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Julio 1, 2011

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 EL COMERCIO

En los centros y subcentros de salud del noroccidente falta personal
 
La última vez que María Velázquez llevó a sus hijos al médico fue hace más de un año. “La dejación de uno” es la respuesta que da esta mujer a Gustavo Quishpe, médico de la brigada de salud que el miércoles pasado visitó su recinto, La Floreana, en Puerto Quito (noroccidente de Pichincha). Los tres hijos de María, de 15, 12 y 10 años, tienen los mismos síntomas: dolores de barriga y mareos. El médico que hace la rural en la zona pregunta: “¿Qué agua beben?”. Ella dice que usa el “agua llovida” que cae del techo de zinc de su casa.

Esta cita médica se desarrolla en la única aula de la escuela de La Floreana. Esta brigada visita un nuevo recinto cada semana y tarda más de un año en volver al mismo sitio. Patricia Maisancho, directora del Centro de Salud de Puerto Quito, dice que hay más de 90 recintos en la zona y que con los tres médicos generales y la obstetra que trabajan en el centro no cubre la demanda de salud.

De las 179 unidades básicas, 54% está condicionado

El nivel primario de atención ha sido marginado de los planes del Ministerio de Salud. Para sostener la demanda de pacientes necesitan tener aparatos de diagnóstico e imagenología básica, según Alberto Narváez, vicepresidente del Colegio de Médicos de Pichincha.

La respuesta del titular de la Cartera de Salud, David Chiriboga, es que destinará USD150 millones este año para suplir las carencias del nivel básico de salud (compuesto por puestos, subcentros, centros de salud, maternidades de corta estancia y hospitales básicos de hasta 15 camas).

EL UNIVERSO

Padres de Bola de Oro piden parar fumigación

Utilizando detergente y cloro, los miembros del Cuerpo de Bomberos de San Juan, limpiaron ayer en la mañana la escuela Hilda Márquez Cerezo, del recinto Bola de Oro, ubicado a un costado de la vía a Babahoyo. De esta forma se trataba de borrar la aparente contaminación causada por las fumigaciones en las bananeras aledañas, que el pasado miércoles afectaron a los 200 niños y maestros de ese plantel educativo.

Luis Chiriguayo, director de la escuela, dijo que las fumigaciones constantes que se hacen vía aérea a unos 300 metros de distancia, para proteger las plantaciones de banano de la hacienda Amadita, perjudican a la población y a los alumnos, quienes presentan constantes problemas estomacales. Por eso pidió que el Ministerio de Ambiente investigue y controle.

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