Si se hace una lista de riesgos de acuerdo con el número de personas que muere cada año y luego se hace otra lista en el orden en que esos mismos riesgos causan preocupación en el público general, las dos listas serán muy diferentes. Hay riesgos que provocan la muerte de mucha gente sin causar mayor preocupación; no solamente la gripe, sino el envenenamiento con alimentos, el cigarrillo, la comida en exceso, la falta de ejercicio, etc. Otros riesgos preocupan a mucha gente sin que provoquen la muerte de nadie.
Ambos problemas causan frustración en los expertos en riesgo y los hacen irritar contra el público porque éste tiene miedo de los "riesgos equivocados". Los expertos en comunicación de riesgos no pueden eliminar totalmente esta percepción equivocada, pero podemos ayudarlos a entender por qué el público tan a menudo parece entender "mal".
El problema fundamental es la definición. Para los expertos, riesgo significa mortalidad anual prevista (o morbilidad). Para el público, riesgo significa mucho más que eso. Vamos a redefinir los términos: llamaremos "amenaza" a la tasa de defunción, lo que los expertos entienden por riesgo. Si agrupamos todos los otros factores que hacen que la gente esté asustada, furiosa o de alguna otra manera preocupada por un riesgo y los denominamos colectivamente "indignación", obtenemos lo siguiente: Riesgo = Amenaza + Indignación. El público presta muy poca atención a la amenaza; los expertos no prestan atención en absoluto a la indignación. Por lo tanto, no resulta sorprendente que los dos grupos clasifiquen los riesgos de manera diferente.
Los especialistas en percepción de riesgo han identificado más de 20 "factores de indignación". He aquí algunos de los principales:
Voluntario o no
Un riesgo que asumimos en forma voluntaria es mucho más aceptable para la gente que un riesgo que nos imponen, porque el primero no genera indignación. Piénsese en la diferencia entre recibir un empujón que nos hace rodar montaña abajo en unos bastones resbalosos versus una decisión propia de ir a esquiar.
Quién tiene el control
Casi todos nos sentimos más seguros cuando estamos al volante y no como pasajeros. Cuando la prevención y la mitigación están en sus manos, la persona percibe el riesgo (pero no la amenaza) como si fuese mucho menor que si estuviese en manos de una entidad gubernamental.
Equidad de riesgo
Las personas que deben soportar riesgos más grandes que sus vecinos, sin acceso a beneficios mayores, están indignados por naturaleza —en especial si las diferencias provienen de política, pobreza o raza. Un riesgo injusto es un riesgo grande. Lo mismo es cierto para los países que se ven obligados a soportar riesgos que otros países no sufren.
Confianza
En un mundo de alta tecnología, suele suceder que la gente tenga dudas de su propia habilidad para distinguir entre los riesgos peligrosos y los insignificantes. Pero estamos convencidos de que podemos distinguir las fuentes dignas de confianza de las que distorsionan la información o la esconden. Por eso, utilizamos confianza, credibilidad y franqueza como sustitutos de la amenaza. ¿Por qué "comprar" una evaluación de riesgo de alguien a quien no le compraríamos un automóvil usado?
Calidad de la respuesta
¿Actúa con preocupación o arrogancia la empresa u organismo gubernamental que impone el riesgo o que nos dice que es insignificante? ¿Le informa a la comunidad de lo que está pasando antes de que se tomen las verdaderas decisiones? ¿Escucha y responde a las preocupaciones de la comunidad?
Valores éticos
Algunos riesgos no son solamente perjudiciales sino inmorales —y lo siguen siendo aun cuando no sean especialmente perjudiciales. Hablar de las posibles compensaciones de riesgo-beneficio o riesgo-costo suena muy insensible cuando el riesgo tiene consecuencias morales. Imaginemos a un jefe de policía que afirme que un pederasta ocasional es un "riesgo aceptable".
Familiaridad
Los riesgos exóticos o de alta tecnología causan más indignación que los riesgos conocidos (su casa, su automóvil, su obesidad, la temporada anual de gripe).
Perdurabilidad en la memoria
Un accidente memorable (Bhopal o Chernobyl, por ejemplo) puede hacer que ciertos riesgos se recuerden durante muchos años, lo que a su vez puede transformarlos en una fuente mayor de indignación y, por ende, más amenazadores, de acuerdo con nuestra definición del término. Un símbolo impactante puede tener el mismo efecto: un tambor lleno de alguna sustancia química o, mejor aun, un tambor con un escape de desechos químicos.
Temor
Algunas enfermedades son más temidas que otras; compárese el sida y el cáncer, por ejemplo, con el enfisema. La latencia prolongada de la mayoría de los cánceres y la dificultad para detectar la mayoría de los carcinógenos aumentan el temor.
Difusión en el tiempo y el espacio
La amenaza A provoca la muerte de 50 personas anónimas por año en todo el país. La amenaza B tiene una oportunidad en 10 de arrasar con un pueblo de 5.000 personas en algún momento en los próximos 10 años. La evaluación de riesgo nos dice que para las dos amenazas se ha previsto la misma mortalidad anual de 50. "La evaluación de la indignación" nos dice que A probablemente sea aceptable y B ciertamente no lo es. Los riesgos catastróficos ocasionan un nivel de indignación que los riesgos crónicos sencillamente no pueden suscitar.
Estos factores de indignación no son distorsiones en la percepción de riesgo por el público. Más bien, forman parte intrínseca de lo que queremos decir con la palabra riesgo. Cuando un gerente de riesgo sigue pasando por alto esos factores —y se sigue sorprendiendo con la respuesta del público— vale la pena preguntarse de quién es el comportamiento irracional.