Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 7, Número 1, 2002

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Pionero de la píldora en México
por Gerald S. Cohen

Un truco mágico

Una planta silvestre de México, que produce un tubérculo no comestible conocido como cabeza de negro, resultó ser una fuente muy práctica para obtener una sapogenina, llamada diosgenina. En uno de sus viajes a México, Marker obtuvo 10 toneladas de la raíz y logró producir unos 3 kg de progesterona. De seguidas, se propuso encontrar socios que quisieran financiar su trabajo. Luego de que la empresa Parke-Davis rechazara su oferta, tuvo la idea de buscar en la guía telefónica de Ciudad de México, un posible socio. Allí encontró el nombre del Laboratorio Hormona, una empresa muy pequeña fundada por dos refugiados europeos, el Dr. Emeric Somlo y el Dr. Frederick Lehman, quienes vislumbraron las inmensas posibilidades financieras que ofrecía el proceso. El 21 de enero de 1944, fundaron a Syntex, con la intención de que Marker ayudara en la síntesis de progesterona cristalina pura destinada a las empresas farmacéuticas. Gracias a su capital inicial de 100.000 dólares, Syntex pudo construir otros laboratorios y sintetizar 30 kg de progesterona en su primer año de funcionamiento. Sin embargo, antes de finalizar el año, Marker tuvo un desacuerdo con sus socios, decidió marcharse y se llevó consigo algunos componentes claves para el proceso de síntesis.

 Rosenkranz, Syntex staff and the cabeza de negro yam
Rosenkranz con su personal de Syntex y el tubérculo de cabeza de negro, materia prima para la síntesis eficiente de la cortisona.
(Foto courtesía de George Rosenkranz)
Entretanto, Rosenkranz había estado haciendo experimentos con algunos tubérculos que se conseguían en Cuba. Estos camotes eran comestibles, de donde se dedujo que carecían de las sapogeninas tóxicas fundamentales para lograr el proceso de síntesis. "Luego", cuenta Rosenkranz, "llevé a Cuba, desde México, las raíces de zarzaparrilla y logré fabricar pequeñas cantidades de progesterona". Las noticias acerca de las investigaciones de Rosenkranz llegaron a oídos de Somlo y Lehman por intermedio de algunos colegas que habían viajado a Cuba. Fue así como Somlo y Lehman, ansiosos por reanudar el proceso químico que se había estancado, invitaron a Rosenkranz a México para hacerle una entrevista de trabajo.

La fecha de la entrevista era el 6 de agosto de 1945, el día en que el bombardero Enola Gay lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima. En los primeros momentos después del ataque, Rosenkranz, al igual que la mayoría de la gente del continente americano no se enteró de lo que había sucedido. "En Ciudad de México el día era esplendoroso. Contemplaba el cielo azul, el volcán y escuchaba una música que me llegaba por la ventana del cuarto del hotel", recuerda. "Un organillero estaba tocando en la calle. Era algo fantástico. En seguida me enamoré de México".

La entrevista no fue exactamente lo que Rosenkranz se había imaginado. A título de prueba, los socios le dieron una bata de laboratorio y le pidieron que realizara el último paso del proceso de síntesis de la progesterona, que consistía en preparar el catalizador de isopropilato de aluminio. Rosenkranz había realizado ese procedimiento muchas veces antes; sencillamente hacía falta iniciar una reacción entre el aluminio y el alcohol isopropílico sumergiendo papel de aluminio en cloruro mercúrico. "Era una especie de truco sencillo que cualquiera con mi formación y con experiencia en un laboratorio tenía que saber", cuenta Rosenkranz. "Se necesita el catalizador para empezar la reacción y hace falta el reactivo para fabricar la progesterona". Todo resultó muy bien y Somlo y Lehman no salían de su asombro. "Pensaron que yo era algo así como el mago Houdini", recuerda Rosenkranz.

Los dueños de Syntex le señalaron una torre de pedidos de progesterona que estaban pendientes y allí mismo le ofrecieron un empleo. A pesar de que la propuesta de Syntex era arriesgada en ese momento, en Cuba tampoco parecía que las cosas iban a mejorar. Allá Rosenkranz estaba frustrado debido a la falta de los productos indispensables para su trabajo. Después de considerar la propuesta de Syntex, que comprendía una participación en las ganancias y en las acciones, empezó a pensar en los posibles beneficios de la producción en masa de los esteroides. Aceptó la oferta. En la primera oportunidad que tuvo hizo una llamada a La Habana para proponerle matrimonio a su novia, nacida en Viena, que sigue siendo su esposa hasta el día de hoy. Dos meses más tarde, Rosenkranz empezó a despachar los pedidos de progesterona. "Estaba decidido a convertir a Syntex en la Dupont de México", dice. "No tenía idea de lo que iba a suceder".

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