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Agricultura y diálogo de culturas

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Roma, Italia - 16 de octubre de 2005
Con el tema del Día Mundial de la Alimentación y de TeleFood para 2005, "Agricultura y diálogo de culturas", se desea recordar la contribución de las diferentes culturas a la agricultura mundial y sostener que un sincero diálogo de culturas es condición necesaria para avanzar en la lucha contra el hambre y la degradación ambiental.

Aunque la sustitución de la caza y la recolección por los cultivos y la cría de ganado como principal modalidad de producción de alimentos -es decir, el nacimiento de la agricultura- se produjo de forma independiente en muchas partes del mundo hace unos 10 000 años, la historia de la agricultura está llena de ejemplos importantes de intercambio entre culturas.

Los primeros vestigios arqueológicos de la actividad agrícola en Europa atestiguan la presencia de herramientas tecnológicamente avanzadas, sin que exista constancia del uso de instrumentos más simples. Según una teoría, pueblos procedentes del Cercano Oriente habrían introducido en Europa sus herramientas y tecnologías.

También se piensa que en África, así como en América Central y América del Sur, en China, en la India y en el sudeste asiático, se produjeron desplazamientos análogos de pueblos de agricultores. Cabe preguntarse cuál fue la causa de esas migraciones.

La respuesta es que al ofrecer la agricultura una fuente más segura de alimentos, determinó un incremento demográfico, que con el tiempo impulsó a la población en exceso a desplazarse hacia nuevas tierras.

A través de toda la historia, el intercambio de cultivos y razas de ganado entre culturas revolucionó la dieta de las poblaciones y les permitió reducir su pobreza. En el siglo XVI, por ejemplo, la introducción en el norte de Europa de la papa, cultivo originario de América del Sur que se puede producir en forma rápida y económica, ayudó a liberar a las masas del hambre secular que las aquejaba. El maíz, que también procede de las Américas, alimenta hoy a los pueblos de gran parte de África. Por su parte, Europa y África aportaron a las Américas plantas como el café, la uva y el trigo. El camello de Arabia introducido en África dio a la población la posibilidad de vivir y desplazarse en las condiciones más extremas, y de añadir a su dieta las proteínas de la carne y la leche de estos animales.

Sin embargo, el diálogo de culturas va más allá de la transferencia de tecnologías, semillas y razas. Muchas culturas, y sobre todo las que tienen su principal actividad en el cultivo, poseen arraigadas creencias, valores y ritos relacionados con los alimentos y el medio ambiente. Este acervo de creencias y valores puede servir de enseñanza a otras culturas que se esfuerzan por alimentar a una población creciente y por mantener, al mismo tiempo, la base de recursos de la que dependerá el sustento de las generaciones futuras.

Existe diálogo de culturas, en un sentido más amplio, cada vez que personas de culturas diferentes se encuentran y escuchan los respectivos puntos de vista. En el caso de la agricultura, este diálogo tiene lugar en las reuniones y negociaciones comerciales y cada vez que, en el laboratorio o en el campo, un experto de una cierta cultura muestra algo nuevo a otro, y recibe su respuesta sobre la idoneidad de la solución propuesta para adaptarse a las condiciones locales.

En el ámbito de la investigación agrícola, cabe mencionar el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional. El Grupo, que cuenta con centros en todo el mundo en los que trabajan investigadores de numerosas culturas diferentes, ha desarrollado variedades de cultivos y métodos agrícolas mejorados que han tenido un impacto profundo en la reducción del hambre.

Es innegable la pertinencia del diálogo de culturas entre países en desarrollo con problemas alimentarios y agrícolas similares. La cooperación Sur-Sur, en forma de intercambio de expertos y tecnología, ha permitido adoptar muchas soluciones que resultan idóneas en las condiciones locales.

También es importante el diálogo abierto entre las distintas culturas que coexisten en un mismo país. Los pueblos indígenas cuentan con sistemas muy avanzados, a menudo basados en el género, para la gestión de los recursos genéticos de la ganadería y los cultivos. Los planificadores y responsables de las políticas de los gobiernos no siempre tienen en la debida cuenta estos conocimientos tradicionales. Es necesario que ambas partes se escuchen mutuamente, a fin de integrar en las políticas y programas tanto los mejores elementos innovadores como los aspectos más valiosos de la tradición.

Desde hace miles de años los agricultores, sobre todo en los países en desarrollo, se dedican a fomentar la diversidad genética de los cultivos y los animales de la que depende, en todas partes, la seguridad alimentaria. El diálogo entre países ricos y pobres en el marco de las negociaciones del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura condujo al reconocimiento de los derechos de los agricultores, y a establecer un sistema multilateral de acceso a estos recursos y de distribución de los beneficios que proporcionan.

En el plano internacional, muchas sociedades se sienten amenazadas por una forma de diálogo de culturas: el comercio mundial. Los agricultores pobres no pueden competir en un mercado internacional si los países más ricos cierran las puertas a sus mercancías, a la vez que los productos agrícolas subvencionados de las naciones industrializadas se venden en los países pobres al costo de producción o incluso a un precio más bajo. Muchos países en desarrollo desean producir para la exportación, pero sólo podrán realizar todo su potencial cuando el diálogo entre las naciones permita establecer un sistema comercial más justo.

Aún hay, en todo el mundo, 850 millones de personas que padecen hambre. En la Cumbre Mundial sobre la Alimentación celebrada en Roma en 1996, y luego en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después que tuvo lugar en 2002, los líderes de todo el mundo prometieron reducir esa cifra a la mitad para el año 2015. Además, los objetivos de desarrollo del Milenio adoptados por las Naciones Unidas comprometen a los líderes mundiales a reducir en un 50 por ciento la proporción de personas que sufren hambre, asegurando al mismo tiempo la sostenibilidad ambiental.

Numerosas iniciativas internacionales y redes de la sociedad civil, como la Alianza Internacional contra el Hambre, promueven el diálogo de culturas para ayudar a alcanzar estos objetivos. El Día Mundial de la Alimentación brinda una oportunidad para profundizar el diálogo y acrecentar la solidaridad en el plano local, nacional e internacional. Gracias a la inventiva humana y cultural, a una visión correcta, al establecimiento de asociaciones y a la prestación de asistencia –incluida la de la FAO y la comunidad internacional– será posible, sin lugar a dudas, avanzar hacia la realización de la seguridad alimentaria para todos.


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