Perspectives in Health Logo La revista de la Organización Panamericana de la Salud: Volumen 6, Número 2 - 2002

11 de septiembre:
todo cambió

por Daniel Epstein

Las imágenes televisadas del 11 de septiembre de 2001 eran extremadamente aterradoras: aviones estrellándose contra rascacielos, oficinistas desesperados saltando a una muerte segura, y sobrevivientes asustados cubiertos de ceniza deambulando aturdidos.

Cuando los terroristas destruyeron los edificios más altos de Nueva York y se estrellaron en el Pentágono en los ataques suicidas estrechamente coordinados de ese día, mataron por lo menos alrededor de 3.500 personas. En las semanas siguientes a los ataques, las esporas letales de ántrax enviadas por correo a políticos y a personajes de los medios de comunicación ocasionaron la muerte a cinco personas, pero instilaron el temor del bioterrorismo en millones, en los Estados Unidos y aun en el exterior.

Estos ataques causaron un ascenso inmediato en los niveles de estrés y problemas mentales, según los expertos de salud mental. Pero también han originado un reexamen del papel e importancia del sector de salud pública, produciendo llamamientos a nuevos esfuerzos internacionales para fortalecer las capacidades de los Estados Unidos y de otros países para responder.

"Debemos maximizar nuestros recursos colectivos y conocimientos especializados para mejorar nuestra seguridad sanitaria-en el ámbito nacional, regional y mundial", dijo Tommy G. Thompson, Secretario de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos durante una reunión ministerial sobre la seguridad sanitaria internacional en Ottawa a principios de noviembre.

Un día traumático

Estos sucesos, considerados como el peor ataque terrorista en la historia -y su rápida secuencia- aturdió al mundo. Comenzaron a las 8:45 de esa mañana cuando un avión de pasajeros de la aerolínea American Air-lines se estrelló en la Torre Norte del World Trade Center. La mayoría de la gente pensó que se trataba de un accidente insólito hasta que 18 minutos después, un segundo avión de pasajeros chocó en la Torre Sur, creando una explosión enorme. Poco después, un avión de pasajeros se estrelló contra el Pentágono, mientras un cuarto avión desviado, posiblemente con la intención de estrellarlo contra la Casa Blanca o el Capitolio, fue obligado a aterrizar por los pasajeros en una zona rural de Pennsylvania cuando lograron dominar a los piratas del aire.

En menos de dos horas, ambas torres en Nueva York, de 110 pisos cada una, se habían desintegrado, enterrando a miles de oficinistas y personal de rescate bajo toneladas de escombros. Todo el sur de Manhattan fue evacuado, los empleados federales fueron enviados a casa anticipadamente, las escuelas se cerraron, y el espacio aéreo de los Estados Unidos fue cerrado por primera vez, dejando varados a miles de viajeros tanto en los Estados Unidos como en el extranjero.

La repercusión de lo que probablemente ha sido el día más traumático en la historia de los Estados Unidos fue magnificada aún más por la incesante cobertura de los medios de los aviones estrellándose en los edificios, montañas de ruinas humeantes luego del colapso de los edificios, bomberos y policías llorando mientras luchaban contra las llamas y buscaban sobrevivientes y familiares que buscaban desesperadamente a sus seres queridos, sosteniendo firmemente volantes conmovedores con fotos y descripciones personales.

"No es sorprendente que la gente tenga dificultad lidiando con estos sucesos como algo real," señala el Dr. Andrew Baum, profesor de psiquiatría en la Universidad de Pittsburgh. "Hemos visto sucesos como estos en las películas o en otros países, generalmente en contextos ficticios. Este es un suceso tan terrorífico que la gente necesita distanciarse del mismo para procesarlo".

El Dr. Baum, que se dedica a estudiar las consecuencias a largo plazo del traumatismo en la salud mental de las víctimas de desastres y trabajadores de rescate, señala que sucesos como los del 11 de septiembre "ponen en tela de juicio muchas de las suposiciones que hacemos como parte de nuestras vidas cotidianas básicas y hasta tanto esas suposiciones se puedan reparar, la gente tiene dificultades".

Los ataques terroristas -así como los conflictos armados y otras catástrofes- invariablemente ponen a prueba las capacidades de la gente para sobrellevar, comprender y responder al estrés, señala el Dr. José Miguel Caldas de Almeida, coordinador del Programa de Salud Mental de la Organización Panamericana de la Salud. La mayoría de la gente que ha sido expuesta a sucesos como los ataques del 11 de septiembre -aun como observadores lejanos- será afectada, señala, en grados variables de repercusión sobre su salud y funcionamiento psicosocial.

Mucha gente se siente perseguida por las escenas que vieron en la cobertura de noticias en la televisión. Esta repetición mental de los sucesos se explica como lo que los expertos llaman el "sesgo de la atención", o la tendencia a fijar la atención en imágenes amenazadoras incluso después de que el peligro ha pasado.

"La razón por la cual la gente no puede desplazar fácilmente su atención hacia sus rutinas normales es que las imágenes amenazadoras mantienen nuestra atención por mucho más tiempo que aquellas que no son amenazadoras", señala Elaine Fox de la Universidad de Essex en Inglaterra, autora de un estudio del sesgo de la atención publicado en la edición de diciembre de la Revista de Psicología Experimental.

Esto puede ser una función de la manera en que el cerebro maneja tales imágenes, según Nancy Smyth, una experta en traumatismo y profesora en la Universidad de Búfalo en Nueva York. "Hay un creciente cúmulo de pruebas de que nuestros cerebros no procesan las imágenes traumáticas en recuerdos a largo plazo de la misma manera que los sucesos ordinarios", señala. "Parece ser que en el procesamiento y almacenamiento de datos sensoriales amenazadores participan partes del cerebro diferentes que en el de experiencias más convencionales. En realidad, puede ser que algunas imágenes traumáticas nunca se procesen completamente en la forma usual". La gente que se encontró pegada a la televisión, mirando las imágenes una y otra vez, puede tener aun mayor dificultad asimilándolas, señala, "así como la gente que percibe una conexión personal entre sus vidas y el suceso traumático del que han visto en las imágenes".

El fin de semana después del ataque terrorista, nueve de cada 10 adultos estadounidenses mostraron signos clínicos de estrés, según un estudio de la Rand Corporation publicado en la edición del 15 de noviembre del New England Journal of Medicine. El cuarenta y cuatro por ciento de los encuestados notificaron al menos un síntoma de estrés sustancial, como ponerse sumamente molestos cuando algo les recordaba la tragedia, tener dificultad para dormir, o sufrir de explosiones de ira sin motivo.

"La gente reaccionó como si hubiesen sido atacados personalmente", señala el Dr. Mark Schuster, quien encabezó el estudio. "El estrés se sintió en todo todos los grupos, todas las edades y todas las regiones. Naturalmente, el estrés fue más intenso cuanto más cercano estuviese uno a las escenas del World Trade Center y del Pentágono, pero aun la gente que vive en lugares donde no hay edificios altos presentaron niveles altos de estrés".

Mientras hacía una presentación en una cumbre de salud mental en Nueva York dos meses después del ataque, el Secretario Thompson expresó, "La angustia sufrida el 11 de septiembre va a permanecer con algunas personas durante mucho tiempo". Agregó que los trabajadores de emergencia que responden a las crisis pueden mostrar signos de dificultad psicológica hasta tres años después de un suceso trágico.

Ansiedad por el ántrax

Si bien el temor de ataques terroristas convencionales adicionales es perdurable, el temor de ataques con armas biológicas, químicas o aun nucleares es posiblemente más intenso.

El Dr. Itzhak Levav, un psiquiatra que anteriormente encabezaba el programa de salud mental de la OPS y ahora actúa como asesor del Ministerio de Salud de Israel, señala, "El potencial de que un ataque terrorista biológico cause temor es mucho mayor. Está más cerca de lo desconocido, a lo aleatorio, sin razón". En contraste, una bomba u otro ataque convencional tiene un efecto local, más limitado, observa.

El Dr. Levav, que reside en Jerusalén, conoce al temor como a un compañero diario, dadas las bombas y los ataques suicidas relativamente frecuentes en Israel. "Un ciudadano que sabe que hay peligro naturalmente tiene miedo", expresó. "Se aísla, sale menos y tiene un sentimiento permanente de aprensión". Agrega, "Uno aprende a vivir con el temor. Si subo a un autobús miro a todas las personas, estoy consciente del hecho de que podría haber peligro. Me mantengo alerta y receloso de cualquier cosa extraña".

Durante la Guerra del Golfo de 1991, la gente recibió máscaras antigás del gobierno de Israel y preparó habitaciones selladas en sus hogares cuando Iraq lanzó una serie de proyectiles Scud a Israel. Los proyectiles resultaron tener ojivas de explosivo convencional, pero eso no redujo el temor, señala Levav. Mantenerse en "una modalidad de hiper-atención, constantemente explorando el entorno" puede causar depresión, tensión y estrés, observa. "Este es cada vez más el caso en los Estados Unidos también".

El temor de nuevos ataques terroristas usando agentes biológicos se intensificó con la alarma del ántrax que empezó en octubre, cuando un redactor de fotografía de un periódico popular en Boca Ratón, Florida, murió de la enfermedad. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) describieron su propia respuesta: "Los CDC iniciaron una investigación epidemiológica y vigilancia de la salud pública para identificar cómo había ocurrido la infección con el Bacillus anthracis y para identificar otras infecciones. Una investigación ambiental identificó una muestra tomada del lugar de trabajo de la víctima (American Media Inc.) como positiva de ántrax. El B. anthracis también fue identificado en una muestra nasal de otro empleado del mismo edificio, lo que sugiere exposición".

Posteriormente, se recibieron cartas rociadas de ántrax en las oficinas de un senador de los Estados Unidos, de un presentador de una cadena televisiva, de un periódico de Nueva York y en otros lugares, dando comienzo a una serie de infecciones de ántrax que causaron la muerte de cuatro, o posiblemente cinco, personas; infectando a otras 18; hizo que 30.000 estadounidenses tomasen antibióticos; e infundió el temor en varios millones de personas.

Muy pronto los funcionarios de salud de los estados se encontraron abrumados por una demanda alta de la prueba de ántrax, a la vez que se informaron de miles de incidentes de ántrax falsos. El edificio de oficinas del Senado donde se encontró ántrax permaneció cerrado durante semanas, y se cerraron las instalaciones postales para su descontaminación. En noviembre, se encontró una cuarta carta rociada de ántrax dirigida a otro senador durante una búsqueda de correo sometido a cuarentena.

"Estamos llegando peligrosamente cerca del límite de capacidad," señaló el Dr. Georges Benjamin, director del Departamento de Salud e Higiene Mental del Estado de Maryland y presidente de la Asociación de Funcionarios de Salud Estatales y Territoriales. "Cuando usted saca a los epidemiólogos de su trabajo para que se concentren en esta epidemia, eso significa que si hubiese ocurrido otra epidemia, no habríamos podido manejarla".

La necesidad de reorganizar los recursos para lidiar con los problemas del bioterrorismo, a menudo a expensas de otro trabajo de salud pública, destaca la falta de financiamiento que ha estado erosionando la infraestructura de salud pública de la nación durante décadas, señala el Dr. Benjamin. Si bien relativamente pocas personas han sido infectadas por el ántrax, el trabajo asociado con la respuesta ha sido difícil de manejar. "Piénselo", señala. "Tres cartas y una cantidad relativamente pequeña de ántrax -y miles de millones de dólares de pérdidas".

El Dr. Benjamin señala que en el departamento de salud del estado de Maryland, los empleados se han atrasado en entrar datos de computación y en monitorear otras enfermedades. "Si se nos escapa una enfermedad porque esos datos no entraron o no podíamos seguirla, eso sería de lo más desfavorable", observa. "Esto nos dice que necesitamos arreglar la infraestructura de salud pública ahora mismo".

La pesadilla de la viruela

La pesadilla máxima de algunos expertos de salud es que los terroristas realicen una descarga de viruela, un flagelo que causaba la muerte de 3 a 4 millones de personas cada año antes de que fuera erradicada hace más de dos décadas. Si se liberara en un aeropuerto internacional, por ejemplo, el virus podría infectar a personas que no mostrarían los síntomas durante días. Dado que el virus se propaga a través del contacto directo, esas personas a su vez podrían infectar a mucha más gente en todo el mundo, iniciando un brote completamente desarrollado de la viruela que se convertiría en una emergencia sanitaria internacional.

No existe ningún tratamiento aprobado para la viruela, y cerca de un tercio de los afectados mueren, aunque una vacuna administrada varios días después de la infección puede reducir sus efectos sustancialmente. Sin embargo, actualmente no hay suficientes vacunas en el mundo para los que podrían ser infectados en un ataque extendido. Como resultado de esto, los Estados Unidos y Canadá están trabajando para acumular suficientes vacunas para sus propias poblaciones, mientras los países en América Latina y el Caribe, con el apoyo de la OPS, están explorando la producción de vacunas.

La erradicación de la viruela en 1980, que culminara un esfuerzo mundial de 12 años conducido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), es considerada ampliamente como uno de los logros mayores de la humanidad, registrando la primera vez que una enfermedad ha sido eliminada de la faz de la tierra. Pero nadie tiene la certeza de quién podría aun tener el virus letal, aparte de las dos reservas declaradas en los Estados Unidos y Rusia. Los científicos ex soviéticos señalan que Rusia continuó la investigación de armas biológicas después que la viruela fue erradicada, produciendo el virus hasta por lo menos en los años noventa. Algunos funcionarios temen que los científicos que trabajaron en ese proyecto podrían haber vendido el virus a los terroristas o a naciones que los apoyan.

Irónicamente, la erradicación exitosa de la viruela es lo que llevó a su uso potencial como un arma; dado que la vacunación masiva concluyó hace unos 25 años, hoy muchas personas -si no la mayoría- son susceptibles al virus (los expertos difieren acerca de cuán inmunes son todavía los que fueron vacunados). Algunos temen que la enfermedad podría propagarse rápidamente.

¿Cuán realista es la amenaza de la viruela? Nadie lo sabe con certeza. Pero el Dr. D. A. Henderson, el médico que condujo la iniciativa mundial de erradicación de la viruela de 1966 a 1977, estaba lo suficientemente preocupado como para empezar a advertir acerca de precisamente tal amenaza a comienzos de los años noventa. El Dr. Henderson, quien fue decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins y es actualmente asesor de la OPS, fundó y dirigió el Johns Hopkins Center for Civilian Biodefense Studies para llevar a cabo investigaciones sobre el bioterrorismo.

El primero de noviembre, siete semanas y dos días después de los sucesos del 11 de septiembre, el Dr. Henderson fue nombrado jefe de la nueva Oficina de Preparativos de Salud Pública del Departamento de Salud y Servicios Sociales de los Estados Unidos. El Dr. Henderson, uno de los médicos del grupo selecto y restringido que trabajaron para librar al mundo de la viruela, señala que más que nada él quisiera persuadir a los países del mundo a que se unan para condenar el uso de gérmenes como armas.

"Tenemos que encerrar al genio de nuevo en la botella," le decía al New York Times en noviembre. El programa de erradicación fue un esfuerzo internacional, señala, y otros países deseaban destruir el virus. "Teníamos países en todo el mundo que preguntaban, '¿Por qué los Hermanos Mayores Estados Unidos y Rusia mantienen el virus?'" Claramente, existía el peligro de que el virus pudiera escaparse, como sucedió en un laboratorio en Inglaterra en 1978, infectando a un fotógrafo médico. Es más, al destruir sus reservas, los Estados Unidos podrían hacer que su posesión constituyera un crimen, agrega.

El Dr. David Heymann, que trabajó en el esfuerzo para erradicar la viruela con el Dr. Henderson y ahora es el director ejecutivo de la división de enfermedades transmisibles de la OMS en Ginebra, observa que en caso de un ataque terrorista con viruela, "los países industrializados ya están y estarán mucho mejor equipados para contenerlo que los países en desarrollo". Agrega, "no está claro de que pudiéramos reunir la suficiente voluntad para hacer otro programa de erradicación. Pienso que esto sería difícil de vender porque si se erradicara nuevamente, estaríamos en la misma situación vulnerable en que nos encontramos ahora".

Después que la enfermedad fuera erradicada, los gobiernos acordaron mantener reservas del virus vivo en dos laboratorios seguros, uno en los Centros para el Control de Enfermedades en Atlanta y uno en Siberia, Rusia. La OMS y otros recomendaron la destrucción completa de las reservas restantes del virus, pero esa posición fue combatida por algunos científicos de los Estados Unidos. En 1999, el Presidente Bill Clinton declaró que se debían retener las reservas de viruela mientras se realizaba más investigación. El 15 de noviembre la administración Bush también decidió retener las reservas restantes de viruela hasta que se desarrollen las vacunas y los tratamientos nuevos para la enfermedad -un proceso que probablemente tomará años.

Los expertos en terrorismo señalan que el riesgo del uso de un arma que podría matar a su propia gente no desalentaría a ciertos grupos radicales, especialmente aquellos motivados por el fervor religioso. Michael Swetnam, presidente del Potomac Institute for Policy Studies en Arlington, Virginia, señala que la posibilidad de un ataque de viruela debe tomarse seriamente. Pero agrega que otras armas, como una bomba convencional, ataque químico u otro tipo de ataque biológico, tienen mayor probabilidad de ser usadas por la sencilla razón de que la viruela es difícil de conseguir. De todos modos, exagerar el riesgo de un ataque de viruela quizá no sea una mala idea, señala Swetnam. "Si exageramos y nos aseguramos que acumulamos suficientes vacunas para todos, entonces ellos no tienen ningún incentivo para usarla. Nos costará mucho dinero, pero es como comprar un seguro".

Las amenazas traen el cambio

Para los funcionarios de salud pública, el momento de comenzar a comprar el seguro es ahora, y no sólo contra la viruela. "La amenaza del bioterrorismo ahora es una realidad", dijo en octubre el Dr. Mohammad N. Akhter, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Salud Pública. "Los departamentos de salud pública en toda la nación no están plenamente preparados para manejar estos crecientes ataques de los bioterroristas".

El Dr. Henderson está de acuerdo, al señalar que los hospitales de los Estados Unidos tienen poca capacidad adicional, y los departamentos de salud ni siquiera pueden mantenerse al nivel de los brotes de enfermedades comunes.

En octubre, Tommy Thompson, Secretario de Salud de los Estados Unidos solicitó al Senado de los Estados Unidos nuevos fondos para apoyar la capacidad del sector de salud pública para responder al bioterrorismo. Tom Ridge, recientemente nombrado Director de Seguridad de la Nación, ha indicado que él se propone solicitar miles de millones de dólares adicionales para el sector en 2002.

Los funcionarios de salud de todo el mundo también están expresando su preocupación. A mediados de noviembre, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos informaron que habían recibido solicitudes de pruebas de laboratorio e información de bioterrorismo de 66 países preocupados por los brotes de ántrax. Esa preocupación ya se está concretando en una acción internacional que requiere mayor cooperación y colaboración entre los países que se consideran blancos potenciales.

La OPS, que tiene 35 Países Miembros, convocó a su equipo de tareas de urgencia en octubre para tratar los preparativos contra el bioterrorismo en las Américas. La Organización ha agregado la guerra química, las emergencias radiológicas y otros temas de bioterrorismo a sus actividades de capacitación, con cursos que comenzaron a ofrecerse en diciembre. Además, la OPS está trabajando estrechamente con los Países Miembros para mejorar los conocimientos especializados del sector de salud para tratar las emergencias potenciales que puedan resultar del terrorismo. Las medidas incluyen una mejor vigilancia de enfermedades, mejoras de los laboratorios públicos y mejoras en la planificación de la gestión de crisis, la difusión de información y la capacidad de respuesta.

En la reunión de seguridad sanitaria del G-7 en Ottawa (ver el Recuadro en la página 7), representantes de ocho países y de la Unión Europea declararon que los ataques del 11 de septiembre "cambiaron el tema central de concentración de los gobiernos. Han centrado nuestra atención sobre cómo evaluamos los riesgos, cómo nos preparamos para cualquier eventualidad y cómo respondemos más eficazmente a las crisis de seguridad de la salud pública. Han agregado urgencia y determinación para que fortalezcamos aún más nuestros planes, redes y protocolos en colaboración con otros países y con organizaciones internacionales".

El fortalecimiento de la capacidad internacional para responder al bioterrorismo no requiere que se comience de cero. La Alerta Mundial de Epidemias y Red de Respuesta de la OMS, que incorpora a órganos como los CDC de los Estados Unidos, es un mecanismo internacional que ya esta implantado y que puede ayudar a los países a coordinar esfuerzos para la detección y respuesta rápidas.

Es más, señala el Dr. Claude de Ville, jefe del Programa de Coordinación de Preparativos para Situaciones de Emergencia y Socorro en Casos de Desastre de la OPS, la mayoría de los países ya tienen sistemas nacionales implantados para responder a los desastres naturales y a los producidos por el hombre y para la vigilancia de las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes. Estos sistemas también proporcionan alguna preparación para lidiar con el bioterrorismo.

Por ejemplo, la capacidad nosocomial probablemente representaría un problema en caso de un ataque de bioterrorismo, pero los "planes de emergencia de los países latinoamericanos incluyen procedimientos para poner camas al alcance durante las emergencias," observa el Dr. de Ville.

Él y otros expertos están de acuerdo en que los hospitales probablemente sean la primera línea de acción en caso de un ataque bioterrorista. Los primeros daños biológicos se harían patentes según la población afectada procure los servicios de las salas de urgencias para tratar la enfermedad. Los hospitales, y en particular el personal de las salas de urgencias, tendrían que lidiar con las consecuencias. Por consiguiente, "deben ser incluidos desde el principio de la planificación para estas situaciones".

Otra área de preocupación suscitada por un ataque bioterrorista potencial es la posibilidad del pánico público y los daños relacionados más allá de la enfermedad misma. Esto hace a la información pública una parte clave de la respuesta. "Los gobiernos deben proporcionar información completa y exacta para prevenir el pánico", concluyeron los expertos de bioterrorismo en la reunión de la OPS en octubre.

En general, la mejor forma de preparar al sector de salud para responder al bioterrorismo es mediante el fortalecimiento de la capacidad de salud diaria, señala el Dr. de Ville. Una capacidad mejorada para detectar y responder a todos los tipos de epidemias así como a cualquier emergencia de producto químico o radiológico, es el enfoque más sólido-y tendrá el beneficio a largo plazo de fortalecer a los sistemas de salud en general.

"La clave es el fortalecimiento de la infraestructura de salud pública," concuerda el Dr. Henderson, quien tiene la esperanza de que la viruela nunca más represente una amenaza para los sistemas de salud del mundo.

Nadie puede saber si habrá más ataques terroristas, o cuáles serán las consecuencias a largo plazo del 11 de septiembre y la respuesta de los Estados Unidos. Pero si es que hay un resquicio de esperanza en la nube de la aprensión, los expertos señalan que es un respeto recién descubierto -en forma de financiamiento y apoyo adicional- para el campo de la salud pública.


Daniel Epstein está a cargo de las relaciones con los medios de comunicación en la Oficina de Información Pública de la OPS en Washington.

Extras:

Llamado a la acción mundial

Funcionarios de salud pública de alto nivel de ocho países y de la Unión Europea se reunieron en Ottawa a principios de noviembre para trazar un plan para mejorar la seguridad sanitaria mundial ante el potencial del bioterrorismo. Los funcionarios, comprendiendo a ministros y secretarios de salud, analizaron las maneras de coordinar los preparativos y la respuesta ante actos de terrorismo biológico, químico y radiológico-nuclear. Su declaración final hizo un llamado a la acción mundial concertada para afrontar al bioterrorismo mediante la colaboración acelerada entre los gobiernos y con organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS).

"El terrorismo, en particular el bioterrorismo, es un tema internacional", declararon los ministros. "Por ejemplo, un brote de viruela en cualquier lugar del mundo es un peligro para todos los países. La colaboración internacional es esencial".

Los países acordaron:

Las Américas responden

A finales de octubre, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reunió a expertos en bioterrorismo y respuesta a emergencias de toda América para considerar los esfuerzos coordinados para lidiar con ataques terroristas potenciales de naturaleza biológica, química o radiológica.

El director de la OPS, Dr. George Alleyne, les dijo a los participantes que su organización ya tiene capacidad considerable para detectar y contener la propagación de enfermedades y lidiar con los desastres. Pero agregó, "Los países de la región ahora deben prepararse para responder al reto planteado por el bioterrorismo".

En su informe, emitido a la conclusión de la reunión, los expertos definieron a las armas biológicas como "dispositivos usados intencionalmente para causar enfermedades o la muerte mediante la difusión de microorganismos o toxinas en los alimentos y el agua, con insectos vectores o aerosoles". Los objetivos potenciales, observaron, "incluyen a los seres humanos, los cultivos alimentarios y el ganado". Cualquier brote de enfermedades infecciosas que involucre armas de productos biológicos plantearía "retos significantes a los ya de por sí frágiles sistemas de salud nacionales", expresaron los expertos.

Advirtieron que los incidentes recientes de terrorismo han "creado un sentido de urgencia," recomendando que los países comiencen ahora a ampliar sus capacidades existentes de preparativos para casos de desastre para cubrir los posibles ataques biológicos, químicos o radiológicos. Tales capacidades deben incluir la detección temprana de infecciones producidas por el hombre, el diagnóstico rápido y la respuesta eficaz.

El grupo también le solicitó a la OPS y a sus Países Miembros que "explorara el potencial para producir la vacuna contra la viruela, incluyendo las actualizaciones de buenas prácticas de fabricación para la producción". Observaron que varios países, incluidos la Argentina, Brasil, Colombia y México, tienen capacidades de fabricación apropiadas.

El grupo emitió dos conjuntos de recomendaciones, el primero para aumentar los preparativos nacionales y el segundo para modernizar las actividades de cooperación técnica de la OPS considerando las amenazas bioterroristas.

Su informe recalcó que la respuesta al bioterrorismo debe ser internacional: "Dada la economía mundial, una epidemia en cualquier lugar del mundo puede considerarse una amenaza para prácticamente todas las naciones".


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