B) Análisis de Situación: Enfermedades Crónicas No Transmisibles

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La epidemia de la obesidad y los cambios en el estilo de vida que conducen a las ECNT, como el infarto cardiaco, derrame o hemorragia cerebral, diabetes y ciertos tipos de cáncer, es un acontecimiento mundial. En Centro América, la epidemia se ha establecido en los últimos 15 a 20 años y es probable que traiga consigo un aumento importante de ECRN en los siguientes 15 años. Es más, varios países de la región están experimentando una superposición epidemiológica, caracterizada por una incidencia aún elevada de carencias nutricionales e infecciones, en particular entre infantes, mujeres embarazadas y ancianos; al mismo tiempo que la obesidad y otros factores de riesgo de las ECRN están aumentando, particularmente en niños, adolescentes y adultos de todas las condiciones socioeconómicas.

Del total de 58 millones de defunciones por todas las causas ocurridas en el mundo en el 2005, se estima que 35 millones (60%) correspondieron a ECRN; es decir, el doble del número de muertes correspondiente al conjunto de todas las enfermedades infecciosas (incluidos el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria), las enfermedades maternas y perinatales y las carencias nutricionales. Solo un 20% de las muertes por ECRN se producen en los países de ingresos altos, mientras que 80% se registran en los países de ingresos bajos y medios. Adicionalmente, las muertes debidas a enfermedades cardiovasculares y a diabetes ocurren a edad más temprana en los países en desarrollo (45% y 54% antes de 70 años de edad, respectivamente) comparados con los desarrollados (26% y 34%). En América Latina y el Caribe, las ECRN contribuyeron con 44% de las defunciones en los hombres y 45% en las mujeres menores de 70 años. El perfil epidemiológico de Centro América y República Dominicana también se está transformando como parte de la transición epidemiológica global. Entre el quinquenio 80-85 al quinquenio 90-95 hubo una reducción dramática de las enfermedades transmisibles en Centro América (de 308 a 94 por 100,000 habitantes). Este fenómeno contribuyó a que las enfermedades cardiovasculares sean en la actualidad la primera causa de mortalidad general en la región. Al ajustar las tasas de mortalidad por edad para hacerlas comparables entre países, el cáncer y las enfermedades cardiovasculares son las principales causas en todos los países de la región. Las tasas más altas se registran en Belice, República Dominicana, Honduras y Nicaragua, en donde son iguales o mayores a las de Estados Unidos. El país con mayor doble carga de mortalidad (tasa entre cáncer+enfermedades cardiovasculares / enfermedades transmisibles cercana a 1), es Guatemala (1.24). Costa Rica tiene la menor doble carga de mortalidad (tasa de 9.8).

Los factores de riesgo de las ECRN son esencialmente los mismos en todo el mundo. Los factores conductuales más importantes son: Dieta no saludable, inactividad física y consumo de tabaco. Se reconoce también la importancia de la genética y el ambiente (factores determinantes) en el establecimiento de estos factores conductuales. Todos estos factores provocan el aparecimiento de factores de riesgo intermedios: Aumento del peso corporal, de la presión arterial y del colesterol y la glucosa en sangre. Finalmente, la suma de todos estos factores de riesgo modificables, junto con los factores no-modificables (edad y herencia), explican la mayoría de nuevos eventos de infartos cardiacos, hemorragias cerebrales, cáncer y diabetes. En los últimos 40 años se ha observado un cambio considerable en el patrón alimentario de la mayoría de poblaciones de la región, caracterizado por un aumento en el consumo de alimentos altos en grasa y azúcares refinados, a expensas de una reducción en el consumo de cereales, granos y leguminosas. De acuerdo a las hojas de balance de FAO para Centro América, el consumo de energía per capita ha aumentado en más de 350 kcal/día en los últimos 40 años. Además, la proporción de energía proveniente de cereales y leguminosas se ha reducido de 55 a 47%, a expensas de un aumento en el consumo de grasas (18 a 21%) y azúcares simples (16 a 20%). El consumo de frutas y verduras se ha mantenido en alrededor de 250 g al día, siendo la recomendación 400 g. Desafortunadamente, la información sobre la prevalencia de inactividad física es escasa. Datos recientes de encuestas realizadas en áreas urbanas muestran que las mujeres tienen una prevalencia de insuficiente actividad física (menos de 150 minutos de actividad de intensidad moderada a la semana) más alta que los hombres. La prevalencia oscila entre 43 y 66% en las mujeres, mientras que en los hombres es de 40 a 51%. La obesidad ha aumentando en la región en forma alarmante en los últimos 10 a 15 años, en todos los grupos de edad. La prevalencia de obesidad en niños y niñas menores de 5 años ya es mayor del 5% en República Dominicana, Costa Rica y Guatemala. En mujeres entre 15 y 49 años, la tendencia es aún más acelerada, con un aumento anual entre 1.5 y 2 puntos porcentuales. Esto quiere decir que, alrededor de 60% de mujeres de Costa Rica, República Dominicana, El Salvador y Nicaragua en el 2007, tenían sobrepeso y alrededor de 50% en Guatemala y Honduras. Desafortunadamente, no se cuenta con suficientes datos en otros grupos de edad a nivel nacional. Un estudio multicéntrico realizado en áreas urbanas de la región mostró tasas de prevalencia de sobrepeso y obesidad en mujeres entre 59 y 76%, mientras que en hombres estuvo entre 48 y 69%. Entre 42 naciones de África, Asia y América Latina, Guatemala tenía en 1995 la mayor taza de hijos con retraso en el crecimiento y madre con  sobrepeso en el mismo hogar (16%), cifra que ha aumentado dado que la prevalencia de retraso en crecimiento ha cambiado muy poco y la de sobrepeso continúa aumentando.

Las ECNT están interconectadas en un círculo vicioso en el que las poblaciones más pobres son las que tienen más riesgo de padecerlas y morirse prematuramente como consecuencia de ellas y, a la vez, las ECNT producen pobreza. Los pobres son más susceptibles de padecer ECNT porque tienen niveles altos de estrés psico-social, mayor exposición a los factores de riesgo, incluyendo la inseguridad alimentaria, y poco acceso a las fuentes de información y a los servicios de salud. Por otro lado, las ECNT imponen una enorme carga económica en los pobres, y empujan a muchos individuos y a sus familias hacia la pobreza. Las ECNT son causa de muerte súbita prematura, causan discapacidad permanente (ceguera, amputación de alguna extremidad, fallo renal, paraplejia, etc.), muchas veces por años en la vida de las personas y tienen efectos económicos importantes y subestimados en las familias, las comunidades y la sociedad en general. Además de tener efecto a nivel de individuos y familias, las ECNT tienen efectos severos en la economía de un país. De acuerdo a datos del Banco Mundial, para el 2015, las pérdidas causadas por las ECNT en el ingreso económico a nivel nacional de muchos países serán de 3 a 6 veces mayores si no se toman medidas para detener su avance. Lo anterior hace que las ECNT dificulten el crecimiento económico y reduzcan el potencial de desarrollo del país. El aumento rápido de la prevalencia de las ECNT conlleva una carga financiera que dentro de pocos años ningún sistema de salud podrá pagar debido al alto costo de la atención médica a pacientes con dichas enfermedades.

El nivel de atención prestada a las ECNT en la región no encaja con su importancia. Además, no se le ha dado la debida importancia al potencial para su prevención y tratamiento. Varios malentendidos han contribuido a que las ECNT hayan quedado relegadas a un segundo plano, como que afectan principalmente a los países de ingresos altos; que los países de ingresos bajos deberían controlar las enfermedades infecciosas, los problemas de salud materno infantil y las deficiencias nutricionales antes de intentar controlar las ECNT; que afectan principalmente a las personas ricas; a las personas mayores; y que no pueden prevenirse. La evidencia muestra que estos no son más que mitos. Pese a algunos éxitos mundiales, como la Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud, las actividades internacionales de salud y desarrollo han descuidado en general las ECNT. Por ejemplo, estas enfermedades no figuran entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM); no obstante, como se reconoce en una publicación de la OMS, es posible incluirlas en el objetivo 6 (lucha contra el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades). La salud entendida en sentido más amplio, incluida la prevención de las ECNT, contribuye a la reducción de la pobreza y por lo tanto al objetivo 1 (erradicar la pobreza extrema y el hambre). En respuesta a sus necesidades, varios países del mundo han adaptado ya sus metas e indicadores de los ODM para incluir a las ECNT y sus factores de riesgo. Los países de la región no cuentan con una política establecida con respecto a las ECNT, incluso la mayoría no cuenta con un programa nacional específico para la atención de esas enfermedades.

La buena noticia es que las ECNT se pueden prevenir en una proporción bastante alta. Por lo menos 80% de casos prematuros de enfermedad cardiaca y diabetes y 40% de casos de cáncer pueden ser prevenidos a través de una dieta saludable, actividad física regular y evitar el consumo de tabaco. La evidencia actual provee una base plausible y suficientemente sólida de que las personas pueden permanecer sanas hasta la octava o incluso, la novena década si siguen una dieta óptima, realizan suficiente actividad física y se abstienen de fumar. Además, existen intervenciones que pueden ser altamente costo-efectivas, particularmente importantes en escenarios con pocos recursos. Esta evidencia justifica tomar acciones inmediatas para la prevención de las ECNT más comunes.

Última actualización el Viernes 15 de Julio de 2011 01:31