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Diez años construyendo una cultura forestal en BoliviaFrenar la deforestación y ofrecer alternativas al cultivo de coca
Roma, Italia - 04 de abril de 2006
Un proyecto de desarrollo forestal sostenible en el trópico boliviano ofrece un balance positivo tras diez años de vida, al haber logrado involucrar a la población local sobre la explotación responsable de los recursos del bosque, frenar la deforestación y fomentar cultivos alternativos a la coca, según el balance realizado por la FAO.

Jatun Sach’a significa en quechua “árbol grande”, y es el nombre que recibió el proyecto lanzado por la FAO en 1994 en la región del Trópico de Cochabamba y más tarde (2000) en los Yungas de La Paz, en el que han participado cerca de 11 000 familias.

“Después de 10 años de esfuerzo podemos decir que el desarrollo forestal correctamente enfocado, que aparte del manejo de bosque incluye la implementación de sistemas agroforestales, contribuye a mejorar la calidad de vida de las poblaciones rurales, con un aumento de la seguridad alimentaria en estas regiones”, dijo Gerard Raessens, asesor técnico principal del proyecto.

Raessens subrayó que el Proyecto Jatun Sach’a ha sido financiado por Alemania, Austria, Italia, Gran Bretaña, Irlanda del Norte, Suecia, Estados Unidos y Bolivia. La Oficina de Naciones Unidas contra la droga y el delito (UODC) canalizó los recursos y el proyecto fue ejecutado por la FAO, en estrecha coordinación con el Viceministerio de Desarrollo Alternativo de Bolivia.

La inversión total hasta diciembre 2005 llegó a alcanzar más de 22 millones de dólares EE.UU., fondos que han sido destinados a promover el manejo y uso sostenible de los recursos naturales en las dos áreas de trabajo del proyecto. “Los resultados e impactos comprobados arrogaron como resultado adicional la aprobación de un nuevo proyecto, iniciado en principios de 2006, con una duración de cuatro años”, explicó Raessens.

Destrucción del bosque

Durante los últimos cuarenta años el Trópico de Cochabamba ha sido una de las regiones bolivianas que ha recibido una mayor inmigración, sobre todo de campesinos del Altiplano y los Valles, acuciados por la depreciación de la producción minera y la escasez de tierras cultivables. Si en 1967 había 54 colonias en la región (cada una formada por entre cuarenta y sesenta familias) en 1990 se estimaba que el número de colonias se acercaba a las 400.

Para cultivar los colonos habitualmente quemaban los bosques primarios para habilitar terrenos para uso agrícola, lo que se denomina un “chaco”. Las cenizas producidas fertilizan los suelos para las primeras siembras. Se plantaban arroz, yuca y maíz, que permitían a la familia subsistir.

El “chaqueo” es sin embargo una práctica destructiva, porque se eliminan especies forestales y arbustos sin posibilidad de regeneración, al igual que desaparece la fauna y la flora y se contaminan las aguas y la atmósfera. Los suelos terminan por empobrecerse, al desaparecer los microorganismos que fijan los nutrientes.

El Trópico de Cochabamba es una zona de gran valor ecológico, y engloba el Parque Nacional Carracos y el Territorio Indígena y P.N. Isiboro Securé. También incluye las tierras comunitarias de origen que pertenecen a las etnias Yuqui y Yuracaré. En los Yungas de la Paz el proyecto incluyó a los indígenas Mosetén.

Alternativas a la coca

Para los colonos recién llegados, asentados en zonas remotas e incomunicadas, la producción de coca ofrecía numerosas ventajas: es un producto liviano que podía ser transportado por senderos, requiere pocos cuidados y produce hasta cuatro cosechas anuales. El narcotráfico alentó el cultivo de coca en el Trópico de Cochabamba, que durante los años ochenta y noventa fue la mayor zona productora en Bolivia.

Por ello la estrategia principal de Jatun Sach’a fue ofrecer a las familias campesinas alternativas al cultivo de coca y la agricultura de subsistencia. Al mismo tiempo se pretendía hacer frente a los dos principales impactos que produce la presencia humana en los ecosistemas tropicales: la deforestación y el agotamiento de los suelos.

Entre los cultivos agroforestales que permiten diversificar la producción y obtener ingresos sostenibles se seleccionaron básicamente el café, achiote, camu-camu, cacao y el caucho. Todos ellos tienen la ventaja de que no son perecederos, sus plantas ayudan en la conservación de los suelos, y sus frutos se pueden transportar fácilmente y tienen precios interesantes en volúmenes pequeños. El proyecto también promovió actividades de floricultura, con la producción de flores exóticas y plantas ornamentales y la apicultura. Para la conservación de los suelos se introdujo el uso de coberturas leguminosas como parte del sistema agroforestal.

Paralelamente, los Planes de Manejo Forestal en los bosques primarios promovieron un aprovechamiento sostenible de la madera, compatible con la conservación de los bosques. El plan de manejo es la guía para lograr un manejo y aprovechamiento sostenible del bosque, y contempla diferentes actividades como son: censo comercial de los árboles maderables, planificación del aprovechamiento, tratamientos silviculturales, entre otras, además defina las zonas de protección dentro del área de manejo. Dependiendo de su especie, un árbol maderable debe tener, por lo menos, cuarenta centímetros de diámetro para ser aprovechable.

Cada dos décadas se corta el setenta por ciento de los árboles maduros y se conserva el restante treinta por ciento para que produzcan semilla. Los árboles jóvenes pueden desarrollarse mejor porque reciben más luz, por lo que se establecen las condiciones para que el bosque se regenere. En diez años, el proyecto contribuyó al desarrollo de planes de manejo en unas 177 000 ha de bosque en el Trópico de Cochabamba.

Considerando que la venta de la madera aserrada genera un mayor beneficio para la familia campesina, el proyecto promovió el uso de aserraderos portátiles, con el fin de obtener un mayor valor añadido. Los desechos de los árboles se aprovechan para la producción de carbón vegetal.

“Para que sean adaptadas por la población es vital que estas nuevas actividades generen ingresos. Lo importante es que la gente pueda explotar los recursos del bosque de forma sostenible, rentable y legal”, aseguró Raessens, quien insistió en que el proyecto había alentado a los campesinos a organizarse en forma colectiva, y promovido una participación activa de las mujeres.

Perspectivas para el futuro

Otro resultado fue el desarrollo de una conciencia ecológica entre la población, con un programa de educación ambiental en las escuelas. Una estrategia de comunicación transversal capacitó a los campesinos para aplicar las nuevas tecnologías y a tratar de buscar soluciones por sí mismos. Al contratar personal local, se contribuyó a la formación técnica de un importante grupo de profesionales.

El proyecto fomentó la formación de organizaciones de productores, capaces de prestar asistencia y comercializar sus productos, y de invertir sus capitales propios. Su logro quizás más importante fue crear las condiciones para que sus propuestas tecnológicas y productivas pasen a ser propiedad de los beneficiarios que les darán continuidad.

“La aventura fue gratificante y los resultados son alentadores. El trabajo no fue fácil, pero al final comprobamos que juntos comenzamos a cambiar una estructura productiva depredadora e inequitativa, y por lo tanto generadora de pobreza y violencia, por una que produce riqueza, equidad y abre perspectivas de futuro”, concluyó Raessens.




 

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