A pesar de los avances en la educación de las niñas, todavía quedan muchas sin escolarizar

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Ginebra, Suiza - 18 de abril de 2005
Sin un "aumento sustancial", el mundo no alcanzará el objetivo de la enseñanza primaria universal en 2015

Nunca antes había habido más niños en la escuela que ahora, en parte debido a un aumento en la escolarización de las niñas: éste es uno de los aspectos positivos que se destaca en el último informe del UNICEF, "Progreso para la Infancia", cuyo tema central es la paridad entre los géneros en la escuela primaria.

Pero uno de los aspectos negativos es que millones de niñas siguen sin recibir una educación básica. Mientras que la diferencia de género en la asistencia a la escuela primaria ha descendido en todo el mundo, es todavía demasiado acusada en muchos lugares del planeta. Las barreras que impiden a las niñas acudir a la escuela en el mundo en desarrollo no solamente les restan oportunidades para el futuro, sino que tienen repercusiones sobre su salud y su supervivencia.

"La educación es algo más que simplemente aprender. En muchos países permite salvar vidas, especialmente en lo que se refiere a las niñas", dijo la Directora Ejecutiva del UNICEF, Carol Bellamy, durante la presentación del informe. "Hay más probabilidades de que una niña sin escolarizar contraiga el VIH/SIDA y tenga más dificultades para sacar adelante a una familia saludable".

El mundo ha logrado avances impresionantes para lograr que el mismo número de niñas que de niños se matriculen en la escuela primaria. Unos 125 países, de los 180 donde hay datos disponibles, se encuentran bien encaminados para alcanzar la paridad entre los géneros en 2005, una meta establecida por las Naciones Unidas como parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Sin embargo, el promedio mundial oculta enormes bolsas de desigualdad. Tres regiones -Oriente Medio y África del Norte, Asia meridional, y África occidental y central- no alcanzarán la paridad entre los géneros en la fecha prevista.

La paridad entre los géneros es un requisito para que el mundo logre que la enseñanza primaria sea universal en 2015, el plazo establecido por las Naciones Unidas para uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio más importantes. La reducción en la diferencia de género ha contribuido a disminuir el número total de niños y niñas que no reciben una educación primaria. Según las proyecciones, en 2005 habrá menos de 100 millones de niños y niñas que no acudan a la escuela primaria, un descenso con respecto a los 115 millones estimados en 2001. Pero cualquiera que sea la cifra exacta, está claro que todavía hay demasiados niños y niñas que no van a clase, y que, con la tasa actual de aumento de la asistencia a la escuela, no se logrará la meta de conseguir que la enseñanza primaria sea universal en 2015.

"Este informe demuestra que nuestro objetivo estratégico de conseguir que haya más niñas que acuden a la escuela está dando buenos resultados a la hora de incrementar las tasas de asistencia para los niños y las niñas en la escuela primaria", dijo Bellamy. "Pero también está claro que se necesitan avances sustanciales para eliminar los obstáculos que mantienen a las niñas sin escolarizar y para conseguir que todos los niños y las niñas tengan acceso a una educación".

La disparidad entre los géneros favorece a las niñas en dos regiones, América Latina y el Caribe y Asia oriental y el Pacífico. Aunque abordar la diferencia de género es fundamental para alcanzar la meta de una educación primaria universal, también es preciso acometer otras barreras que impiden la participación de las niñas y los niños en la escuela. En Haití, por ejemplo, hay más niñas que niños en la escuela primaria, pero más de un 40% de todos los niños y las niñas en edad escolar primaria carecen de acceso a la enseñanza.

El informe ofrece un panorama individualizado de cada país sobre sus avances en el logro de la paridad entre los géneros y la enseñanza primaria universal, y describe amplias diferencias entre las regiones y entre los países.

Si se mantiene la tasa actual de progreso, muchos de los países de las regiones de Oriente Medio y África del Norte, Asia oriental y el Pacífico, y América Latina y el Caribe, conseguirán que la enseñanza primaria sea universal en 2015. En el polo opuesto se halla la mayoría de los países de África subsahariana y muchos de Asia meridional, que no se acercarán al objetivo a menos que aceleren en gran medida sus tasas de progreso.

Una barrera fundamental que impide un aumento en el acceso a la educación es la pobreza. Los niños y las niñas que provienen del 20% de los hogares más pobres del mundo en desarrollo tienen como promedio tres veces menos probabilidades de acudir a la escuela primaria que quienes proceden del 20% más rico. Esta proporción promedio oculta enormes disparidades entre las regiones y entre los países. En la región de ECE/CEI, por ejemplo, los niños más pobres tienen 1,6 más probabilidades de no acudir a la escuela, pero esas probabilidades son cinco veces mayores en Kazajstán y la República de Moldova.

Otro factor importante que determina las posibilidades de que un niño vaya a la escuela es la educación de su madre. Alrededor de un 75% de los niños y niñas que no reciben una enseñanza primaria en los países en desarrollo son hijos de mujeres que no pudieron ellas mismas ir a la escuela. Esta proporción varía enormemente de una región a otra: un 28% en Asia oriental y el Pacífico, frente a un 80% en África occidental y central, Asia meridional, y Oriente Medio y África del Norte.

La incidencia del VIH/SIDA, los conflictos civiles, el trabajo infantil, la trata de menores de edad y los desastres naturales, son todos ellos factores que tienen repercusiones claras sobre el acceso a la escuela y que tienden a afectar más a aquellos países donde ya hay una infraestructura educativa muy debilitada.

Conseguir que la enseñanza primaria universal y la paridad entre los géneros en las escuelas sea una realidad exigirá cambios radicales en las ideas y las políticas. Todos los países deben comenzar a considerar la educación como un derecho humano fundamental, y no como un lujo que se ofrece allí donde los presupuestos lo permiten. La decisión de Kenya de eliminar los gastos de escolarización de la escuela primaria, siguiendo el ejemplo de Tanzanía y Uganda, es una muestra de estos cambios radicales en el ámbito de las ideas.

No hay duda de que abrir las puertas de la escuela a todos los que deseen entrar ha supuesto una enorme carga sobre unos recursos que ya se encontraban en el límite de sus posibilidades. Por ello, la asistencia internacional para la educación debe aumentar de manera drástica. Las Naciones Unidas calculan que se necesitarán 5.600 millones de dólares al año adicionales para lograr la educación primaria universal, una cantidad considerable. Pero algunos países ricos han reconocido ya a la importancia de este desafío. El Gobierno del Reino Unido ha prometido 2.680 millones de dólares durante los próximos tres años para aumentar la matriculación de las niñas en la escuela. Noruega contribuyó con 51 millones de dólares a las iniciativas para la educación que recibieron apoyo del UNICEF en 2003 y 2004.

"El objetivo de alcanzar la enseñanza primaria universal con una igualdad de oportunidades para las niñas y los niños es realista", añadió Bellamy. "Es asequible, viable y, más importante aún, es el derecho inalienable de nuestros niños".

El UNICEF, que es uno de los principales organismos que integran la Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas, se ha comprometido a reducir la diferencia de género en la educación primaria y secundaria para el año 2005 y asegurar que, para 2015, todos los niños y las niñas terminen su enseñanza primaria. La Iniciativa es una alianza que engloba al sistema de las Naciones Unidas, gobiernos, países donantes, organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil, el sector privado, y comunidades y familias.