Hospitales seguros: una responsabilidad compartida, una meta a nuestro alcance

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altLas emergencias y desastres ocasionan daños variables a la población, sus bienes y su entorno. Cualquiera que sea el impacto, la prioridad siempre será el proteger la vida y el bienestar de las comunidades afectadas y reducir el sufrimiento humano. El costo social, económico y ambiental es enorme y sus repercusiones se pueden ver durante muchos años después de los desastres, particularmente cuando los establecimientos de salud dejan de funcionar precisamente cuando más se les necesita.

Los recientes terremotos en Haití, Chile y Japón demostraron que la pérdida de los servicios de salud críticos como salas de urgencias, cuidados intensivos, salas de operaciones, servicios de diagnóstico, entre otros, tuvo que ser cubierta por hospitales cercanos o desplegando hospitales de campaña, mientras que el servicio brindado por los centros y puestos de salud dañados podía restablecerse haciendo uso de casi cualquier edificación disponible o mediante tiendas de campaña.

Es preciso evitar el colapso estructural de los hospitales, protegiendo así la vida de los pacientes y el personal de salud. Es necesario también proteger la inversión, no sólo porque los hospitales representan más de dos tercios del presupuesto del sector salud, sino que un 85% del valor económico de un hospital corresponde al equipamiento e instalaciones. Sin embargo, proteger la estructura y los componentes no-estructurales no es suficiente para la población que necesita atención médica y es esencial que los hospitales continúen funcionando especialmente en casos de emergencias y desastres.

Proteger a los más de 12.000 hospitales y cientos de miles de centros y puestos de salud existentes en América Latina y el Caribe que están ubicados en zonas de riesgo de desastres es prácticamente imposible. Es necesario empezar por proteger aquellos establecimientos de salud que cuentan con servicios críticos, que están ubicados en zonas de alto riesgo, que atienden a la población más vulnerable y cuyo nivel de seguridad actual no garantiza que sigan funcionando en casos de desastres. Por otro lado, dado que más del 61% de los daños producidos a los hospitales en las Américas son debido a terremotos, 17% a huracanes y 14% a inundaciones, priorizar la intervención en las zonas afectadas por estos fenómenos cubrirá más del 90% de los escenarios.

Ya no es aceptable que los hospitales nuevos sean severamente dañados por los desastres. Existe suficiente conocimiento técnico para asegurar que los nuevos establecimientos de salud sean seguros frente a desastres desde su planeamiento, diseño y construcción, con un costo adicional menor al 4% o incluso cercano a cero si se ubica en un lugar de menor riesgo.

Evaluar la seguridad de los hospitales frente a desastres haciendo uso de instrumentos prácticos, de bajo costo y alta sensibilidad como el Índice de Seguridad Hospitalaria es un primer paso para priorizar las intervenciones. Sin embargo, no basta con conocer el grado de seguridad, es indispensable mejorar progresivamente la seguridad estructural, no-estructural y funcional de los hospitales hasta alcanzar la meta establecida en el Marco de Acción de Hyogo y simultáneamente proteger la seguridad del paciente, mejorar la calidad de la atención, fortalecer las redes integradas de los servicios de salud, evitar las infecciones intrahospitalarias, optimizar la atención médica pre-hospitalaria y lograr que la población reciba atención de salud con calidad y calidez en situaciones de emergencias y desastres y en situaciones normales.

La implementación del Plan de Acción de Hospitales Seguros aprobado por las autoridades de salud de nuestro continente, es un clamor social, moral, económico, político y humano impostergable. Todos, desde nuestro lugar en la sociedad debemos y podemos contribuir para preservar el bien más preciado: la vida y la salud de la población.

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