Skip to content

Enero 8, 2013

AddThis Social Bookmark Button

 

EL COMERCIO

Las expropiaciones, en el plan para ampliar red de salud pública

El Ministerio de Salud prevé continuar con el camino de la expropiación de clínicas privadas para ampliar su red de servicios. La Clínica San Francisco, ubicada frente al Hospital Baca Ortiz, pasó a manos del Estado el 27 de diciembre.

Su gerente, Patricio Canelos, confirma que ese día se firmó un convenio con la Secretaría de Gestión Inmobiliaria del Sector Público (Inmobiliar) y aunque no revela el monto de la negociación dice que se hizo un segundo avalúo catastral, ya que el primero, que era de USD 730 000, no estaba acorde con la realidad.

“Aceptamos la expropiación como una contribución que hacemos desde la Clínica San Francisco para conseguir el bienestar de la salud pública. Jamás estuvo en nuestro pensamiento crear conflicto, obtener un beneficio excesivo, o perjudicar a nuestros trabajadores”, dice Canelos y añade que la clínica, que tiene una trayectoria médica de 50 años, continuará en otras instalaciones en el norte.

Las palabras del gerente de la clínica tienen correspondencia con sus actos pues en el último período que apoyó al pediátrico, a finales de 2011 e inicios de 2012, se encargó de los análisis radiológicos de más de 2 000 niños y hasta ahora no ha recibido el pago por sus servicios y los insumos que ocupó. Son más de USD 20 000.

El edificio de la Clínica San Francisco debe pasar a manos del Estado en dos meses, pero el gerente está pendiente de una reunión con las autoridades sanitarias para conseguir una prórroga de dos meses más. Está pendiente la reprogramación de las más de 100 cirugías que tenían planificadas y el traslado de zonas sensibles como el área de terapia intensiva neonatal, que tiene 12 camas y una ocupación del 100%.

“Hay cuatro o cinco niños que están en etapa de maduración o esperando cirugías importantes que no van a poder ser manejados desaprensivamente”, dice.

Los cuatros pisos del edificio de la Clínica San Francisco se convertirán en una unidad de diagnóstico del pediátrico Baca Ortiz, según Andrés Cadena, asesor de talento humano del Ministerio de Salud. La expectativa era empezar el equipamiento y la readecuación del espacio en este mes, pero se retrasará hasta que se haga la entrega efectiva del inmueble. La Cartera de Salud, sin embargo, no ha indicado el monto de la inversión que hará en esta nueva unidad.

La expropiación de esta clínica obedeció a un pedido del presidente Rafael Correa, que visitó el Hospital Baca Ortiz en enero del 2012, después de que una niña de siete años cayera por el ducto de un ascensor. Allí se enteró de que la entidad de enfrente prestaba servicios médicos al pediátrico. Por eso, pidió que el inmueble fuese declarado en utilidad pública.

Para Fernando Salazar, médico especialista en administración e investigación médica, el crecimiento de la red pública de salud, a través de las expropiaciones, se justifica porque la infraestructura está deteriorada y data de los años del ‘boom’ petrolero de hace 40 años. Pero su crítica es que nuevamente todo se construye en función de la curación. “El Ministerio solo genera oferta para la atención de la morbilidad y no hace nada para la prevención y promoción de la salud”.

En el portal de esa Cartera de Estado aparece de manera escueta el detalle de un proyecto que lleva como título: “Fortalecimiento de la Red de Servicios de Salud y Mejoramiento de la Calidad” y se lee en los apartados de misión y visión que el primer nivel de atención contará con todo lo necesario para la promoción de la salud y prevención de la enfermedad.

Pese al pedido que hizo este Diario para ampliar esta información no hubo respuesta de la autoridad sanitaria. En el documento, colgado en el portal, solo hay un detalle estadístico de las unidades con las cuales contará el país hasta 2021 (ver nota compartida).

Patch Adams regaló sonrisas en el Hospital Baca Ortiz de Quito

El médico reconocido por promover la risoterapia con fines médicos visitó este centro de salud para niños. Fue recibido con mucha alegría.

Entre el sueño y la vigilia, Emiliano de la Cruz espera sentado en el área de Consulta Externa del Hospital Baca Ortiz. Desparramado en el asiento, revela que está preocupado porque a su hija, de 14 años, le están haciendo una endoscopia y teme por los resultados. De un momento a otro, Emiliano se yergue por unos ruidos que llaman su atención. Son pitos y maracas tocados por jóvenes vestidos de colores sin combinar. Cada uno tiene su estilo: una peluca grande, unos lentes redondos enormes... todos tienen algo en común: la nariz roja.

En medio de tanto color, resalta una cabeza más alta que lleva un gorro en forma de peluche de gallina. De bigote blanco y pelo -mitad blanco mitad azul- que le llega hasta la cintura, sonríe a quienes lo miran. Es Patch Adams, el doctor estadounidense que inventó la risoterapia con fines médicos y que se popularizó tras la película que lleva su nombre, protagonizada por Robin Williams.

Ayer, a las 08:53, llegó hasta este hospital de niños junto con 10 ‘clowns’ (payasos) de la agrupación Clowns Célula Roja.

Una nariz plástica roja, unos zapatos varias tallas más grandes, una pantaloneta al estilo hippie y una camisa colorida. Su atuendo atrae numerosas miradas. El ‘Doctor de la risa’, como también es conocido, se acerca a un pequeño de gorro azul que espera el turno para ser atendido junto a su madre. Se aproxima aún más y el niño ríe tímidamente. Patch aplasta la nariz del pequeño y luego la suya –grande, roja y plástica– haciéndola sonar. Un sonido circense despierta la risa del niño cuyo rostro revela cicatrices de quemaduras. Patch observa a su madre, se sienta al lado y la imita: cruza la pierna y alza la mirada meditabunda. Los tres ríen. Patch abraza al pequeño y sigue su recorrido.

Junto a ellos está Emiliano, cuyo semblante es ahora diferente. Sonríe y no despega su mirada de este médico de 68 años. Patch se le acerca y saca de su pantaloneta un pescado de hule que aplasta y emite otro sonido. Ambos sonríen. El doctor se va y este quiteño confiesa que le hizo bien el momento, que estaba bastante estresado, que a veces se olvida de la importancia de reír, que ese doctor lo ayudó a recordarlo.

Mientras Patch se acerca a una señora de unos 60 años, que luce muy seria, otro grupo de cinco ‘clowns’ baila y canta frente a las sillas de espera de esta sala. Detrás de ellos, a través de un vidrio, tres empleados con bata blanca interrumpen sus actividades para ver el show. Uno toca un charango, otro canta y el resto baila con gestos exagerados. Brincan, improvisan movimientos con las piernas y brazos. Las sonrisas son permanentes, la de Patch también.

Millones de pacientes no entienden al médico

Unos 20 millones de británicos, alrededor del 43 por ciento del total de pacientes, no comprenden el lenguaje con que les hablan los médicos, que utilizan términos científicos que nunca escucharon antes.

Son los resultados de una investigación realizada por la London South Bank University, en colaboración con algunos expertos en salud pública, que pone de relieve un problema no solamente británico.

En muchos casos los pacientes consideran demasiado embarazoso pedir más informaciones sobre la dosis de un medicamento o sobre cómo efectuar un examen prescripto, y por lo tanto prefieren eludirlo, con potenciales riesgos para la salud.

Pero el problema no es solamente británico: también en Italia el problema existe y preocupa, como en muchos otros países, por sus efectos negativos en los pacientes.

Claudio Cricelli, presidente de la Sociedad Italiana de Medicina General (SIMG) , explicó que la cuestión afecta sobre todo a enfermos crónicos como diabéticos e hipertensos, pero sin embargo como estos realizan más a menudo estudios médicos se los puede monitorear mejor sobre la marcha de los tratamientos.

El problema es que la incomprensión del lenguaje médico afecta también a los neófitos, es decir los pacientes a veces jóvenes, con una patología aguda, que pueden fácilmente confundirse con los remedios y se muestran más reacios a pedir informaciones al médico.

 

EL UNIVERSO

 

Programas para discapacidades dependen de reforma a ley

 

Luego de que en octubre pasado el vicepresidente Lenin Moreno dijera que estaba en marcha un proceso de traspaso de los programas para personas con discapacidades a varios ministerios hasta mayo, cuando deje su cargo, en la última sabatina expresó que estos pasarán a una nueva secretaría.

Ayer, la asambleísta Irina Cabezas dijo que se encargará de que los programas Misión Manuela Espejo y Joaquín Gallegos Lara no desaparezcan una vez que Moreno se retire.

Esto porque el mismo vicepresidente le pidió “que vigile la continuidad” de esta gestión para las personas con discapacidades, según dijo ayer Cabezas durante una rueda de prensa con Xavier Torres, vicepresidente del Consejo Nacional de Discapacidades (Conadis).

La propuesta se ejecutará a través de una reforma a la Ley Orgánica de Discapacidades que permita la creación de la Secretaría Técnica Misión Manuela Espejo, tal como lo anunció Moreno el sábado pasado en la rendición de cuentas.

No obstante, esas modificaciones a la ley no están listas y tampoco hay una fecha para estructurar esta secretaría. Aunque “lo ideal sería que esté listo antes de que Moreno deje la Vicepresidencia (el 24 de mayo del 2013)”, expresó la legisladora oficialista.

Xavier Torres expresó que la futura secretaría permitirá impulsar proyectos de inversión que sean sostenibles en el tiempo, pues la entidad tendrá autonomía administrativa y presupuestaria, lo que facilitará que, por ejemplo, los $ 104 millones que tiene la Vicepresidencia como presupuesto se transfieran a la secretaría y no a los ministerios de Salud, Educación y al MIES.

En octubre pasado, Moreno dijo que estaba en marcha el traspaso de los programas para personas con discapacidad a varios ministerios. Según lo indicado ese día en un encuentro en la provincia de Galápagos, el programa Manuela Espejo pasaba al Ministerio de Salud; el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) se encargaba del programa Joaquín Gallegos Lara; la cartera de Vivienda se hacía cargo de entregar viviendas a personas discapacitadas; Educación, de becas y ejecución de escuelas con facilidades; Relaciones Laborales, de los controles y planes para garantizar empleos a ese grupo poblacional.

En días pasados, este Diario contactó a familiares de personas beneficiadas por el programa Manuela Espejo y el bono Joaquín Gallegos Lara.

 

Se entregaron 13 marcapasos reciclados de Suecia a JBG

 

Trece marcapasos reciclados fueron donados la mañana de ayer a la Junta de Beneficencia de Guayaquil (JBG) para ayudar a personas de escasos recursos económicos que necesiten de estos aparatos.

Esta actividad se realizó por la renovación de convenios entre el Club Rotario Boras Vastra de Suecia, de donde son originarios los dispositivos, y de los clubes rotarios de Guayaquil y Guayaquil Moderno con la JBG.

Werner Moeller, director de la JBG, señaló que desde el 2007, cuando se firmó el primer convenio, no solo se han beneficiado “200 pacientes, sino 200 familias a quienes se les dio una nueva esperanza de vida”.

Estos marcapasos serán destinados al Servicio de Cardiología del hospital Luis Vernaza.

Ernesto Peñaherrera, jefe de Cardiología del hospital, aseguró que estos dispositivos son para pacientes que no gozan de ningún tipo de seguro médico o beneficio social del Gobierno, y son de muy escasos recursos económicos.

“Son pacientes que a diario llegan a nuestro hospital, con bloqueos cardiacos, los que acceden a este programa de marcapasos en máximo 72 horas”, explicó Peñaherrera.

Indicó que a estos beneficiarios previamente se les hace la evaluación clínica y la valoración socioeconómica a través de trabajo social.

“Son pacientes que no pueden esperar, por ende no hay una lista de espera, se los coloca a quien los necesita” señala el cardiólogo.

John Smith, representante del Club Rotario Boras Vastra de Suecia, quien realizó la entrega de los aparatos a Moeller, explicó que los dispositivos son reciclados de otros pacientes en Suecia, pero que han sido analizados exhaustivamente y certificados para su reutilización.

“Los dispositivos tienen un promedio de diez años de vida útil y un costo aproximado de tres mil dólares cada uno”, señaló Smith.

Av. Amazonas 2889 y la Granja, Quito, Ecuador
Apartado Postal 17-07-8982, Quito, Ecuador
Tel.: +593-2 2460-330; +593-2 2460-332; +593-2 2460-296; +593-2 2460-215 Fax:+593-2  2460-325
www.paho.org/ecu