Las Américas y el nuevo contexto humanitario mundial

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altLos Ministerios de Salud de América Latina y el Caribe pueden estar orgullosos de su contribución histórica a la gestión de desastres. El hito lo marcó la resolución CD26.R1 aprobada por el Consejo Directivo de la OPS/OMS en 1976, mediante la cual se instruyó al Director de la OPS para establecer una unidad “para ayudar a los ministerios de salud a planificar y prepararse para responder a los desastres, luego de la experiencia del catastrófico terremoto en Guatemala”.

Este enfoque de fortalecer las instituciones nacionales de salud desde la prevención hasta la preparación y la respuesta ha sido previsor y beneficioso para la región 1. Desde esta fecha, el contexto global ha cambiado drásticamente.

El sismo, ocurrido en Guatemala en 1976, dejó 23.000 muertos, 77.000 heridos y el 40% de la infraestructura hospitalaria destruida. A pesar de que las pérdidas atrajeron la atención mundial, la respuesta provino mayoritariamente de grandes empresas nacionales y, en menor medida, de la región.

Había pocos hospitales de campaña y extranjeros expertos en búsqueda y rescate ávidos por atender a la población afectada 2.

Los mecanismos internacionales de coordinación, en ese momento, eran relativamente pocos y débiles y se trabaja a través de los comités nacionales de emergencia. En el sector salud, la asistencia técnica se ofrecía a través de expertos de la región movilizados por la OPS/OMS; mientras que las contribuciones financieras para las labores de recuperación temprana eran extraordinariamente generosas, pero modestas en comparación a las mega respuestas de hoy. 3

altDespués de 1976 han ocurrido muchos desastres de gran escala, pero los peores han tenido lugar fuera de la región. En el caso de Guatemala se aprendió que los problemas enfrentados por el Gobierno fueron sistemáticos: escasez de recursos para rescatar y proveer de cuidado rápido a la población afectada, flujo de donaciones inapropiadas (especialmente los productos farmacéuticos), deficiencias en la coordinación e incremento en el número de actores humanitarios.

Los mecanismos de Naciones Unidas para coordinar la asistencia fueron fortalecidos, mientras que otros más específicos fueron establecidos a nivel global. Uno de ello es el Grupo Consultivo Internacional de Búsqueda y Rescate para promover y coordinar la movilización rápida de los equipos de rescate y los Equipos de Evaluación y Coordinación de Naciones Unidas (UNDAC), el cual sirve de guía a la comunidad internacional. Por otra parte, la salida al aire de CNN, en 1980, transformó lo que solía ser una tragedia nacional en un drama mundial, en el que los actores internacionales juegan un papel protagónico.

El proceso de la Reforma Humanitaria, lanzado por la comunidad internacional en 2005, tenía como finalidad mejorar la eficacia de la respuesta humanitaria “garantizando una mayor previsibilidad, rendición de cuentas y el establecimiento de alianzas. 4

Organismos internacionales fueron designados como líderes de cluster para asegurar, entre otras cosas, las asociaciones entre las agencias de Naciones Unidas, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales (ONG), bajo el esquema que todos tenía que trabajar juntos para alcanzar los objetivos comunes del cluster. Ninguna función específica fue reservada para las instituciones de salud o de desastres nacionales.

La comunidad internacional ha evolucionado rápidamente. La respuesta a los desastres se ha convertido en una industria mundial. Sin embargo, los avances a nivel de país han sido más tímidos, especialmente cuando estos no son afectados por desastres naturales durante periodos prolongados.

La magnitud del sismo ocurrido el año pasado en Haití puede haber sido algo excepcional en comparación a la capacidad de gestión de desastre a nivel local, pero ¿qué pasaría si un sismo similar al terremoto de 1976 en Guatemala se produjera hoy día?

  • Los medios de cobertura noticiosa documentarán preferiblemente la espectacular repuesta global (número de actores, equipos médicos, contribuciones financieras, etc.) muy superior a la capacidad de gestión de las instituciones nacionales existentes.
  • Naciones Unidas y otros mecanismos de coordinación o recolección de datos se activarán. El Ministerio de Salud verá su responsabilidad sectorial asumida por, por lo menos, tres clusters internacionales (salud, nutrición, agua y saneamiento) dirigidos por una agencia internacional. (El objetivo de los clusters es mejorar la coordinación estratégica en terreno y priorizar la respuesta en sectores específicos, mediante el liderazgo y la coordinación de una agencia internacional competente). 5
  • Entre las ‘cohortes’ de expertos internacionales, un número apreciable tendrá habilidades y experiencia en desastres masivos, que pocos expertos pueden igualar en la región.
  • Los actores y donantes provendrán de todos los continentes y regiones.
  • Durante meses, todas las reuniones y reportes utilizarán el lenguaje del trabajo humanitario: el inglés, reduciendo así el campo de actuación de los expertos nacionales en relación a los actores humanitarios.

¿Qué opción tiene las autoridades nacionales que desean mantener el liderazgo? En un desastre de gran magnitud, que deja como resultado muchas muertes, probablemente no hay muchas alternativas. Tras el terremoto en México de 1985, este bien organizado y relativamente rico país, llegó a la conclusión de que sus amplios recursos eran suficientes para atender a miles de heridos en la capital. Técnicamente esa fue una evaluación correcta pero demostró ser insostenible políticamente ante el aluvión de críticas de los medios de comunicación. De esta manera, México abrió sus fronteras en menos de 24 horas. En un país pequeño, que enfrente un desastre de gran magnitud, esa decisión también negaría a la población los beneficios de una respuesta mucho más amplia y rápida.

El liderazgo nacional dependerá de la participación activa y de la competencia. El mundo ha cambiado, pero los países y las instituciones de desastre de la región no han seguido el mismo ritmo. La respuesta humanitaria es ahora un ‘negocio’ global y los expertos en desastres de la región pueden perder su competitividad sino se integran a los esfuerzos globales.

Los Ministerios de Salud que deseen liderar el proceso de respuesta sectorial deben considerar lo siguiente::

  • Asegurar que hay un número suficiente de gestores de desastres, que hablen inglés fluido y que pasen por un proceso selectivo de reclutamiento y entrenamiento.
  • Exponer a su personal a desastres de gran escala, especialmente fuera de la región. Pertenecer al cerrado club humanitario global es un valor agregado. Se debe establecer una lista de expertos que estén disponibles.
  • Fortalecer sus programas de desastres.

Cuando lo anterior se logre, los Ministerios de Salud podrán posicionarse como líderes efectivos en desastres de gran magnitud, espacio saturado por la respuesta internacional.


1 Olcese, Orlando; Ramón Moreno y Francisco Ibarra (July 1977). El terremoto de Guatemala, el desastre de 1976: Una revisión de sus efectos y la contribución de Naciones Unidas (pdf). UNDP, Guatemala. http://desastres.unanleon.edu.ni/pdf2/2005/septiembre-octubre/parte1/pdf/eng/doc4146/doc4146-1.pdf
2 Se movilizó un hospital militar de Estados Unidos con capacidad para 100 camas y pequeñas instalaciones desde Costa Rica, México y Nicaragua.
3 El sector salud recibió un total de 110 millones de dólares para la respuesta inmediata y la rehabilitación (excluyendo préstamos) la contribución de Estados Unidos fue de 40,000 dólares.
4 Esta reforma fue iniciada por donantes y agencias de Naciones Unidas. La participación de la ONG de la región fue limitada, los países afectados no estuvieron presentes.
5 Vea http://ochaonline.un.org/roap/WhatWeDo/HumanitarianReform/tabid/4487/Default.aspx

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