Enfermedades no transmisibles y promoción de la salud

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Las enfermedades no transmisibles (ENT) —fundamentalmente las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas— constituyen la principal causa de muerte en la Región. En el 2007 se registraron unos 4,45 millones de defunciones por estas enfermedades, de las cuales un 37% se produjeron en menores de 70 años. [i]  Estas son causadas principalmente por un conjunto de factores de riesgo comunes como el tabaquismo y la exposición pasiva al humo de tabaco en el ambiente, un régimen alimentario poco saludable, la inactividad física, la obesidad y el consumo nocivo de alcohol, entre otros.

El Marco regional para la prevención y el control de las ENT y la estrategia para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles 2012-2015 de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) tienen como meta reducir la mortalidad y la morbilidad prevenibles, reducir al mínimo la exposición a factores de riesgo, aumentar la exposición a factores protectores y reducir la carga socioeconómica de las enfermedades no transmisibles con la acción multisectorial y de numerosos interesados directos que promueva el bienestar y reduzca la inequidad en los Estados Miembros y entre ellos.

En Guatemala, los  eventos crónico-degenerativos (infartos agudos al miocardio -IAM-, accidentes del área cerebro vascular -ACV-, diabetes mellitus -DM- y cirrosis hepática -CH-) han desplazado a eventos infecciosos, como las diarreas, de los primeros lugares de mortalidad general en el país.  Esto puede ser atribuible a los cambios de estilo de vida de la población como el sedentarismo, la alimentación no saludable y el estrés, entre otros. Además, las heridas por proyectil de arma de fuego ocupan el octavo lugar como causa de mortalidad, con una tasa 10 veces mayor en hombres que en mujeres (7.15 y 0.75 x 100,000 habitantes).

Los determinantes sociales de la salud, como los ingresos, la educación, el empleo y las condiciones de trabajo, el grupo étnico y de género ejercen una  influencia importante sobre las ENT [iv].  Por ende, las ENT (también conocidas como “enfermedades crónicas o “enfermedades crónicas no transmisibles”) constituyen un complejo problema de salud pública en Guatemala y en la región además de un reto para el desarrollo económico. Requieren intervenciones del sector de la salud, así como de otros sectores del gobierno, la sociedad civil y el sector privado.  En el país también es urgente además de actualizar la normativa en salud laboral el fortalecimiento del Consejo Nacional de Salud y seguridad ocupacional (CONASSO).

La evolución de la definición de salud ambiental durante las últimas décadas ha sido dinámica, aunada a la continua interacción de los determinantes ambientales y sociales de la salud.  Si el medio ambiente fuera más saludable, cada año se podrían evitar hasta 13 millones de defunciones.  Una gran parte de esas muertes, enfermedades y discapacidades podrían prevenirse mediante intervenciones bien focalizadas como el fomento del almacenamiento seguro del agua doméstica, una mayor higiene y la utilización de combustibles más limpios y seguros.

Guatemala se encuentra entre los 10 países más vulnerables al cambio climático a nivel global.  Dentro de las amenazas que más afectan al territorio nacional se incluyen las inundaciones, las heladas y las sequías, reflejándose en un incremento de los riesgos a enfermedades, la inseguridad alimentaria y la pobreza.

Según el Departamento de Salud y Ambiente, el 90% de las fuentes superficiales se encuentran contaminadas; más del 40% de la población no tiene acceso a agua potable, reflejándose en tasas de mortalidad infantil superiores resultado de las enfermedades diarreicas.  A nivel rural, el 86% de hogares utiliza el sistema dendro energético (carbón y leña) para cocinar sus alimentos, situación que incrementa considerablemente la calidad del aire y las enfermedades de las vías respiratorias.

En este sentido,  la OPS/OMS, busca catalizar y liderar a nivel regional iniciativas intra e intersectoriales que fortalezcan la capacidad de los Estados Miembros de promover y proteger la salud ambiental, mediante políticas públicas transformadoras de los determinantes ambientales  y sociales, encaminadas a reducir inequidades y riesgos ambientales para mejorar el bienestar físico, mental y social de la población en el marco del desarrollo sostenible.

Tomando en cuenta el perfil epidemiológico que presenta el país, la educación y la promoción de la salud se convierten en estrategias principales para impulsar la buena salud.  Las estrategias de municipios y escuelas saludables contribuyen a la promoción de la salud a nivel local, sin embargo no cuentan con respaldo presupuestario adecuado.

Última actualización el Jueves 25 de Septiembre de 2014 22:50