra su tesoro más reciente, la medalla que le otorgó el Vaticano. Kourí lleva su bata blanca como si fuera un escudo de armas de familia. Al proseguir la labor de su padre, el fallecido Pedro Kourí, ha transformado a este instituto fundado hace 66 años no sólo en el principal centro de investigación y tratamiento en medicina tropical y enfermedades infecciosas de Cuba, sino también en un centro de primera clase a nivel mundial. Durante el proceso, Kourí se ha destacado en diversas e importantes actividades. Dirige el Centro Colaborador de Investigación y Adiestramiento en Malacología Médica y Control Biológico de Vectores y Huéspedes Intermediarios de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud, uno de los tres centros colaboradores de la OPS/OMS que funciona en el IPK. Es miembro de la Junta Coordinadora Común del Programa Especial de Investigaciones y Enseñanzas sobre Enfermedades Tropicales y miembro del Consejo de la Sociedad Internacional de Enfermedades Infecciosas. También formó parte del Comité Asesor del Centenario de la OPS, en 2002, cuando la organización celebró sus 100 años. En Cuba en 1996, recibió el máximo honor que concede su país, Héroe del Trabajo de la República. ¿Cuál es su motivación? "Mi país, mi instituto, mi familia, mi pueblo", dice. Un asunto familiar Gustavo asegura que fue testigo y admirador de todos esos logros. "Estuve siempre muy cerca de mi padre –dice–. De niño trabajaba con él. Como adolescente, continué y trabajé con él en el instituto". Luego de que Fidel Castro tomara el poder, el padre tomó con calma los cambios avasallantes, según narra su hijo. "No había contradicción con la Revolución –recuerda Gustavo–. Mi padre y la mayoría de sus colegas reaccionaron muy favorablemente. Venía de una familia muy humilde y siempre se concentraba en las enfermedades de los pobres, por eso tenía ideas muy avanzadas en relación con el socialismo".
Fue en las mismas montañas que, dos años después de la revolución, conoció a Fidel Castro. Kourí estaba asignado a una escuela para maestros de primaria y secundaria. Durante el conflicto, el sitio había servido de base militar bajo el mando del legendario "Che" Guevara y tenía un hospital de 20 camas, utilizado por los revolucionarios. Castro, ahora presidente además de comandante, llegó una noche y se quedó cuatro horas hablando con Kourí y los otros médicos residentes. Hablaron de los méritos del programa de hospitales rurales y, al irse, Castro dejó a los jóvenes médicos con la sensación de que tenía plena confianza en el trabajo que estaban haciendo. Después de su servicio en la montaña, Kourí decidió estudiar microbiología; pero, en 1965, Castro anunció la creación del Centro Nacional de Investigación Científica. "Fue el primer gran instituto científico de Cuba", dice. Ansioso por aplicar sus aptitudes de investigador, se unió a un equipo de 12 colegas que pusieron a funcionar el centro. "Nos llamábamos los 12 médicos locos", recuerda. Pasaron dos años estudiando ciencias básicas, entre ellas física y matemáticas, a fin de prepararse para la investigación. En 1968, Kourí fue nombrado subdirector del centro. Después de 12 años y tres cargos más, fue designado director nacional de investigación y estudios de posgrado del Ministerio de Educación Superior de Cuba. Entretanto, el pequeño pero impresionante instituto que había fundado Pedro Kourí comenzó a decaer después de su muerte en 1964. Durante más de 10 años, funcionó con sólo 14 personas que trabajaban en un espacio de 1.000 metros cuadrados. Gustavo recuerda que el instituto "carecía de liderazgo"; además, el sistema de salud pública de Cuba se estaba deteriorando y los "recursos se estaban canalizando hacia problemas más urgentes". En 1979, el gobierno cubano decidió darle apoyo a las actividades del instituto; para ello lo adscribió al Ministerio de Salud y contrató al joven Kourí como director.
El nuevo Instituto Kourí estableció relaciones científicas con organizaciones internacionales de todo el mundo y con otros países, entre ellos, los Estados Unidos. El apoyo del Programa Especial de Investigaciones y Enseñanzas sobre Enfermedades Tropicales (TDR) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Banco Mundial y la OMS, fue particularmente crucial para la reorganización del instituto. El TDR aportó capacitación, subvenciones para investigaciones y proyectos y ayudó al instituto a efectuar intercambios con otros centros científicos de todo el mundo. Actualmente, el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí ocupa 52.000 metros cuadrados y cuenta con 700 empleados; se ha convertido en el principal centro de investigación y de capacitación en enfermedades infecciosas de Cuba, además de tener un rol fundamental en las iniciativas internacionales para controlar las enfermedades tropicales. Muchos de los laboratorios nacionales de Cuba funcionan en el instituto, y es el único establecimiento de la isla que ofrece atención terciaria a pacientes con VIH/sida. Sigue recibiendo apoyo del TDR, así como de Francia, España, Bélgica, la Unión Europea, el Wellcome Trust, y el Centro Canadiense de Investigaciones para el Desarrollo Internacional (IDRC), entre otros. Aunque inicialmente el instituto limitaba su trabajo a la parasitología y la medicina tropical, ahora se ocupa de las enfermedades infecciosas en general, y tiene proyectos en más de 12 temas de investigación. Estos varían desde enfermedades de transmisión sexual e infecciones en pacientes con inmunodepresión hasta estrategias para el control del mosquito Aedes aegypti.
Por otra parte, el IPK tiene un programa de residencia en medicina y ofrece maestrías y doctorados en virología, bacteriología, parasitología, control de vectores, epidemiología y enfermedades infecciosas. Kourí se muestra igualmente orgulloso de los logros que ha alcanzado su país en el ámbito de la salud, muchos de los cuales hubieran sido imposibles sin las contribuciones del instituto. Las cifras salen de su boca como los nombres de sus hijos: "Cuba fue el primer país de América en eliminar la poliomielitis. Se han producido vacunas contra 13 enfermedades infecciosas y, por ende, la incidencia de éstas es muy baja. La incidencia de fiebre tifoidea es de 0,1%; de la tuberculosis es de 7,8%; del tétanos es cero, y de la meningitis bacteriana es 0,3%. La malaria está totalmente erradicada y han cesado los brotes de dengue. Además, el sida está bajo control". Una vez que controló sus propias enfermedades infecciosas más amenazantes, gracias en gran medida a la labor del IPK, Cuba empezó a prestar ayuda a otros países en desarrollo. Al igual que sucede con otras iniciativas de salud del país, el IPK participa activamente. Fiel a la tradición de su padre, Kourí está particularmente orgulloso de la función docente del instituto. Desde 1980, ha capacitado a más de 20.000 estudiantes, de los cuales alrededor de 1.800 provienen de alrededor de 72 países. "El IPK es respetado en todos los países de América Latina y más allá –dice Paul Farmer, profesor de antropología médica en la Escuela de Medicina de Harvard–. Con un presupuesto relativamente pequeño —menor que el presupuesto de uno sólo de los hospitales de investigación de Harvard— el IPK ha realizado importantes investigaciones en ciencias básicas, ha ayudado a desarrollar nuevas vacunas". Y Farmer agrega que "también ha adiestrado a miles de investigadores de Cuba y de todo el mundo, forjando vínculos fuertes de intercambio con investigadores de los Estados Unidos. Sin duda, Gustavo Kourí ha aportado el liderazgo para que todo esto ocurra". Vínculos con el exterior Aun antes de la revolución, la Escuela de Medicina de Harvard tenía un fuerte vínculo con el instituto Kourí. Esa relación se interrumpió luego del ascenso al poder de Castro y la decadencia del instituto. Pero, en 1988, John David, profesor emérito de medicina tropical del Departamento de Inmunología y Enfermedades Infecciosas de la Escuela de Salud Pública de Harvard, le escribió a Gustavo Kourí para sugerirle formas de consolidar las relaciones en materia de investigación entre las dos instituciones. La respuesta de Kourí fue una invitación para visitar el instituto.
David agrega: "Nuestras relaciones se han mantenido muy apartadas de los disidentes. La autocracia no ha influido en nuestras relaciones". El instituto también ha desarrollado relaciones dentro de los círculos gubernamentales de los Estados Unidos. Gary Clark, jefe de la Unidad para el Dengue, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), conoce a Kourí desde hace más de 10 años y participa en los cursos sobre el dengue que dicta el IPK. Señala que esas actividades de colaboración son importantes para los investigadores tanto de Cuba como de los Estados Unidos, así como de otros países. "Es una oportunidad para conocer a gente que tiene los mismos intereses –agrega Clark–. Por medio del liderazgo del Dr. Kourí y del curso, que actualmente llegará al octavo, hemos acumulado entre 14 y 16 años de esfuerzo para reunir investigadores. Entre 50 y 75 personas vienen a los laboratorios especiales". Farmer, de la Universidad de Harvard, señala que estas colaboraciones representan mucho más que "la investigación pura". "El IPK se ha concentrado en algunas amenazas de infecciones clave como la tuberculosis, el dengue, la malaria y el VIH. En términos comparativos, éstas no son amenazas graves para Cuba. Pero sí lo son para el mundo pobre". Agrega que hasta ahora no hay una vacuna eficaz para ninguna de ellas, y son las principales enfermedades infecciosas del mundo de hoy. Kourí también considera su misión en estos términos más amplios. "Cuando analizamos el riesgo de introducción de enfermedades exóticas en Cuba, nuestro gobierno decidió fortalecer el instituto y aumentar nuestra vigilancia. Pero, al mismo tiempo, nuestro presidente declaró que este centro no era solamente para Cuba, sino también para la humanidad". Para Farmer, el IPK representa una oportunidad que hay que aprovechar. "Las escuelas de Medicina y de Salud Pública de Harvard posiblemente formen el complejo más grande del mundo de investigación médica adscrito a una universidad –explica–. Unir nuestros esfuerzos a los de una de las principales instituciones de investigación del mundo en desarrollo, con miras a crear nuevas herramientas para controlar o tratar numerosas plagas, sería, como dijo William Shakespeare, 'una unión devotamente deseable'". Annmarie Christensen es directora de publicaciones en el Global Health Council en Vermont, EE.UU. Preparó este artículo con ocasión de un viaje de su organización a Cuba en abril. |