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Revista Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 8, Número 2, 2003

 
 
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PRIMERA PALABRA
De la directora

Una deuda pendiente

La primera Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, celebrada hace 25 años en Alma-Ata, Kazajistán, dirigió la atención mundial hacia la salud como un tema fundamental de derechos humanos. Es un placer poder publicar una retrospectiva de Alma- Ata de David Tejada, ex subdirector general de la Organización Mundial de la Salud y principal organizador de la conferencia. Sus recuerdos y su análisis de por qué no hemos logrado.

"Salud para todos en el año 2000" serán de gran interés para nuestros lectores. Aquellos que, como el Dr. Tejada, somos desde hace mucho tiempo partidarios de la atención primaria de salud compartimos su frustración sobre los malentendidos y las distorsiones que ha sufrido el tema, tanto en Alma-Ata como durante el cuarto de siglo posterior. Fundamentalmente, la atención primaria de salud se refiere al primer nivel de atención, o sea, el primer contacto de la población con el sistema de salud. Este paso no debe darse en el hospital, o cuando la persona ya está enferma sino antes —y para prevenir— que se enferme. Una atención primaria de salud eficaz supone un sistema de salud integrado que se extienda a los individuos, las familias y las comunidades, y que los acompañe en su desarrollo.

Una comprensión parcial ha llevado a que algunos piensen que la atención primaria de salud es lo opuesto a la atención hospitalaria, que a su vez se considera más sofisticada y mejor. Y puesto que en el hospital se concentran los especialistas, se ha pensado que la atención primaria podía quedar en manos de promotores y voluntarios sin asignar recursos altamente calificados a ese nivel. Además, como los hospitales se encuentran en general en las zonas urbanas, algunos han llegado a pensar en la atención primaria de salud como en un sinónimo de atención rural. En realidad, la atención primaria de salud eficaz debe aplicarse por igual a los habitantes tanto de zonas rurales como urbanas.

Lo que la atención primaria de salud significaba para sus partidarios en Alma-Ata —y lo que debe seguir siendo— es una estrategia para transformar el sistema de atención de salud y acercarlo lo más posible a la población, precisamente para que las personas no necesiten ir al hospital, excepto en caso de accidentes o ciertas enfermedades no prevenibles. Y si las personas tienen que ir al hospital, que no lleguen como desconocidos, sino como personas que ya tienen una historia clínica reconocida por el sistema. Y que, después que reciban tratamiento, regresen a sus comunidades y el sistema siga acompañándolos.

Hay trabajos importantes que se han llevado a cabo en muchos países y en varios organismos internacionales que sí comprendieron la esencia de la atención primaria de salud. Inversiones notables, en particular en recursos humanos, facilitaron que los servicios de salud llegaran a las personas en sus hogares y comunidades, recompensando la tendencia de concentrar los recursos en los hospitales. Igualmente, enfatizaron la acción intersectorial para abordar los determinantes de la salud y poder así generar más y más salud y calidad de vida.

Sin embargo, lo que se perdió casi por completo fue la función transformadora de la atención primaria de salud. En estos 25 años, hemos visto aumentos significativos del gasto en salud, pero desde el 50% hasta el 80% de los presupuestos sanitarios de nuestros países está todavía destinado a los hospitales. Por lo tanto, cuando aquellas inversiones especiales fueron reducidas o desaparecieron, en particular por exigencias de la reforma del sector salud, las personas quedaron nuevamente sin atención. Si la atención primaria hubiera ejercido ese rol transformador del sistema, nunca habríamos perdido tanto terreno en los años 80.

Los sistemas de salud de hoy necesitan transformarse tanto como los sistemas de 1978. Pero ahora estamos en mejores condiciones para llevar a cabo el cambio. Comprendemos mucho mejor lo que es la atención primaria de salud y acumulamos experiencias sobre lo que puede suceder sin ella. Es más, los adelantos tecnológicos ahora permiten llevar la atención de salud a las personas de una manera que no podríamos haber imaginado en 1978.

Cuando el Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se reúna este septiembre aprovechará la ocasión del 25o aniversario de Alma-Ata para reflejar los éxitos y fracasos de la conferencia y también para reabrir el debate sobre la atención primaria de salud y la necesidad de transformar los sistemas de salud de nuestros países. En muchos casos, la región refleja lo opuesto a "Salud para todos": grandes porciones de nuestras poblaciones están casi totalmente excluidas. Hasta que se cumpla el sueño de Alma-Ata de salud para todos —universal, multisectorial y participativa—, la salud pública internacional tendrá una gran deuda pendiente.


Mirta Roses Periago
Directora

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