La OMS pide al mundo que asuma el reto de mejorar la calidad del aire

Ginebra, Suiza - 05 de octubre de 2006
Unas normas más estrictas sobre la contaminación ambiental podrían reducir en un 15% la mortalidad en las ciudades contaminadas

Coincidiendo con la publicación de sus nuevas Directrices sobre la calidad del aire, que reducen mucho los niveles permisibles de sustancias contaminantes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pide a los gobiernos de todo el mundo que mejoren la calidad del aire de sus ciudades para proteger así la salud de la población. La OMS cree que si se reducen los niveles de un tipo de contaminante - las partículas en suspensión de diámetro inferior a 10 micrometros (PM10) -, la cifra anual de fallecidos en las ciudades contaminadas podría descender hasta un 15%. Las Directrices también reducen considerablemente los límites recomendados de ozono y dióxido de azufre.

Por primera vez, estas Directrices sobre la calidad del aire fijan para todas las regiones del planeta metas mucho más estrictas que las normas nacionales en vigor en gran parte del mundo. En algunas ciudades, su cumplimiento daría lugar a un nivel de contaminación tres veces menor que el actual.

Se calcula que la contaminación atmosférica provoca al año cerca de dos millones de muertes prematuras en todo el mundo. Más de la mitad de esta carga es soportada por la población de los países en desarrollo. En muchas ciudades, el nivel medio anual de PM10 (cuya principal fuente es el uso de combustibles fósiles, entre otros tipos de combustibles) supera los 70 mg/m3, cuando, según las nuevas Directrices, para evitar la mala salud tales niveles deberían ser inferiores a 20 mg/m3.

«Si, como se propone en las nuevas Directrices, se reduce de 70 a 20 mg/m3 la contaminación provocada por las partículas en suspensión, calculamos que el número de fallecimientos puede disminuir en cerca de un 15%», ha dicho la Dra. María Neira, Directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente. «Al reducir los niveles de contaminación del aire, podemos ayudar a los países a disminuir la carga de morbilidad generada por las infecciones respiratorias, las cardiopatías y el cáncer de pulmón. Además, las medidas destinadas a limitar las repercusiones directas de la contaminación atmosférica reducirán también las emisiones de gases que contribuyen al cambio climático y redundarán en otros beneficios para la salud».

Ante la proliferación de pruebas sobre el impacto de la contaminación atmosférica en la salud, la OMS ha revisado y ampliado sus Directrices sobre la calidad del aire ya en vigor para Europa, elaborando así las primeras directrices aplicables en todo el mundo. Estas directrices mundiales, que se basan en los datos científicos más recientes, establecen objetivos con respecto a la calidad del aire destinados a proteger a la mayoría de las personas de los efectos sanitarios de la contaminación atmosférica.

«Estas nuevas directrices han sido establecidas tras un proceso de consultas a nivel mundial con más de 80 destacados científicos y se basan en el examen de miles de estudios recientes de todas las regiones. Se trata, pues, del estudio más consensuado y actualizado sobre los efectos sanitarios de la contaminación del aire, en el que se recomiendan objetivos en relación con la calidad del aire, cuyo cumplimiento supone una reducción considerable de los riesgos para la salud. Esperamos colaborar con todos los países para garantizar que estas Directrices se incorporan a las legislaciones nacionales», ha declarado el Dr. Roberto Bertollini, Director del Programa Especial para la Salud y el Medio Ambiente de la Oficina Regional de la OMS para Europa.

Hay muchos países que carecen de reglamentación en materia de contaminación del aire, lo que hace prácticamente imposible controlar este importante factor de riesgo para la salud. Además, las normas nacionales existentes son muy variables y no garantizan debidamente la protección de la salud humana. Si bien la OMS acepta la necesidad de que los gobiernos establezcan normas nacionales adaptadas a sus circunstancias particulares, las Directrices indican los niveles de contaminación que reducen al mínimo el riesgo para la salud. Así, las nuevas Directrices de la OMS constituyen una base científicamente sólida sobre la que todos los países pueden elaborar sus propias normas y políticas de calidad del aire para mejorar la salud de la población.

La contaminación atmosférica por partículas en suspensión, dióxido de azufre, ozono o dióxido de nitrógeno tiene importantes repercusiones en la salud. Por ejemplo, en la Unión Europea se calcula que las partículas en suspensión más pequeñas (PM2,5) provocan por sí solas una reducción de 8,6 meses en la esperanza de vida del europeo medio. Aunque se considera que las partículas en suspensión son el principal factor de riesgo de la contaminación atmosférica para la salud humana, en las nuevas Directrices se recomienda también un nuevo límite diario para el ozono, que pasa de 120 a 100 mg/m3. Lograr estos niveles será todo un desafío para muchas ciudades, sobre todo de los países en desarrollo, y en particular en aquéllas con gran número de días de sol, donde las concentraciones de ozono alcanzan niveles máximos que provocan problemas respiratorios y ataques de asma.

En cuanto al dióxido de azufre, el nivel máximo permitido ha pasado de 125 a 20 mg/m3, pues la experiencia ha demostrado que basta con emprender acciones relativamente sencillas para que sus niveles desciendan rápidamente, con la consiguiente reducción de las tasas de mortalidad y morbilidad infantil. El límite para el dióxido de nitrógeno no se ha modificado, pero alcanzarlo y evitar así problemas de salud provocados por la exposición, como la bronquitis, seguirá siendo un importante desafío en numerosas zonas donde el tráfico rodado es intenso.

Las Directrices proponen objetivos transitorios y progresivos, y metas intermedias para mejorar la calidad del aire. «A partir del trabajo sobre la contaminación ambiental realizado durante varios años, la OMS acaba de establecer nuevos objetivos a los que los Estados Miembros pueden remitirse para elaborar su políticas. Los países pueden calcular la distancia que los separa de esos objetivos, estimar los efectos sobre la salud de sus actuales niveles de contaminación y beneficiarse de las mejoras en la salud reduciendo tales límites», ha dicho el Dr. Michal Krzyzanowski, Asesor Regional para la Calidad del Aire en la Oficina Regional de la OMS para Europa, y encargado de coordinar el proceso de actualización de las Directrices desde la Oficina de la OMS en Bonn.


WHO Air quality guidelines for particulate matter, ozone, nitrogen dioxide and sulfur dioxide - summary of risk assessment - en inglés HTM