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El trabajo infantil en el sector agrícola de América Latina y el Caribe

Santiago, Chile - 11 de junio de 2007
Ver a niños que cuidan ganado, que ayudan a sus padres a cosechar fruta o que acarrean la recolección diaria puede no parecer tan trágico como la visión de un niño en una fábrica, y sin embargo, decenas de millones de niños enfrentan situaciones peligrosas, incluso potencialmente mortales, en la agricultura. Hay una enorme diferencia entre la vida de un niño que estudia y ayuda en trabajos ligeros en la granja familiar y la de niños jornaleros que trabajan entre 40 y 60 horas a la semana, a menudo en condiciones duras y peligrosas.

El 12 de junio se ha elegido como el Día Mundial en contra del Trabajo Infantil, dedicado este año a la eliminación del trabajo de los niños en la agricultura. En esta fecha, cabe recordar que a escala mundial más de 318 millones de niños y niñas menores de 18 años trabajan en algún tipo de actividad productiva. Actualmente las cifras demuestran que el 70% de los niños latinoamericanos que trabajan, lo hacen en la agricultura. Ésta es considerada uno de los ámbitos laborales más peligrosos para el trabajo infantil, junto con la minería y la construcción y, sin embargo, la participación de niños y niñas en los procesos de post cosecha, transporte, mercado y agroindustria ha ido en aumento. Además, se estima que en todo el mundo más de 126 millones de niños trabajan en labores agrícolas estimadas peligrosas, y que el trabajo infantil representa un tercio de la mano de obra del sector.

Una nueva alianza

Con el objetivo de fortalecer el movimiento mundial contra el trabajo infantil, se ha formando una nueva alianza de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) con la FAO y otras cinco organizaciones dedicadas a la agricultura: el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), la Federación Internacional de Productores Agrícolas (FIPA), y el Sindicato Internacional de Alimentos, Agricultura, Hoteles, Restaurantes, Abastecimiento, Tabaco y Asociaciones de Trabajadores Aliadas (IUF).

El objetivo de esta alianza es el desarrollo de estrategias, programas y actividades conjuntas en contra del trabajo infantil en la agricultura, a nivel nacional e internacional. Las organizaciones trabajarán con los ministerios de Agricultura, con las consejerías agrícolas, con instituciones de investigación y otros organismos relacionados con las políticas agrícolas. En el futuro, será posible ampliar esta alianza para incluir a otras organizaciones que se ocupan del sector agrícola.

El trabajo infantil en la Región

Entre los años 2000 y 2004, el número total de niños jornaleros en todo el mundo disminuyó en 11%, y la mayor reducción se registró en trabajos peligrosos (26%). La Región de América Latina y el Caribe tuve el decrecimiento más acelerado, pasando desde un 16.1 a un 5.1%, desde el año 2000 al 2004. Sin embargo, se ha podido constatar que la agricultura es el sector en el cual el decrecimiento ha sido más lento. En Asia el número de niños disminuyó de 19,4% a 18,8%, mientras que en África, hubo un ligero aumento: de 26,4% a 28,8%.

Según cifras de la OIT, el 40 % de los niños trabajadores de Honduras se emplea en plantaciones, mientras que en Guatemala este porcentaje alcanza un 65%, y en El Salvador el 67%. En Sudamérica, Brasil es la nación donde mayor porcentaje de niños trabaja en la agricultura: 1 millón 200 mil niños y niñas de entre 5 y 17 años trabajan en el sector agrícola, de los cuales 500 mil tienen entre 5 y 15 años. Colombia tiene una tasa de 37% para los niños entre 5 y 17 años vinculados a la agricultura, mientras que en Bolivia cerca de 10 mil niños y niñas de entre 9 y 18 años participan en la cosecha de la caña de azúcar. En Perú existen 972 mil niños y niñas de entre 6 y 13 años que trabajan en el sector agropecuario; en Paraguay más de 90 mil niños y en América Central y la República Dominica, la mitad de los 2 millones de niños y niñas trabajadores, lo hacen en la agricultura, mientras que el 50 por ciento no asiste a ningún tipo de escuela.

Aspectos que configuran la nueva realidad rural en América Latina tales como la desestructuración de los sistemas familiares, la migración, la presión de búsqueda de nuevas estrategias de generación de ingresos, así como el enorme crecimiento de la agroindustria y de los productos básicos como el algodón, el café, el chocolate y la caña de azúcar, han forzado a la incorporación cada vez mayor de los niños a ámbitos de trabajo.

La FAO considera que algunas labores cotidianas como el pastoreo, la alimentación de ganado menor, el apoyo al trabajo familiar en siembra y cosecha, así como otras actividades de tipo ligero, son importantes en el proceso de aprendizaje y obtención de identidad de los niños insertos en la cultura campesina. Los conocimientos adquiridos a una edad temprana les permiten recrear su actividad productiva de mejor manera en el futuro, si es que deciden seguir ese camino laboral.

Contrariamente a las actividades familiares desarrolladas dentro de la agricultura y la ganadería campesina, es importante recalcar que el trabajo infantil en la agricultura comercial o empresarial es una “forma no aceptable de trabajo.” Además del peligro inmediato de trabajar con maquinaria peligrosa, herramientas filudas y cargas para las que los niños no son lo suficiente fuertes, ellos son más susceptibles que los adultos a problemas de salud a largo plazo, que recién pueden aparecer en la adultez, debido a la exposición de productos químicos, polvo, residuos y fibras.

Por otro lado, las evidentes desventajas en la que se encuentran los niños en cuanto a los salarios o en relación a los derechos laborales son inaceptables. Muchas veces, los niños y niñas reciben salarios muy por debajo de lo que reciben los adultos, o ni siquiera son considerados propiamente como empleados. Desde el punto de vista de los adultos, la práctica de contratar niños socava su capacidad de negociación para obtener un salario decente, ya que ellos representan una fuente de mano de obra barata.

Combatir la pobreza rural

La FAO considera que la inversión en la prevención es el enfoque más rentable a largo plazo para eliminar el trabajo infantil. La prevención debe estar basada, sobre todo, en el reconocimiento de que la pobreza es la principal causa subyacente del trabajo infantil. Las familias, especialmente las familias rurales, requieren de un ingreso seguro y de beneficios sociales como acceso a asistencia sanitaria, si van a soportar crisis sin tener que depender de mano de obra adicional o de ingresos proporcionados por niños.

La FAO considera esencial elaborar políticas que promuevan la producción y la productividad agrícolas, mejores medidas de seguridad ocupacional, una educación infantil de calidad, mejores servicios de salud y más y mejores trabajos para los padres. Cuando los adultos tienen la oportunidad de acceder a un empleo decente, estable y productivo, la supervivencia familiar ya no depende del ingreso de los niños.




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