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Perspectivas de Salud |
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No es ningun secreto.
Coma alimentos frescos, beba agua potable, respire aire puro y haga mucho ejercicio. Si a eso se suma un nivel de estrés bajo, una familia cariñosa y una firme creencia en Dios, ya lo tiene todo. Para las personas centenarias de Dominica, todo ello -y un poco más- conduce a una vida más larga y saludable.
![]() Entre los centenarios de Dominica está la persona más vieja del mundo, Elizabeth "Ma Pampo" Israel, retratada arriba hace dos años cuando "sólo" tenía 125 años. (Foto © Powys Dewhurst) |
Entre los centenarios de Dominica se encuentra la persona que se cree es la más anciana del mundo, Elizabeth "Ma Pampo" Israel, cuya reseña biográfica publicó la revista Time hace dos años (cuando "sólo" tenía 125 años). "Hija de un esclavo, comenzó a trabajar en una plantación a la edad de 25 y se retiró 79 años después", informó Time. "Ella atribuye su longevidad a su régimen alimenticio -que incluye dumplings (bolitas de harina sazonadas y hervidas en caldo) y bush tea (infusiones de hierbas) en abundancia".
Ma Pampo se casó en el año 1922 y tuvo un hijo, quien murió a los 30 años -hace más de medio siglo. Tiene un nieto que vive en algún lugar del Reino Unido.
Hoy, Ma Pampo está bien cuidada y su hogar en Glanvillia, en las afueras del pueblo de Portsmouth, si bien pequeño, es cómodo y limpio. Durante una visita reciente, contó lo duro que tuvo que trabajar cuando era niña, recogiendo cocos y limones. Le pagaban dos centavos por día.
A comienzos de año, debido a una uña encarnada del pie que se infectó, hubo que cortarle a Ma Pampo la pierna derecha por debajo de la rodilla. Sanó con facilidad y sin mayores complicaciones, pero la dura prueba la dejó casi postrada en cama. Casi al mismo tiempo, su vecina y amiga de muchos años, Rose Peters, murió a los 118 años de edad. No obstante, Ma Pampo se niega a rendirse. Sigue siendo curiosa, vivaz y comunicativa y con un gran sentido del humor. Sus ganas de vivir son evidentes, como lo son la sencillez de su vida y su falta de interés en los bienes mundanos.
Ma Pampo habla con fluidez el Kwiyol nativo (un patois francés) y el Kokoy (una lengua franca basada en el inglés), además del inglés estándar. Atribuye su larga vida al trabajo arduo y a la buena comida, por lo que rechaza todo lo enlatado o procesado. Mientras estaba en el hospital a comienzos de año -una de sólo tres visitas en toda su vida a la capital, Roseau- se negó a comer un emparedado de mantequilla de maní, alegando que no era "natural". Habla elogiosamente de los efectos beneficiosos de las dumplings; de los cangrejos y los langostinos de río; del atún, el mahi-mahi y las sardinas; y de los tubérculos locales como la yuca, el taro, los ñames y el ocumo.
A Ma Pampo todavía le encanta escuchar los programas radiales en Kokoy y los ritmos y las melodías francoafricanas que predominan en la radio. Cuando le pregunté qué podría hacer yo para llegar a su edad, se rió con ganas y pensó durante un momento. Luego me aconsejó comer alimentos saludables. Agregó, sin embargo, que los alimentos ahora están tan contaminados con fertilizantes que es difícil confiar en que son buenos. Luego me encomendó a Dios.
Una cornucopia chiquita
El terreno, la flora y la fauna de Dominica son inolvidables. Excepto por las pocas aldeas que abrazan la costa y las laderas de las montañas, la isla ha conservado su condición sin deterioro y con escasos cambios durante los 500 años desde la primera visita de Colón al Caribe. Con sus 47 km de largo y 26 km de ancho, Dominica todavía es una tierra de sierras volcánicas coronadas de nubes y exuberantes selvas tropicales; de abruptos valles con lianas enmarañadas y arroyos de aguas claras como el cristal; de flores con los matices del arco iris que van desde el magenta de los jazmines del río al naranja brillante de las heliconias, del vivo rosado de los antirrinos al púrpura intenso de las orquídeas; de mariposas iridiscentes que semejan retazos voladores de brocado tachonado de piedras preciosas; y de aves de todos los tamaños, colores y plumajes que arrullan, graznan, chillan y cantan, entre ellos el icono nacional, el papagayo Sisserou, inmortalizado en la bandera de Dominica. El país tiene 12 saltos de agua grandes, seis variedades de selva tropical y más de 365 ríos, uno por cada día del año. Hay manantiales de azufre caliente y corrientes de agua fría casi uno al lado del otro. Se dice que es posible atrapar un pez en un río y cocinarlo en el otro.
![]() Wigg John Francis, 103, atribuye su larga vida a la 'buena bebida, la buena comida' y a Dios. (Foto © Tony Deyal) |
Señala que cuando los centenarios de hoy estaban creciendo, en la isla no se utilizaban productos químicos, fertilizantes, ni vehículos automotores. La gente tenía que caminar o remar en sus botecitos por largas distancias. Todos tenían que trabajar muy duro para ganarse la vida, sembrando y cosechando sus propios cultivos, así como trabajando en las plantaciones de azúcar.
Hasta hace dos años, Wigg John Francis, quien tiene oficialmente 103 años, cuidaba su jardín y rastrillaba su propio césped. Vive en la comunidad agrícola de Dublanc, en la costa occidental de Dominica. Cuestiona la fecha oficial de su nacimiento, que aparece en su certificado de bautismo, y dice que realmente tiene 107 años.
Francis recuerda que, de niño, fue adoptado por una tía de la capital. Nunca asistió a la escuela; pero trabajó como agricultor, pescador y a veces sepulturero. Hasta hace dos años, supervisaba activamente a los sepultureros más jóvenes, mostrándoles dónde estaba enterrado cada quién y cuáles parcelas estaban todavía disponibles. Le pregunté a qué debía su larga vida, y contestó bruscamente en patois, "Pregúntele a Dios. Es Él quien me da la vida". Luego agregó, "Bien bue, bien mange". Buena bebida y buena comida, que sea natural y sin productos químicos, una mezcla de tubérculos y pescado. Francis no rechazaba las bebidas alcohólicas y había fumado cigarrillos, aunque dejó de hacerlo algunos años atrás. Estaba habituado al esfuerzo físico, ya que a veces hacía el viaje de ida y vuelta a Roseau remando unas 30 millas, o las 10 millas a la iglesia de ida y vuelta con su familia. Cree en las infusiones de plantas, y en la medicina natural, holística, herbaria. Su mayor problema es "la vejez", porque la vista le está fallando y le duele la cabeza. No obstante, camina sin ayuda, aunque lentamente, y él mismo se asea.
Francis asegura que ha vivido una buena vida "como Dios manda". Su nieta, Theresa Jubenot, y su esposo, Honoré, lo atienden muy bien y con cariño. Se mantiene limpio y con la mente clara. Cuando le pregunté qué podría hacer yo para vivir hasta su edad, me miró de arriba abajo y luego se rió en mi cara.
Al contrario, el profesor Gerald Grell, decano del Portsmouth Campus de la Ross University, una escuela de medicina situada frente a la costa, me tomó muy en serio. Explicó que tener tantos centenarios (30 por 100.000, cifra 66 por ciento mayor que la tasa de Estados Unidos de 18 por 100.000) es sumamente extraño y que está supervisando un proyecto de investigación para determinar las razones. Aunque no está seguro acerca de las causas concretas de que entre los centenarios de Dominica haya más mujeres (17) que hombres (4), observa que hasta ahora las pruebas apuntan hacia el medio ambiente como el factor principal en todos los casos. Ninguno de los centenarios está emparentado directamente, de manera que no hay ningún factor genético común. Grell cree que lo que tienen en común es que todos ellos trabajaron arduamente, comieron los alimentos orgánicos básicos y el pescado fresco que abundan en Dominica, además de respirar la atmósfera rica en oxígeno que envuelve al país como una burbuja de buena salud.
Grell también apunta hacia otros factores importantes. Primero, los habitantes de Dominica viven como familias extendidas en comunidades pequeñas, relativamente aisladas y casi autosuficientes. Comparten un gran respeto hacia los ancianos; la gente está orgullosa de sus padres y abuelos y los atienden cuando están enfermos o necesitan ayuda. Otro factor es una creencia fuerte en Dios compartida por la población casi totalmente católica de Dominica. La religión, no la simple asistencia a la iglesia los domingos, es una forma de vida. El último factor es que las personas de Dominica llevan vidas relativamente sencillas, sin estrés.
Llevar la salud al pueblo
El ministro de Salud, Herbert Sabaroche, confirma la hipótesis de Grell: "Este es un país donde no estamos tensos y donde no tenemos miedo de reirnos de nosotros mismos". Sabaroche, quien es oriundo de la pequeña aldea pesquera de Bioche en la costa occidental y está emparentado con Wigg John Francis, agrega: "Es interesante que las 21 personas que tienen más de 100 años de edad no se encuentran en una zona geográfica única de Dominica, sino que están esparcidas en todo el país.
![]() Ma Daroux, 101, acredita su longevidad a la 'comida saludable', una familia afectuosa y también a Dios. (Foto © Tony Deyal) |
Según Sabaroche, un factor más que parece fomentar la longevidad es la atención sanitaria en Dominica. "Nuestro sistema de atención primaria de salud es uno de los más antiguos de la región y uno de los mejores o más integrales", señala. "Está descentralizado, y en vez de esperar que vengan a nosotros, llevamos la salud a las personas. Nosotros llegamos a la gente".
Otro ejemplo que vale la pena mencionar, que es tan significativo a su manera como el logro de Ma Pampo, es la historia de Augista Mathilde Daroux, conocida como "Ma Daroux". Diagnosticada con hipertensión a comienzos de los años setenta, ha sobrevivido y hasta ha mejorado; ahora, a los 101 años, camina sin ayuda, duerme profundamente y tiene un perfecto control de su vejiga. Grell dice que esto es digno de mención como un fenómeno de salud. "Normalmente, no se espera que las personas con hipertensión vivan por mucho tiempo. Sin embargo, Ma Daroux ha estado tomando puntualmente el medicamento que le prescribieron, y la combinación de trabajo arduo, buenos alimentos, aire puro y un entorno propicio ha contribuido a su excelente estado mental y físico a los 101 años de edad".
Ma Daroux vive en la cima de una colina con vista a la aldea costera de Petit Savane. Cerca de su casa hay una fuente usada por los aldeanos para lavar. Su pequeña y cuidada casa está cercada con laureles, cuya exótica fragancia se mezcla con la de las flores de su jardín. Nacida el día de Año Nuevo, en 1901, fue a la escuela a los 12 años. Sus padres le pagaban al maestro con hortalizas y pescado. Dejó de asistir a la escuela para trabajar. Tuvo ocho hijos. Atribuye su longevidad a mucho jugo de caña, miel, arrurruz, pescado y cangrejos, camarones y langosta. Sus hijos la cuidan y hablan de ella con amor y orgullo.
Quizás porque no es de la generación de la televisión, Ma Daroux se va a dormir temprano y despierta temprano, como hacen otros centenarios. También bebe infusiones de hierbas y está convencida de la virtud de la medicina herbaria para las dolencias corrientes. También es muy religiosa.
Tanto como lo es Louisa Joseph, de 103 años, a quien visité en Vielle Case, en lo alto de las sierras. Joseph estaba semidormida, apretando su rosario cuando llegué a su casa. Arreglada y risueña, atribuyó su larga vida al trabajo duro y a la buena comida. Habló de tener un buen matrimonio y de compartir con sus vecinos. "Viví como Dios manda. Compartí todo lo que tenía", dijo. Cuando le pregunté qué debía hacer para alcanzar su edad, ella también se rió.
Elizah "Ma Bradley" Phillip, de 114 años, de la aldea de Wesley en la costa este, ya casi no oye, de manera que no se enteró de la misma pregunta. De todos modos, su hija y cuidadora, de 87 años, rió por ella.
Antonia Fevrier, de 104, de la aldea de Grandbay en el extremo sur de la isla, estaba tomando el desayuno cuando llegué. A ella le gustan las bebidas malteadas y los bizcochos dulces. Pasó por alto mi pregunta, quizás considerándola sin respuesta posible o fuera de lugar.
Pero, Ma Daroux reaccionó de otra manera. Cuando le pregunté qué hacer para vivir tanto como ella, contestó, "Coma mucha callaloo", una sopa común en el Caribe. De color verde oscuro, tiene un aspecto poco apetecible que contrasta con su delicioso sabor. Se prepara con la planta de taro, se sazona con ajo y cebollas y contiene hojas de pimienta negra junto con cangrejo de mar, pescado o carne salada.
Otras personas sugirieron, riendo, que bebiera agua de crapaud, una sopa hecha con carne de rana, una delicadeza de la isla que, junto con las ancas de rana fritas, forman parte del patrimonio culinario francés de la isla. Le he transmitido el mensaje a mi esposa, que tiene un interés personal en mi longevidad. Ahora voy a beber mi callaloo y mi agua de crapaud, y cuando cumpla 100 años iré a Dominica y esperaré el regreso de Colón -o, para los que creen en la reencarnación, quizás regresaré yo mismo como Colón.
Compartir la abundancia
El turismo es la industria de más rápido crecimiento en el mundo, y la más importante en la mayor parte del Caribe, particularmente ahora que la industria bananera ha empezado a decaer. Dominica, que ha estado persiguiendo el ecoturismo, está trabajando para desarrollar un proyecto turístico de salud en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que ha encabezado un Proyecto de Turismo y Salud en la región del Caribe.
Tanto el ministro de Salud, Herbert Sabaroche, como el ministro de Turismo, Charles Savarin, son optimistas en cuanto al éxito de ese proyecto. Dice Sabaroche: "El turismo de salud es un desafío para el futuro. Lo vemos como una oportunidad única para aprovechar nuestros recursos naturales y asegurar que retenemos y mantenemos esos recursos, de los cuales los más importantes son nuestro pueblo y nuestra forma de vida única. No tenemos ninguna objeción en compartirlos con otras personas y permitir que aquéllos cuya salud se pueda beneficiar vengan aquí a Dominica, a usar los servicios y contribuir a su mejoramiento".
Savarin ha señalado una dificultad práctica que se plantea al turismo en Dominica. "Mucha gente nos confunde con la República Dominicana", se queja. "Esto crea un problema de comercialización. Me gustaría que la gente recordara que Dominica es la isla más sana del mundo y que contamos con buenas conexiones de las aerolíneas … Con la ayuda de la OPS y con nuestro sistema de atención de salud ya establecido, estamos en buena posición para fusionar la salud y el turismo para beneficio de nuestro país y de nuestros visitantes".