CONVERSAMOS CON...
Joxel García
Director Adjunto de la OPS
 ©Armando Waak/OPS
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Joxel García asumió el cargo de director adjunto de la Organización Panamericana de la Salud en agosto. Nació en Puerto Rico y se graduó de cirujano ginecoobstetra en la Escuela de Medicina de Ponce. Tiene una maestría en administración de empresas de la Universidad de Hartford, Connecticut. "Pensaba ser académico y ejercer la medicina –dice– pero luego entendí que solamente la docencia y el ejercicio privado de la profesión no bastaban para cambiar algo en el mundo". Fue comisionado de salud pública en el estado de Connecticut de 1999 a 2003 (
ver artículo). Está casado y tiene dos hijos.
¿Díganos cómo es crecer en Puerto Rico?
Bueno, soy un muchacho del campo, mi padre era agricultor y mi madre, maestra. Soy el mayor de cinco hijos y somos una familia muy unida. Los domingos nos reuníamos en casa de mi abuelo con toda la familia, entre 20 y 30 personas. Mi abuela empezaba temprano para tener el almuerzo listo al mediodía. Los sábados íbamos a casa de mi otra abuela. Aunque mis padres estaban siempre muy ocupados encontraban el tiempo para hablar con sus amigos y su familia. Hoy en día la vida es más impersonal, pero a pesar de todo, trato de mantener, con mis hijos, mi familia y mis amigos, nuestros principios y de dedicar tiempo a nosotros. Para mí, es una prioridad que mis hijos sientan que pueden confiar en mí y que esté presente cuando me necesitan.
¿Cómo llegó a ser médico y después entrar en la salud pública?
Desde niño quise ser médico. Primero médico soldado, después médico astronauta y más tarde solamente médico. Tal vez porque mis personajes favoritos de la TV eran médicos. Quería ser cirujano para estar allí donde hay acción y poder cambiar la vida de las personas. Escogí ginecología porque la carrera era muy dinámica. Surgió la terapia con láser, la reconstrucción pélvica y la cirugía menos invasiva. Cuando me especialicé entendí que además de los partos y las histerectomías se podía hacer mucho más por la salud de las mujeres. Me di cuenta de que quería participar en la administración y poder cambiar algunos de los procedimientos seguidos en mi institución. Después todo empezó a cambiar muy rápidamente; empecé a hacer investigación y terminé siendo inventor; luego, resulté designado como comisionado de salud de Connecticut.
¿A qué se debió su éxito como comisionado de salud?
Lo que me hizo aparecer en la televisión fue el bioterrorismo. Pero lo que más me satisface son los avances en la salud de mi estado. Varios estudios nos ubicaban entre los 20 primeros estados. Después de tres años de ser comisionado pasamos a los 10 primeros y, en cuatro años, a los cinco primeros. Ahora se repiten en todo el país cosas como nuestras campañas de puerta en puerta para mejorar la salud urbana e ir directamente a las comunidades a preguntarles lo que necesitan. Tradicionalmente, cuando un departamento de salud quiere organizar un encuentro con la comunidad se hace un análisis de mercado y luego la publicidad. Pagamos miles de dólares para organizar nuestra primera actividad. Cuando llegamos al sitio había menos gente que las que hay ahora en esta oficina. Una señora mayor del público me dijo: "Si usted no sabe como hablamos nosotros nunca podrá entrar en esta comunidad". Le pregunté: "¿Dónde debo buscar esa información?", y me respondió: "Vaya a estos lugares", es decir, iglesias, sinagogas, mezquitas, escuelas, clubes de Leones, o cualquier sitio donde la gente se reúne.
¿Fue exitoso ese proceso de llevar la salud a la comunidad?
Sí. Lo más hermoso fue cuando los directores locales nos dijeron que estaban haciendo estas reuniones. El estado aportaba muy poco. La ayuda provenía principalmente de la comunidad, de voluntarios y del sector privado. Organizamos eventos para averiguar quiénes no estaban asegurados y quiénes necesitaban pruebas de detección de enfermedades. Se visitaron más de 10.000 hogares y vimos a 30.000 pacientes en un día. Llegamos a tener 35 puestos donde se hacían desde un examen de la columna hasta una revisión de los ojos. Identificamos más de 300 personas sin seguro médico. En cada evento, referíamos a más de 12 personas a la sala de urgencias. Encontrábamos a un par de señoras con niveles de glucosa de más de 450 y al referirlas a la sala de urgencias hallábamos que una estaba a punto de sufrir un infarto. Los megaeventos fueron tan exitosos que los realizábamos trimestral o semestralmente. Venían grupos musicales y tocaban sin cobrar. Creo que el presupuesto para atender de 20.000 a 30.000 personas era de menos de 2.000 dólares.
¿Qué más aprendió al establecer contacto con la comunidad?
Averiguamos que el transporte era un aspecto importante. Por ejemplo, en Connecticut yo era uno de los dos únicos ginecoobstetras latinos de mi sistema, pero, menos del 6% de mis pacientes eran latinos; la mayoría eran personas de los suburbios de clase media y clase media alta. Intentamos estrategias de mercado, pero no logramos que vinieran latinas urbanas a la consulta. La razón era muy sencilla: la parada de autobús más cercana quedaba a 8 km de distancia. ¿Acaso podía alguien caminar hasta allá? ¡No! Una anciana o una embarazada, no podían. Así aprendí que si queremos cambiar la salud de una comunidad tenemos que modificar el transporte, la educación y la economía. Tenemos que trascender y por eso empecé a participar en el trabajo para el desarrollo comunitario. Hay que entender la dinámica para lograr el cambio. Además, la mejor forma de crear liderazgo es desde adentro; hay que contar con un proceso sostenible que permita el surgimiento de los líderes y este proceso no puede realizarlo una sola persona: tiene que ser la labor de toda la comunidad.
¿Cuál es la importancia de la OPS en los Estados Unidos?
La OPS tiene un siglo de logros increíbles en todo el continente y ahora se encuentra en una posición sin precedentes. Los Estados Unidos es el cuarto país más grande de América Latina; según el último censo, la diferencia es de unos pocos miles de habitantes por lo que ocupamos el segundo lugar, después de Argentina. No sólo hay latinos en los cuatro estados fronterizos con México, hay millones de personas en el noreste, en Florida y en los estados centro occidentales. Con el liderazgo de la OPS, sus recursos humanos y su riqueza en conocimientos, su aporte puede ser de conocimientos especializados, pero también como autoridad responsable para comunicarse con los encargados de formular las políticas y establecer las maneras adecuadas de vincularse con las comunidades latinas de este país. Los latinos conocen a la OPS. Recuerdan cómo los ayudó durante las campañas de inmunización y cómo está ayudando a sus familias en los países de origen. Creo que la OPS es una presencia notable en los Estados Unidos, no sólo para las comunidades latinas sino también para las del Caribe, las que tienen que ser mejor comprendidas. La OPS puede realizar muy bien esta función.
¿Qué se aprende en los países de origen sobre las comunidades?
Tenemos que definir lo que ha sido exitoso basado en las necesidades y las prioridades de las comunidades en este país, pero también hay que entender y respetar su origen. Hay aspectos culturales e históricos sobre el acceso a los sistemas de salud. Hay que examinar lo que ha sido exitoso en los países de origen y extrapolarlo para las comunidades aquí. En vez de inventar la rueda para cada comunidad, creo que aprovechar otras experiencias sería muy eficiente en cuanto a costos. ¿Por qué no revivir un proyecto que fue exitoso para ellos? Es más eficiente y más fructífero. Es lógico.
Su familia aún está en Connecticut. Debe ser difícil para usted...
Yo diría que es hasta más difícil de lo que parece, especialmente cuando uno tiene niños pequeños. Aunque hablo con ellos varias veces al día, es muy duro cuando no puedo darles el beso de las buenas noches. Pero lo que es increíble es que nunca antes había jugado tanto PlayStation o basketball u otros juegos con mi hijo como lo hago ahora los fines de semana. Lo mismo me ocurre con mi hija con quien hacia mucho tiempo no jugaba damas chinas, por ejemplo.
¿Existe la posibilidad de que su familia se mude de Connecticut?
Mi esposa es una excelente médica internista, muy solicitada. Tiene miles de pacientes. Ella es la médica preferida de Avon, nuestra comunidad. Se trata de una comunidad encantadora de Connecticut. A mis hijos les gusta mucho y a nosotros también. Allí practicamos nuestra fe y los niños reciben una excelente educación. Y las conexiones con Puerto Rico son fáciles; podemos ir en cualquier momento a ver a la familia y a los amigos. Además, hay muchos puertorriqueños y latinos en Connecticut y esto les permite a los niños crecer con Puerto Rico y la cultura latina como parte de su historia. Sería injusto pedirles que se mudaran aquí ahora. Pero siempre es una posibilidad. Esta oportunidad de trabajar en la OPS compensa el sacrificio que estamos haciendo, porque no es sólo mi sacrificio es el de ellos también, el de mi familia y de las otras personas que dejé en Connecticut. Ansío la llegada de los sábados y domingos, pero a la vez me siento muy entusiasta de lunes a viernes por el trabajo que hago aquí. Tenemos un equipo muy motivado y ha sido muy estimulante trabajar con todos y cada uno de sus integrantes. Merece la pena el sacrificio cuando se sabe que uno está ayudando a que una organización tan reconocida como la OPS alcance nuevas metas. Eso no hace menos dolorosa o menos solitaria la situación personal. Pero es una satisfacción saber que uno está haciendo algo por el bien común. Pienso que la salud pública es una gran profesión y tener la posibilidad de ayudar no sólo a los latinos de este país sino a la gente de todo el continente es algo grandioso. Es un reto inmenso que me agrada poder afrontar.