Perfil de Salud de País.
Resúmen del cápitulo de país de Salud en las Américas, 1998.
MÉXICO
SITUACIÓN GENERAL DE SALUD Y SUS
TENDENCIAS
Contexto socioeconómico, político y
demográfico
Los Estados Unidos Mexicanos tienen un territorio de
1.967.183 km2 y está integrado por 31 estados y un Distrito
Federal.
En diciembre de
1994 se desató la peor recesión económica en varias
décadas. La moneda nacional sufrió una fuerte devaluación y
la inflación aumentó de 7% a 52%. En 1995 el producto
interno bruto (PIB) fue de US$ 246.400 millones. En el
bienio 19951996 los salarios reales disminuyeron 22%,
se contrajo el empleo en el sector formal y las tasas de
interés a corto plazo se dispararon.
En 1996 las principales variables macroeconómicas arrojaron
saldos positivos y el PIB, estimulado por el auge de las
exportaciones, creció 5,1%; la inflación fue de 27,7%; las
tasas de interés a corto plazo descendieron; el empleo en
el sector formal creció 2,1% y la tasa de desempleo abierto
se redujo a 10,5% (en 1995 fue de 11,2%). En 1997 los
signos de recuperación económica se generalizaron y la
economía creció 7% en el primer semestre.
Se estimó para 1997
una población de 94,7 millones, 2,3 millones de nacimientos
y cerca de 425.000 defunciones, lo que unido al saldo
migratorio negativo de 300.000 personas arroja un
crecimiento neto de poco más de 1,5 millones de personas y
una tasa anual de crecimiento de 1,62%. El número de hijos
por mujer fue de 2,73 en 1996. La tasa bruta de natalidad
disminuyó de 26,8 por 1.000 habitantes en 1992 a 24,5 en
1996.
Entre 1990 y 1995 el porcentaje de población que vivía en
el medio rural disminuyó de 28,7% a 26,5%, mientras que el
que habitaba en localidades de más de 500.000 habitantes
aumentó de 22,0% a 25,0%.
Se estimó que en 1995 el porcentaje de personas que vivían
en situación de pobreza fue de 60,4%. Los estados que
presentaban la mayor proporción de pobres (entre 70% y 76%)
son los que tienen una elevada proporción de población
indígena. En 1995 el porcentaje de población alfabetizada
era de 89,3% (87,6% en 1990), 91,4% para los hombres y
87,2% para las mujeres.
La esperanza de vida al nacer registró pocos cambios entre
1992 y 1996, al pasar de 72,1 a 73,3 años (73,2 a 76,4 años
para las mujeres y 68,9 a 70,1 años para los hombres).
Mortalidad y morbilidad
La tasa registrada de mortalidad general viene descendiendo
y fue de 4,7 defunciones por 1.000 habitantes en 1995. El
número de defunciones en 1995 fue mayor en los hombres que
en las mujeres para todos los grupos de edad antes los 65
años, y menor a partir de esa edad. En 1995, el índice de
sobremortalidad masculina nacional fue de 129,2 y en todos
los estados este indicador superó los 100.
La tasa de mortalidad infantil registrada en 1995 fue de
17,5 por 1.000 nacidos vivos, siendo la de mortalidad
neonatal precoz (menos de 7 días) de 7,7 por 1.000 y la
tardía (7 a 28 días) de 2,3, mientras que la tasa de
mortalidad posneonatal fue de 7,5 y la de mortalidad
perinatal, de 14,5. Las autoridades de salud consideran más
confiable el uso la tasa de mortalidad infantil ajustada,
la cual refleja un descenso entre 1994 (26,5) y 1995
(25,9).
En 1995, la mortalidad materna registrada fue de 53 por
100.000 nacidos vivos, más alta que en 1994, cuando alcanzó
a 48, y en niveles cercanos a 1990 (54). El incremento de
la mortalidad materna en 1995 se atribuyó al mejor registro
de las muertes a partir del uso del nuevo certificado de
defunción. La tasa de mortalidad materna más elevada en
1995 fue la verificada en Puebla, con 112 por 100.000
nacidos vivos.
En general, las causas de muerte más frecuentes siguen
siendo las enfermedades del aparato circulatorio (69,4
muertes por 100.000 habitantes en 1995), seguidas por los
tumores malignos (52,6), los accidentes (38,8) y la
diabetes mellitus (36,4).
La enfermedad cerebrovascular que ocupaba el sexto puesto
en 1992 (tasa de 24,7) pasó al quinto desde 1993 (tasa de
25,5 por mil habitantes en 1995) y las afecciones
originadas en el período perinatal que en 1992 ocupaban el
quinto lugar pasaron al séptimo en 1995 (tasa de 22,4),
mientras que la cirrosis y otras enfermedades crónicas del
hígado se colocaron en sexto lugar en 1995 (tasa de 23,2).
Las defunciones por enfermedades del aparato circulatorio
son más frecuentes en los hombres que en las mujeres, pero
la diferencia entre los sexos se viene acortando. En cuanto
a los tumores malignos, predominan las defunciones en
mujeres, por el elevado número de muertes por tumor del
cuello del útero, pero la diferencia se está reduciendo. En
1995 la tasa de mortalidad por tumores en mujeres fue de
54,6 y en hombres de 50,6. La tasa de mortalidad por
accidentes es más elevada en los hombres que en las mujeres
(60,3 y 17,6 respectivamente en 1995) mientras que la de
mortalidad por diabetes mellitus es más alta en las mujeres
que en los hombres (40,4 y 32,3 respectivamente); lo mismo
ocurre con las enfermedades cerebrovasculares (27,1 y
23,9).
Las infecciones respiratorias ocuparon el primer lugar en
la demanda de consulta ambulatoria en 1996, con 22,5
millones de casos nuevos (tasa de 24 casos por cada 100
habitantes), seguidas por las infecciosas intestinales
diarreicas, con 4 casos por 100 habitantes y la amibiasis
intestinal, con 1.5 por 100. En 1995 se registraron
3.619.341 egresos de los hospitales públicos, de los cuales
65,6% eran afiliados a la seguridad social y 34,4 población
no asegurada atendida en unidades de la Secretaría de
Salud. El 56,6% de los egresos correspondió al grupo de 15
a 44 años, 13,8% al de 45 a 64 años, 11% a mayores de 65
años, 7,6% a menores de 1 año, 5,9% al grupo de 5 a 14 años
y 5,1% al de 1 a 4 años. La mayor cantidad de egresos
correspondió al sexo femenino (68,9% del total), y el
promedio general de estancia fue de 4,0 días por egreso en
1995. Las principales causas de egreso hospitalario en 1995
fueron las complicaciones obstétricas directas (17% del
total), el parto normal (14%), los traumatismos y
envenenamientos (7,3%), las enfermedades del aparato
urinario (4,7%), las enfermedades del aparato circulatorio
(4,6%), las fracturas (3,2%), los abortos (3,1%) y los
tumores malignos (2,7%). Los tumores más frecuentes fueron
del cuello del útero con 12,1% del total, la leucemia
(11,2%) y el cáncer de mama (9,4%).
PROBLEMAS ESPECÍFICOS DE SALUD
La salud del niño
La salud de los niños ha seguido mejorando, como lo pone de
manifiesto la erradicación de la poliomielitis desde 1991,
la reducción drástica del sarampión, tos ferina, difteria y
tétanos neonatal, el continuo descenso en la mortalidad
infantil y de los menores de 5 años, así como de las
muertes por enfermedades diarreicas y respiratorias. Estos
logros se atribuyen a la conjunción de factores
demográficos y socioeconómicos, a lo que se añaden las
intervenciones específicas del sector: altas coberturas con
esquema completo de vacunación, uso de sales de
rehidratación oral y entrega de un paquete básico de
servicios a la población sin acceso regular a los servicios
de atención médica. No obstante, la salud de los niños no
es homogénea en todo el país, con la zona central
presentando tasas de mortalidad infantil más elevadas que
las zonas norte y sur.
Las principales causas de muerte en los menores de 1 año en
1995 fueron las afecciones del período perinatal, con tasa
registrada de 7,5 muertes por 1.000 nacidos vivos en 1995,
anomalías congénitas (2,7 por 1.000), neumonía e influenza
(1,3), deficiencias de la nutrición (0,5) y accidentes
0,5).
En los hospitales públicos, en 1995 los motivos de egreso
más frecuentes en menores de 1 año fueron las afecciones
perinatales, con 157.454 casos y 57,3% del total de
egresos, las enfermedades del aparato respiratorio (10,6
% del total), las enfermedades infecciosas y parasitarias
(8,3%) y las anomalías congénitas (7,3%)
En los niños de 1 a 4 años de edad los accidentes siguen
siendo la primera causa de muerte, con tasas de 22,8 por
cada 100.000 niños de 1-4 en 1995, seguidos por la neumonía
e influenza (16,4 por 100.000), las enfermedades
infecciosas intestinales (15,4), las anomalías congénitas
(10,4) y las deficiencias de la nutrición (8,0).
En 1955, de los egresos hospitalarios de niños de 1-4 años,
32,8% del total corresponden a enfermedades respiratorias,
16,6% a enfermedades infecciosas y parasitarias y 10,7% a
traumatismos y envenenamientos.
La salud del escolar
Las principales causas de muerte en 1995 fueron los
accidentes, con una tasa de 11,8 por 100.000 habitantes
(16,2 en hombres y 7,3 en mujeres), entre los cuales los
más frecuentes fueron los de tráfico de vehículos de motor
(42% del total); el segundo lugar lo ocuparon los tumores
malignos, con 4,3 por 100.000, de los cuales el más
frecuente fue la leucemia. Le siguen las anomalías
congénitas para las mujeres (2,0) y los homicidios para los
hombres (2,5). El cuarto lugar lo ocuparon las neumonías e
influenza para las mujeres (1,7) y las anomalías congénitas
para los hombres (2,0). Comparando las principales causas
de muerte en 1995 y en 1992, lo más notable es la
disminución de las tasas de muertes por accidentes en 20
% (tasa de 14,8 en 1992).
En los niños de 5 a 14 años en 1995, los traumatismos y
envenenamientos constituyeron 20,5% de las
hospitalizaciones, seguidos por las enfermedades del
aparato respiratorio (17,1%), las enfermedades del aparato
digestivo (13,1%) y las enfermedades del aparato
genitourinario (7,4%).
En 1995 se contaron 14.324 menores viviendo en las calles
los cuales son atendidos por el Sistema Nacional para el
Desarrollo Integral de la Familia (DIF) mediante una
estrategia de corresponsabilidad de los niños, la familia y
la comunidad, que incluye un estímulo económico, la entrega
de una despensa básica y revisiones médicas preventivas, al
menos tres veces al año.
La salud del adolescente
La mayoría de las muertes en jóvenes entre los 15 y los 24
años de edad son por causas externas (61,6% en 1995), 32,1
% se debieron a enfermedades no transmisibles y 6,2% a
enfermedades transmisibles.
El análisis del comportamiento reproductivo en los jóvenes
muestra que la edad promedio de la primera unión
matrimonial (19 años) y la edad media de nacimiento del
primer hijo (21 años) no ha variado en los últimos cinco
años. El 16% de los nacimientos de 1996 correspondieron a
madres adolescentes. La prevalencia del uso de
anticonceptivos en adolescentes con vida sexual activa, que
experimentó un gran aumento entre 1986 y 1992, se mantuvo
desde entonces en alrededor de 36%, lejos del 60% trazado
como meta para el 2000.
Un problema de creciente importancia en este grupo es el
consumo de alcohol y drogas. Encuestas realizadas en el
Distrito Federal reflejan que ha crecido la cantidad de
jóvenes de 12 a 18 años que han consumido alcohol alguna
vez (55,8% en 1986, 65,5% en 1991 y 73,8% en 1994). El
perfil característico del consumidor de drogas es el de un
varón de 15 a 19 años de edad, soltero y con baja
escolaridad, que la marihuana y los inhalantes son las
drogas más recurrentes en adolescentes, y que su consumo
alcanzó a 4% en los últimos años.
La salud del adulto
En 1995 la tasa de mortalidad en personas de 15 a 64 años
de edad fue de 296,9 por 100.000. La principal causa de
muerte fueron los accidentes, cuya tasa fue de 42,7 por
100.000 en 1995 (los más frecuentes fueron los de vehículo
de motor, con 40% del total); les siguen los tumores
malignos, con 39,3 por 100.000; en tercer lugar se
encuentran las enfermedades del corazón (31,4); en cuarto
lugar la cirrosis y otras enfermedades del hígado (27,2).
Las muertes por homicidios pasaron del quinto lugar en 1991
(25,9) al sexto en 1995 (25,3) y las ocasionadas por el
sida, que en 1991 ocupaban el doceavo lugar, con una tasa
de 3,8 por 100.000, ascendieron al noveno lugar en 1995,
con 7,0 por 100.000.
En 1995 la causa más frecuente de egreso hospitalario en la
población de 15 a 44 años de edad fueron las complicaciones
del embarazo, el parto y el puerperio, que representaron
60% del total , seguidas por las enfermedades del aparato
digestivo (7,3%), las del aparato genitourinario (6,5%), y
los traumatismos y envenenamientos (6,2%). Para el grupo de
45 a 64 años las causas de egreso más frecuentes en 1995
fueron las enfermedades del aparato genitourinario (18,3%),
las del aparato digestivo (17,5%), las del aparato
circulatorio (11,7%) y los tumores (10,7%).
La mayor información sobre la salud de la mujer corresponde
al proceso reproductivo. En 1995 se produjeron 1.454
muertes maternas (1.477 en 1990), 87,1% se debieron a
causas obstétricas directas, las principales de las cuales
fueron toxemia del embarazo, hemorragias del embarazo y el
parto, y complicaciones del puerperio. La cobertura del
programa nacional de planificación familiar aumentó entre
1987 y 1996 de 52,7% a 66,5% de las mujeres en edad fértil,
y los mayores incrementos fueron en las mujeres sin
instrucción primaria completa, en las que la cobertura pasó
de 23,7 en 1987 a 48,4% en 1995. Los principales métodos
utilizados fueron oclusión tubárica bilateral (41,3%),
dispositivo intrauterino (21,9%), métodos tradicionales
(13,4%), anticonceptivos orales (12,7%) e inyecciones
(4,6%).
El cáncer del cuello del útero y el de la mama constituyen
importantes problemas de salud pública. La mortalidad por
cáncer cervicouterino fue de 9,5 por 100.000 en 1995 y del
mamario fue de 6,6.
La salud del adulto mayor
La proporción de personas mayores de 65 años entre las
hospitalizaciones aumentó en forma sostenida, pasando de
7,2% del total de egresos del sistema público en 1991 a
11,0% en 1995. Las causas de hospitalización más frecuentes
en 1995 eran las enfermedades del aparato circulatorio
(17,8% del total de egresos en esta edad), las del aparato
genitourinario (16,0%), las del aparato digestivo (13,8%) y
las del aparato respiratorio (9,5%).
En 1995, las principales causas de muerte en los mayores de
65 años fueron las enfermedades del corazón (tasa de 1.188
por 100.000 personas), los tumores malignos (655,3 por
100.000), de los que los más frecuentes fueron los de la
tráquea, bronquios y pulmón, el estómago y la próstata; les
siguen la diabetes mellitus (501,9), la enfermedad
cerebrovascular (449,4), la neumonía e influenza (224,6),
las deficiencias de la nutrición (163,9), y la bronquitis
crónica, asma y enfisema (163,8).
La salud de los indígenas
En 1995, la población indígena se calculó en 9,17 millones
de personas, con una tasa media de crecimiento de 1,23% con
respecto a 1990, casi la mitad del resto de la población
(2,13%). La esperanza de vida al nacer de los indígenas se
estimó para 1995 en 69,5 años (67,6 para los hombres y 71,5
para las mujeres), inferior en más de 3 años a la del resto
de la población. La tasa de mortalidad infantil era casi el
doble que en el resto de los habitantes (54 frente a 29
muertes por 1.000 nacidos vivos). El promedio de hijos en
las mujeres indígenas fue de 4,1, frente a 2,9 en las no
indígenas.
En 1995, los años potenciales de vida perdidos (APVP) per
cápita por los tres principales grupos de causas de muerte
mostró una mortalidad prematura de 19,0 años para los
hombres frente a 15,3 en los no indígenas y de 15,4 para
las mujeres frente a 11,2 en las no indígenas. Entre los
pueblos indígenas hay diferencias aún insuficientemente
explicadas; se encuentra un nivel más bajo de mortalidad
infantil en las mujeres hablantes de chontal (33 por 1.000
nacidos vivos), maya (36), chinanteco (40) y zapoteco (40),
en comparación con las que hablan chatino (77), popoluca
(79), tarahumara (79), tepehunán (80), tzotzil (81) y
tojolabal (87). También se observan diferencias en el
número de hijos, con extremos de 3,7 hijos en los chontales
y 4,5 hijos en los tojolabales.
Análisis por tipo de enfermedad o daño
Enfermedades transmisibles
La malaria sigue siendo endémica, aun disminuyendo más de
la mitad entre 1992 y 1996 (18,6 y 6,8 casos por 100.000
habitantes, respectivamente). El último brote epidémico fue
en 1985 cuando se registraron 134.000 casos. En 1996 se
notificaron 6.293 casos y los estados con mayor incidencia
fueron Sinaloa, con una tasa de 63,5 por 100.000 y Chiapas,
con 42,7. Los casos de infección por Plasmodium falciparum
fueron 69 en 1995 y 60 en 1996, todos en los
estados de Chiapas y Tabasco.
Hubo un pico epidémico de dengue en 1980, con cerca de
51.000 casos; en años posteriores el número de casos
disminuyó en forma irregular, ocurriendo 20.056 casos de
dengue clásico y 884 del tipo hemorrágico en 1996, año en
que más de 60% de los casos se presentaron en el grupo de
15 a 44 años y 50% de los afectados habitaban en dos
estados del país: Veracruz (26,6% de los casos) y
Tamaulipas (23,3%). En 1994 se aisló el serotipo 3 de
dengue y en 1996 circularon los cuatro serotipos. En 1994
se encontró Aedes albopictus en los estados
lindantes con Texas. La tasa de incidencia del dengue
hemorrágico aumentó de 0,03 por 100.000 habitantes en 1994
(30 casos) a 0,95 en 1996, cuando la mayor cantidad de
casos se notificaron en Veracruz (358) y Tamaulipas (198).
La incidencia de la oncocercosis es estacionaria en lo
últimos años, con alrededor de 25.500 casos, y las
autoridades de salud estiman que el uso de ivermectina
desde 1989 ha ayudado a contener la diseminación de la
enfermedad. La zona endémica abarca 16.900 km2 de los
estados de Oaxaca y Chiapas al sudeste del país, y la
población en riesgo se calcula en 280.000 personas
distribuidas en 947 localidades.
La tripanosomiasis está aumentando en frecuencia y
virulencia. El Instituto Nacional de Cardiología estima que
la cardiopatía chagásica aumentó, que 15 millones de
personas se encuentran en riesgo de infección, y calcula en
500 el número potencial anual de casos de cardiopatías. La
prevalencia serológica en bancos de sangre fue de 0,8% en
1995. El tamizaje rutinario de enfermedad de Chagas y de
oncocercosis en la sangre donada se realiza solo en los
sitios endémicos del país. El alacranismo (escorpionismo)
afecta a 16 estados y en 1996 se registraron 108.359 casos
de picadura. Se estima que mueren más de 300 personas
anualmente por esta causa.
La cobertura de vacunación con esquema completo pasó de
75,3% en 1993 a 88,2% en 1966 en los menores de 1 año y de
90,1% a 95,8% en los niños de 1 a 4 años. La poliomielitis
se erradicó desde 1991 y no hay indicios de que el
poliovirus silvestre circule en el país. Los casos de
sarampión se redujeron en forma significativa, al pasar de
27.790 en 1990 a 12 en 1995, y las defunciones por esta
causa pasaron de 5.899 en 1990 a 2 en 1995. El tétanos tuvo
un comportamiento descendente, con una incidencia de 0,23
casos por 100.000 habitantes en 1992 y 0,14 en 1995. El
tétanos neonatal mostró una tendencia descendente, con 67
casos en 1995. Se notificaron casos aislados de tos ferina,
con una tasa de 0,21 por 100.000 en 1996. En los últimos
años no se notificaron casos de difteria.
La tasa registrada de mortalidad por enfermedades
infecciosas intestinales disminuyó de 22,0 por 100.000
habitantes en 1991 a 10,5 por 100.000 en 1995, siendo 91,8
y 77,8 las tasas registradas en menores de cinco años en
los años mencionados. Los menores de 1 año fueron el grupo
más vulnerable, con 80,2% de las defunciones de los menores
de 5 años en 1995. La reducción de la mortalidad en los
menores de 5 años se atribuye al incremento de la terapia
de hidratación oral en el hogar, utilizada en más de 80% de
los casos en 1995. El cólera mantuvo una tendencia no
uniforme, con tasas de mortalidad por 100.000 habitantes de
6,2 en 1993, 4,3 en 1994, 17,9 en 1995 y 1,2 en 1996. La
letalidad pasó de 1,2% en 1992 a 0,5% en 1996. Solo cuatro
estados no comunicaron casos de cólera en 1996 (Baja
California y Baja California Sur, Zacatecas y Sinaloa) y
los más afectados fueron Yucatán , Veracruz , Campeche y
Tabasco.
La mortalidad por infecciones respiratorias, incluidas la
neumonía y la influenza, mostró una tendencia decreciente,
con una tasa registrada de 26,0 por 100.000 habitantes en
1991 y 23,7 en 1995, año en que el mayor porcentaje de
defunciones (42,%) correspondió a los mayores de 65 años y
a los menores de 5 años (39%). Entre 1990 y 1995 la
mortalidad por estas causas en los menores de 5 años
disminuyó 32,8% y los estados con mayor tasa registrada de
mortalidad fueron Tlaxcala (177,0), Puebla (164,3), México
(135,4) y Querétaro (113,0). Una alta proporción de las
muertes suceden en el hogar (30%), por lo que se ha
instrumentado una estrategia de capacitación a las madres
para identificar los signos de alarma y acudir a los
centros de salud.
La rabia tiene una tendencia decreciente, pasando de 35
defunciones en 1992 a 22 en 1996; se notificó también un
descenso en los casos de rabia canina, que pasaron de 2.106
en 1992 a 859 en 1996 (-59%). En ese período se vacunó a
más de 10 millones de perros por año y estos siguen siendo
la principal fuente de infección rábica para el hombre,
pero también es importante la transmisión por quirópteros y
otras especies silvestres.
Las estadísticas sobre las enfermedades de transmisión
sexual en México se registran en el primer nivel de
atención; se acepta que existe subregistro. La mayor
frecuencia de enfermedades de transmisión sexual en 1996
correspondió a la candidiasis urogenital y a la
tricomoniasis urogenital. La incidencia de sífilis se
redujo, al pasar su tasa de 2,20 en 1993 a 1,51 por 100.000
en 1996; igual tendencia mostró la infección gonocócica.
Hasta el 1 de enero de 1997, el sida había acumulado 29.962
casos, de los cuales 16.636 habían fallecido, 11.208
continuaban vivos y se desconocía la evolución de 2.118
enfermos. Un total de 25.771 casos correspondían a hombres
y 4.191 a mujeres. El 83,2% de los enfermos tenían de 20 a
49 años (30,0% de 20 a 29 años, 36,0% de 30 a 39 años y
17,2% de 40 a 49 años). Los menores de 14 años
representaban 2,7% del total. La vía de transmisión se
informó en 71,7% de los casos: 86,5% se infectaron por
transmisión sexual y 13,5% por transfusión sanguínea. El
55,3% de los casos informados (16.431) se concentraron en
los tres estados más poblados: el Distrito Federal, Estado
de México y Jalisco. La tasa general de incidencia de sida
osciló de 3,7 por 100.000 habitantes en 1991 (3.155 casos
nuevos) a 5,7 en 1993 (5.058 casos nuevos) y a 4,8 en 1995
(4.310 casos nuevos), y la razón de masculinidad esos años
fue de 5:1, 6:1 y 7:1, respectivamente. Al revisar los
casos acumulados hasta finales de 1991, 1995 y 1996, se
observa una tendencia al aumento de los casos adquiridos
por vía sexual, que representaron 87%, 94% y 95,7% del
total, respectivamente.
La tuberculosis ocupa el lugar 15 entre las causas
generales de muerte, y la tasa de mortalidad por esta causa
disminuyó de 7,6 a 5,1 por 100.000 habitantes entre 1990 y
1995. En 1995 produjo 4.648 muertes, de las cuales 87% fue
tuberculosis pulmonar, la meníngea de 4% y otras formas,
del restante 9%. La tasa de incidencia por tuberculosis
varió levemente de 17,3 por 100.000 habitantes en 1990 a
17,5 en 1996, con un promedio anual de unos 16.000 casos.
Predominó la forma pulmonar, con 87% de los casos, y las
formas meníngeas solo representaron 1% de los casos. En
1996, 85% de los casos nuevos ocurrieron en mayores de 15
años.
La lepra mostró una franca tendencia al descenso y la tasa
de prevalencia de 1990, 1992 y 1996 fue de 2,1, 2,0 y 0,4
casos por 10.000 habitantes, respectivamente.
Enfermedades no transmisibles y otros problemas
relacionados con la salud
La Encuesta Nacional de Nutrición (ENN) de 1988, última
disponible, señaló que 41,9% de los menores de 5 años
presentaban algún tipo de desnutrición para el indicador
peso para la edad y que, por los criterios de peso para la
talla y talla para la edad, 29,2% de los niños tenian algún
tipo de desnutrición. La ENEC 1993 informó que 21,5% de la
población entre 20 y 69 años de edad presentaba un índice
de masa corporal mayor que 30, y que la mayor prevalencia
de obesidad (más de 25% de su población) se registraba en
los estados del norte de México.
Las deficiencias de yodo se identifican por medio de
encuestas, siendo que la realizada en 1994, en varias zonas
del país, se identificó una prevalencia de bocio de 3%.
Actualmente, la sal de consumo humano que se expende en el
país está yodada y los exámenes de muestras en los mercados
durante 1996 dieron como resultados que 92% estaba
efectivamente yodada.
La Encuesta Nacional de Enfermedades Crónicas (ENEC) de
1993, última disponible, consigna en la población mayor de
20 años una prevalencia de hipertensión arterial de 23,6%,
de diabetes mellitus de 7,2% y de hipercolesterolemia de
8,9% (cuando los niveles eran iguales o mayores que 240
(g/dl). La prevalencia aumentaba con la edad para los tres
padecimientos y en el grupo de 65 a 69 años se concentraba
la mayor prevalencia entre el total de enfermos para la
hipertensión arterial y la diabetes mellitus. La
distribución por sexo era similar para la diabetes mellitus
y ligeramente mayor en los hombres para la hipertensión
La incidencia de hipertensión arterial diagnosticada en los
servicios públicos de salud está aumentando, siendo que en
1996 se notificaron 403.582 casos, con una tasa de 433,1
por 100.000 habitantes. Igual tendencia muestra la diabetes
mellitus
La mortalidad por enfermedades crónicas muestra una franca
tendencia al aumento. En 1995 la enfermedad cardiovascular
registró 63.609 defunciones (69,4 por 100.000). La diabetes
mellitus registró 33.316 defunciones en 1995 (36,4 por
100.000) y las muertes por cirrosis hepática 21.245 (23,2
por 100.000).
Los tumores malignos ocupan el segundo lugar en la
mortalidad general. La tasa de mortalidad por esta causa
aumentó 4% entre 1992 y 1995 (52,6 defunciones por 100.000
habitantes). En 1995 las localizaciones más frecuentes
fueron la tráquea, bronquios y pulmón, el estómago y el
cuello del útero. Al comparar con 1992, se advierte que la
tasa de mortalidad se incrementó en los preescolares y en
las edades productivas y se mantuvo prácticamente igual en
los menores de 1 año y en los escolares, disminuyendo en el
grupo de edad posproductiva.
Desde 1993 se estableció un Registro Histopatológico de
Neoplasias Malignas, que cubre esa función y cuyo
informante básico es el anatomopatólogo. En 1994 se
notificaron 62.725 casos nuevos de neoplasias malignas, de
los cuales 64,7% ocurrieron en mujeres y 18% en personas de
60 y más años. Las localizaciones con mayor prevalencia
fueron el cuello del útero (23,2%), la mama femenina
(10,2%) y la próstata (4,9%).
La tasa de mortalidad por accidentes y violencia pasó de
44,1 defunciones por 100.000 habitantes en 1992 a 38,8 por
100.000 en 1995. En los niños de 0 a 14 descendió 13,3% en
1995 respecto de 1990. En los menores de 1 año, en 1995 la
mortalidad por estas causas fue de 0,5 por 1.000 nacidos
vivos y ocupaban el sexto lugar como causa de muerte,
mientras que en el grupo de 1 a 14 años fue de 15,0 por
100.000 personas de esa edad, lo que representa una
reducción de 6,5% respecto de la tasa de 1990, y ocupaban
el primer lugar como causa de muerte.
Los accidentes más frecuentes en infantes, preescolares y
escolares fueron los de tráfico, seguidos por el
ahogamiento y sumersión, y por las caídas accidentales,
excepto en los menores de 1 año, para los que el segundo
lugar corresponde a los envenenamientos accidentales. En la
población de 65 y más años, la tasa de mortalidad por
lesiones y accidentes también descendió entre 1992 y 1995.
En 1995 se recibieron poco más de 15.000 denuncias de
maltrato infantil. La forma más frecuente es el maltrato
físico, seguido del maltrato emocional y, en tercer lugar,
el abuso sexual. Otro problema documentado en los últimos
años es la violencia contra las mujeres, que es objeto de
investigaciones y trabajos por parte de distintas
organizaciones, gubernamentales y no gubernamentales.
Diversos estudios en localidades específicas documentaron
importantes frecuencias de maltrato doméstico y violencia
familiar contra la mujer, así como violaciones y violencia
(verbal y física) a embarazadas por sus parejas.
La Encuesta Nacional de Adicciones de 1993 revela que 25,1
% de los encuestados de 12 a 65 años de edad se identificaron
como fumadores, 20,3% como ex fumadores y 54,6% como no
fumadores. La prevalencia por sexo fue de 38% en los
hombres y 14% en las mujeres. El grupo de edad con más
fumadores es el de 16 a 20 años (50%), y la mayor
prevalencia de consumo se observó en el área metropolitana
de la Ciudad de México, con 30%.
La ENEC encontró 66% de la población urbana entre 12 y 65
años consumía alcohol (77,2% de los hombres y 57,5% de las
mujeres), entre ellos, 41,6% lo hacían ocasionalmente pero
en cantidades altas (cinco o más copas por ocasión). La
población abstemia identificada fue de 25% de los
encuestados; 8% se consideraron ex bebedores y las regiones
con mayor frecuencia de consumo fueron la zona occidental
del país y el Distrito Federal.
En cuanto al consumo de drogas, 3,9% de la población de 12
a 65 años de edad declararon haber consumido drogas
ilegales alguna vez en su vida (ENA 1993). Entre las drogas
utilizadas con mayor frecuencia en los 30 días anteriores a
la encuesta están la marihuana y la cocaína. El 3,3% de los
entrevistados manifestó haber consumido marihuana alguna
vez en su vida, 0,5% cocaína y otro 0,5%, algún inhalable.
El 60% de los consumidores de 19 a 34 años, en su mayoría
hombres, informaron haber utilizado una droga ilegal alguna
vez en su vida. Resultados de estudios dados a conocer en
1997 por la Secretaría de Salud señalan que el consumo de
drogas está aumentando en el país y que el mayor
crecimiento se registra en la cocaína, aun cuando la
marihuana sigue siendo la más consumida. El consumo de
drogas ya no se asocia exclusivamente con los sectores de
ingresos altos.
Para 1995 se calculó que 96% de las personas en las
localidades urbanas tenían cobertura de agua potable
mientras que en las localidades rurales solo 52,5%. La
cobertura de alcantarillado en las zonas urbanas alcanzaba
85,5% y en las zonas rurales la cobertura promedio era de
20,9%. Se estima en 83.585 toneladas diarias la generación
de basura, con una recolección de 70%; solo 17% se dispone
en rellenos sanitarios. Resulta insuficiente el reciclaje
de la basura.
Otro problema de salud ambiental es la exposición de la
población del Distrito Federal a la contaminación por
plomo. La concentración de plomo en sangre disminuyó de 17
µg/dl en 1992 a 9 µg/dl en 1996, debido principalmente a la
introducción de la gasolina sin plomo y al control de su
contenido en las pinturas. En la ciudad de México, los
niveles de ozono y de partículas suspendidas son problemas
graves. En 1995, el nivel de ozono estuvo 324 días por
encima del límite de 100 IMECAS (escala desarrollada para
clasificar los niveles de contaminación del aire en el
valle de México), incluidos seis días en que rebasaron los
250 IMECAS. Las partículas suspendidas totales excedieron
la norma en 46,9% en 1992 y en 15,6% en 1995; para las
partículas de fracción respirable la proporción de excesos
a la norma fue de 8,3% en 1992 y de 12,6% en 1995.
LA RESPUESTA DEL SISTEMA DE SALUD
Políticas y planes nacionales de salud
Las principales políticas de salud se vinculan con la
reorganización del sistema para ampliar la cobertura y
prestar servicios eficientes y de calidad a la población, y
con la atención a los trastornos derivados de los problemas
epidemiológicos y demográficos actuales. Para atender al
primero de estos objetivos, en 1995 se puso en marcha el
Programa de Reforma del Sector Salud y para el segundo, la
Secretaría de Salud definió en 1997 las funciones
prioritarias en relación con la prevención y control de
enfermedades.
La reforma del sector salud
El Programa de Reforma del Sector Salud 19952000
establece la libre elección por los derechohabientes de la
seguridad social y del médico que los atenderá; la creación
de un seguro familiar en el Instituto Mexicano del Seguro
Social (IMSS) para la afiliación voluntaria de personas con
capacidad de pago; la transferencia a los estados de los
servicios de salud para la atención de la población
abierta; el incremento de la participación municipal en
salud; la ampliación de la cobertura; la reorganización del
sistema, de modo que la Secretaría de Salud ejerza el papel
rector y normativo y el IMSS separe las funciones de
financiamiento y de provisión de servicios para introducir
la competencia entre prestadores de servicios.
En agosto de 1996 se firmó el acuerdo nacional que
transfiere del nivel central a los estados 121.000 plazas,
7.370 bienes inmuebles y US$ 1.100 millones. La federación
mantiene las facultades de establecer las normas de
salubridad y regular los servicios, el control sanitario de
productos y establecimientos, la certificación de
profesionales y la acreditación de unidades de salud, la
generación de estadísticas nacionales y la representación
internacional del sector. Las direcciones estatales y
municipios comparten la organización, operación y
vigilancia de los servicios de salud públicos y privados,
el control sanitario de los servicios a la población y el
desarrollo de las tareas de promoción y orientación para la
salud.
En 1996, la Secretaría de Salud puso en marcha el programa
de ampliación de cobertura, basado en la prestación de un
paquete básico de servicios de salud para la población con
acceso nulo o limitado a los servicios médicos en la zona
rural, que en 1997 llegó a cubrir a 6 millones de personas
en 18 estados. En 1997 el IMSS introdujo el seguro familiar
de salud para los que se afilien voluntariamente mediante
el pago de una cuota complementada con un aporte del
Gobierno.
Organización del sector salud
La organización del sistema de salud aún está estrechamente
vinculada con las formas de producción, de modo tal que los
empleados del sector privado y los trabajadores por cuenta
propia están cubiertos por el IMSS, que se financia con las
contribuciones de empleados, patrones y el gobierno; los
trabajadores del sector público están cubiertos por el
Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los
Trabajadores del Estado y otros institutos como el de las
fuerzas armadas, del petróleo y de la universidad nacional;
un segmento de población no bien cuantificado se atiende en
forma privada, y el resto (más de 40 millones de personas)
en los establecimientos de la Secretaría de Salud y en el
IMSS-Solidaridad. El 51% de la población tenía seguro
médico (la seguridad social en la mayoría) en 1995. Unos 10
millones de habitantes no tenían acceso regular a los
servicios de salud en 1995.
Legislación sanitaria
El ordenamiento jurídico del sector se basa principalmente
en dos leyes generales, actualizadas periódicamente: la Ley
General de Salud y la Ley del Seguro Social. En 1997
entraron en vigor un conjunto de modificaciones a la Ley
del Seguro Social que renovaron esquemas y prácticas de los
regímenes de pensiones y de salud, entre ellas la reducción
del aporte patronal y el aumento del gubernamental, el
desarrollo del seguro de salud familiar para los que deseen
afiliarse voluntariamente, y la opción de reversión de
cuotas para los empleados de un mismo centro de trabajo que
prefieran ser atendidos por otros prestadores, en la que el
IMSS conserva la función recaudadora. Ese año se
introdujeron 52 reformas a la Ley General de Salud para
hacer más efectiva la desregulación sanitaria, introducir
una nueva clasificación de los medicamentos y desarrollar
el uso de genéricos en el mercado privado, precisar la
competencia de la Secretaría de Salud en el control de
células humanas, mejorar la vigilancia de productos
biotecnológicos y otorgar facultades a la Secretaría para
determinar las leyendas de los envases de productos
alcohólicos y de cigarrillos.
Las acciones de regulación sanitaria en los últimos cuatro
años se orientaron hacia la prevención y control de
enfermedades, especialmente en el primer nivel de atención
(diabetes mellitus, cáncer del útero y de la mama,
tuberculosis, VIH/sida, rabia); la normalización de los
servicios a grupos especiales de población (la mujer en el
embarazo, el parto y el puerperio, crecimiento y desarrollo
de niños y adolescentes, servicios de planificación
familiar y atención psiquiátrica); la descentralización
(delegación de facultades a los estados en materia de salud
pública, disposición de sangre y emisión de autorizaciones
y licencias sanitarias), y las nuevas estructuras y órganos
de la Secretaría de Salud (integración de patronatos en
hospitales, institutos y jurisdicciones sanitarias,
integración del Consejo Nacional de Salud y la Comisión
Nacional de Arbitraje Médico).
Servicios
de salud y recursos
Las unidades de consulta externa para la población abierta
aumentaron de 10.443 en 1993 a 14.978 en 1997, y la red de
hospitales creció de 329 a 372 en el mismo período. La
Secretaría de Salud cuenta con 11 institutos nacionales de
salud en la capital que funcionan en forma descentralizada
y brindan atención de tercer nivel a pacientes referidos de
todo el país. Los institutos de la seguridad social
atienden a sus afiliados por medio de sus propias redes de
servicio; las unidades de consulta externa crecieron de
3.029 en 1993 a 3.208 en 1997 y los hospitales pasaron de
422 a 438. La práctica de la medicina tradicional, aún no
debidamente cuantificada, está muy extendida,
particularmente en las zonas con alta concentración de
pueblos indígenas y de medicina homeopática.
El volumen de prestaciones públicas mantiene una tendencia
creciente. Las consultas médicas totales pasaron de 160 a
190 millones entre 1993 y 1996, las hospitalizaciones de
3,6 a 3,8 millones y los servicios auxiliares de
diagnóstico de 123 a 137 millones. Se registran aumentos
tanto en la atención a la población abierta como en la de
los afiliados a la seguridad social.
Debido a que la seguridad social y la Secretaría de Salud
prestan los servicios según sus propios modelos y esquemas
de atención, en la práctica se produce la superposición de
coberturas en determinadas regiones y no hay criterios
compartidos en los procedimientos técnicos y
administrativos. La situación es diferente en el campo de
la información, en el que se observa la aplicación de
criterios comunes y la consolidación de los datos de las
distintas instituciones en estadísticas nacionales de
salud. En 1995 se integró el Comité Nacional para la
Vigilancia Epidemiológica, que opera un sistema único de
información en la materia.
La medicina privada creció en los últimos años. Para 1995
se calculó que la oferta privada de bienes y servicios era
responsable de la mitad del gasto total en salud, 30% de
las camas censables, 34% de los médicos ocupados y 32% de
las consultas médicas realizadas. La cobertura de los
seguros médicos privados es limitada y persiste un modelo
tradicional de cobro directo por servicios prestados según
una tasa de mercado. Organización de los servicios de
atención a la población
La promoción de la salud constituye una línea estratégica
dentro de las funciones prioritarias para la prevención y
control de enfermedades definidas por la Secretaría de
Salud. Las estrategias de trabajo son la educación para la
salud y la participación social. Se aplican en seis
componentes: salud familiar, salud integral del escolar,
salud integral de los adolescentes, municipios saludables,
ejercicios para el cuidado de la salud y desarrollo de
contenidos educativos. Un componente clave es la estrategia
de los municipios saludables, que ha propiciado el
liderazgo político local de los presidentes municipales y
la participación organizada de la sociedad en la definición
de prioridades, y la ejecución de programas locales que
generalmente tienen un enfoque de promoción de la salud.
Otro proyecto en marcha desde 1996 es el llamado "de
corazón a corazón", que integra iniciativas del sector
empresarial privado, la Organización Panamericana de la
Salud y la Secretaría de Salud, bajo la conducción de la
autoridad nacional de salud, y que está realizando una
importante campaña de comunicación social para la reducción
del tabaquismo y del sedentarismo y la promoción de hábitos
nutricionales saludables.
En 1997 la Secretaría de Salud estableció un nuevo modelo
de prioridades en prevención y control de enfermedades,
definiendo 10 programas de impacto directo en el estado de
salud de grupos específicos de población: salud
reproductiva; atención a la salud del niño; atención a la
salud del adulto y del anciano; enfermedades transmitidas
por vectores; zoonosis; mico-bacteriosis; cólera; urgencias
epidemiológicas y desastres; VIH/sida y otras enfermedades
de transmisión sexual, y adicciones.
En 1996. Se puso en funcionamiento el sistema único de
información para la vigilancia epidemiológica, que genera
información de los servicios de salud en sus diferentes
niveles técnico-administrativos, respaldada por un paquete
automatizado para la captura, concentración y análisis de
la información obtenida, por medio del cual se notifican
los casos nuevos de enfermedades, los informes de control
de unidades, el control de notificación semanal, catálogos,
gráficos y mapas, todos por grupos de edad e institución.
Existe un registro de la morbilidad cuya información
procede del Sistema Único de Vigilancia Epidemiológica y de
los informes de egresos hospitalarios de las instituciones
de salud. La información sobre la mortalidad se construye
sobre la base del certificado de defunción, que es el
instrumento legal obligatorio para la certificación de las
muertes. Desde comienzos de 1998 todas las instituciones de
salud del país comenzaron a aplicar la CIE-10 en sus
registros estadísticos.
La Comisión Nacional del Agua, en estrecha colaboración con
la Secretaría de Salud, ejecuta un programa nacional de
agua limpia para conocer la calidad del agua de consumo
humano mediante la vigilancia de contaminantes y de los
niveles de cloro residual, y busca soluciones a la
contaminación. En el área metropolitana de la ciudad de
México se está ejecutando un programa de mejoramiento del
servicio de alcantarillado y de plantas de tratamiento de
aguas residuales. En 1997 se concluyó el análisis sectorial
de residuos sólidos en el área metropolitana del valle de
México, que brindó una amplia información sobre las
necesidades en materia de proyectos y de inversiones.
Se ejecuta un programa multisectorial de mejoramiento de la
calidad del aire en el área metropolitana del valle de
México, cuyo propósito general es el abatimiento gradual y
permanente de los niveles de contaminación atmosférica. El
programa comprende la vigilancia permanente de los agentes
contaminantes, el control semestral obligatorio de las
emisiones de los vehículos automotores, el control de las
emisiones de industrias, gasolineras y otros
establecimientos, el cierre de fábricas, y la restricción
de la circulación de automóviles en caso de contingencias
ambientales. Se estudió la situación ambiental en otras
grandes urbes como Guadalajara y Monterrey y se preparan
programas similares de mejoramiento de la calidad del aire.
Todos los trámites para las autorizaciones de uso de
sustancias químicas se realizan en la Dirección General de
Salud Ambiental de la Secretaría de Salud y existe una
Comisión Intersecretarial para el Control del Proceso y Uso
de Plaguicidas, Fertilizantes y Sustancias Tóxicas que
coordina las actividades de regulación y control.
La Secretaría de Salud inició en 1996 la modernización del
fomento sanitario y control de alimentos, buscando mayor
eficiencia en la garantía integral de los alimentos en la
cadena de producción, distribución y consumo.
En 1996, 92% de muestras de sal fueron correctamente
yodadas. La fluoruración de la sal de consumo doméstico
data de 1994, y su distribución está limitada a las
regiones en las que el agua no posee flúor. Se suministran
dosis semestrales de vitamina A a los niños de 6 meses a 4
años en 1.318 municipios de alto riesgo.
Hay programas de ayuda alimentaria a familias pobres, entre
los cuales se destaca, por su extensión, el PROGRESA, que
en 1997 se ejecutó en 524 municipios de 22 estados con una
cobertura de 400.000 familias. El programa proveyó
suplemento nutricional a embarazadas y mujeres lactantes,
apoyo monetario a las madres para el mejoramiento de la
alimentación y el bienestar del hogar, capacitación para la
higiene y el cuidado de la salud familiar, y un paquete
básico de servicios de salud. El Instituto Nacional
Indigenista desarrolla programas con acciones de salud,
alimentación, educación y saneamiento básico para la
atención de 59 grupos étnicos ubicados en 1.000 municipios
y 9.500 localidades.
Insumos para la salud
La Secretaría de Salud es responsable de supervisar la
calidad, seguridad y eficacia de los medicamentos que se
producen y venden en el país y de reglamentar su
comercialización. Ejerce el control y vigilancia sanitaria
fundamentalmente por medio de la expedición de licencias y
registros sanitarios y la verificación, control analítico y
evaluación de los medicamentos. La industria farmacéutica
nacional está integrada por más de 140 empresas, incluida
la cámara nacional que provee más de 95% de los
medicamentos requeridos en el país, además de exportar.
Las modificaciones de 1996 a la regulación simplificaron
los trámites de registro y se estableció un acuerdo de
cooperación técnica entre la Organización Panamericana de
la Salud y la Secretaría de Salud para la certificación del
registro de medicamentos; además, se incorporó a la Ley
General de Salud la obligación de identificar a los
medicamentos con su nombre genérico. Se estableció un
cuadro básico esencial para el primer nivel de atención de
50 medicamentos genéricos, que debe estar disponible en
todas las unidades médicas, junto con ocho vacunas y otros
dos insumos. Otras iniciativas son la definición del cuadro
único de medicamentos alopáticos, herbolarios y
homeopáticos y la elaboración de un catálogo con los
fármacos recomendados para el segundo y tercer nivel de
atención. En 1994 se publicaron la sexta edición de la
Farmacopea de los Estados Unidos Mexicanos (la anterior era
de 1988) y los suplementos de 1995 y de 1997, que
actualizan las especificaciones para la manufactura de los
medicamentos que se comercializan en el país.
Recursos humanos
Los trabajadores públicos del sector salud eran 421.581 en
1993 y 463.611 en 1997, el aumento fue de 14,5% en la
atención a la población abierta y de 7,4% en las
instituciones de seguridad social. Las proporciones de
aumento fueron muy similares para el personal médico, de
enfermería y paramédico. En 1996 la Secretaría de Salud
informó que trabajaban en la medicina privada 110.804
personas, de las cuales 51,4% eran profesionales y 24
% personal de enfermería, y que de los 178.520 médicos del
sector 2,8% eran médicos generales, 47,9% especialistas, 5
% odontólogos, y el resto eran residentes, pasantes y otros.
En 1996, 7.556 egresados (11% más que el año anterior) de
las 57 escuelas de medicina realizaron el servicio social
en el Sistema Nacional de Salud. Se exceptúan los graduados
de la Escuela Médico Militar, la Escuela Naval y el Colegio
del Aire, que realizan su servicio social en la propia
institución. Existen 70 especialidades médicas aprobadas,
con una matrícula de 4.400 estudiantes en el ciclo
19961997. La programación estimada para
19971998 es de 5.345 estudiantes de posgrado en el
sistema de salud.
Gasto y financiamiento sectorial
Los datos del sistema de cuentas nacionales para el gasto
total en salud muestran que este se elevó hasta 1994,
último año del que se dispone de cifras, y que las
estimaciones para 1995 y 1996 hechas con base en el
presupuesto total asignado a salud mantuvieron esta
tendencia. Para 1994, el gasto total del Sistema Nacional
de Salud se estimó entre US$ 19,7 y 27,3 millones de
dólares y el gasto en salud como porcentaje del PIB para
1992, 1993 y 1994 alcanzó valores de 5,1%, 5,6% y 6,1%,
respectivamente. El análisis del gasto según la fuente
muestra que los hogares son los que más aportan, con 49
% del total del gasto en el período 19921996, en
contraste con los empleadores, que contribuyen con 29% y,
finalmente, el Gobierno federal, que aporta 22% del total
del gasto.
El 68% del presupuesto total asignado a la salud se destinó
a la atención curativa (incluye la hospitalización), 15% a
la administración, la política y la planeación, 7% a la
atención preventiva, 6% a infraestructura y 4% a otros
rubros. Entre 1992 y 1994 la remuneración de personal captó
casi la mitad del presupuesto de las instituciones de mayor
volumen de prestaciones: el IMSS con 48% y la Secretaría de
Salud con 50%; sin embargo, en el ISSSTE este concepto
alcanzó solo 21%, mientras que los gastos de operación
fueron lo más relevante (51% del gasto total). En el IMSS,
los gastos de operación representaron 35% del total, el
segundo en orden de magnitud, mientras que en la Secretaría
de Salud este concepto representó 3% del total del gasto
para el mismo período.
En cuanto al gasto privado, predomina el destinado a la
atención curativa y su distribución muestra que los
honorarios consumen 35% del total, la compra de
medicamentos 27% y las hospitalizaciones 20%. El llamado
gasto privado de bolsillo tuvo un comportamiento regresivo
en todos los conceptos, ya que cada año pasó a representar
una proporción mayor respecto del ingreso. El gasto en
salud per cápita para 1995, estimado sobre la base del
presupuesto ejercido por las instituciones públicas y la
población total, fue de 499 pesos. Los valores absolutos
del gasto privado difieren, en promedio, 10 veces entre los
hogares urbanos de menores y mayores ingresos (US$ 75 y
$750 por trimestre); en las zonas rurales esta diferencia
llega a ser de 20 veces ($65 y $1.294).
El análisis de los recursos empleados de 1992 a 1994 por el
sistema de cuentas nacionales mediante los llamados fondos
concentrados y fondos utilizados por las distintas
instituciones muestra que los montos utilizados por las
instituciones de la seguridad social, los de las empresas
privadas y los de los establecimientos que atienden a la
población abierta se incrementaron. La seguridad social
manejó la mayor proporción de recursos (43%), seguida de
las empresas privadas (42%). Las instituciones que atienden
a la población abierta (de fuente gubernamental
mayoritariamente) utilizaron 13% del total de recursos.
El presupuesto en salud mantuvo un ritmo de crecimiento; el
de la Secretaría de Salud hubo un incremento de 58%. Es de
destacar también el crecimiento del presupuesto estatal
destinado a la seguridad social a partir de la reforma del
sector y de la modificación de la Ley General de Seguridad
Social de 1997, que incrementó los aportes estatales en más
de 8 veces entre 1996 y 1997, y elevó el aporte del Estado
en los ingresos totales de la institución de 4,5% a 28,5%.
En el campo de la enfermedad y maternidad, la transferencia
estatal pasó de 5% a 37%, en sustitución de las cuotas
obrero-patronales.
Cooperación técnica y financiera externa
La Secretaría de Salud trabaja en la diversificación de la
cooperación internacional en salud. Así, en 1996 se
firmaron convenios de cooperación con los gobiernos de Cuba
y Guatemala y se iniciaron negociaciones con Alemania,
Bélgica, Japón, Países Bajos y países de la cuenca del
Pacífico. Con América Central la cooperación incluye el
envío de expertos mexicanos, becas en instituciones del
país y programas sanitarios en la frontera.
El volumen de ayuda financiera externa recibida para salud
descendió notablemente en 1995 (US$ 4 millones) con
respecto a 1990 ($493 millones) y 1991 ($190 millones)
debido a la ausencia de grandes proyectos con bancos de
crédito internacionales. En 1996 se contó con un crédito
del Banco Mundial de $310 millones para cinco años, de los
cuales ese año se ejecutaron 60 millones.
Las aportaciones financieras de México a organismos
internacionales y a programas bilaterales de salud, en
conjunto, pasaron de US$ 25 millones en 1992 a $8 millones
cada año entre 1992 y 1995 y a 6,5 millones en 1996. Estos
descensos se produjeron especialmente en los programas
bilaterales de cooperación que pasaron de US$ 17 millones
en 1992 a menos de $1 millón en 1996.
Para ver el capítulo completo de Salud en las
Américas 1998 para este país en formato PDF oprima aquí
Para ver el Informe de país sobre la Línea Basal
para el Seguimiento Evaluación de las Reformas del Sector
Salud
oprima aquí