La salud, elemento esencial hoy y luego de 2015

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Un desastre, antes que todo, está relacionado al impacto sobre el ser humano en su estado de bienestar físico, mental y social. La destrucción, incluso si fuera súbita y masiva, no es un desastre si no existe repercusión sobre la población. En este contexto, los servicios de salud son esenciales, 24 horas al día y 7 días a la semana, para todas las mujeres y hombres en cualquier lugar del mundo.

En situaciones de desastres, la principal responsabilidad de los servicios de salud es la de salvar vidas, reducir la incapacidad permanente, proveer atención médica a los heridos y reducir el riesgo para las personas de enfermar y morir por enfermedades u otros riesgos para la salud. Esta responsabilidad sólo puede ser ejecutada si los servicios de salud permanecen completamente operacionales.

Proteger los hospitales y otra infraestructura crítica de los desastres, no sólo limita los daños y pérdidas físicas y económicas, sino que permite continuar el funcionamiento de servicios esenciales para las comunidades afectadas. Al asegurar el acceso a los servicios de salud públicos, se contribuye a la erradicación de la pobreza y el hambre ya que las familias afectadas no necesitarán destinar sus escasos recursos para atención médica en lugares alejados, asumiendo además gastos adicionales de traslado y estadía o acudir a servicios privados de elevado costo.

Dado que los niños y niñas son los más afectados por los desastres, contar con hospitales seguros reducirá la mortalidad infantil producto de los eventos adversos y asegurará que los servicios de control del embarazo y atención del parto sigan operativos. De esta manera se contrubuirá a dos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio más difíciles de cumplir.

Los servicios de salud permiten proteger también a otros grupos poblacionales prioritarios como los ancianos, los enfermos, la población desplazada, las comunidades nativas y las poblaciones que viven en extrema pobreza. Las causas principales de muerte y discapacidad en estos grupos se deben a enfermedades como el VIH/Sida y el paludismo. Proteger a estos grupos hará posible mantener los avances hacia el logro de otros Objetivos de Desarrollo del Milenio.

El principal desafío en el marco de acción post-Hyogo es la definición de objetivos tangibles y realizables.

Un puesto de salud en una comunidad o un hospital en una ciudad grande, que es seguro frente a desastres, no sólo protegerá a su población, sino que servirá de poderoso incentivo para proteger e intervenir otra infraestructura crítica.

A día de hoy, se han producido importantes avances. Los países disponen del Índice de Seguridad Hospitalaria, herramienta de bajo costo que permite evaluar la posibilidad de que un hospital siga funcionando después de un desastre. Al menos el 10% de los 17.600 hospitales existentes en América Latina y el Caribe ha sido evaluado y se ha tomado acción en el 57% de aquellos que se encuentran en la categoría media y baja de seguridad. Asimismo,  los Ministros de Salud adoptaron un plan regional para asegurar que los nuevos hospitales que se construyan sean seguros.

Sin embargo, estos avances no pueden ocultar que hay importantes retos por cumplir. El principal desafío en el marco de acción post-Hyogo es la definición de objetivos tangibles y realizables. Los profesionales que trabajan en el ámbito de la reducción del riesgo deberían adoptar propuestas prácticas y razonables que puedan obtener el apoyo de las autoridades, de los medios de comunicación y de las comunidades. Estas propuestas no deben aislar los problemas de su entorno, sino que deben abordarlos considerando éste, premisa fundamental no solo para entender, sino para reducir la vulnerabilidad.

En este sentido, el sector salud debe incorporar no solo a los actores tradicionales, sino a otros con los que se pueda elaborar propuestas multisectoriales con objetivos comunes que permitan abordar la complejidad de los problemas, partiendo de las múltiples raíces de la vulnerabilidad. Solo así se conseguirá construir una sociedad en la que la resiliencia comunitaria sea lo suficientemente acertada como para convivir con las amenazas naturales. La OPS/OMS apuesta por un futuro en el que exista una capacidad sostenida, adecuada y liderada por los países, que permita reducir el riesgo de desastres en el sector salud, para prevenir el daño a la infraestructura y la prestación de servicios, así como proveer una puntual y efectiva respuesta en emergencias y desastres.

El riesgo de desastres se hace inaceptable si tiene efecto sustancial y abrumador sobre la salud de las personas. Es por ello que estos aspectos deben tener la mayor atención posible en el marco de acción post-Hyogo.

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