La iniciativa de hospitales seguros en el mundo

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alt“Prevenir es mejor que curar” es más que una sabia afirmación, es el centro de los esfuerzos de todo sistema de salud que se precia de proteger la vida y bienestar de su población y es también el reto que enfrentan los sistemas de gestión de desastres que procuran reducir el riesgo hasta niveles aceptables y así contribuir al desarrollo sustentable.

La iniciativa de Hospitales Seguros, iniciada en las Américas en el 2004, logró influir el pensamiento y determinación de 168 Estados miembros de las Naciones Unidas que establecieron como meta para el 2015 que todos los nuevos hospitales deben ser construidos de tal manera que se asegure su funcionamiento en casos de desastre y que los hospitales existentes mejoren progresivamente su seguridad.

El desarrollo de instrumentos de evaluación de la seguridad para conocer y analizar la situación de los hospitales, comparar los resultados y priorizar las intervenciones se constituyó en la mejor estrategia para pasar de la teoría a la práctica y para priorizar las intervenciones en aquellos servicios críticos cuyo funcionamiento continuo pueden representar la diferencia entre la vida y la muerte.

El Índice de Seguridad Hospitalaria (ISH) es hoy el instrumento de mayor aplicación en el mundo. En marzo de 2012, 31 países y territorios en las Américas reportaron su uso para establecer prioridades y es uno de los elementos centrales en la implementación de las políticas y programas nacionales y sub-nacionales de hospitales seguros. Más de 1.400 hospitales han sido evaluados con el ISH y se ha determinado que el 51% está en la categoría A, es decir, tienen alta probabilidad de seguir funcionando en casos de desastre, el 37% está en categoría B, es probable que no colapsen, pero probablemente dejen de funcionar, y un 12% en categoría C, que indica que muy probablemente dejará de operar y que no garantiza la vida de los pacientes y el personal.

Representantes de la OMS de todo el mundo se reunieron en Turquía para revisar los instrumentos de evaluación de la seguridad hospitalaria que se usan en los diferentes continentes y acordaron tomar como base el ISH para generar un instrumento de aplicación global que pueda ser adaptado a las distintas realidades. Algunas regiones del mundo adoptaron el ISH y otras lo adaptaron a su propio contexto.

Los países de Europa que implementan acciones de hospitales seguros tradujeron el ISH a sus respectivos idiomas y lo aplican sin variaciones. En los países de este del Mediterráneo, donde existen altos niveles de violencia social y política que obligan a establecer servicios de salud temporales y variables, la importancia del componente estructural es mucho menos importante que la disponibilidad y capacidad del personal de salud que opera dichos servicios.

En los países del Sureste Asiático, cuyas realidades son muy diversas, el interés principal consiste en contar con una serie de herramientas basadas en el ISH, que permitan a los países aplicar los instrumentos y que los componentes se adapten mejor a su nivel de desarrollo e implementación de la iniciativa de hospitales seguros. Los países del Pacífico del Oeste por su lado, desarrollaron una serie de metas (benchmarks) para mejorar progresivamente la capacidad de respuesta de los hospitales de la región y aunque procuran no asignar valores numéricos a los niveles de seguridad de los hospitales (ranking), han establecido mecanismos de priorización basados en la complejidad de los hospitales. En África se inició la aplicación del ISH en Uganda y actualmente la región está generando documentos de política común para delimitar el marco de acción de la Gestión de Riesgo de Desastre en el sector salud y la implementación del programa de hospitales seguros con la participación de expertos de la OPS.

La evaluación de seguridad de hospitales medianos y pequeños y establecimientos de salud de menor complejidad es un paso importante que muchos países de las Américas han iniciado. Los resultados actuales indican que es necesario revisar con mayor detenimiento los instrumentos y los criterios de valoración relativa con el fin de lograr resultados que sean útiles, sobre todo para aquellas comunidades que sólo cuentan con establecimientos de salud de menor complejidad y, por tanto, deben asegurar su funcionamiento permanente.

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