En la actualidad, el panorama de la salud en las Américas es una trama compleja de contrastes y posibilidades. La globalización y los adelantos técnicos y científicos han creado oportunidades inigualables para que las personas puedan gozar de una vida más larga, más sana y más productiva, pero estos beneficios no han recaído en todos por igual. Aunque la expansión económica, el crecimiento más lento de la población y las políticas sociales más eficaces han reducido las tasas de pobreza, la Región de las Américas continúa distinguiéndose por ser la región más desigual del mundo. La urbanización ha acercado a las personas a los servicios de salud, pero también las ha llevado a adoptar modos de vida poco saludables y ha debilitado los vínculos sociales. Las intervenciones de salud pública han ayudado a aumentar la esperanza de vida y otros indicadores globales clave, pero persisten enormes disparidades y brechas en materia de salud.
Para poder afrontar los complejos retos sanitarios con que se enfrenta la Región de las Américas en la actualidad, es fundamental comprender estas tendencias y condiciones contextuales. Pero eso es solo el principio. Las acciones de salud pública eficaces deben basarse en una comprensión clara de las fuerzas múltiples que afectan a la salud, pero también deben estar guiadas por una visión más amplia de lo que es posible y deben apuntar a lograr metas ambiciosas, pero realizables. Además, deben contar con el apoyo de recursos asignados adecuadamente, deben ejecutarse por medio de intervenciones de probada eficacia y someterse a un proceso de evaluación y revisión. Mediante la planificación estratégica, todos estos elementos se unen y apoyan la labor de la Oficina Sanitaria Panamericana (la Oficina) y de los Estados Miembros de la Organización Panamericana de la Salud (la OPS o la Organización). En el período 2007-2008, tanto la Organización como la Oficina dedicaron esfuerzos especiales a la planificación estratégica para el avance de la salud pública.