Bioenergía: una oportunidad para la agricultura
Santiago, Chile - 20 de julio de 2006
El mundo está al borde de un cambio significativo. La contaminación, la escasez y el aumento continuo del precio del petróleo conforman una realidad ineludible. Hoy más que nunca, el abastecimiento regular de energía se ha convertido en uno de los mayores desafíos de la humanidad. Es por eso que la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe se ha propuesto coordinar el esfuerzo de los países por desarrollar soluciones novedosas al problema energético, basándose en las fortalezas propias de cada país de la Región.

Ante la inestabilidad de los precios del petróleo y la exagerada dependencia de combustibles fósiles por parte de la economía mundial, la FAO ha insistido desde hace tiempo en una forma de energía que no implica riesgos, ni está condenada a desaparecer: la bioenergía. Se trata de una fuente de energía limpia y renovable, que puede generar un cambio realmente significativo: pasar de una economía basada en combustibles fósiles, a otra basada en fuentes nuevas, y en la cual la agricultura y la silvicultura jueguen un papel fundamental, como sus dos principales fuentes de materia prima para la elaboración de bioelectricidad y biocombustibles.

Hace ya más de 20 años, la FAO se ha dedicado a impulsar y apoyar el desarrollo de este tipo de energía en sus países miembros, estimulando la investigación y facilitando el dialogo e intercambio de experiencias, así como la formulación y ejecución de políticas públicas, ya que, más que cualquier otra forma de producción energética renovable, la bioenergía cuenta con el potencial de estimular las zonas desfavorecidas del mundo rural, generando empleo e impulsando el desarrollo de la agricultura, al crear nuevos emprendimientos agrícolas, potenciar los existentes, o dándole un uso práctico a los desechos de empresas tales como la forestal.

Aspectos de una nueva energía

La bioenergía se obtiene a partir de biocombustibles (sólidos, como la madera y el carbon vegetal, gaseosos como el biogás, y líquidos como el bioalcohol etílico y el biodiésel), procedentes de cultivos de caña de azúcar, remolacha, maíz y plantas herbáceas energéticas, semillas oleaginosas, los desechos agrícolas, los residuos forestales y el estiércol.

Esta nueva fuente de energía debe ser analizada desde tres puntos de vista: el económico, el ambiental y el social. Frente al alza continuada en el precio de los combustibles fósiles, los biocombustibles se presentan como una opción atractiva y competitiva en condiciones de mercado; además, su elaboración potencia el rol del sector agropecuario para posicionarse como fuente de materias primas, generando trabajo, inversión y valor agregado a las cadenas productivas ya existentes dentro de las economías nacionales. Desde una perspectiva medioambiental, reduce las emisiones de gases contaminantes, además de ser una fuente básicamente renovable. Es necesario, sin embargo cuidar que no resulten impactos negativos en relación a la biodiversidad y al posible uso intensivo de insumos. En su aspecto social, fomenta el desarrollo de los sectores rurales postergados, genera oportunidades para la agricultura familiar y aumenta el empleo.

La ampliación de la matriz energética mundial es algo urgente y necesario: cuatro de cada cinco personas del mundo que no disponen de electricidad, viven en las zonas rurales de los países en desarrollo. Los 2 400 millones de personas más pobres del planeta obtienen la mayor parte de su energía del uso –insostenible, en la mayor parte de los casos- de leña y residuos, y en muchos países de África, Asia y América Latina, los habitantes de las zonas rurales deben cargar hasta 20 kilogramos de leña a través de varios kilómetros, sólo para poder acceder a calor y energía.

Liderazgo a nivel global

En este respecto, la experiencia de América Latina y el Caribe es muy positiva: hace más de tres décadas que Brasil es pionero en la elaboración de etanol a base de caña de azúcar, con una industria de producción y distribución muy avanzada y un parque automotriz adaptado al uso de biocombustibles. Otros países de la región, como Argentina y Chile, también están estudiando una serie de emprendimientos para desarrollar esta nueva energía.

Por lo anterior, el objetivo de FAO es motivar, apoyar e impulsar a los gobiernos, instituciones rurales y al sector privado para acelerar activamente la transición hacia formas renovables y limpias de bioenergía, coordinando los esfuerzos de la región en foros participativos, tal como será el próximo Seminario de Agroenergía y Biocombustibles que se realizará en la sede de la FAO en Santiago de Chile, los días 27 y 28 de julio, con la participación de la ministra de Minería y Energía de Chile y los ministros de Agricultura de Brasil, Chile y Argentina, además de la presencia de Gustavo Best, especialista de la FAO en temas bioenergéticos.