Héroes de cada jornada: trabajando por la salud de todos
- "Papás" y "mamás" en Trinidad
- Salvar una vida
- Un trabajo por hacer
- Vuelta de mano
- Consejos sabios de madre a madre
"Papás" y "mamás" en Trinidad
Lo apodan “Papá Nosa”, aunque su nombre completo es Nosa Everest Omo-Igbinomwanhia. Doctor, e igualmente importante, figura paternal para 38 huérfanos con sida que viven en la Guardería Infantil Cyril Ross en Tunapuna, Trinidad.

Una cuidadora en la Guardería Infantil Cyril Rossen Trinidad juega con dos de los 38 niños para quienes la guardería es su único hogar. © Chris Hamilton
La guardería es una de 17 instituciones de la Sociedad San Vicente de Paul en Trinidad y Tabago y la única dedicada exclusivamente a niños. La mayoría de los residentes son VIH positivo, y dos ya tienen sida.
Daddy Nosa, nativo de Nigeria, lidera un equipo de salud compuesto en su mayoría por mujeres, a la que los niños llaman “mamás”. Con ayuda de la administradora de la guardería, Hyacinth Cross, y del médico voluntario David John, proporcionan asistencia médica, social, emocional y espiritual a los residentes, que pasan sus días jugando, aprendiendo y creciendo como otros niños, con la excepción de que ésta es una familia de más de 40 miembros.
Los médicos también atienden a otros 42 niños con VIH que vienen de otras partes de Trinidad y Tabago. La guardería es anfitriona de dos clínicas al mes donde examina a pacientes ambulatorios, los que reciben medicación y el consejo de los médicos de tomar medicamentos exactamente de acuerdo a lo prescrito.
Hyacinth Cross señala que en años anteriores la guardería era un lugar diferente.
"Eso fue a comienzos de los años 1990 –dijo–. En esos días, los niños eran traídos aquí para morir. Estaban pálidos, introvertidos y debido al estigma asociado a personas con VIH/sida, prácticamente desauciados. Y sin medicación alguna, pues no había un enfoque para tratar a nadie, especialmente a un niño con VIH. El amor y cuidado que recibían aquí era suficiente para sostener a algunos de ellos, pero hubo 17 muertes durante los primeros años de operaciones".
En 2002, el gobierno de Trinidad y Tabago comenzó a proporcionar tratamiento antiretroviral gratuito. Gracias a la medicación y a la dedicación del personal ningún niño ha fallecido desde entonces.
Hoy, además de cuidar de sus 38 residentes y de 42 pacientes ambulatorios, la Guardería Infantil Cyril Ross investiga sobre cuidado y tratamiento de VIH/sida, contribuyendo en forma importante a la batalla internacional contra esta enfermedad.
Salvar una vida
Santa, de 16 años, estaba embarazada de 36 semanas cuando una tarde empezó con convulsiones.
La futura madre adolescente vivía en una remota aldea peruana en el Departamento de Cuzco.Asistida por algunos vecinos, su esposo logró llevarla al puesto de salud de la localidad. Allí Santa fue examinada por el técnico sanitario Julio Llamaqponcca Huallparimachi. Este contactó por radio al obstetra Orlando Salas Alvino de un puesto de salud más amplia en una aldea a alguna distancia. Al escuchar la descripción del caso, Salas diagnosticó eclampsia con complicaciones neurológicas. Estableció comunicación radial para conseguir ayuda en transportar a la paciente al hospital más cercano. Sin embargo, la paciente debía ser llevada primero a un lugar accesible por carretera. Eso implicaba trasladarla a una ciudad a más de 10 horas de camino, donde una ambulancia podría recogerla. Con la ayuda de vecinos y del técnico sanitario Llamaqponcca, el esposo de Santa la transportó en una camilla improvisada. Salas se unió al grupo en la ruta y verificó el estado de la paciente. Veinte horas después de las convulsiones, en una aldea llamada Pacupata, Santa dio a luz un mortinato. Tras varias otras horas de camino, el equipo llegó a San Fernando, donde una ambulancia trasladó a Santa al Hospital de Andahuaylas. Ocho horas más tarde finalmente llegó al hospital, consciente pero presentaba un edema generalizado. El personal del recinto la estabilizó y la joven se salvó.
El ministro de Salud de Perú describió a los involucrados en salvar la vida de Santa como "solo un ejemplo de los miles de héroes de todos los días que anónimamente arriesgan su integridad y su vida por la vida de otras personas".
Un trabajo por hacer
Barbara Chinn ha dedicado 15 años de su vida a la lucha contra la epidemia VIH/sida en Washington, D.C. La ciudad capitalina tiene una de las tasas más altas del país en VIH, estimándose que uno de cada 20 adultos es VIH positivo y uno en 50 sufre de sida.

El trabajo de Barbara Chinn es un compromiso con su comunidad, y queda mucho por hacer. © Armando Waak/PAHO
Chinn ha trabajado como administradora y gerente en la Clínica Whitman-Walker, una organización que proporciona cuidado de salud y servicios sociales para personas con VIH y para miembros de las comunidades homosexuales, lesbianas, bisexuales y de transgénero en el área metropolitana de Washington.
La organización es conocida por su modelo comprensivo de cuidado que enfoca las necesidades especiales de sus clientes, muchos de los cuales viven en o al límite del nivel de pobreza. Los servicios incluyen cuidado médico y dental, salud mental y tratamiento por adicción, asistencia legal, administración de casos, consejo nutricional, educación y esfuerzos de prevención, pruebas de VIH y orientación.
"He permanecido en Whitman-Walker porque considero que el trabajo no ha concluído”, dice Chinn. “No hemos abierto los caminos que esperábamos al comienzo. También tengo un compromiso con mi comunidad de marcar una diferencia, y mi presencia aquí me hace sentir que de verdad estoy contribuyendo. Me ayuda a responder a esa pregunta de por qué fui puesta aquí".
Vuelta de mano

La Clínica del Pueblo, en Washington, D.C., depende en gran parte de voluntarios para proveer servicios de salud a la comunidad hispana. © Armando Waak/PAHO
Paula Vásquez inmigró a Estados Unidos desde México hace tres años "en busca de un mejor futuro para mis hijos." Ese mismo año detectó un pequeño bulto en su pecho.
"Estaba asustada y temí que pudiera ser muy peligroso", recuerda. "No podía hacer frente a un tratamiento costoso en un hospital privado, por lo que busqué ayuda en mi comunidad." La asistencia que encontró por medio de la Clínica del Pueblo terminó por salvarle la vida. Especialistas del centro comunitario de salud, que atiende principalmente a inmigrantes hispanos, le diagnosticaron un tumor maligno. Después le consiguieron un seguro de salud y le ayudaron en una serie de citas, trámites y tratamiento, incluyendo dos operaciones.
Derrotó al cáncer y en gratitud firmó como voluntaria en la clínica, donde en fecha reciente fue designada miembro de la Junta Directiva.
"La salud es el mayor regalo que una puede recibir y yo recibí ese regalo de La Clínica", dijo Vásquez. "Cada semana me siento en la sala de espera y escucho a los otros pacientes. Conversamos acerca de nuestras preocupaciones y sugerencias, las que yo comparto con los miembros de la Junta. Ahora soy la voz de los pacientes y me enorgullezco en representarlos".
Consejos sabios de madre a madre

En el Condado de Fayette, Virginia Occidental, mujeres de la comunidad acompañan a madres jóvenes en riesgo de problemas asociados con la pobreza y el aislamiento geográfico y social. © Chris Little/Hasbro Foundation
El Condado de Fayette, Virginia Occidental, es uno de los distritos más pobres en Estados Unidos, donde uno de cuatro residentes vive bajo la línea de pobreza. La Asociación de Salud Nuevo Río (New River Health Association) conduce un programa orientado a que las familias jóvenes del condado cuenten con mecanismos para superar la pobreza y el aislamiento y para que sus niños prosperen física y emocionalmente y dispongan de un desarrollo adecuado.
El programa de Visitadoras de Hogares de Salud Materno Infantil (MIHOW) de la asociación prepara a mujeres locales con habilidades de liderazgo como visitadoras de hogares para asistir a madres y niños en riesgo de problemas de salud, sociales o de desarrollo asociados con la pobreza y el aislamiento geográfico y social. Las visitadoras sociales escuchan atentamente las preocupaciones de las madres, proveen guía en nutrición, salud y desarrollo del niño, y refieren a la familia para servicios médicos y sociales locales. Las visitas mensuales al hogar comienzan durante el embarazo temprano y continúan hasta tres años después del nacimiento del niño.
El enfoque del programa está centrado en las fortalezas de cada familia y en que desarrollen confianza en sus propias habilidades para satisfacer sus necesidades y las de sus hijos. El hecho de que las visitadoras pertenezcan a la misma comunidad —y no sean profesionales “externos”— les permite establecer confianza más fácilmente y constituirse en modelo y mentor para las mujeres a las que sirven.
El programa ha sido casi tan provechoso para visitadoras como para visitadadas. Kathy Bracken, una visitadora de MIHOW, recuerda el encuentro con una mamá a la que asistió hace más de una década: "Su hijo cursa quinto año de escuela secundaria y su hija asiste a la escuela intermedia. Recuerda a mis hijos por sus nombres y nos ponemos al día sobre todos los niños. Conversamos y conversamos, sin perder detalle, como si estuviéramos frecuentándonos una vez al mes. Comenzó a parecer como si yo me encontrara en visita de hogar pues me solicitaba consejo sobre algunas situaciones de la escuela. Minutos más tarde, nos estamos despidiendo y ella me mira, agradeciendo lo que he hecho por su familia todos esos años pasados. Esos tiempos incluyeron el nacimiento de su hija y el fallecimiento de su madre. Dice que eso ha significado más de lo que nunca sabré".
