Resúmen del Análisis de Situación y Tendencias de Salud
Resúmen del cápitulo de país de Salud en las Américas, 1998.
ARGENTINA
SITUACIÓN GENERAL Y TENDENCIAS
Contexto socioeconómico, político y demográfico
La República Argentina es un Estado democrático que ha
adoptado para su gobierno la forma federal. Tiene una
extensión territorial de 3.761.274 km2 y fronteras comunes
con cinco países. Está integrada por 23 provincias y la
Capital Federal.
El Gobierno que asumió en 1989 instrumentó tres planes de
estabilización. El último de ellos, iniciado a principios de
1991, fue el plan de convertibilidad, que orientó el proceso
de ajuste hacia una salida exportadora a la vez que mantuvo
la paridad cambiaría de la moneda nacional con el dólar, lo
que le permitió al Estado mejorar sus cuentas fiscales y
obtener excedentes para el pago de sus compromisos
financieros. La perspectiva de una mayor integración regional
a través del Mercosur (tratado de integración económica entre
Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) resalta la importancia
de la estabilidad.
La
evolución de la economía en el período 1991-1996 mostró que
el plan de convertibilidad y las medidas de ajuste lograron
mejorar las variables macroeconómicas, ya que disminuyó la
inflación y aumentaron el producto interno bruto (PIB), las
exportaciones y el flujo de capitales. El índice de precios
al consumidor (IPC), que en 1991 había registrado un
incremento de 84,0%, en 1992 cayó a 10,3%. La inflación
continuó bajando y en 1994 la variación del IPC fue de 3,9%.
En 1995 la tasa de variación de los precios siguió
atenuándose, de manera que a lo largo de ese año el
incremento del IPC fue de solo 1,5%; en 1996 fue de 0,4% y
las tasas de inversión fueron positivas. De 1990 a 1994 el
incremento acumulado del PIB fue cercano a 35,0%.
El
Censo Nacional de Población y Vivienda de 1991 estimó una
población de 35.219.612 habitantes para 1996, con una tasa de
crecimiento anual promedio de 1,261%, que registra un
comportamiento descendente. La tasa global de fecundidad
continúa su tendencia declinante: de 3,15 hijos por mujer en
1980 se proyecta una tasa de 2,82 hijos por mujer para
1990-1995 y de 2,62 hijos por mujer para 1995-2000. La tasa
de natalidad registró una muy leve pero sostenida
declinación: en 1993 fue de 19,8 por 1.000 habitantes, en
1994 de 19,7 por 1.000 y en 1995 de 18,9 por 1.000.
La esperanza de vida al nacer para ambos sexos, de acuerdo
con proyecciones para 1990-1992, fue de 71,93 años, 75,69
años para las mujeres y 68,44 años para los hombres. Las
proyecciones para el período 1995-2000 indican una esperanza
de vida al nacer de 75,59 años, 69,55 años para los hombres y
75,75 años para las mujeres.
La estructura de la pirámide poblacional muestra que los
menores de 15 años no superan 30% del total de habitantes,
mientras que los mayores de 60 años totalizan 13%. La edad
mediana de la población era de 27,6 años en 1985 y se estima
que será de 28,4 años en el 2000. La proporción de mayores de
65 años, que en 1990 representaban 9,0% de la población
total, actualmente se estima en 9,5% y alcanzaría a 9,8% en
el 2000, con marcado predominio femenino.
Mortalidad y
morbilidad
En el período 1990-1995 la mortalidad registró variaciones
favorables tendientes a su reducción. En 1995 se registraron
268.997 defunciones a nivel nacional, de las cuales 9.708
(3,6% del total de muertes) se categorizaron como mal
definidas. La tasa de mortalidad general fue de 7,7 por 1.000
habitantes. La mortalidad materna, que había aumentado entre
1994 (3,9 por 10.000 nacidos vivos) y 1995 (4,4 por 10.000)
experimentó una disminución cercana a 14,0% en 1995. Entre
1990 y 1995 la tasa de mortalidad infantil en el nivel
nacional declinó 15,7%, registrando un valor de 22,2 por
1.000 nacidos vivos en el último año. Entre 1990 y 1995 el
porcentaje de nacidos vivos con menos de 2.500 gramos de peso
aumentó de 6,1% a 6,6% en todo el país.
El análisis de la mortalidad según sus principales causas y
por sexo indica que la tasa nacional de mortalidad por
enfermedades del corazón descendió de 10,9% entre 1990 (252,6
por 100.000 habitantes) y 1995 (227,7 por 100.000). En el
mismo período, la tasa de mortalidad por enfermedades
cerebrovasculares y accidentes también mostró un importante
descenso con caídas de 16,7% (80,8 frente a 69,2 por 100.000
habitantes) y 16,4% (32,6 frente 28,0 por 100.000)
respectivamente. Los tumores malignos registraron un descenso
de menor magnitud al pasar de 143,7 por 100.000 habitantes en
1990 a 141,6 por 100.000 en 1996.
Las enfermedades del corazón, los tumores malignos y las
enfermedades cerebrovasculares son las causas de muerte más
frecuentes para ambos sexos. En los varones, en 1995 la tasa
de defunciones por enfermedades cardíacas fue de 244,5 por
100.000 habitantes, mientras que en las mujeres fue menor
(206,4 por 100.000). También fueron más altas las tasas de
mortalidad masculina por tumores malignos (157,6 por 100.000
frente a 124,1 por 100.000) y por enfermedades
cerebrovasculares (70,4 por 100.000 habitantes frente a 66,5
por 100.000). Los accidentes constituyeron la cuarta causa de
muerte en los hombres, con 6.766 defunciones (39,7 por
100.000 habitantes) sobre un total general de 9.740
accidentes. En las mujeres la tasa de mortalidad específica
fue de 16,1 por 100.000 habitantes.
La mortalidad infantil tiene como principal causa las
afecciones originadas en el período perinatal, con 7.125
defunciones, que representan 50% del total de causas en los
menores de 1 año. La tasa de mortalidad específica se redujo
17,1% entre 1990 (1.267,2 por 100.000 nacidos vivos) y 1995
(1.081,6 por 100.000). La segunda causa son las anomalías
congénitas (396,8 por 100.000). En 1990-1995 las muertes por
neumonía e influenza (690 en 1995) se redujeron 5,7%. Las
enfermedades infecciosas intestinales pasaron de la cuarta a
la sexta posición.
En el grupo de 1 a 4 años la mortalidad por accidentes (16,9
por 100.000 habitantes) superó en gran magnitud a las otras
causas. Si bien entre 1990 y 1995 se observa un descenso de
28,9% en la mortalidad por esta causa, en 1995 se produjeron
458 defunciones (21,4% del total de las muertes), de las
cuales alrededor de 45% fueron por accidentes de tráfico y en
el hogar. Ese año el riesgo de morir por neumonía e influenza
también se redujo en casi 22,0%, lo que ubicó a este grupo de
causas en el cuarto lugar. La mortalidad por enfermedades
infecciosas intestinales registró asimismo una reducción, y
estas ya no figuran entre las cinco primeras causas de
muerte.
En el grupo de 5 a 14 años la primera causa de muerte son,
con gran diferencia, los accidentes, con 571 defunciones en
1995 (8,6 por 100.000 habitantes). No obstante, entre 1990 y
1995 la tasa de mortalidad por esta causa disminuyó 26,7%.
Los tumores malignos constituyeron la segunda causa de muerte
(3,7 por 100.000 habitantes).
En el grupo de 15 a 49 años, las enfermedades del corazón y
los tumores malignos representaban la primera y segunda causa
de muerte en 1990, con tasas de 33,8 y 33,7 por 100.000
habitantes respectivamente. En 1995 se registró una menor
mortalidad por esta causa y los tumores pasaron a ocupar el
primer lugar (31,1 por 100.000 habitantes), desplazando a las
enfermedades cardíacas (27,9 por 100.000). Los accidentes
permanecieron como tercera causa de muerte (25,1 por
100.000).
En el grupo de 50 a 64 años, la mortalidad por enfermedades
del corazón y por tumores malignos presentó un comportamiento
similar al del grupo de edad anterior, con una notable
reducción de la mortalidad por enfermedades del corazón entre
1990 y 1995 (340,8 por 100.000 habitantes y 289,3 por 100.000
respectivamente). La mortalidad por tumores malignos, aunque
se redujo en menor magnitud, pasó a ser la primera causa de
muerte.
En la población de 65 y más años, las enfermedades del
corazón siguieron siendo la primera causa de muerte en el
período 1990-1995. Los tumores y las enfermedades
cerebrovasculares constituyeron la segunda y tercera causas
de muerte, y la neumonía e influenza incrementaron su
mortalidad 21,0%.
PROBLEMAS ESPECÍFICOS DE SALUD
Análisis por grupos de población
A los fines de este análisis, el mayor problema lo plantea la
obtención de datos sobre morbilidad, dado que no está
generalizada la práctica del registro de consultas ni se
realizan encuestas periódicas sobre la salud de la población.
La salud del niño
De las 14.606 defunciones en menores de 1 año registradas en
1995, 56,2% correspondieron a varones. Entre 1990 y 1995, las
afecciones originadas en el período perinatal continuaron
como primera causa de muerte, con 48,8% de las defunciones,
aunque su tasa de mortalidad específica disminuyó 17,1%. Las
muertes por neumonía e influenza aumentaron casi 6,0% y las
causadas por infecciones intestinales perdieron importancia.
De los egresos de los establecimientos oficiales se puede
delinear una imagen, aunque parcial, de la morbilidad que
afecta a este grupo, en el que las afecciones originadas en
el período perinatal, las enfermedades infecciosas
intestinales y la neumonía suman 60,3% del total.
En los niños de 1 a 4 años se produjeron 2.142 defunciones,
54,3% en varones. La tasa de mortalidad específica se redujo
de 1,2 por 1.000 habitantes en 1990 a 0,8 por 1.000 en 1995.
El predominio de la mortalidad por causas reducibles sobre
las no reducibles pone de relieve la insuficiencia de la
atención integral de este grupo de población. La morbilidad
en esta franja de edad, de acuerdo con el registro de egresos
de los establecimientos asistenciales oficiales, muestra que
en 1992, 43% de los casos correspondieron a enfermedades del
aparato respiratorio y a infecciones intestinales.
En los niños de 5 a 9 años de edad, los accidentes siguen
predominando ampliamente como causa de mortalidad. La
proporción de varones afectados es significativamente mayor
que la de mujeres. Los 251 accidentes registrados en 1995
representaron 28,6% de las muertes totales en el grupo. Los
tumores malignos (147 casos en 1995), en especial los de
origen linfático y hematopoyético, constituyeron la segunda
causa de muerte.
La salud del adolescente (de 10 a 19 años)
En los adolescentes de 10 a 14 años se produjeron 1.064
defunciones en 1995. En este grupo, el riesgo de morir por
accidentes es mayor que en el anterior y las defunciones por
accidentes de tráfico adquieren mayor peso (130 casos en
1995). En general, el perfil de mortalidad y morbilidad es
similar al del grupo de 5 a 9 años, con la particularidad de
que los suicidios y homicidios comienzan a cobrar importancia
como causa de muerte, con 32 y 14 casos respectivamente.
La iniciación sexual, que se produce entre los 15 y los 19
años para el 50% de la población, se asocia con las
enfermedades de transmisión sexual, el sida y los embarazos
no deseados.
En 1995, las causas de muerte más frecuentes fueron las
externas y dentro de ellas, la tasa de mortalidad específica
por accidentes de tráfico fue de 23,8 por 100.000 habitantes,
por suicidio 10,3 por 100.000, y por homicidio 8,8 por
100.000. Las tres primeras causas representaron 29,7% de las
defunciones en este grupo de edad, con una razón hombre/mujer
de 3:1. Los tumores malignos y las enfermedades
cardiovasculares constituyeron la segunda y tercera causa de
muerte respectivamente. La mortalidad por causas obstétricas
fue menor que 3,0 por 10.000 nacidos vivos.
Los egresos por causas obstétricas ocuparon el primer lugar
en los establecimientos oficiales; el segundo correspondió a
los abortos. Los egresos por enfermedades del aparato
digestivo ocuparon el tercer lugar.
La salud del adulto (de 15 a 60 años)
Las enfermedades cardiovasculares, los tumores malignos y los
accidentes fueron las causas de muerte más frecuentes en los
adultos. Hasta los 30 años, y entre las causas externas,
predominaron las muertes por accidentes, seguidas por los
suicidios (574 casos en 1995). A partir de los 30 años se
observa un cambio en el perfil de la mortalidad,
caracterizado por un desplazamiento hacia las enfermedades
cardiovasculares y los tumores malignos como causas
principales.
La información sobre el uso de anticonceptivos es parcial y
se basa en una encuesta realizada en la Capital Federal, el
Gran Buenos Aires y otros seis centros urbanos del interior
del país. En promedio, alrededor de 60% de las mujeres
utilizan algún método anticonceptivo; sin embargo, en los
menores de 20 años el porcentaje se reduce en forma
significativa a valores entre 30% y 50%. La razón
parto/cesárea oscila entre 1,8 y 4,4 partos por cesárea en
los distritos considerados.
De las 290 muertes maternas registradas en 1995, dos tercios
se produjeron por causas obstétricas directas, en las que los
factores de riesgo evitables son superiores a 80%. Por causas
obstétricas indirectas el factor evitable es superior a 50%.
La situación es más grave ya que se estima un subregistro de
más de la mitad de estas defunciones. La tasa de mortalidad
materna fue de 5,9 por 10.000 nacidos vivos en 1985 y de 4,4
por 10.000 en 1995, lo que supone una reducción de 34,1%.
La morbilidad que reflejan los registros de los
establecimientos asistenciales oficiales presenta un patrón
similar al del grupo de 15 a 24 años, con un claro predominio
de las causas obstétricas y el aborto, que representan 20,8
% de los diagnósticos. En el tercer lugar aparecen las
enfermedades de tipo digestivo, como la úlcera
gastroduodenal, la apendicitis, los trastornos de la vesícula
biliar y la cirrosis hepática.
La salud del adulto mayor (de 60 años y más)
Las enfermedades del corazón, los tumores malignos y las
enfermedades cerebrovasculares constituyen las tres primeras
causas de muerte. En general, las tasas de mortalidad han
mostrado una reducción significativa. En 1995 se evidencia un
importante cambio en el perfil de la mortalidad, ya que los
tumores malignos, con una tasa de 922,3 por 100.000
habitantes, pasaron a ser la causa predominante,
probablemente debido a la importante declinación de las
defunciones por enfermedades cardíacas y cerebrovasculares,
que entre 1990 y 1995 disminuyeron 10,9% y 16,9
% respectivamente (1.850,4 por 100.000 habitantes y 539,7 por
100.000).
Respecto de la morbilidad, según datos estadísticos del
Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y
Pensionados/Plan de Asistencia Médica Integral (INSSJyP/
PAMI): obtenidos en una muestra de 500.000 afiliados y
referidos a la internación en los tres sectores de la
atención médica (público, de la seguridad social y privado),
los principales diagnósticos mostraron que las enfermedades
del aparato digestivo y las cardiopulmonares y respiratorias
concentraban 29% de los egresos. En las consultas
ambulatorias, la morbilidad prevalente es la cardiovascular,
seguida por la osteoarticular y la endocrinometabólica.
La salud de la familia
El Consejo Nacional del Menor y la Familia, de la Secretaría
de Desarrollo Social dependiente de la Presidencia de la
República, realiza acciones en todo el país orientadas en
especial a las madres menores de edad. En el período
1985-1993 el porcentaje de niños nacidos de madres menores de
19 años pasó de 13,3% a 15,7%. Respecto del nivel de
instrucción, 1,1% eran analfabetas y 11,8% tenían estudios
primarios incompletos.
La salud de los trabajadores
Datos del Ministerio de Trabajo basados en una amplia muestra
de empresas revelan que entre 1991 y 1993 las industrias
alimentaria y metalúrgica presentaron la mayor frecuencia de
accidentes laborales. En ese período, los accidentes
laborales se incrementaron 5%. Entre las denominadas
enfermedades profesionales, los trabajadores del transporte,
sujetos a condiciones de alto estrés, presentan una elevada
incidencia de trastornos psiquiátricos; en los operarios de
la construcción predominan las afecciones articulares, las
respiratorias, y el riesgo de adicción al alcohol. Las
industrias metalúrgica y alimentaria concentran 47,1% de las
enfermedades profesionales, con elevadas tasas de incidencia.
La salud de los indígenas
Las estadísticas de salud de la Argentina no discriminan la
pertenencia étnica, lo que impide contar con la información
necesaria para realizar un diagnóstico preciso de situación
de salud de la población indígena; no obstante, la
experiencia de programas locales como los de Prevención y
Control del Cólera, Prevención y Control del Chagas,
Saneamiento Ambiental y del Plan Maternoinfantil, entre
otros, revela el deterioro de sus condiciones de salud. La
epidemia de cólera, que afectó en particular a las
comunidades indígenas, dio impulso a un convenio entre el
Ministerio de Salud y Acción Social, el Ministerio de Trabajo
y la seguridad social, los gobiernos provinciales y las
organizaciones aborígenes. Este acuerdo dio origen al
programa Salud para los Pueblos Indígenas, que comenzó a
ejecutarse en las provincias del norte desde enero de 1994.
El programa equipó y capacitó a 250 agentes sanitarios
indígenas que realizaron actividades de atención primaria de
salud en sus comunidades y que progresivamente se fueron
integrando a los equipos locales de salud.
Análisis por tipo de enfermedad o daño
Enfermedades transmisibles
Enfermedades transmitidas por vectores. El
86% de la superficie continental del país está en riesgo de
contaminación vectorial por Triatoma infestans. La
prevalencia serológica en la población general es menor que
8%. El 13% de la población infectada tiene menos de 20 años y
los mayores de 60 años presentan las tasas más altas (>
10%). En 1996, la prevalencia serológica en bancos de sangre
fue de 3,7%.
La fiebre hemorrágica argentina, que presentaba una tendencia
declinante desde 1988, experimentó un aumento de su
incidencia hacia 1990, con 727 casos registrados y una tasa
de 2,2 por 100.000 habitantes. En 1995 se notificaron 65
casos, con una tasa de 0,3 por 100.000 habitantes.
La malaria, que mostraba una tendencia descendente desde
1989, sufrió una reagudización a partir de 1993. En 1995 se
registraron 1.065 casos, pero con predominio de casos
importados. Los casos autóctonos continúan disminuyendo, y el
incremento de las cifras totales (tasa de incidencia de 3,3
por 100.000 habitantes en 1995) se debió fundamentalmente a
casos importados por las frecuentes migraciones provenientes
del sur de Bolivia. En 1996 se registraron 2.020 casos,
manteniéndose la proporción de casos autóctonos (44,0%).
Todos los casos de malaria notificados correspondieron a
infección por Plasmodium vivax. No se han presentado casos de
fiebre amarilla.
Enfermedades inmunoprevenibles. Desde 1991
los casos de difteria a nivel nacional no superaron los cinco
por año. En 1996 no se notificó ninguno. La tos ferina ha
declinado en el último lustro; en 1996 se registraron 737
casos (2,2 por 100.000 habitantes). En julio de 1994 se
inició el programa de erradicación del tétanos neonatal;
entre 1993 y 1996 se notificaron 26 casos.
En 1991 se produjo una importante epidemia de sarampión, con
una tasa de 129,1 por 100.000 habitantes. A partir de la
campaña de vacunación masiva de 1993 dirigida a menores de 15
años, se alcanzó una cobertura nacional promedio de 97% en
menores de 1 año, lo que produjo una marcada disminución de
casos; en 1995 se notificaron 655 (2,0 por 100.000
habitantes).
Respecto de la poliomielitis, el último caso notificado de
poliovirus salvaje data de 1984. En junio de 1994 las
autoridades sanitarias declararon erradicada esta enfermedad
en todo el territorio nacional.
Cólera y otras enfermedades infecciosas
intestinales. En enero de 1992 se notificaron los
primeros casos de cólera en comunidades aborígenes de las
zonas fronterizas de la provincia de Salta, lindantes con
Bolivia. En 1993 y 1994 se produjeron nuevos brotes
epidémicos de cólera que afectaron principalmente a la
población mayor de 15 años (56,5%) y al grupo de 1 a 4 años
(23%-25. La incidencia alcanzó su pico más alto en 1993, con
2.080 casos (6,5 por 100.000 habitantes) y una tasa de
letalidad de 1,6%; en 1995 se redujo a 188 (0,6 por 100.000
habitantes) y volvió a aumentar en 1996, con 474 casos (1,4
por 100.000). En los dos últimos años la tasa de letalidad se
mantuvo en 1,1%. El constante incremento observado en la
notificación de diarreas desde 1992 se atribuye a la mejoría
en el registro.
Infecciones respiratorias agudas. La
incidencia de influenza en 1996 fue de 561.189 casos (161,4
por 10.000 habitantes). En 1993 se aisló el virus de
influenza A (H3N2) y posteriormente el virus de influenza B,
con cepa similar a la B/PANAMA/90. La ocurrencia de neumonía
es mucho menor. La incidencia nacional en 1996 fue de 91.740
casos (26,4 por 10.000 habitantes), también con tendencia
ascendente, en parte debido al mejoramiento de las
notificaciones.
Rabia. La rabia humana ha sido controlada
gracias a los programas de prevención y vacunación animal,
que redujeron la rabia animal en 99%. En 1994 se registró un
caso de rabia humana, el primero desde 1985.
Sida y otras enfermedades de transmisión
sexual. Desde la notificación de los primeros casos
en 1982, la incidencia del sida crece cada año. De 720 casos
en 1991 se pasó a 1.624 en 1995, y aún se estima un
importante subregistro. La cantidad de casos estimada es por
lo menos 40% mayor que la notificada. La prevalencia
serológica del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en
bancos de sangre es de 0,3%. Desde 1992 se comenzó a observar
un patrón de cambio en la distribución por sexo, que pasó de
4,1 a 3,5 hombres por mujer en 1996. En el ámbito nacional,
61% de los enfermos tenían entre 20 y 34 años de edad. Hasta
1989 el grupo de edad más afectado era el de 30 a 49 años; el
desplazamiento hacia el grupo más joven se atribuye al
crecimiento de la transmisión sanguínea por el uso de drogas
intravenosas. La edad promedio era de 33 años en los varones
y 28 años en las mujeres.
La modificación del perfil de la epidemia está dada no sólo
por la importancia que han adquirido los casos en mujeres,
que de cero casos en 1985 pasaron a representar 21,9% de los
casos en 1996, sino también por el crecimiento constante de
la drogadicción intravenosa como vía de transmisión. La
transmisión sexual, que representaba casi 100% de los casos
entre 1982 y 1985, descendió para estabilizarse en
aproximadamente 50% de los casos en 1996; 40%-45% de los
casos se transmiten por vía sanguínea, y de 5% a 10% son
perinatales.
Otras enfermedades de transmisión sexual como la sífilis y la
blenorragia se han mantenido relativamente estables a lo
largo del período, aunque la incidencia de la primera es
mucho menor. No obstante, persiste un importante subregistro
que impide conocer la situación real de la población en lo
que se refiere a estas enfermedades. Cifras provisionales de
incidencia para 1996 indican 1.339 casos de sífilis primaria
y secundaria, 3.246 casos de sífilis sin especificar y 6.620
casos de blenorragia. La sífilis congénita comenzó a
informarse en forma desagregada en 1994 y desde entonces las
notificaciones se incrementaron hasta llegar a 275 casos en
1996.
Enfermedades emergentes y reemergentes. Las
meningoencefalitis comenzaron a incrementarse en 1989. En el
nivel nacional se notificaron 3.793 episodios (11,2 por
100.000 habitantes). Los menores de 5 años fueron los más
afectados (56,3%). Los casos de síndrome pulmonar por
hantavirus se notifican desde 1981 y hasta principios de 1997
los casos confirmados sumaban 81. De ese total, 39 (48,1%)
ocurrieron en 1996, con una letalidad de 55%.
Con respecto a la hepatitis, actualmente la prevalencia
serológica en bancos de sangre para hepatitis B y C es de
0,6% y 0,7% respectivamente. En 1993 se incrementaron las
notificaciones de hepatitis A, lo que planteó un período
epidémico en 1994, con una incidencia de 28.488 casos (87,4
por 100.000 habitantes), que fue aún mayor en 1995, con
32.880 casos (100,8 por 100.000).
Enfermedades crónicas transmisibles. En 1991
se registraron 12.185 casos de tuberculosis, cifra que
representa la incidencia más baja del quinquenio 1991-1995
(37,3 por 100.000 habitantes). En 1991 las notificaciones de
tuberculosis comenzaron a incrementarse nuevamente, y en 1993
ocurrieron 13.914 casos (41,3 por 100.000 habitantes). En
1995 se registraron 13.450 casos, lo que representa un
descenso de 1,7% respecto de 1994 y de 3,4% respecto de 1993.
No obstante, se sospecha que existe un alto subregistro. La
asociación de tuberculosis y sida presenta una tendencia
creciente, y en 1996 la tuberculosis apareció en 17% de los
casos de sida.
La lepra se mantuvo estable, con una incidencia anual de
aproximadamente 500 casos (1,5 por 100.000 habitantes).
Enfermedades no transmisibles y otros problemas relacionados
con la salud
Enfermedades y deficiencias de la nutrición y del
metabolismo. Al respecto, solo existen estudios
parciales y limitados, lo que dificulta realizar
comparaciones y estimar indicadores nacionales. En el grupo
de 1 a 6 años se han informado deficiencias de yodo y
especialmente de hierro. Se señaló una prevalencia de 24% a
47% de niños con anemia por deficiencia de hierro,
dependiendo de la jurisdicción, y fuertemente asociada con el
nivel socioeconómico.
El trastorno nutricional más frecuente en preescolares y
escolares es el retraso del crecimiento por desnutrición
crónica, expresado como déficit de la talla para la edad.
La prevalencia de desnutrición crónica medida por el índice
de masa corporal (IMC < 18,5) fue de 4,2%. Paralelamente,
la prevalencia de exceso de peso (IMC > 25) fue de 19,5%,
y la de obesidad (IMC > 30) de 4,1%.
Enfermedades cardiovasculares. Además de los
relacionados con la nutrición, se añade como factor de riesgo
cardiovascular la prevalencia de hipertensión arterial, que
en la población de 18 a 59 años alcanzaría a 13% de los
varones y 7% de las mujeres. Asimismo, la proporción de
fumadores varones y mujeres sería de 40% y 32
% respectivamente.
Tumores malignos. Entre 1985 y 1995, la
mortalidad por tumores malignos se mantuvo relativamente
estable, con una tasa global de 141,6 por 100.000 habitantes
en el último año, lo que los ubica como segunda causa de
muerte. La tasa de mortalidad fue de 157,6 por 100.000
habitantes en los varones y de 124,1 por 100.000 en las
mujeres.
Accidentes y violencia. Los accidentes
ocupan el cuarto lugar como causa general de muerte. Si bien
su tasa se redujo de 32,6 por 100.000 habitantes en 1990 a
28,0 por 100.000 en 1995, los accidentes aún constituyen un
grave problema sanitario y son responsables de la pérdida de
una importante cantidad de años de vida productivos (APVP
estimados: 522.966).
Trastornos mentales y del comportamiento. La
información sobre prevalencia de enfermedades mentales es muy
escasa; solo se dispone de datos parciales provenientes de
los establecimientos oficiales, según los cuales estas
representan 2,5% del total de egresos, con predominio
masculino. El grupo de 30 a 55 años de edad es el más
afectado. Del total de egresos en el país, los trastornos
mentales participarían en casi 5%.
En cuanto a la prevalencia del tabaquismo, diferentes
estudios la hacen oscilar entre 40% y 50% para los varones y
entre 25% y 35% para las mujeres. Es cada vez mayor el
porcentaje de adolescentes que se inician en la adicción.
Los estudios sobre prevalencia de alcoholismo son parciales e
indican un alto porcentaje entre varones económicamente
activos, que varía entre 30% y 50%. En los últimos años se
detectó un aumento del consumo de alcohol en edades
tempranas.
Desastres naturales y accidentes
industriales. En 1995 se registraron 29 accidentes
industriales que ocasionaron la muerte de 15 personas. En
1996 se registraron 24 accidentes en la industria química,
85% por derrame de productos químicos, 8,3% por escapes y
4,2% por incendios; de estos accidentes, 62,5% ocurrieron en
operaciones de transporte y 37,5% en instalaciones fijas,
ocasionando la exposición de 1.035 personas y la intoxicación
de 19 de ellas.
Asimismo, el fenómeno de las inundaciones periódicas cobra
importancia por la vulnerabilidad de buena parte de los
habitantes de las zonas de riesgo y se ve agravado por el mal
uso del suelo, la deforestación y las construcciones
inadecuadas.
LA RESPUESTA DEL SISTEMA DE SALUD
Políticas y planes nacionales de salud
Las políticas nacionales de salud promulgadas en julio de
1992 plantean como líneas fundamentales el derecho de la
población a la salud sobre la base de principios de equidad,
solidaridad, eficacia, eficiencia y calidad; el mejoramiento
de la accesibilidad, eficiencia y calidad de la atención
médica; el fortalecimiento de las acciones de promoción y
protección de la salud con criterios de focalización
poblacional, y la redefinición y reorientación del papel del
Estado en función de los procesos de federalización y
descentralización. En este contexto, se adoptaron medidas
orientadas a transformar el funcionamiento del sistema de
atención médica, sobre todo relacionadas con la reconversión
de las obras sociales, y se pusieron en marcha el Programa
Nacional de Garantía de Calidad de la Atención Médica, el
Programa de Hospitales Públicos de Autogestión y el Plan
Médico Obligatorio (PMO). Los cambios en el sector salud
fueron precedidos por la reforma del sistema de previsión
social, que se basó en la creación de un sistema mixto con
dos componentes, el obligatorio y el voluntario. El primero
de ellos presenta a su vez dos modalidades: una
administración estatal, con objetivos de redistribución y
seguro, que garantiza un beneficio mínimo uniforme y se
financia mediante impuestos (régimen de reparto), y una
administración privada, con objetivos de ahorro y seguro, ya
sea mediante un plan de ahorro individual en el que solo
contribuye el asegurado o un plan auspiciado por una empresa,
en el que contribuyen tanto el asegurado como el empleador,
con capitalización plena e individual y regulado por el
Estado (régimen de capitalización). El componente voluntario,
similar en todos los demás aspectos al de capitalización, se
financia solo con las contribuciones del asegurado.
La reforma del sector salud
La actual reforma sanitaria atiende a un objetivo
macroeconómico que busca reducir los costos de producción. En
el sector salud se están produciendo cambios microeconómicos
profundos, por ejemplo, la incorporación de nuevos actores
(aseguradores) y la creciente aparición de nuevos
intermediarios y formas de contratación que redimensionan las
relaciones con el sector privado.
De un sistema de facturación, liquidación y pago por acto
médico se pasó a un sistema capitado en el que el riesgo se
concentra en la organización prestadora de servicios médicos.
En resumen, el subsector privado aumentó su participación en
la provisión de servicios de atención de salud, mientras que
la contribución del subsector público y de las obras sociales
disminuyó a causa de la contracción fiscal, el descenso de
los niveles salariales, el desempleo y la reducción de los
aportes patronales.
La reconversión de las obras sociales condujo a la concepción
del Plan Médico Obligatorio (PMO). Para el desarrollo,
negociación y puesta en marcha de la propuesta se formó una
Comisión integrada por el Ministerio de Salud, la ANSSAL y la
Confederación General del Trabajo (CGT). A fines de 1996, el
PMO aprobado estableció la libre elección cautiva entre las
obras sociales. En enero de 1997, la Ley No. 24.754
(normativa para el sector privado) extendió la exigencia de
cubrir el PMO a las entidades de seguro voluntario. El PMO se
considera la pieza clave del proceso de reforma del seguro
obligatorio, ya que define el producto por cuya oferta las
obras sociales entrarán en competencia.
A partir de la fusión de la ANSSAL, el Instituto Nacional de
Obras Sociales (INOS) y la Dirección Nacional de Obras
Sociales (DINOS), se creó la Superintendencia Nacional de
Servicios de Salud en la órbita del Ministerio de Salud y
Acción Social, como organismo descentralizado. Este ente, que
goza de autarquía administrativa, económica y financiera,
cumplirá las funciones de supervisión, fiscalización y
control de los agentes que integran el Sistema Nacional del
Seguro de Salud. Esta Superintendencia orientará su acción
hacia la fiscalización del PMO y del Programa Nacional de
Garantía de Calidad de la Atención Médica en los entes
comprendidos por el sistema, el control del cumplimiento de
las disposiciones relativas al Hospital Público de
Autogestión y la supervisión del cumplimiento del ejercicio
del derecho a elegir libremente la obra social.
Organización del sector salud
Organización institucional
El sistema de servicios de salud comprende tres modelos: el
público, con financiación y provisión públicas, el de la
seguridad social, que corresponde a las obras sociales
nacionales, y el privado, de seguro voluntario prepago, que
se organiza según los cálculos de riesgo actuarial. El
sistema está fundamentalmente orientado hacia la atención
médica reparativa de la enfermedad y centrado en la
institución hospitalaria. En la mayoría de las jurisdicciones
en las que se impulsó, la estrategia de la atención primaria
de salud se organizó como "programas" del primer
nivel de atención.
El subsector público u oficial provee los servicios a través
de la red pública. En 1991 culminó el largo proceso de
descentralización hospitalaria y se confirió flexibilidad
administrativa a los directores.
En diciembre de 1996 se realizó una reestructuración del
Ministerio de Salud y Acción Social, que quedó constituido
por la Secretaría de Políticas y Regulación de Salud y la
Secretaría de Programas de Salud.
Las obras sociales están organizadas como un sistema de
seguro social obligatorio que incluye, además de las
prestaciones de servicios de salud, otros beneficios
sociales. Se financian con los aportes de los trabajadores y
de los empleadores.
El Gobierno impulsa la desregulación del sector para
facilitar la competencia de las obras sociales entre sí y con
las compañías de salud privadas (prepagas), estimular la
elección de la obra social por parte de los afiliados y
garantizar que todas brinden una cobertura obligatoria que
incluye las principales prestaciones, diagnósticos y
tratamientos (PMO).
El subsector privado está compuesto por dos grandes grupos,
los profesionales que prestan servicios independientes a
pacientes particulares asociados a obras sociales o a
sistemas privados de medicina prepaga y los establecimientos
asistenciales contratados por las obras sociales.
Organización de las actividades de regulación sanitaria
El actual proceso de reforma requirió el desarrollo de
legislación tendiente a la organización, regulación,
fiscalización y control del sector. Se dictaron leyes,
decretos, resoluciones y ordenanzas en relación con la
aprobación de las políticas de salud, las modificaciones de
la estructura del Ministerio de Salud, la creación de
organismos a cargo de nuevos programas o funciones de
supervisión, fiscalización y control, el funcionamiento de
las distintas organizaciones del sector salud (hospitales
públicos de autogestión, obras sociales, PAMI y subsector
privado), el régimen de medicamentos y alimentos y el control
del medio ambiente. Este cuerpo legal presenta en algunos
casos problemas de falta de reglamentación, dispersión de las
estructuras de aplicación, conflictos por responsabilidades
compartidas con otros niveles jurisdiccionales con incipiente
coordinación y que, por la naturaleza federal del país,
adoptan las normas y procedimientos generados a nivel
nacional, entre otros.
El componente de Control del Ejercicio Profesional del
Programa Nacional de Garantía de Calidad de la Atención
Médica se relaciona con el desempeño profesional de todo el
equipo de salud e implica la especialización, matriculación,
certificación y recertificación profesional.
El control de calidad en materia de medicamentos, alimentos y
tecnología está a cargo de un ente autárquico, la
Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y
Tecnología Médica (ANMAT), que es una institución de
referencia nacional y centro de formación de recursos humanos
especializados. La ANMAT posee competencia en lo que se
refiere al control y fiscalización de la sanidad y calidad de
todo producto que pueda afectar a la salud humana.
Servicios de salud y
recursos
Organización de los servicios de atención a la población
Promoción de la salud. Además de la
reestructuración técnica y política del Ministerio de Salud y
Acción Social, la reforma del Estado ha tenido como
consecuencia una reorientación de las estrategias y programas
de diversas unidades técnicas de los niveles centrales. Entre
los principales programas se destaca el Programa de
Maternidad e Infancia. En 1994 se formuló el Compromiso en
Favor de la Madre y el Niño, se establecieron las metas y
estrategias nacionales y se incrementaron de manera
significativa los fondos nacionales para la ejecución de los
programas provinciales, los que progresivamente están
adquiriendo mayores niveles de gestión.
El Ministerio de Salud decidió impulsar acciones de promoción
y protección de la salud estableciendo programas de
comunicación social, educación para la salud, y tabaco y
salud, y estimulando la reorientación de la práctica
asistencial en las redes de servicio.
Programas de prevención y control de
enfermedades. Entre ellos merece destacarse el
Programa de Prevención y Control de Enfermedades
Transmisibles. El programa nacional de inmunizaciones se ha
esforzado por aumentar los niveles de cobertura y vigilancia
de las vacunas del Programa Ampliado de Inmunización y
mejorar su integración con los programas provinciales y ha
emprendido una campaña de eliminación del sarampión. En 1996
las coberturas registradas fueron de 89,7% para la vacuna
antipoliomielítica, 82,8% para la triple (DPT), 100% para la
BCG y 100% para la antisarampionosa. Además, ha consolidado
el sistema de vigilancia de las enfermedades transmisibles,
lo que resultó en un aumento de las notificaciones.
Sistema de vigilancia epidemiológica y laboratorios
de salud pública. Los antecedentes del Sistema
Nacional de Vigilancia Epidemiológica se remontan a la década
de 1950, cuando ya se contaba con datos de notificaciones
mensuales de enfermedades transmisibles por jurisdicción. En
1993 se reformuló el sistema a cargo de la Dirección Nacional
de Epidemiología del Ministerio de Salud y Acción Social,
observándose entre ese año y 1996 un aumento de las
notificaciones cercano a 174%. Los datos corresponden casi en
su totalidad al subsector oficial de salud y se refieren a
morbilidad de consultas externas, servicios de urgencia e
internación. En 1996 se constituyó la Red Nacional de
Laboratorios Argentinos de Salud Pública (RELAS), integrada
por diversas redes de laboratorios.
Servicios de agua potable y alcantarillado.
La infraestructura de servicios presenta grandes
desigualdades. En las últimas décadas, el crecimiento en las
ciudades careció de una planificación adecuada, lo que agravó
las deficiencias en los grandes núcleos urbanos. En estas
concentraciones, las deficiencias en la provisión de agua
potable y en la disposición de excretas generan escenarios de
alto riesgo que afectan fundamentalmente a las zonas
habitadas por pobladores en situaciones de pobreza.
Servicios de manejo de residuos sólidos municipales,
incluidos los hospitalarios. No existe información confiable
sobre residuos sólidos municipales. Un estudio sobre residuos
peligrosos realizado por la provincia de Buenos Aires a fines
de 1991 estimó que solo las industrias química, petroquímica
y petrolera producían cerca de 29,9% de los residuos totales.
Prevención y control de la contaminación del
aire. Los problemas relacionados con la calidad del
ambiente son muy diversos. En general, las condiciones
ambientales son deficientes en las zonas urbanas marginales y
en las regiones de desarrollo económico acelerado. El sistema
de monitoreo aún es deficiente. Muchas de las estaciones que
integran la red del Sistema Mundial de Vigilancia del Medio
Ambiente no cuentan con un sistema de monitoreo continuo, lo
que impide efectuar un análisis específico.
Programas de ayuda alimentaria. La
complementación alimentaria forma parte de los puntos
establecidos en el Plan Social. Se transfieren fondos de
coparticipación para la distribución de leche entera en polvo
a niños y embarazadas pertenecientes a la población en riesgo
social, a fin de prevenir la desnutrición.
El Programa Materno Infantil y de Nutrición promueve la
recuperación nutricional y la complementación alimentaria de
embarazadas y niños menores de 6 años. El Programa
Alimentario Nutricional Infantil de la Secretaria de
Desarrollo Social provee suplementación alimentaria como
parte de las acciones orientadas hacia el mejoramiento de las
condiciones de vida y el acceso a una alimentación adecuada y
suficiente de los niños de 2 a 14 años.
Organización y funcionamiento de los servicios de atención a
las personas
Modalidades de aseguramiento y sus respectivas coberturas.
Dada la superposición de categorías y la existencia de
duplicidades, la cobertura de salud de la población es
difícil de estimar. Sin embargo, según el Censo Nacional de
Población y Vivienda de 1991, alrededor de 62,2% de la
población posee algún tipo de cobertura.
Servicios ambulatorios, hospitalarios y de urgencia. En la
actualidad, el hospital público presta atención a indigentes,
provee servicios a los beneficiarios de las obras sociales
con un retorno financiero, atiende la demanda de sectores
sociales con mayor capacidad de pago y cubre emergencias y
accidentes al tiempo que ejerce funciones de escuela médica.
El subsector público sigue siendo el principal proveedor de
servicios de emergencias y psiquiátricos, y de atención a los
enfermos crónicos.
La cantidad de camas disponibles aumentó de 145.690 en 1980 a
155.749 en 1995 (4,5 por 1.000 habitantes). Este último
indicador decreció respecto de 1980, es decir, el aumento de
camas se produjo a una velocidad inferior a la del aumento de
la población. El porcentaje de camas disponibles según
dependencia administrativa para el total del país en 1995 fue
de 54% en el subsector oficial (62,5% en 1980), 2,8% en el de
obras sociales (5,5% en 1980), 43,1% en el privado (32% en
1980) y 0,1% en los establecimientos mixtos (frente a su no
existencia en 1980). En 1996 había 824 hospitales públicos de
autogestión registrados de todas las jurisdicciones y el
número de camas alcanzaba las 62.402, casi 75,3% de las camas
públicas del país.
Servicios auxiliares de diagnóstico y bancos de sangre. Desde
1996 se está planificando la instalación de procedimientos de
control de los laboratorios para garantizar la calidad
diagnóstica. Hay 776 servicios de hemoterapia o bancos de
sangre registrados en el país, algunos de los cuales
concentran la información de varios centros. Entre ellos, se
identifican 536 laboratorios que controlan la sangre para
transfusiones y que también efectúan el control para
diferentes instituciones. Las determinaciones serológicas que
se realizan abarcan hepatitis B y C, Tripanozoma cruzi, VIH y
sífilis. Se controla a 100% de los donantes tanto en el
subsector público como en el privado.
Servicios especializados. El subsector público cuenta con 40
establecimientos de salud mental, de los cuales 35
corresponden a internación de pacientes crónicos. El número
total de camas es de 15.069 y la mayor proporción se
encuentra en establecimientos con internación de enfermos
crónicos (98%). En el subsector privado hay 187
establecimientos (con internación de agudos, de crónicos, de
agudos y crónicos y sin plazo determinado). En cuanto a la
rehabilitación física, hay un total de 24 establecimientos
con 953 camas. De estos, 9 establecimientos con 532 camas
corresponden al subsector público y 10 establecimientos con
421 camas, al privado.
Insumos para la salud
A fines de 1991 se consolidó la liberación de precios finales
de los medicamentos y de todos los márgenes de
comercialización para droguerías y farmacias. A partir de
1993 se redujeron significativamente la complejidad y el
tiempo requerido para la obtención de los registros
sanitarios y se incrementaron las inspecciones y la
farmacovigilancia. En el sector farmacéutico privado se
instituyeron nuevos sistemas de distribución y de
administración y dispensación de medicamentos a los que
acceden las obras sociales y los sistemas prepagos que aún no
tienen una regulación especifica.
A fines de 1995 y luego de un complejo debate parlamentario
se aprobó una nueva Ley de Patentes. El subsector público no
cubre los medicamentos para la atención ambulatoria, excepto
los incluidos en programas especiales. Las obras sociales del
sector público cofinancian el costo de los fármacos en
porcentajes variables y subsidian en su totalidad los
medicamentos de baja incidencia y alto costo incluidos en el
PMO. Las empresas prepagas también cofinancian el costo de
los medicamentos en alrededor de 50%.
Recursos humanos
Disponibilidad por tipo de recurso. El tamaño actual de la
fuerza laboral en salud no se puede determinar con exactitud
debido a que no hay estudios globales posteriores a 1980. En
ese año, el sector salud empleaba un total de 210.000
personas (aproximadamente 2,9% de la fuerza de trabajo
nacional). En cuanto al personal de enfermería, estimaciones
realizadas en 1988 y 1994 indicaron que llegaba a los 85.000
profesionales: 1.000 licenciados en enfermería (1,2%), 25.000
enfermeros de nivel terciario (29,4%), 49.000 auxiliares de
enfermería (57,6%) y 10.000 empíricos (11,7%), estos últimos
en fase de conversión como auxiliares de enfermería.
Formación del personal de salud. La formación de recursos
humanos en salud tiene características particulares debido a
la hegemonía del modelo médico sobre el sector. Existen siete
facultades públicas de medicina y siete privadas que forman
la Asociación de Facultades de Ciencias Médicas de la
República Argentina (AFACIMERA). Fuera de esta Asociación,
hay dos facultades privadas de medicina. El sistema
universitario forma a unos 3.500 médicos por año.
Educación permanente en salud. Actualmente se ejecuta un
programa de educación permanente en algunos servicios de
salud de la provincia de Córdoba. El propósito de este
proyecto es fortalecer la capacidad de gestión y
transformación de los servicios de enfermería y de
administración de los servicios hospitalarios a partir del
análisis de los problemas de cada uno de ellos.
Mercado de trabajo de los profesionales de la salud. Muchos
de los aspectos relativos al mercado de trabajo requieren
estudios particulares, actualización de la información y
procesos de búsqueda de consenso. En 1992 la razón habitantes
por médico fue de 367. En los puntos extremos de la relación
se ubican la Capital Federal con 113 habitantes por médico y
la provincia de Formosa con 911 habitantes por médico. Hay 4
médicos por enfermero y 5,4 enfermeros por 10.000 habitantes,
con distribución desigual según las regiones, lo que se
considera insuficiente.
Investigación y tecnología en salud
Organización y financiamiento de la actividad científica y
formación de recursos humanos. El pase de la Secretaría de
Ciencia y Tecnología (SCyT) al Ministerio de Cultura y
Educación marcó el inicio de la reorganización del sector de
ciencia y tecnología. La SCyT pasó a ser el organismo
encargado de diseñar las políticas científicas y
tecnológicas, elaborar el Plan Nacional Plurianual de ciencia
y tecnología y el presupuesto del Estado para el sector y
establecer prioridades.
En materia de bibliotecas en ciencias de la salud, según un
relevamiento realizado en 1996 por la Red Nacional de
Información en Ciencias de la Salud, hay 250 unidades de
información dispersas, la mayoría de las cuales no tienen la
infraestructura adecuada, los recursos humanos especializados
y el equipamiento necesario para cubrir los requerimientos de
la difusión del conocimiento.
Gasto y financiamiento sectorial
El Estado y la seguridad social financian el mayor porcentaje
del gasto en salud con los aportes salariales. El gasto
público y de la seguridad social en relación con el PIB
creció entre 1980 y 1994 de 3,64% a 4,4%. Según datos del
Ministerio de Salud y Acción Social, en 1994 el gasto
sanitario público y de las obras sociales como porcentaje del
gasto público total fue de 16,49%. Esto arrojó un gasto
público en salud per cápita de US$ 388 por habitante para ese
año.
El gasto total en salud para 1995 fue de US$ 20.147 millones.
La estructura del gasto fue la siguiente: gasto público
(sector gubernamental nacional, provincial y municipal)
$4.676 millones; gasto de las obras sociales (obras sociales
nacionales, obras sociales para jubilados y pensionados del
PAMI y obras sociales provinciales) $7.055 millones y gasto
privado (prepagos y desembolsos directos) $8.416 millones.
Desde 1980, el gasto público en salud como porcentaje del PIB
pasó de 1,24% a 1,71% en 1994, con oscilaciones. El gasto
privado como participación del PIB disminuyó de 4,5% en 1970
a 2,7% en 1993.
Cooperación técnica y financiera externa
Según información del Ministerio de Salud y Acción Social,
entre los principales proyectos de cooperación financiera
externa figuran los siguientes:
El Programa Materno Infantil y Nutrición (PROMIN). Este
programa, centrado en la atención de las necesidades de los
pobres, otorga un papel estratégico al primer nivel de
atención, a los centros de desarrollo infantil como nivel de
referencia, a la complementación alimentaria y al
fortalecimiento institucional de los sectores responsables de
las actividades del proyecto. Su presupuesto global alcanza
los US$160 millones, de los cuales el Banco Interamericano de
Reconstrucción y Fomento (BIRF) aporta $100 millones, con
desembolsos previstos hasta 1999. El resto de los aportes los
realizan la Nación ($40 millones) y las provincias y
municipios ($20 millones).
El Proyecto de Reforma del Sector Salud (PRESAL). Este
proyecto contribuye a la reforma de los subsectores de obras
sociales, público y privado mediante la redefinición de los
mecanismos de ejecución e interrelación y la promoción de la
complementariedad y competencia entre ellos. El monto total
del proyecto, que cuenta con el apoyo financiero del BIRF, es
de US$ 144.650.000.
El Programa de Reconversión de las Obras Sociales. Para
financiar un plan de reconversión y fortalecimiento
institucional, se ha negociado un préstamo con el BIRF. El
proyecto tiene como componentes el saneamiento financiero de
las obras sociales y del PAMI y la reconversión de la planta
de personal a fin de definir los perfiles adecuados para el
cumplimiento de los objetivos, dentro de un proceso de
reorganización gradual. El monto total del proyecto es de US$
375 millones.
El Programa de Rehabilitación de la Infraestructura de la
Salud. Este proyecto, financiado por el Banco Interamericano
de Desarrollo (BID), tiene como principal objetivo la
construcción de cuatro hospitales provinciales de alta
complejidad. El monto total del proyecto es de US$
64.090.000.
Para ver el capítulo completo de Salud en las
Américas 1998 para este país en formato PDF,
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Para ver el Informe de País sobre la Línea Basal para
el Seguimiento Evaluación de las Reformas del Sector
Salud, oprima el ícono a la derecha