Jon Kim Andrus
Jefe de la Unidad de Inmunización
Organización Panamericana de la Salud

Foto de Armando Waak/OPS
Jon Andrus volvió a la OPS como jefe del programa de inmunización en 2004, luego de 10 años de ausencia de la organización. De 1989 a 1993, Andrus trabajó con Ciro de Quadros en la campaña de erradicación de la polio de las Américas. Graduado de la Universidad de Stanford, Andrus recibió su título de médico de la Universidad de California en Davis en 1979 y ejerció como médico de familia durante dos años en los Cuerpos del Servicio Nacional de Salud. En 1985 fue a África con el Cuerpo de Paz. Más tarde se capacitó en los Centros para el Control y la Prevención de Enfer medades antes de formar parte del Programa Ampliado de Inmunización de la OPS. En 1993 fue nombrado coordinador para la erradicación de la polio en el Sudeste Asiático para la Organización Mundial de la Salud, con base en Nueva Delhi, para luego servir como jefe de vacunas y sustancias biológicas para el Sudeste de Asia. Andrus es oficial comisionado en el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos y recibió la medalla al servicio distinguido de la USPHS.
¿Qué motivó su interés por la salud pública?
Crecí en una familia de médicos. Mi abuelo fue el segundo doctor en King City, un pequeño pueblo del Valle Salinas, en California, y mi padre fue un médico de atención primaria que creció trabajando con su padre. Yo lo acompañaba en sus visitas domiciliarias y supe desde muy joven que quería ser doctor. Me sentía afortunado cuando las familias que ayudábamos nos demostraban un gran aprecio. Después de obtener mi título de médico —y mientras trabajaba en los Cuerpos del Servicio Nacional de Salud en una pequeña área rural en California— me di cuenta que podía hacer mucho más por más gente trabajando en salud pública. Entré al Cuerpo de Paz y fui designado a Malawi, en donde dirigí un hospital en una zona pobre, caracterizada por la malnutrición.
¿Cómo modificó su visión el trabajar en otro continente?
Obviamente aprendí muchas cosas sobre salud pública y medicina internacional, pero me di cuenta que el lado práctico de las cosas era esencial. Tener suficiente comida en el hospital para alimentar a los pacientes y la gasolina para el Land Rover para trasladar a las enfermeras a donde debían ir era igualmente importante. Se necesita que la parte operacional funcione bien en conjunto con la parte médica.
¿Que le interesó de la inmunización?
En África, 1986 fue el Año de la Inmunización y teníamos una increíble inyección de entusiasmo. Pude ver el poder de la inmunización para prevenir enfermedades y proteger a los niños y me di cuenta que eso podía beneficiar a todos los servicios de salud. La movilización de la comunidad, el apoyo, los beneficios de salvar vidas, hicieron que me enamorara de la inmunización. Trabajar en la erradicación de una enfermedad es el mejor trabajo del mundo. Por eso quise volver a la OPS, en donde siento que hay un real compromiso con los programas de vacunación, y en donde hemos continuado siendo líderes a nivel mundial en esta área, desde la erradicación de la polio y la viruela en el pasado, hasta la eliminación del sarampión y la rubéola en el presente.
¿Tuvo algún problema en África o Asia?
Tuve tres ataques de malaria y uno de hepatitis E, así como una lesión en la espalda que me obligó a volver. Fui a la Universidad de California en San Francisco a enseñar y continuar trabajando en los programas de vacunación, mientras hacía consultoría en erradicación de la polio. Pero siempre me sentí feliz trabajando en el campo, tratando de hacer la diferencia. Pienso que es importante conocer los desafíos operacionales en el campo y los desafíos a nivel político. Debemos enfocarnos en la cooperación técnica, en la equidad en la vacunación, en una gerencia eficiente, en la vigilancia, en la investigación, evaluación y en muchos otros factores. Como dije, me encanta ir a trabajar cada día.
¿Qué diferencia hay entre su trabajo en la OPS y los anteriores?
En África y en el Sudeste Asiático la pobreza es enorme y también los desafíos. Tenemos bolsones grandes de pobreza aquí en las Américas, que también son desafíos. Pero el compromiso que uno ve en la gente que trabaja en vacunación es visible y el impacto potencial de lo que uno hace lo vuelve más emocionante. Creo que tenemos el mejor grupo del mundo en el programa de inmunización, con un alto espíritu corporativo y un apoyo incondicional. Cada día ansío llegar al trabajo.
¿Qué lo trajo a la OPS originalmente?
Después de trabajar en África, fui a los CDC y tomé el curso del Servicio de Inteligencia Epidemiológica (EIS, en inglés). Fui oficial del EIS en el Departamento de Salud de Oregón. Luego volví a Atlanta y fui a la OPS para trabajar en epidemiología de la polio. Ciro de Quadros me ofreció quedarme, y fui afortunado en formar parte del equipo que trabajó en la erradicación de la polio de las Américas. Fue un enorme trabajo y muchos viajes. Mi hija tenía seis meses en aquel momento, y me fui por unas seis semanas. Cuando volví, mi hija no me reconoció.
Usted obtuvo la máxima distinción en servicio de salud pública. ¿Por qué fue?
Por el liderazgo y las contribuciones técnicas en erradicación de la polio en el Sudeste de Asia. Fui responsable de coordinar la erradicación de la polio en Bangladesh, Bhután, Corea, India, Indonesia, Maldivas, Nepal, Myanmar, Sri Lanka y Tailandia. Tenían hacinamiento, agua potable no muy segura, alta tasa de nacimiento y baja cobertura de inmunización, y alrededor del 60 por ciento de los casos de polio reportados a nivel global. Tuvimos éxito en lograr un compromiso político para lanzar días nacionales de inmunización en estos países y recibimos fondos de USAID, el Fondo Rotario Internacional, el gobierno danés, y otros. Vacunamos a millones de niños y la incidencia de polio bajó un 65 por ciento en el Sudeste Asiático de 1992 a 1999. (Nota del editor: de acuerdo a la OMS, los esfuerzos globales de erradicación han reducido el número de casos de polio de 350.000 por año en 1988 a 1.349 en 2005. Seis países todavía tienen polio endémica: Nigeria, Pakistán, India, Afganistán, Níger y Egipto. Sin embargo, el poliovirus continúa expandiéndose, reinfectando en 2004 y 2005 a 10 países que habían logrado estar libres de polio: Somalia, Indonesia, Yemen, Angola, Etiopía, Chad, Sudán, Mali, Eritrea y Camerún.)
¿Cuáles son sus prioridades en inmunización en el futuro?
Este es un tiempo muy apasionante para nosotros. Estamos enfocando la eliminación de la rubéola en 2010, pero podemos adelantarnos uno o dos años si tenemos el compromiso político. La Semana de Vacunación en las Américas ha sido exitosa, y planeamos continuarla y expandirla. Y hay nuevas vacunas en línea que tienen el potencial de prevenir más enfermedades. Bill Foege habló de una eventual vacuna única que contenga todos los antígenos necesarios para prevenir enfermedades, pero todavía hay un largo camino para alcanzarla porque hay muchas cuestiones técnicas y las vacunas son tan diferentes. Algunas son orales, otras inyectables, unas están basadas en organismos vivos, y otras no. Por eso necesitamos más investigación antes de llegar al punto de una vacuna única. También hay una interesante investigación nueva sobre una vacuna contra el sarampión en aerosol que está bajo estudio en México; una vacuna para prevenir muertes por diarreas severas causadas por el rotavirus y, por supuesto, investigación de vacunas contra el VIH y la malaria. La enfermedad neumocócica es muy importante y mata más personas que el sida y la tuberculosis combinadas, pero la vacuna es muy costosa. Debemos ayudar a los países a tomar decisiones informadas sobre vacunas porque hay consideraciones económicas y logísticas, y cuestiones prácticas de financiamiento y sostenibilidad de los programas de vacunas con suficiente compromiso político.
¿Cuál es el mayor desafío luego de los éxitos con la polio y el sarampión?
La vacunación es una de las mejores intervenciones de salud pública, pero el desafío es lograr la equidad, para que todas las personas puedan estar protegidas. Hay que combinar la parte científica con la parte práctica. Nuestro fondo rotatorio para vacunas, por ejemplo, es un tremendo éxito y el eje de nuestra cooperación técnica. Podemos garantizar el suministro de vacunas a bajos precios con ese fondo, que actualmente se capitaliza en US$30 millones. El año pasado los países gastaron 150 millones comprando vacunas a bajo precio a través del fondo. Desde mi punto de vista, los desafíos de la equidad y el autofinanciamiento de los programas de vacunación son clave.
¿Sus hijas planean seguir el camino de su padre?
Tengo dos hijas, de 16 y 13 años, y mis momentos de mayor orgullo en la vida fueron cuando ellas nacieron. A una le encanta enseñar y la otra quiere ser chef. Y es fantástico. Las estimulo para que sigan su propio camino. Ninguna está interesada en medicina, pero las dos tienen la pasión de ayudar a otra gente.
