Skip to content

Diciembre 19, 2012

Imprimir Correo electrónico
AddThis Social Bookmark Button

 

EL COMERCIO

1.    La terapia intensiva, aún insuficiente

Las camas de cuidados intensivos de la red pública tienen la lógica de las camas calientes. Cuando un paciente recibe el alta, en cuestión de horas ingresa otro que demanda la atención. Es raro que una cama en esta área esté vacía más de un día. El nivel de ocupación de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Eugenio Espejo, la unidad de referencia del Ministerio de Salud, que cuenta con 28 camas, está entre el 90 y 100%, según su gerente, Marco Cazco.

Las patologías que más se atienden en este hospital de especialidades son sepsis, infecciones pulmonares, embolismos grasos y el síndrome de parálisis Guillain-Barré. Todas estas deberían ser evacuadas en un hospital de segundo nivel. Pero el problema es la falta de personal.

Un ejemplo es el Hospital Enrique Garcés, que tiene siete camas, pero podría crecer a nueve si contara con el personal necesario. Luis González, tratante del servicio y presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Medicina Crítica, dice que “faltan seis enfermeras y dos tratantes para poner las nueve camas operativas”.

Narcisa Valdivieso, directora médica del Hospital Eugenio Espejo, dice que la solución pasa por la especialización de las unidades, y señala que los hospitales de tercer nivel deberían liberar sus camas para atender los postoperatorios de las cirugías de corazón, de cráneo, de pulmón y trasplantes.

“En el mundo se está buscando tener terapias más pequeñas y especializadas para no perder la objetividad del tratamiento”, dice. Pero la inmensa mayoría de las 800 camas de UCI que hay en el país, a nivel tanto privado como público, son polivalentes, y esto impide desarrollar procedimientos complejos como los trasplantes. El Eugenio Espejo dejó de hacer estas intervenciones hace dos meses. La razón: no cuenta con la infraestructura necesaria para aislar a los pacientes inmunodeprimidos.

Tampoco hay unidades de cuidados intermedios, que podrían ocuparse de pacientes que tienen una recuperación lenta, como los que padecen el síndrome Guillain Barré. Los pacientes de estas patologías, que requieren ventilación mecánica para respirar en algunas fases de su enfermedad, ocupan camas de UCI por períodos de cuatro y seis meses. En el Hospital Eugenio Espejo, a la fecha, hay cuatro casos de Guillain Barre.

Olga Coloma va a cumplir 89 años este mes en la UCI de este hospital, y ya lleva seis meses internada. Llegó de Bolívar y pasó seis días en la Terapia Intensiva del Hospital Vozandes. “La cuenta por esos días fue de casi USD 8 000. El mismo médico de allí sugirió que nos fuéramos al Espejo, y tuvimos que esperar unas horas porque no había camas”, cuenta su hija.

Por un cuadro de sepsis los pacientes se suelen quedar entre ocho días y un mes, pero la estancia se puede prolongar hasta años por patologías como el síndrome de Guillain-Barré y enfermedades como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Leonardo Pazmiño, ex jefe de la UCI del Eugenio Espejo, recuerda que hubo un paciente con ELA que ocupó una cama por tres años y al final murió.

En el país no se debate sobre los protocolos bioéticos. Jean Raad, que abrió el camino de la medicina crítica en el país en los años 80, dice que hay que hacer cierta distinción entre los pacientes y el costo. “Si yo salvo la vida de una mujer de 20 años con eclampsia y la vuelvo productiva, no cuesta nada. Y si le doy el mismo costo a un señor de 90 años con cáncer metastático, es un gasto innecesario… Pero tampoco podemos dar una ley que diga que los no productivos deben morir. ¿Qué hacemos con la gente que cada vez vive más? Lo que tenemos claro es que la UCI no es el sitio del buen morir, sino del buen vivir”, dice Raad.

Además, la ampliación de las camas sin recurso humano para atenderlas no es la solución. Un ejemplo es lo que ocurre en el Hospital Carlos Andrade Marín, que hace dos meses duplicó el número de camas de 18 a 36, pero no puede operar al 100% por la falta de especialistas. El problema en este hospital no se hace evidente porque los pacientes que requieren una cama de Terapia Intensiva son transferidos a una entidad privada. No hay un plan claro para la trasformación de las terapias intensivas del sector público. Solo existen anuncios aislados, como la ampliación a 50 camas de UCI en el Hospital Eugenio Espejo.

El Ministerio de Salud desde mayo se apoya en toda la red de salud pública (IESS, Issfa, Isspol) y privada para conseguir camas de UCI. Los pagos se hacen a través de un tarifario que establece pagos por todos los procedimientos médicos. El día/cama de Terapia Intensiva cuesta USD 269,5, pero a esto hay que sumar otros ítems, como medicamentos. El promedio diario que se paga por paciente es de USD 1 500.

 

Nuevo tratamiento para el mal de Chagas

El mal de Chagas tendrá un nuevo tratamiento para afectados. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este mal es una de las 13 enfermedades tropicales más desatendidas y la tercera de origen infeccioso en América Latina, detrás del VIH/sida y la tuberculosis.

El tratamiento fue impulsado por la venezolana Luz Maldonado, una profesora de 47 años que hace cinco contrajo la enfermedad por beber un jugo contaminado, en un brote que infectó a 103 personas en una escuela de Chacao, en Caracas, donde un menor de edad murió.

Actualmente convive con cefaleas, edemas y erupciones, problemas de articulaciones, pérdida de memoria, taquicardias, insomnio y depresión, que en buena parte son efectos colaterales de los medicamentos usados en contra del parásito.

Detrás del Chagas está el Trypanosoma cruzi, un parásito unicelular transmitido por insectos hematófagos y que, según la OMS, afecta actualmente a entre 17 y 20 millones de personas en América Latina.

Casi el 25% de la población regional está en riesgo de contraer la enfermedad, que mata anualmente al menos a 50 000 personas. Dos tipos de cepas originan el mal de Chagas. Una afecta desde México hasta el norte de América del Sur y otra desde Brasil al extremo austral. Las primeras dañan sobre todo el corazón. Las segundas dañan, además, el esófago y el colon.

Esta enfermedad tiene tres fases: la primera, aguda, de casos con síntomas y cuadros muy floridos y otros suaves. La segunda es indeterminada.

En la tercera, muy crónica, el tejido miocárdico se destruye y no se regenera, y es sustituido por tejido fibroso. El corazón aumenta de tamaño y su contracción ya no es efectiva, inyecta menos sangre al pulmón y cae en insuficiencia cardiaca.

Av. Amazonas 2889 y la Granja, Quito, Ecuador
Apartado Postal 17-07-8982, Quito, Ecuador
Tel.: +593-2 2460-330; +593-2 2460-332; +593-2 2460-296; +593-2 2460-215 Fax:+593-2  2460-325
www.paho.org/ecu