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El siguiente recurso incluye una lista con las diez buenas razones para medir el trabajo no remunerado en el cuidado de la salud.

1.  La medición es parte esencial del conocimiento. Aunque no todo el conocimiento es cuantificable, la búsqueda de la cuantificación requiere un trabajo analítico previo que pone de manifiesto las fortalezas y debilidades teóricas y mejora la capacidad analítica y sintética de los investigadores. 

2.  La medición facilita extraordinariamente la posibilidad de efectuar comparaciones, tanto a nivel temporal como territorial y entre grupos sociales. Para ello, se requiere que haya discusión científica y que se alcancen acuerdos. 

3.  La medición es un instrumento que permite evitar la invisibilidad y sus correlatos de ignorancia, ocultación y derivación de costos hacia los sectores sociales más vulnerables. La promoción y conservación de la salud, así como la lucha contra la enfermedad y la discapacidad demandan un esfuerzo enorme tanto por parte de los individuos como del Estado y de numerosas entidades sociales y políticas. La salud de la población y su cuidado afectan a la eficacia productiva, a la estabilidad, a la sostenibilidad del desarrollo y a la equidad distributiva. Los recursos son siempre limitados y hay que valorarlos y decidir prioridades.

4.  El trabajo no remunerado en salud afecta directa o indirectamente a toda la población, sean cuales fueren su género, clase social, etnia, condición rural o urbana y localización territorial. Esta incidencia no se produce de forma homogénea sino muy desigual y segmentada. Este tipo de trabajo recae sobre todo en las mujeres y en los sectores de rentas bajas. Afecta tanto a la protección social de los enfermos como a la de los cuidadores (pobreza inducida, pérdida de empleo, fragilidad social, imposibilidad de acceso a pensiones contributivas, etc.). 

5. El trabajo no remunerado en salud afecta principalmente al sector formal sanitario, pero su impacto es transversal en todos los sectores. Influye en los sectores de educación, empleo, cultura, transporte, alimentación, vivienda, seguridad, desarrollo, etc. y a su vez es influido por lo que sucede en ellos. Por eso, las políticas sanitarias han de coordinarse con las restantes políticas públicas y con los sistemas privados de cuidado de la salud. 

6.  En todo el mundo, y sin duda también en América Latina, se están produciendo grandes cambios en la demanda y la oferta de cuidados dentro del campo del trabajo no remunerado en salud. Los cambios en la demanda derivan principalmente de variaciones en la composición demográfica (más ancianos) y familiar (mayor proporción de hogares unipersonales, familias monoparentales, divorcio y recomposición familiar). Paralelamente, los cambios en la oferta de cuidados derivan de la reducción de la proporción de cuidadores potenciales y reales por demandante, de la incorporación de las mujeres al empleo y de otras transformaciones sociales.   

7.  La salud es un bien tutelado por el Estado de derecho y su tratamiento no constituye un asunto individual sino institucional, social y político. La medición y creación de opinión son herramientas clave para transformar un principio político teórico en un derecho aplicado, reconocido y exigible.   

8.  El cuidado no remunerado de la salud no sólo tiene repercusiones a nivel local, sino también internacional. Las migraciones afectan a la disponibilidad de cuidadores (cuando los cuidadores potenciales emigran) y es la causa de desplazamientos específicos (para cuidar en forma paga a enfermos y dependientes de otros países), con sus consiguientes movimientos financieros (remesas) y cambios en los sistemas formales e informales de protección social.   

9.  La proporción del tiempo de cuidado no remunerado en el conjunto del tiempo de cuidado destinado a la salud es formidable. Varios estudios monográficos realizados en España estiman que el tiempo de cuidado no remunerado equivale al 88% del tiempo total dedicado a la salud. Para las enfermedades degenerativas avanzadas, características de poblaciones envejecidas (por ejemplo, el Alzheimer), se estima que dicho tiempo alcanza hasta el 99% del tiempo de cuidado requerido por el enfermo.     

10. Finalmente, la medición del trabajo no remunerado en salud es un compromiso político asumido por la inmensa mayoría de los gobiernos, que en  la Conferencia de la mujer realizada en Pekín en 1995, aceptó la propuesta de  Naciones Unidas de reformar el Sistema de Cuentas Nacionales para rescatar de la invisibilidad al trabajo no remunerado e incorporarlo plenamente a todas las políticas sectoriales, incluidas las de salud. 

María-Ángeles Durán, “La  economía invisible y las desigualdades de género. La importancia de medir y valorar el trabajo no remunerado”, Organización Panamericana de la Salud, 2008.

Última actualización el Viernes 26 de Junio de 2009 05:14

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