Perspectivas de Salud - La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 9, Número 2, 2004
Portada de la revista

Brasil contra el hambre

La iniciativa "Hambre Cero" del gobierno de Luiz Inácio "Lula" da Silva aborda el primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio mediante medidas de emergencia y de largo plazo. ¿Logrará reducir a la mitad el número de brasileños que pasan hambre para 2015?
 Volunteer for 'Fome Zero'

Los médicos del centro de salud de Borda do Campo, una ciudad de 30.000 habitantes en el sur de Brasil, se preguntaban por qué ya no acudían muchos de los niños tratados con frecuencia por problemas de salud relacionados con la pobreza y la desnutrición. Ansiosos por saber por qué cada vez atendían menos de estos casos, le preguntaron a la directora del dispensario cuál podría ser la razón.

"Simplemente estaban empezando a comer mejor –dice Nélia Maria Cruz, jefa del centro de salud–. Solíamos ver muchos casos de malnutrición, pero empezaron a disminuir ya que al aumentar la inmunidad de los niños, disminuían las infecciones y otras enfermedades comunes en la región".

No sólo en el centro de salud advirtieron la diferencia. En la escuela local, los maestros notaron que los estudiantes estaban aumentando de peso. "La merienda de la mañana o de la tarde solía ser un alivio para ellos. Muchos se servían dos veces porque podía ser su única comida del día, pero ya no es así".

Los niños de Borda do Campo, en el municipio de São José dos Pinhais en el estado de Paraná, son algunos de los miles que se han beneficiado con el programa "Hambre Cero", un esfuerzo nacional para reducir el hambre en Brasil. Iniciado por el presidente Luiz Inácio "Lula" da Silva en enero de 2003, este ambicioso programa aborda el primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y es una de las prioridades más altas del gobierno actual.

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La fórmula del programa es sencilla: brindarle a cada brasileño la oportunidad de comer tres veces al día. Tal vez esto no parezca un desafío tan grande, a menos que sepamos que una cuarta parte de los 170 millones de habitantes de Brasil vive por debajo de la línea de pobreza. Según cifras oficiales, para satisfacer las necesidades inmediatas de todos los que tienen hambre, el gobierno tendría que dar ayuda de emergencia a 11 millones de familias. Al mismo tiempo, el esfuerzo debería incluir medidas a largo plazo que permitieran a la población mantenerse por sus propios medios, y que en el futuro cada familia pudiera comprar sus propios alimentos.

"Tenemos dos tipos de políticas –explica José Baccarin, secretario nacional de Seguridad Alimentaria de Brasil y responsable del programa Hambre Cero del Ministerio de Desarrollo Social, creado recientemente–. En primer lugar se encuentran las políticas con efectos inmediatos destinadas a mejorar el acceso a la alimentación para quienes viven por debajo de la línea de pobreza, y luego están las políticas estructurales a largo plazo".

Alimentos ya

Uno de los programas de emergencia que ya funciona está dirigido a los niños de Borda do Campo, un distrito que creció rápidamente cuando la fábrica francesa de automóviles Renault instaló allí un gran complejo industrial. La iglesia católica local, que administra el programa, creó ocho comedores comunitarios para atender a los habitantes de la ciudad. Según cálculos de la iglesia, cada día almuerzan 1.500 niños en esos comedores.

"La verdad es que habíamos comenzado con el programa de comedores comunitarios antes de Hambre Cero comenta el padre José Aparecido Pinto, sacerdote dominico que desde hace seis años se ocupa de las necesidades de los parroquianos. Dice que la ayuda del gobierno federal llegó en forma de donaciones de alimentos, lo que permite que los comedores den regularmente a los niños una comida diaria. Hoy en día, el gobierno da además 65.000 dólares cada año a la iglesia, que se compromete a seguir administrando el programa sin interrupciones.

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Los comedores comunitarios también dependen del apoyo de la comunidad. Son construcciones básicas levantadas por la comunidad, adyacentes a las capillas de la parroquia. Algunas tienen pisos de cerámica y están bien decoradas. Otras más recientes tienen paredes de cemento sin revocar, mesas de madera sin pulir y largos bancos donde los niños se sientan a comer.

La mayoría de los voluntarios que preparan la comida son madres que se comprometen a participar al menos una vez al mes. Muchas van con más frecuencia. El menú es variado, diferente cada día y se rige por normas básicas de nutrición. Las madres deciden entre ellas quién va a cocinar, servir y limpiar cada día.

Para muchos niños, y en algunos casos para familias enteras, el programa del comedor comunitario les cambió la vida. Es el caso de Simona Aparecida Oliveira, un ama de casa de 22 años que tiene tres niños y espera el cuarto. Su esposo es operario de máquinas y gana 450 reales al mes, lo que equivale a un dólar por persona, por día, para comprar todo lo que la familia necesita. Según los vecinos los tres niños estaban desnutridos, hasta que empezaron a comer todos los días en el comedor comunitario.

Subsidios familiares

Bolsa Família ("Subsidio familiar") es el principal componente de Hambre Cero, destinado a atender la emergencia; por medio de este programa se transfieren cada mes los subsidios a las familias. En la actualidad, el programa llega a 3,8 millones de - hogares y recibe la mayor parte de los recursos de Hambre Cero. Según el Ministerio de Desarrollo Social, este año el monto total fue de 1,8 mil millones de dólares. El objetivo del programa es llegar a 4,5 millones de familias a mediados del 2004 y, a fines de 2006 —cuando termine el actual mandato presidencial— beneficiar a 11 millones de familias necesitadas.

Pequeños programas
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"En promedio, transferimos 72 reales (23 dólares) mensuales a cada familia", dice Baccarin.

Bolsa Família se basó en los programas establecidos por los gobiernos anteriores, pero los unificó. Antes de 2002, las familias se inscribían localmente para recibir distintos tipos de ayuda financiera. La gente podía recibir dinero por mantener a sus hijos en la escuela, si necesitaba ayuda para comprar gas envasado o si no podía alimentar a su familia. El gobierno de "Lula" consolidó los distintos programas en uno solo y aumentó la cobertura para la alimentación. Según el gobierno, el resultado es que ahora cada familia recibe más dinero.

Otras medidas de urgencia son los esfuerzos para mejorar el acceso a alimentos baratos o gratuitos. En el noreste de Brasil y en el norte de Minas Gerais, los niños se benefician con un programa que cada día suministra leche gratuita a 770.000 familias. Además de los comedores comunitarios hay restaurantes comunales y bancos de alimentos.

El gobierno entrega alimentos básicos en caso de emergencia como inundaciones y otros desastres naturales, y también a los trabajadores rurales sin tierra, a los indígenas y a las comunidades aisladas. Además, el gobierno ha dirigido esfuerzos especiales hacia el nordeste del Brasil, la zona más pobre del país.

En algunas regiones del interior donde la lluvia es escasa el programa se asocia con las comunidades locales a fin de construir tanques de agua para las casas, de manera que los residentes no tengan que recorrer varios kilómetros para sacar agua del río más cercano. En 2003 se construyeron unos 27.000 tanques y para este año la meta es de 50.000. Cada uno almacena agua suficiente para una familia y cuesta alrededor de 500 dólares.

Acción estructural
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Las medidas a largo plazo previstas por Brasil en su guerra contra la pobreza extrema son muchas y variadas y cubren casi toda la gama de los programas sociales que se encuentran en los países en desarrollo. La lista empieza con la reforma agraria e incluye incentivos para la agricultura familiar, un sistema de asistencia social más justo y la creación de empleos —un desafío enorme para un país cuyas tasas de desempleo se sitúan alrededor del 13%.

Una medida que está en funcionamiento es el programa de compras locales directas, destinado a evitar el éxodo rural garantizando ingresos a los pequeños agricultores. El programa permite que las comunidades de todo el país compren a precios razonables los productos de los agricultores que cumplan con los requisitos. Entre estos se encuentran los agricultores que emplean a un máximo de dos trabajadores, los que viven en la tierra que cultivan, los que obtienen el 80% de sus ingresos de la tierra y los que reciben fondos del programa nacional de apoyo a la agricultura familiar, que este año de cosecha entregó 1,7 mil millones de dólares en incentivos a la producción.

Los agricultores que participan en el programa de compras locales directas pueden vender hasta 800 dólares en productos al gobierno federal. Este límite garantiza que los grandes productores no tengan interés en competir por una asignación, y también ayuda a distribuir mejor el dinero en todo el país. Hasta la fecha, la Compañía Nacional de Abastecimiento (CONAB) ha librado 25 millones de dólares para el programa del año próximo, cifra suficiente para comprar los productos agrícolas de unas 30.000 familias productoras.

Los alimentos comprados por medio del programa cumplen varios objetivos. Crean reservas que ayudan a mantener los precios; anteriormente esto se hacía comprando alimentos a los grandes productores y a las cooperativas. El programa Hambre Cero también se ocupa de la distribución de alimentos. Por ejemplo, se encargó de comprar a los agricultores de la municipalidad de São José dos Pinhais los alimentos que redujeron la desnutrición en Borda do Campo. Cada dos semanas se invita a los productores seleccionados para que distribuyan sus productos en los comedores comunitarios. Ya son 80 las familias que venden sus productos de esta forma.

 Brazilian Children Eating

"Éste es un programa estructural que está dando resultados inmediatos", dice Sílvio Porto, director de logística y gestión comercial de CONAB. Cita como ejemplo los resultados del programa de compra directa en el estado de Acre, al norte de la región amazónica brasileña. Allí, la CONAB compró por un monto de 1,2 millones de dólares toda la cosecha de castañas de cajú producida por 1.300 familias. El resultado fue un aumento en el ingreso familiar. Los productores solían vender una lata de castañas de cajú en 1,6 dólares. Frente a un comprador de la talla del gobierno, los productores se vieron en la necesidad de pagar más a los cosechadores para garantizar el suministro. En el punto máximo de la cosecha, una lata llegó a costar 5 dólares. "Hubo casos de familias que se habían ido y volvieron a la reserva para producir castañas de cajú y tener un salario", dice Porto.

Ahora el principal desafío que se plantea al programa es aumentar los recursos disponibles para las compras. En la actualidad, espera 75 millones de dólares más; sin embargo, la CONAB pidió que para 2005 el financiamiento aumentara a mil millones de reales, es decir, 327 millones de dólares.

Otro desafío es lograr que los agricultores diversifiquen su producción. "En el 90% de los casos todo lo que logran producir es maíz y frijoles –comenta André Michelato, gerente del programa en Paraná, una iniciativa del estado de Paraná–. Si tuvieran la certeza de vender la producción, podrían invertir más, plantar otro tipo de legumbres y, por lo tanto, aumentar sus ganancias".

Necesidad urgente

La mayoría de las críticas que se hacen a los programas del gobierno para la reducción de la pobreza tienen que ver con la lentitud de los programas estructurales. Algunos dicen que el gobierno debería invertir menos en las medidas de emergencia y más en los esfuerzos a largo plazo. Pero hay varios obstáculos. El primero es la obligación del país de ahorrar dinero para el pago de la deuda externa. Según un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, Brasil debe destinar el 4,25% de su producto bruto interno interno a la deuda. El resto se lo disputan los ministerios del país.

Sin embargo, la urgencia de acelerar los programas de largo plazo se reconoce hasta en el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria, un órgano consultivo designado por el gobierno para supervisar el programa Hambre Cero.

"Tenemos que ver cómo podemos avanzar más rápido –admite Francisco Menezes, presidente del consejo–. Esas medidas estructurales se han retrasado porque el país se encuentra en una situación complicada. Hambre Cero es un paso muy importante pero es necesario complementarlo".

Para Menezes, lo más importante es que el país aproveche las oportunidades creadas por este programa y amplíe sus actividades a otros ámbitos. Considera que los aspectos más cruciales son la reforma agraria, la reducción del analfabetismo y el aumento de la inversión en la salud.

 Brazilian Kid Eating

"Quizá no sea posible erradicar completamente el hambre, porque hay factores que van más allá de nuestro control, siempre existirá en alguna parte alguien con una situación precaria. Pero estamos seguros de que será posible reducir drásticamente el problema en un lapso relativamente corto".

¿Logrará Brasil el objetivo de reducir el hambre a la mitad para 2015? A los responsables del programa Hambre Cero no les cabe la menor duda. El objetivo del presidente de Brasil es aun más ambicioso: garantizar que cada brasileño coma al menos tres veces al día...para 2006.

Rogerio Waldrigues Galindo es un periodista brasileño que vive en Curitiba.

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