Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan:Día Mundial del Medio Ambiente
Santiago, Chile - 05 de junio de 2006
El lema del Día Mundial del Medio Ambiente de este año, "íNo hagamos de las tierras áridas desiertos!" nos recuerda a todos, en el Año internacional de los Desiertos y la Desertificación, la importancia de cuidar las vastas extensiones de tierras áridas y semiáridas del mundo.

Las tierras áridas se encuentran en todas las regiones, cubren más del 40% de la superficie de la Tierra y albergan a casi 2.000 millones de personas, la tercera parte de la población mundial. Para la mayoría de los habitantes de las tierras áridas, la vida es dura y el futuro suele ser precario. Viven al margen en los ámbitos ecológico, económico y social. Es fundamental que no descuidemos a esas personas ni a los frágiles hábitats de que dependen.

En todo el planeta, la pobreza, la ordenación insostenible de la tierra y el cambio climático están haciendo de las tierras áridas desiertos, y la desertificación a su vez conduce a la pobreza o la exacerba. Se estima que entre el 10 y el 20% de las tierras áridas ya están degradadas. El problema es particularmente agudo en el África subsahariana y el Asia meridional, donde la degradación de las tierras áridas es un grave obstáculo para la erradicación de la pobreza y el hambre extremas y pone en peligro los esfuerzos encaminados a asegurar la sostenibilidad del medio ambiente. Esos objetivos, que los gobiernos del mundo se han comprometido a alcanzar para 2015, son componentes indispensables del compromiso más general de lograr un futuro más seguro para la humanidad.

También hay un cúmulo cada vez más grande de pruebas de que la degradación de las tierras áridas y la competencia por recursos cada vez más escasos pueden llevar a las comunidades al conflicto. Además, las personas cuya supervivencia y cuyo sustento dependen de las tierras áridas se están sumando al sinnúmero de personas convertidas en refugiados por motivos ambientales y económicos, las cuales ponen a prueba los recursos cada vez más insuficientes de aldeas y ciudades de todo el mundo en desarrollo.

La desertificación es un proceso difícil de invertir, pero puede prevenirse. Proteger y restaurar las tierras áridas no sólo aliviará a las zonas urbanas del mundo de su carga cada vez mayor, sino que además contribuirá a lograr un mundo más pacífico y más seguro. También ayudará a preservar paisajes y culturas que se remontan a los orígenes de la civilización y forman una parte indispensable de nuestro patrimonio cultural.

En este Día Mundial del Medio Ambiente, en el año que marca el décimo aniversario de la entrada en vigor de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, insto a los gobiernos y a las comunidades de todo el mundo a prestar atención a los problemas que plantea la vida en las márgenes de los desiertos, para que las personas que allí viven puedan vislumbrar un futuro de paz, salud y progreso social.


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