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“Es necesario abordar las enfermedades desatendidas desde los determinantes sociales”
Miércoles 09 de Febrero de 2011 11:25

La directora de la OPS/OMS, Mirta Roses, consideró que para prevenir y erradicar las enfermedades desatendidas en América latina y el Caribe es necesario abordar los problemas de salud desde los determinantes sociales y ambientales. Reducir la pobreza es clave para enfrentar estas patologías, afirmó durante las jornadas de lanzamiento del Instituto Nacional de Medicina Tropical de Argentina.  

Buenos Aires, 9 de febrero de 2011 (OPS/OMS).- “Los retos y desafíos de nuestros países se basan en aplicar el enfoque de los determinantes sociales en el abordaje de los problemas de salud”, afirmó la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), Mirta Roses, durante las jornadas organizadas por el Ministerio de Salud de la Nación con motivo del anuncio de la creación del Instituto Nacional de Enfermedades Tropicales (INMeT) de Argentina.

“No podemos analizar las enfermedades desatendidas desligadas de las condiciones de vida de la población”, subrayó la directora de la oficina regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la sala de la biblioteca de la Academia Nacional de Medicina.

Roses manifestó que si bien se han alcanzado logros importantes en salud pública en los últimos años, “continuamos enfrentando problemas de salud más relegados para algunos grupos sociales, principalmente en aquellos que tienen una carga profunda de desigualdades sanitarias, derivadas de una distribución desigual del poder, los ingresos, los bienes y servicios”.

Según la médica infectóloga argentina, los números confirman esa tendencia: 12 millones de niños mueren anualmente antes de cumplir los 5 años y el 98 por ciento de esas muertes ocurren en países de renta media y baja. “La reducción de la pobreza es clave para hacer frente a la mayoría de las enfermedades desatendidas”, confió.

Para la especialista, los gobiernos de la región deben considerar “la conveniencia de fomentar nuevos modelos de desarrollo productivo local, donde se articulen las capacidades productivas familiares y comunitarias, sin deterioro del ambiente; se asegure el agua de calidad para el consumo humano, con viviendas dignas y saludables, y con la participación de todas las organizaciones sociales”.

Roses felicitó al gobierno argentino y a la cartera sanitaria nacional por la creación del INMeT, y destacó la importancia de que instituciones como esta, que abordan problemas relacionados con enfermedades tropicales y desatendidas, infecciosas y de otra índole, “tengan en cuenta los determinantes sociales, económicas, ambientales  y culturales que inciden en la salud de las personas”.

“El instituto que hoy se lanza debe reflejar el nuevo marco conceptual de la salud pública en el siglo XXI e integrar los enfoques biomédicos, genéticos, ecológicos y de los determinantes de la salud y enfermedad”, opinó.

Según Roses, el Instituto, que estará ubicado en Misiones, será una oportunidad también para hacer frente a situaciones que contribuyen a la inseguridad sanitaria internacional, derivada entre otras cosas de la intromisión del hombre en bosques naturales, la concentración urbana en condiciones precarias, el intenso intercambio fronterizo, el incremento del tránsito internacional por tierra, agua y aire; además de los procesos migratorios. Y recordó la existencia desde 2005 del Reglamento Sanitario Internacional.

“También será muy importante para la eliminación de las enfermedades desatendidas en América latina y el Caribe, el abordaje intersectorial e interprogramático”, señaló y destacó la necesidad de planes de acción integrados con otros socios y aliados, más allá del sector salud, tanto a nivel internacional como nacional y local.

Durante su presentación, la directora de la OPS/OMS rindió tributo a eminentes profesionales que hicieron grandes aportes a la salud pública de las Américas, entre ellos, Carlos Finlay, Robert Koch, Carlos Chagas, Ramón Carrillo, Carlos Alvarado, Carlos Malbrán, Francisco Muñiz, Oswaldo Cruz y Armauer Hansen.

Luego brindó un panorama de situación de algunas de las principales enfermedades tropicales que tienen mayor impacto en América latina y el Caribe: Chagas, dengue, fiebre amarilla, malaria, leishmaniasis, lepra, Helmintiasis, Esquistosomiasis, Oncocercosis, Filaria linfática y Tracoma, entre otras. Y compartió algunas de las contribuciones de la OPS en alianza con otros socios para hacerles frente.

En Chagas, señaló que se alcanzó la interrupción de la transmisión vectorial  doméstica en 10 países de la región. Existen 8 millones de personas infectadas en el continente; y cada año se reportan aproximadamente 41 mil nuevos casos.

Con respecto al dengue, informó que a pesar de los esfuerzos, sigue en expansión. Los datos preliminares para el 2010 son de más de 1,8 millones casos, con casi 50 mil casos graves y más de mil muertes.

Manifestó además que la fiebre amarilla viene ocurriendo regularmente en varios países de Sudamérica. El área de riesgo viene expandiéndose progresivamente. Según la directora de la OPS/OMS, el brote de 2008-2009 que afectó a Brasil, Paraguay y Argentina, recordó la amenaza constante de reurbanización de la fiebre amarilla en el continente americano.

En Malaria detalló que se reporta una reducción del 56 por ciento de la morbilidad y de 70 por ciento de mortalidad desde el año 2000. Dieciocho países, de los 21 considerados endémicos, alcanzaron la meta de 50 por ciento de reducción, establecida para el 2010.

Con excepción de Chile y Uruguay, la Leishmaniasis está presente en todos los países de América Latina. Brasil y Colombia son los países que mayor número de casos reportan anualmente, tanto en la forma cutáneo-mucosa como en la visceral.

La lepra es endémica en 27 de los 35 países de la Región de las Américas. Cada año se detectan unos 40 mil casos. Argentina todavía tiene 12 provincias endémicas, dos de las cuales con prevalencia superior a un caso por 10 mil, indicó.

Roses recordó que en los albores del siglo XX, la peste, la malaria y la fiebre amarilla causaron miles de muertes, amenazando el futuro de proyectos ambiciosos como la construcción del Canal de Panamá. En esos años, el promedio de vida en Estados Unidos era de 50 años. “Sin embargo, las Américas se unieron para afrontar los retos, muy especialmente en el campo de salud”, sostuvo y señaló que actualmente "la esperanza de vida en las Américas supera los 76 años, pero existen grandes disparidades entre y dentro de los países, con comunidades donde el promedio de vida sigue siendo de 50 años”.

Y es que como afirmó la directora de la OPS/OMS, “el trabajo para terminar con las disparidades en salud y para crear un mundo mejor para todos nunca finaliza”.   

 

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