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Concluyeron que planificar las ciudades es esencial para reducir la contaminación, la violencia urbana, la proliferación de asentamientos precarios y la saturación habitacional, sanitaria y de infraestructura. 

Buenos Aires, 9 de abril de 2010 (OPS/OMS).- “La urbanización se ha impuesto y es irreversible”, señaló Luis Roberto Escoto, consultor en Salud Familiar y Comunitaria de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) en Argentina durante la apertura del Foro Urbanismo y Salud, realizado el 7 de abril en la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires.

Durante la actividad, organizada por la OPS/OMS conjuntamente con el Ministerio de Salud de la Nación y la Academia Nacional de Medicina, para conmemorar la creación de la OMS en 1948, el académico Abraam Sonis sentenció que en el contexto actual donde más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, “los programas de prevención y promoción de la salud adquieren una relevancia especial”.

Según datos de la OMS, más de 3000 millones de personas viven en ciudades, en 2030 serán seis de cada diez, y en 2050, siete de cada diez. Escoto manifestó que el Día Mundial de la Salud 2010 pretende crear conciencia sobre los problemáticas sanitarias vinculadas a la urbanización. “La urbanización está vinculada a muchos problemas de salud relacionados con el agua, el medio ambiente, la violencia y las lesiones, las enfermedades no transmisibles, los regímenes alimentarios no saludables, la inactividad física y el uso nocivo del alcohol, así como los riesgos asociados a los brotes epidémicos”, enumeró Escoto.

Por su parte, Ernesto de Tito, de la Dirección Nacional de Determinantes de la Salud, señaló durante su exposición que “la forma de vida de la población tiene impactos en su salud” y que factores externos como el cambio climático “generan problemas en las ciudades como las dificultades de evacuación de aguas ante grandes tormentas”. También auguró desplazamientos de población de las zonas costeras, quienes deberán reacomodar sus prácticas ante fenómenos globales como la crecida de los mares.

El ministro de Desarrollo Urbano del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Daniel Chaín, sostuvo que en Argentina la población que vive en urbes ya abarca al 70 por ciento. El arquitecto observó que para 2030 serán 5 mil millones de personas en el mundo quienes vivirán en zonas urbanas, y subrayó que los países en desarrollo albergarán al 80 por ciento de la población mundial. “Si seguimos la tendencia actual ya no serán 900 millones de pobres sino 2000 millones”, vaticinó. Además, indicó que estas ciudades son responsables de la utilización del 75 por ciento de la energía, y producen más del 80 por ciento de las emisiones de efecto invernadero”.

Chaín manifestó que según Naciones Unidas “si los países no planifican su futuro el resultado será nefasto y los fantasmas de la contaminación, la violencia urbana, la proliferación de asentamientos precarios y la saturación habitacional, sanitaria y de infraestructura formarán parte de la vida cotidiana de sus urbes”.

Recordó que desde la era industrial ningún país logró crecimiento económico en ausencia de urbanización. “Es verdad que concentran pobreza pero representan la mejor esperanza de escapar de ella”, señaló.

“Hay que buscar el desarrollo con inclusión sostenible. Hay que trabajar el desarrollo social y humano que será el que sostenga el desarrollo económico en el largo plazo”, sostuvo y agregó: “La sustentabilidad no es sólo económica. Se basa en 4 pilares: competitividad, medio ambiente, calidad de vida y buen gobierno. Se impone un urbanismo que se acomode a una ciudad más sostenible”.

Según Chaín, las áreas metropolitanas se enfrentan a una serie de problemas ambientales: de la contaminación del aire a la gestión de aguas residuales y la degradación de espacios verdes. Por lo que consideró que el desarrollo urbano sostenible debe promover energías alternativas, reducción de la congestión del transporte y las emisiones de carbono, reciclaje de aguas y residuos, y la utilización de la vegetación para filtrar la contaminación y la captura de dióxido de carbono.

A su turno, el arquitecto y ex decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA, Jaime Sorín, recordó que en Argentina los primeros problemas de salud en la ciudad comenzaron con la inmigración a principios del siglo XX. “En 1902 se sancionó una ordenanza municipal que obligaba a los dueños de hotel, adonde habitaba el 25 por ciento de la población, a actuar sobre la profilaxis de la tuberculosis. Ahora podríamos pensar de igual manera cuando en el Gran Buenos Aires y en villas de la Ciudad tenemos brotes importantes de la enfermedad”, sostuvo.

Sorín planteo que “las patologías de la vida urbana requiere soluciones propias para cada ciudad” y ejemplificó: “No es lo mismo una plaza en una ciudad europea con sus tradiciones que en una ciudad pampeana”. En ese sentido sugirió “avanzar sobre la salud urbana a partir de las políticas locales”.
 
“Es necesario cambiar los conceptos actuales de la planificación urbana y asignarle una nueva función. En países en desarrollo persisten viejas formas de planificación. Y no hemos podido incorporar los modos de vida de la mayoría de los habitantes de las ciudades más pobres, por lo que el planeamiento ha contribuido a la marginación social y espacial”.

Para el especialista, “el planeamiento urbano debe ser central a favor del interés público y no de la especulación privada” y afirmó: “Se requiere una acción estatal para construir ciudadanía, contribuir a la cohesión social y a la integración de los sectores excluidos”.

El académico planteo la necesidad de generar “ciudades sin barrios marginales, donde ‘sin’ no significa su desaparición sino su integración, respeto a su cultura, creación de las mismas condiciones urbanas que el resto: abastecimiento de agua, luz, saneamiento, gestión de desechos, acceso a la salud, la educación y el trabajo”. Y concluyó: “Debemos romper las barreras territoriales a través del transporte público para unir las áreas olvidadas”.

Por otro lado, el secretario general de la Municipalidad de Rosario, Jorge Elder, contó la experiencia de esa ciudad santafesina en urbanismo y derecho a la salud. Y consideró que “la urbanización no es buena ni mala por si misma. El desafío es cómo los gobiernos locales nos hacemos cargo desde nuestro lugar y enfrentamos un proceso inevitable como es la urbanización”.

Elder detalló que en Rosario hay un millón de habitantes. Pero si se suma la zoma metropolitana suman 1,5 millones, cifra que equivale al 53 por ciento de la población provincial.

Según el secretario general de esa comuna, en Rosario el 83 por ciento de la población cuenta con electricidad, el 75 por ciento con red cloacal, el 14 por ciento de los hogares están bajo la línea de la pobreza y el 45 por ciento de los habitantes no tiene cobertura de social.

Asimismo, existen 91 asentamientos irregulares donde habitan 115 mil habitantes, el 13 por ciento del total rosarino. “La salud se adaptó a la urbanización de la ciudad y las políticas de estado hicieron el anclaje al modelo sanitario”, manifestó el funcionario. El 29 por ciento del presupuesto municipal se destina a la salud pública y, sumando promoción social y cultura, llega al 50 por ciento.

Por otro lado, Elder destacó varios puntos en la planificación estratégica de la ciudad: su Plan Estratégico Rosario (1998-2008); el Plan Estratégico Rosario Metropolitana (2008-2018), la descentralización del Estado municipal, y el presupuesto participativo, entre otras cosas.
 

Última actualización el Miércoles 14 de Abril de 2010 12:02

 
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