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Biocombustibles y Seguridad Alimentaria en América Latina y el Caribe
Santiago, Chile - 26 de abril de 2007
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, recibió este jueves 26 un estudio de la FAO sobre la bioenergía y la seguridad alimentaria en América Latina y el Caribe. En el documento, la FAO afirma la importancia creciente de los biocombustibles como fuente de energía, la cual puede significar una serie de oportunidades para los países en desarrollo, especialmente en América Latina y África, pero que también puede representar un riesgo para la seguridad alimentaría de los países, si es que no se implementan políticas públicas adecuadas.

Según el Representante Regional de la FAO, José Graziano da Silva, los biocombustibles no son buenos o malos en si mismos, ya que depende del uso que se haga de ellos. "Los biocombustibles pueden generar riesgos, pero también muchas oportunidades de desarrollo, especialmente en las zonas rurales, así como efectos positivos para el medio ambiente y un fortalecimiento de la seguridad energética para los países y hogares. Es tarea de los gobiernos desarrollar políticas para maximizar las oportunidades y minimizar los riesgos potenciales, y la Oficina Regional de la FAO ofrece todo su apoyo para apoyar las demandas de los países de la Región", recalcó Graziano.

Riesgos y oportunidades

Mundialmente han surgido críticas en contra del uso y la producción de los biocombustibles. La más contundente es que ellos representan una amenaza a la seguridad alimentaria, en el caso de que los recursos productivos sean desviados del cultivo alimenticio hacia el cultivo energético, lo que aumentaría a su vez el precio de los productos básicos y granos. Además, se ha llamado la atención sobre la posibilidad de que dicha producción ponga en riesgo las existencias mundiales de agua.

Los que defienden el uso de esta energía limpia creen que el mercado de bioenergía moderno ofrecerá nuevas y crecientes oportunidades para los agricultores, contribuyendo al aumento de la productividad y al crecimiento de la agricultura, así como a la seguridad energética de la población, ya que casi 1600 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a la electricidad y unos 2500 millones de personas dependen de formas tradicionales de bioenergía como la leña, el carbón vegetal y los excrementos de animales para cocinar y mantenerse abrigados.

Actualmente, la producción mundial de biocombustibles líquidos (etanol y biodiesel) responde al 1% de la demanda mundial por combustibles para el transporte terrestre y utiliza un área equivalente al 1% de la superficies arable mundial (14 millones de hectáreas). Dicha proporción podría crecer hasta cubrir desde un 3,8% de la demanda mundial de transportes para el año 2030, dependiendo del escenario futuro, sin afectar de manera considerable el recurso forestal ni la seguridad alimentaria mundial, utilizando tierras actualmente disponibles.

Según las proyecciones de la FAO, si las tecnologías de bioenergía de segunda generación basadas en materias primas lignocelulósicas (madera, residuos forestales, pastos) llegaran a ser viables desde el punto de vista comercial, la competencia por la tierra y otros recursos agrícolas podría reducirse. Se estima que estas tecnologías podrían abastecer el 25% de la demanda mundial de energía primaria para 2050, sin socavar de modo significativo la disponibilidad de alimentos.

El grado de competencia entre los cultivos energéticos y la producción de alimentos y forrajes dependerá, entre otras cosas, de los progresos respecto del rendimiento de los cultivos, la eficiencia de la alimentación del ganado y las tecnologías de conversión de la bioenergía.

América Latina y el Caribe tienen una amplia capacidad de producción, exportación y capacidad de importar alimentos, por lo que la disponibilidad no es el principal problema de la seguridad alimentaria. La Región presenta un mayor crecimiento en la producción de alimentos y una mayor proporción de exportaciones de alimentos respecto al promedio mundial.

La percepción generalizada es que la tierra arable está totalmente ocupada o que existe poco margen para ampliar a nuevos cultivos en la Región. Las cifras muestran lo contrario. En América Latina y el Caribe la utilización de tierras podría subir de 150 millones a 244 millones de hectáreas, lo que representaría un aumento del porcentaje de utilización de tierras arables totales del 16 al 23%. Parte de esta tierra arable disponible podría ser utilizada para cultivos energéticos en beneficio de millones de pequeños productores rurales

Recomendaciones de la FAO

El estudio de la FAO hace algunas recomendaciones a los países que quieran desarrollar los biocombustibles como una fuente de energía alternativa. Entre ellas se puede destacar: dar prioridad a la seguridad alimentaria; proteger el medio ambiente y los recursos naturales: desarrollar los llamados “biocombustibles de segunda generación” derivados de materias primas lignocelulósicas; invertir en desarrollo tecnológico y investigación agrícola aplicada; facilitar el comercio justo de biocombustibles y de equipos de producción de bionenergía; desarrollar políticas de ordenamiento territorial para determinar las tierras disponibles para la producción de bioenergía; establecer políticas de regulación de mercado, los incentivos e impuestos involucrados en el área, y producir los biocombustibles de manera sustentable.

De esta forma, se busca implementar un conjunto de políticas y un acervo de buenas prácticas que orienten la realización de mejores intervenciones público-privadas en la promoción del desarrollo y reducción de la pobreza. La Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, invita a los países para que empiecen a discutir un Código de Conducta Voluntario de la Producción y Utilización de Bioenergía, como un paso fundamental para garantizar la producción sustentable de los biocombustibles, resguardando la seguridad alimentaria mundial.




 

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