La directora de la OPS recibe un Doctorado Honoris Causa en la Argentina

 La Dra. Roses recibe el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Córdoba La Dra. Mirta Roses Periago, directora de la Organización Panamericana de la Salud, recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba durante su primera visita oficial a la Argentina.La ceremonia se realizó en el Rectorado de la Universidad. Roses nació en la provincia de Santa Fe, pero se mudó a Córdoba a los seis años. Como dijo en declaraciones al periódico local La Voz del Interior, "para mí Córdoba sigue siendo el referente de mi formación. Como individuo toda mi formación la tuve en Córdoba, primero en Carlos Paz y después en la capital". De hecho, la directora de la OPS se recibió de médica en 1969 en la misma universidad que hoy la honra. La Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Córdoba es la más antigua del país y la segunda fundada en Sudamérica, el 10 de octubre de 1877. Esta alta casa de estudios tiene un enorme prestigio académico: desde sus claustros se diseminaron hacia toda Latinoamérica las ideas reformistas de principios del siglo pasado.

A continuación, el discurso de aceptación de la Dra. Roses.


LA UNIVERSIDAD Y LA SALUD DE LA POBLACION

Espero poder expresar la emoción profunda que siento en este momento, frente a todos ustedes, en el Salón de Grados de esta magna Universidad que me formó y me cobijó en mis días de estudiante de medicina. Sin dudas la médica que soy, la epidemióloga, la sanitarista convencida de la misión que tenemos en nuestro continente, se consolidó en aquellos días, en estas aulas. Espero no quebrarme. Y si lo hago, antes que nada quiero decirles gracias.

Este día tiene para mí una doble emoción. Hoy, 12 de mayo, recibo el título de doctora honoris causa por parte de esta alta casa de estudios, mi casa, y, además, es el Día Mundial de la Enfermería. Y estamos aquí, justamente en la institución académica en donde se fundó la primera escuela universitaria de enfermería de la Argentina, en 1956.

Quiero recordar también, haciendo un brevísimo paso por la brillante historia de esta Universidad, que la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Córdoba es la más antigua del país y la segunda fundada en Sudamérica, el 10 de octubre de 1877. Los doctores Manuel Lucero, Hendrik Weyembergh, primer decano, Gregorio Funes, Mario Menso, durante cuyo mandato se creó la Escuela de Salud Pública, son sólo algunos de los nombres que me vienen a la mente a la hora de recordar los magnos profesores que caminaron estos pasillos, forjando el espíritu y el destino académico de esta Universidad.

La Universidad Nacional de Córdoba ha sido el espejo del devenir histórico, del progreso, los logros y las dificultades de nuestro país. La ubicación geográfica de la provincia es simbólica: desde esta Universidad se diseminó hacia toda América Latina la impronta ideológica reformista a principios del siglo pasado. Como recoge un texto de la Federación Universitaria de enero de 1919: "el movimiento universitario argentino, iniciado por los estudiantes de la Universidad de Córdoba, debe ser considerado como la primera manifestación de un proceso evolutivo en el orden nacional, dirigido a modificar fundamentalmente el estado de crisis, por así decir, por que atraviesa su organización social, económica, política e intelectual, teniendo como finalidad inmediata el afianzamiento de la libertad, la verdad y la justicia en todos sus órdenes...".

Desde entonces, desde sus orígenes, la misión de la Universidad ha sido la educación plena de la persona humana, la formación profesional y técnica, la promoción de la investigación científica, el elevado y sobre todo libre desarrollo de la cultura de hombres y mujeres, integrados al mundo y a su comunidad. El trabajo de cada día en las ciencias médicas, por más de cien años, ha sido formar profesionales de excelencia, con las herramientas necesarias para comprender los problemas de su entorno, y resolverlos ética y desinteresadamente.

La Universidad Nacional de Córdoba atrajo desde la creación de su Facultad de Ciencias Médicas a numerosos jóvenes de otras provincias y países de América del Sur. La concentración de estos alumnos en el famoso Barrio Clínicas genero una cultura propia de sello inconfundible producto de la diversidad y de la integración fecunda con rasgos de tolerancia, respeto y valoración de los distintos matices y aportes. Muchos de esos jóvenes se radicaron para siempre en el país, algunos desparecieron en la lucha continua por la libertad de pensamiento, otros retornaron a sus países y sirvieron para difundir esos valores y esa cultura estrechando los lazos de amistad y solidaridad entre generaciones de latinoamericanos identificados bajo el manto de la misma alma mater.

También la calidad y prestigio de la práctica médica en el viejo Hospital de Clínicas y otros centros como mi Hospital Rawson atrajeron a personas en busca de soluciones para sus problemas de salud provenientes de otras provincias y países vecinos.

Profesores europeos y latinoamericanos han servido como docentes en nuestras cátedras y forjaron no sólo el conocimiento y el avance de la ciencia médica sino que establecieron una comunidad académica difusora de valores y principios formadores de conductas y de prácticas basadas en una profunda ética social.

La historia de esta Universidad refleja la historia del progreso del país, de la necesidad de generar investigación, entendiéndola como motor del desarrollo de una nación. Desde sus estatutos, ha promovido el apoyo a la investigación básica y aplicada, en donde se combinan recursos humanos altamente especializados con creatividad y capacidad. Hemos vivido en estos cien años muchas marchas y contramarchas en la defensa de esos principios y de ese legado.

Cita del Manifiesto liminar de la Reforma Universitaria 1918…"Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático."...

Esta casa de estudios, sus facultades, la Escuela de Salud Pública, pionera, fundada a comienzos de los años '70 como un ámbito interdisciplinario e intersectorial desde su inicio para la formación en salud pública, se renueva y renace cada vez de sus propias cenizas y ha continuado dando excelentes profesionales y produciendo fuertes y valientes propuestas. Sólo por citar uno de sus desafíos, en la década del 80, más particularmente en 1984, apenas recuperada la democracia, la Escuela de Salud Pública fue el albergue, la caldera de pensamiento y el ámbito de conducción de la transformación de la atención psiquiátrica en Argentina en combinación con la Dirección Nacional de Salud Mental, que impactó luego en movimientos similares en Uruguay, el sur de Brasil y Paraguay, y nutrió a la Conferencia de Caracas: la Iniciativa Regional de la Organización Panamericana de la Salud sobre Reestructuración de la Atención Psiquiátrica en América Latina de noviembre de 1990. Las estrategias generadas por estas instituciones han sido y serán modelo para el desarrollo de la salud pública en la región.

La Universidad debe continuar creando conocimiento y debe comprometerse en la incorporación más rápida de los mismos a los procesos de transferencia científica, tecnológica y cultural, esenciales en esta sociedad de redes que es el siglo XXI. Vivimos en una sociedad que se tecnologiza día a día, en donde las redes de comunicación son cada vez más importantes, pero también en un continente que, a pesar de ser campeón mundial en producción de alimentos, sigue siendo enormemente inequitativo, con grandes extensiones y poblaciones en donde hay hambre y pobreza extrema.

Este será el siglo de las redes, de la conectividad y la interdependencia, que nos permitirá superar las barreras del espacio y del tiempo y que abrirá posibilidades inimaginables a la humanidad. Estas nuevas capacidades de los seres humanos deben convertirse en herramientas para zanjar estas inequidades. Si estimulamos a esas redes para que multipliquen exponencialmente el capital social disponible, que vinculen a las personas y a las instituciones en una gran malla de sostén e inclusión de todos los habitantes del continente, habremos dado un paso fundamental para que fluya el conocimiento y la experiencia en nuevas modalidades de intercambio para el desarrollo humano sostenible.

Ese es el compromiso de la Universidad y es también mi compromiso en mi nuevo rol de directora del organismo de salud pública continental más antiguo. Estamos comprometidos con la salud para todos, con la estrategia de atención primaria, con la promoción de la salud y con la reducción de las inequidades y de la exclusión social. Defendemos los principios de la cooperación técnica para crear capacidades, asegurar suficiencia, autonomía, excelencia y sostenibilidad. Estamos convencidos de que las experiencias y metodologías que surgen, con gran creatividad, en las condiciones más adversas, en los momentos más difíciles, en los sitios más pobres y desfavorecidos, constituyen un valioso capital que la OPS y las grandes instituciones de las Américas deben rescatar, sistematizar y poner al alcance de todos como una fuerte herramienta de superación y desarrollo.

Nueva cita del Manifiesto liminar..."Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden". ...

Las nuevas generaciones de profesionales deben recibir de su alma mater el rumbo y razón de su servicio social. Para nuestra generación fue la Salud para Todos. Para estas nuevas camadas son las Metas del Milenio.

La declaración de las metas del milenio refleja un consenso político sin precedentes sobre el estado del mundo y su visión del futuro. Establece metas mesurables y plazos específicos para el progreso de la humanidad. Estas metas son alcanzables si somos capaces de convertirlas en la bandera, en el sueño, en la aspiración y en el reclamo de personas, grupos, familias, comunidades y naciones. Son alcanzables si somos capaces de entusiasmar y comprometer los esfuerzos individuales y colectivos de multiplicidad de redes con idiomas, creencias y realidades diversas. Si somos capaces de regenerar la confianza, el entendimiento y la solidaridad entre los países, para que se cumpla el sueño de muchos que la cultura maya expresa en su libro fundamental el Popol Vuh..."vayamos todos unidos, que nadie se quede atrás"...

En esta Universidad de la cual egresé en 1969, en el Hospital Rawson, en el Barrio Clínicas, aprendí los valores que me han marcado y guiado toda la vida. La curiosidad insatisfecha, el inconformismo con la rutina, el desafío del perfeccionamiento, el respeto por el ser humano, la responsabilidad del servicio público de la profesión.

El Manifiesto liminar del 1918 decía …"En adelante sólo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de almas, los creadores de verdad, de belleza y de bien". … Yo tuve de esos maestros, acá esta mi Profesor Remo Bergoglio en representación de todos ellos. Pero también la Universidad me dio la posibilidad de conocer otros maestros. Porque en vez de una torre de marfil, esta comunidad universitaria ha tratado heroicamente de mantener una membrana porosa con su entorno social. Y así el gringo Tosco, el negro López, Santiago Pampillón, la Cañada, el Aguaducho, el pabellón de practicantes, los humoristas, los músicos y los personajes de la ciudad, forman una parte viva e indisoluble de esta historia universitaria y de su ética y han dejado su impronta indeleble en nuestra formación.

Según explica el Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora, la "docta ignorantia" es una ignorancia sapiente, es la sabiduría de la humildad para comenzar el complejo camino del conocimiento. Es la irónica esencia de la frase de Sócrates: "sólo sé que no sé nada". Es el rechazo a los falsos saberes, para consagrarse al único saber considerado auténtico. ¿Cual será el saber auténtico en este siglo que comienza? No lo sé, pero sin duda es el saber de la solidaridad, de la memoria, de comprender mejor al ser humano y a su naturaleza, es el saber de la equidad, de la ética, del desarrollo con calidad de vida, de la dignidad. Con "docta ignorantia" recibo este honor, de las manos de sabios de verdad. Espero merecerlo, y trabajar para que el honor que me confieren tenga cada día una justificación y un desafío: el seguir trabajando por un mundo mejor. Así espero honrar a mi Universidad.

Muchas gracias.


Para saber más:
Biografía de la Dra. Mirta Roses Periago
Entrevista con la Dra. Mirta Roses Periago
Entrevista en video con la Dra. Mirta Roses Periago
Material para estaciones de radio