Perspectivas de Salud - La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 9, Número 2, 2004
Portada de la revista

¿Socios en el desarrollo?

El progreso hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio no sólo depende de las acciones de los países pobres, sino también de las políticas de los países ricos. ¿Qué debe hacer el mundo desarrollado para cumplir con sus responsabilidades?

El número 8 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio hace un llamamiento a las naciones para "fomentar una asociación mundial para el desarrollo". Al igual que los otros siete, éste es un objetivo valioso. Pero el Objetivo 8 es especial: aborda no sólo lo que hay que hacer para mejorar la calidad de vida en el mundo en desarrollo, sino también cómo pueden ayudar los países ricos.

 Photo Collage

El Objetivo 8, expresado en términos sencillos, hace un llamamiento a los países ricos para que aporten más ayuda, cancelen más deuda, reduzcan las barreras al comercio que excluyen los productos agrícolas, la confección y otros productos exportados desde los países pobres. Se trata de una innovación beneficiosa para el ámbito del desarrollo, porque reconoce las maneras importantes en que los países ricos influyen en la economía y el entorno físico en que se desenvuelven los países pobres. En gran medida son los países ricos los que establecen las reglas que rigen las tendencias comerciales, las inversiones, las corrientes migratorias, que son las principales fuentes de ayuda para el desarrollo. Al mismo tiempo, sus políticas ambientales repercuten en el mundo entero y con mayor intensidad en los países pobres.

El Objetivo 8 tiene un significado particular para las Américas, cuyos países abarcan una gama muy variada de condiciones que van de la opulencia a la pobreza, además de estar estrechamente vinculados por los desplazamientos humanos y el comercio. Los países ricos del continente aportan ayuda para el desarrollo que es crucial para el financiamiento, entre otros, de la reforma del sector salud en América Latina. Pero al mismo tiempo, las barreras al comercio establecidas en el norte perjudican a los países del sur porque hacen que sus productos sean menos competitivos y reducen las oportunidades para la exportación.

Este objetivo es primordial pero, a diferencia de los primeros siete, no fija plazos ni metas numéricas concretas. Por el contrario, su lenguaje es vago, admite opciones y propicia la evasión de los compromisos, por lo que no se asumen suficientes responsabilidades. Para remediar esta situación, las Naciones Unidas sugirió una lista de 17 indicadores de progreso y el Banco Mundial lanzó un nuevo informe, el Global Monitoring Report, que hace el seguimiento de las políticas comerciales y de ayuda de los países ricos y pobres. El Centro para el Desarrollo Mundial, con sede en Washington, D.C., ha creado otra herramienta que puede utilizarse para medir el progreso en estas áreas: el Índice de Compromiso con el Desarrollo (ICD), que cuantifica y compara las políticas de los países ricos y su relación con el mundo en desarrollo.

 Photo Collage

Lo primero que viene a la mente cuando se pregunta sobre cómo los países ricos pueden ayudar a los pobres a lograr los objetivos del milenio, es la ayuda externa. Los países pobres dependen de la ayuda para complementar el gasto gubernamental en todos los sectores, desde la construcción de escuelas hasta la capacitación de enfermeras. Los países pobres que no tienen acceso a fuentes privadas de dinero suelen ser los que más necesitan ayuda. Entre los ejemplos se encuentran países latinoamericanos de bajos ingresos como Haití y Nicaragua. Además, muchos países de ingresos más altos, como México, tienen focos de pobreza extrema y pueden beneficiarse del apoyo de los donantes para la reducción de la pobreza y para lograr otros objetivos de desarrollo humano. En 2002, América Latina recibió 5.000 millones de dólares, lo cual no es insignificante pero es mucho menos de lo que se otorga al África Subsahariana. Si bien la ayuda internacional no es la panacea para el desarrollo, si su calidad y cantidad aumentan, los países pobres avanzarán más en ámbitos clave como la educación, la salud y el saneamiento.

La "calidad" de la ayuda significa muchas cosas. Por ejemplo, Estados Unidos "condiciona" el 80% de su ayuda a la compra de sus propios productos y servicios. Hay estudios que indican que tales restricciones reducen el valor de la ayuda entre un 15% y un 30%, porque impiden que los países pobres recurran a los proveedores más baratos. A menudo la ayuda también está cargada con pesadas exigencias burocráticas. En un solo año, los funcionarios de Tanzania prepararon 2.400 informes y organizaron más de 1.000 reuniones para los donantes.

Peor aún, la eficacia de la ayuda se diluye debido a la deuda insostenible. Los países muy endeudados como Nicaragua, a menudo tienen que sortear escollos mes tras mes buscando fondos para cubrir los próximos pagos del servicio de la deuda, lo que genera incertidumbre y, por lo tanto, entorpece la toma de decisiones por parte del gobierno. El alivio de la deuda es esencial para poner fin a este ciclo.

Varios hechos recientes en la ayuda externa auguran mejoras. El Grupo de los Ocho (de países industrializados) se comprometió en junio a continuar y a reactivar el alivio de la deuda de los países pobres. Estados Unidos, por su parte, destinó 1.000 millones de dólares de este año fiscal a la Cuenta del Desafío del Milenio, una nueva iniciativa que apoya a los países pobres que registren un buen desempeño en los indicadores de economía y gobernabilidad. Bolivia, Honduras y Nicaragua están entre los 16 países receptores seleccionados este año.

Cuantificación de los esfuerzos
El Índice de Compromiso con el Desarrollo (ICD) del Centro para el Desarrollo Global clasifica a 21 de los países más ricos del mundo en siete áreas de políticas relacionadas con el Objetivo 8 de Desarrollo del Milenio... [Leer más]

Sin embargo, el logro del Objetivo 8 exige algo más que ayuda. El libre comercio es una fuerza importante en la reducción de la pobreza y en el desarrollo. La ONU lo entendió así y formuló las metas del Objetivo 8 que hacen un llamamiento explícito a la eliminación de las barreras al comercio impuestas a los países pobres. Las exportaciones latinoamericanas fueron valoradas en 350.000 millones de dólares en 2002, aproximadamente un 5% del total de las exportaciones mundiales. De no haber sido por los aranceles, cuotas y subsidios establecidos por los países ricos, ese monto habría sido mucho mayor.

Irónicamente las mayores barreras al comercio se imponen a los productos importados de los países más pobres, como los textiles y los agrícolas. El año pasado, en Estados Unidos, el monto de los aranceles a los productos provenientes de Nicaragua fue siete veces mayor que el de los productos de Irlanda, a pesar de que el valor de los productos irlandeses era casi nueve veces mayor que las importaciones nicaragüenses. En un litigio reciente presentado por Brasil a la Organización Mundial del Comercio (OMC) se estableció que los subsidios al algodón estadounidense distorcionaban injustamente los precios mundiales y violaban las reglas vigentes del comercio. Incluso México, que goza de un mejor acceso al mercado gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ha tenido que hacer frente a la competencia desleal. Según un estudio, los subsidios a la agricultura de Estados Unidos permitieron que entre 1999 y 2001 se exportara maíz hacia México a un precio de 30% por debajo del costo de producción.

La cercanía geográfica y las tradicionales estrechas relaciones comerciales con América Latina hacen que las políticas de Estados Unidos sean particularmente pertinentes para la región. A pesar de la importancia de las barreras, Estados Unidos sigue siendo un socio comercial relativamente "más justo" que la Unión Europea, Canadá y Japón, que aplican aranceles y subsidios más altos.

Si se mira a futuro los acuerdos regionales de libre comercio propuestos, el Área de Libre Comercio de las Américas y el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica pueden facilitar el acceso de los países latinoamericanos a los grandes mercados. Sin embargo, los países pobres a menudo tienen posiciones débiles en estas negociaciones, y poco poder para exigir concesiones en ámbitos tan cruciales como la agricultura. Un foro más esperanzador es la OMC, donde los países pobres que comparten preocupaciones similares tienen mayores posibilidades de aunar esfuerzos.

 Photo Collage

En efecto, en la última reunión de la OMC en Cancún, en septiembre de 2003, se observó el surgimiento de una nueva alianza de los países pobres. Aun así, el principal escollo fue la reticencia de los países ricos a reducir los subsidios agrícolas y los aranceles, y las negociaciones terminaron estancándose. La Unión Europea anunció recientemente su voluntad de poner en la mesa de negociaciones los subsidios a los productos agrícolas para exportación. Si bien estos subsidios sólo representan el 4% de los subsidios que traban el comercio agrícola, esta propuesta puede dar un nuevo impulso a las negociaciones comerciales.

Inversión y migraciones

Al igual que el comercio, la inversión extranjera puede ser un motor importante del desarrollo. Pero también puede ser fuente de inestabilidad y corrupción. Argentina y Brasil sufrieron hace poco tiempo crisis financieras derivadas de la salida del capital extranjero. La abundancia de recursos petroleros en países como Ecuador atrajo al capital extranjero, lo que a su vez fomentó la corrupción y la mala administración. Por el contrario, México se ha beneficiado con la inversión extranjera reciente, que consiste no sólo en dinero, sino también en conocimientos técnicos y gerenciales. Las declaraciones de la Conferencia de Financiamiento y Desarrollo de la ONU —realizada en Monterrey, México, en marzo de 2002— resaltan las corrientes de capital privado internacional como una fuente importante de entrada de recursos a los países pobres, y al mismo tiempo instan a intensificar las iniciativas para luchar contra la corrupción y reformar las leyes tributarias.

A pesar de que las metas de la ONU para lograr el Objetivo 8 no plantean en forma explícita los temas de las migraciones, las políticas migratorias son una de las principales maneras que tienen los países ricos de influir en la vida y en las expectativas de los pobres del mundo. Las políticas de apertura a la inmigración otorgan a las personas de los países pobres la oportunidad de trabajar, aprender nuevas destrezas y enviar dinero a casa por medio de las llamadas "remesas". El Banco Mundial calcula que el año pasado se recibieron remesas en los países en desarrollo por un monto de 93.000 millones de dólares, un aumento de más del 200% en comparación con 1990. América Latina y el Caribe absorben cerca de una tercera parte de estas corrientes de fondos —-casi 30.000 millones de dólares en 2003, o sea alrededor de seis veces la cantidad que la región recibe en ayuda externa. Por supuesto que los movimientos migratorios también generan algunos problemas, como la "fuga de cerebros", cuando las personas mejor preparadas se van al extranjero en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, también es posible que los trabajadores retornen a casa con nuevas destrezas y, además, inviertan en su país de origen. El reciente auge del software en Bangalore, India, fue impulsado por este tipo de inversión.

Las políticas sobre inmigración de Canadá y de Estados Unidos son relativamente abiertas, mientras que las de Europa y Japón son más cerradas. No obstante, aun en esos países más abiertos hay que hacer mejoras. El presidente Bush propuso el programa de los trabajadores invitados para aumentar las oportunidades de que los inmigrantes trabajen legalmente en Estados Unidos. Los cambios en las políticas también hacen que las migraciones sean más ventajosas para los pobres del mundo. Por ejemplo, según un estudio, se calcula que si se reduce entre un 5% y un 10% el costo de enviar remesas de dinero, la corriente anual de esos envíos aumentaría entre 5.000 y 9.000 millones.

 Photo Collage

El séptimo Objetivo de Desarrollo del Milenio resalta la importancia de las políticas ambientales en los países pobres. Sin embargo, las políticas ambientales de los países ricos tienen un efecto particularmente importante en el medio ambiente mundial. Los países ricos consumen recursos naturales y emiten gases que agotan la capa de ozono, en cantidades enormes. Entretanto, los países pobres corren el riesgo de sufrir grandes daños, debido a que una infraestructura débil y sus servicios sociales deficientes, los hacen muy vulnerables a los efectos potenciales del cambio climático, como inundaciones, sequías y propagación de enfermedades infecciosas.

La seguridad es otra de las áreas donde las políticas de los países ricos pueden promover el desarrollo, aun cuando las metas del Objetivo 8 no abordan los temas de seguridad. Éste es un descuido grave, ya que las amenazas internas y externas pueden socavar la estabilidad y la prosperidad, y el costo en vidas humanas es inmenso. Cuando la violencia azotó a Haití a principios de este año, los trabajadores extranjeros que prestaban ayuda salieron del país y los ciudadanos se quedaron sin la mayoría de los servicios sociales básicos. La comunidad internacional desempeña una función preponderante en la prevención y la respuesta a las amenazas a la seguridad.

Tecnología

Los beneficios que las nuevas tecnologías aportan a los pobres, ya sea como consumidores o como productores, hacen que éstas sean fundamentales para el crecimiento y el desarrollo de América Latina y otras regiones en desarrollo. Por ejemplo, los teléfonos celulares han revolucionado las comunicaciones en América Latina —hoy en día hay 118 millones de usuarios—, y las vacunas han erradicado la poliomielitis del continente americano. El este de Asia registró un crecimiento sin precedentes en la segunda mitad del siglo XX, en gran medida debido a su producción de artículos electrónicos que anteriormente habían desarrollado los países ricos.

El Objetivo 8 pide a los países ricos velar por que los países pobres se beneficien con las nuevas tecnologías, en especial en las áreas de medicamentos esenciales, información e innovaciones en la comunicación. Por lo general, las nuevas invenciones están protegidas por derechos de propiedad intelectual que, a través de patentes y derechos de autor, otorgan a los inventores derechos exclusivos temporarios sobre sus creaciones. Sin embargo, en los países más pobres muy pocos innovadores están protegidos por leyes de propiedad intelectual, mientras que los costos —bajo la forma de un acceso reducido a las tecnologías esenciales— son más altos. Entonces, los países ricos tienen ante sí el reto de fomentar la innovación y, a la vez, facilitar el acceso de los países pobres a las tecnologías esenciales.

 Photo Collage

La importancia de esta dinámica puede observarse en la controversia sobre los medicamentos para el sida. A fines de 2003 se calculaba que 40 millones de personas estaban infectadas con el VIH/sida y de ellas, 2 millones estaban en América Latina. Después de un amargo debate, el año pasado la OMC aceptó que durante las emergencias de salud los países pobres pudieran importar fármacos genéricos patentados. Fue un paso significativo, pero el acuerdo dejó asuntos importantes sin resolver. Los países más pobres del mundo continúan afrontando leyes estrictas sobre la propiedad intelectual que mantienen precios altos en otras áreas cruciales para ellos, como la agricultura y las comunicaciones. Estas leyes estrictas también afectan a los fabricantes, porque la imitación suele ser el primer paso hacia la industrialización de los países pobres. ¿Deben aplicarse las mismas leyes vigentes en los países ricos en los países pobres? Hasta la fecha la OMC no ha vuelto a analizar este tema tan controversial. Por otra parte, durante las negociaciones regionales de comercio los países ricos algunas veces han propuesto normas de propiedad intelectual más estrictas que las de la OMC. Está claro que estas reglas no benefician en nada a los pobres de América Latina.

En un mundo cada vez más interconectado, los países ricos pueden influir y recibir la influencia de los pobres del mundo, de muchas maneras. Por ejemplo, la pobreza ocasiona la emigración —legal o ilegal— y es fuente de inestabilidad política y económica en el mundo. De igual manera, las políticas de ayuda, de comercio y de otro tipo adoptadas por los países ricos son de mucha importancia para América Latina y otras regiones en desarrollo. Dada su opulencia y su influencia, es obvio que los países ricos llevan la batuta, y no queda duda de que tienen un largo camino por recorrer para cumplir con sus promesas relacionadas con el Objetivo 8 a los pobres del mundo.

Algunos países han sido más eficientes que otros en la formulación de políticas coherentes para la promoción del desarrollo. Pero así como se ha alentado a los países pobres a elaborar planes de acción para la consecución de los primeros siete objetivos, los países ricos tienen que empezar a reflexionar acerca de sus propios puntos de referencia. Las prioridades de sus agendas deben ser:

El mundo está observando. ¿Cumplirán los países ricos las promesas a los pobres de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo del Milenio? Estas decisiones harán la diferencia entre el bienestar de millones de personas o un mundo sin esperanzas.

Alicia Bannon es asistente de investigación y David Roodman es becario en investigación en el Centro para el Desarrollo Global, en Washington, D.C.


Volver al índice