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La declaración de la OMS hace referencia a la propagación mundial y no a un efecto grave de los brotes de la gripe

Washington, D.C., 12 de junio de 2009 (OPS)—Para los países de América Latina y el Caribe, la declaración de que nos encontramos ante una verdadera pandemia de gripe por A (H1N1) significa que deben estar alertas para detectar los casos nuevos, pero no deben esperar necesariamente que haya un aumento notable del número de casos graves o defunciones, explicó hoy un vocero de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

"El cambio a la fase 6 no implica que aumentará el número de defunciones o de cuadros graves" explicó Jon Andrus, epidemiólogo principal y asesor técnico en materia de inmunización de la OPS. "Hasta ahora, la mayor parte de las personas presentan un cuadro leve y se recuperan sin necesidad de medicación."

Además, dijo que "en general, los hospitales y los sistemas de atención de salud en la mayoría de los países han podido hasta ahora hacer frente al número de personas que buscan atención, aunque sabemos que en algunos lugares hay establecimientos y sistemas han estado trabajando al límite de su capacidad".

Estas observaciones formaron parte de una sesión informativa para la prensa celebrada en la sede de la OPS en el día de hoy, un día después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarase que la propagación de la gripe por A (H1N1) había alcanzado el nivel de pandemia. Se aumentó el nivel de alerta de la OMS de la fase 5 a la 6 porque los datos existentes indican que existe transmisión sostenida del virus a nivel de la comunidad en al menos dos regiones de la OMS.

El doctor Andrus observó que el cambio de fase indica el grado de propagación mundial, pero no refleja ningún cambio en la gravedad de la enfermedad o en su repercusión, aunque sí significa que los países que todavía no han registrado casos seguramente empezarán a hacerlo.

La OMS sigue recomendando que no se impongan restricciones de los viajes ni se cierren las fronteras, puesto que este tipo de medidas podrían perturbar enormemente la interacción económica y social, pero servirían de poco para disminuir la propagación del A (H1N1).

"Los esfuerzos nacionales deben centrarse principalmente en mitigar la repercusión social y de salud del virus, en lugar de tratar de contener la transmisión de la enfermedad" afirmó Andrus.

El nuevo virus, que surgió en México y los Estados Unidos en abril, se ha propagado ahora a 74 países, 26 de ellos en el continente americano, con más de 29.000 casos confirmados y 145 defunciones.

Dado que el virus A (H1N1) ya está circulando ampliamente en las Américas, la declaración de una pandemia no altera demasiado la situación de los países miembros de la OPS.

"En los últimos 40 días hemos estado funcionando en situación de emergencia" dijo Andrus, haciendo referencia a la OPS y las autoridades sanitarias de sus países miembros. "Creo que la fase 6 nos permite tomar cierta distancia y reflexionar sobre lo que debemos hacer a largo plazo. La mayor parte de las pandemias duran años, por lo que esto no es una carrera de velocidad, es una carrera de resistencia."

Sin embargo, agregó que la situación podría cambiar, dependiendo de la evolución del virus con el transcurso del tiempo y de la repercusión que pudiera tener en distintos países y subregiones. Los países en el hemisferio sur, por ejemplo, apenas están empezando la temporada ordinaria de gripe.

Además, "la mayoría de las pandemias se presentan en oleadas, por lo que los países deben estar alertas ante una posible segunda oleada".

También es incierta la repercusión que el virus pueda tener en los países y las comunidades que cuentan con recursos limitados o que tienen una gran proporción de personas vulnerables, como los grupos indígenas. En estos casos, "no sabemos cómo reaccionará este virus, los datos preliminares indican que el virus podría causar más daño en ese caso" explicó Andrus.

La repercusión actual

Hasta este momento, en casi todas las zonas donde el virus A (H1N1) ha infectado a un gran número de personas, la mayoría de los casos han ocurrido en menores de 25 años. "Esto es algo que generalmente no sucede con la gripe estacional" comentó Andrus.

La mayor parte de los casos graves y las defunciones por el virus se han dado en adultos entre los 30 y los 50 años de edad, a diferencia de lo que sucede con la gripe estacional, que causa muertes principalmente en los ancianos.

En algunos países, alrededor de 2% de los casos de gripe por A (H1N1) han presentado un cuadro grave que se transformó rápidamente en una neumonía potencialmente mortal. Entre un tercio y la mitad de los casos graves y mortales se ha presentado en adultos jóvenes y de edad mediana anteriormente sanos. El otro tercio o mitad de los casos graves se ha presentado en personas que padecían alguna enfermedad crónica subyacente como el asma, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, los trastornos autoinmunitarios o la obesidad. Las embarazadas corren también un riesgo mayor de padecer complicaciones.

Se espera que en septiembre u octubre ya pueda haber una vacuna contra el virus de la gripe A (H1N1). La OPS, por medio de su Fondo Rotatorio para la compra de vacunas, que ya tiene 30 años de existencia, y la OMS están trabajando con los países y los fabricantes para procurar que las vacunas esté disponibles y sean asequibles para los países de ingresos bajos y medianos. La OMS también ha convocado a los expertos para poder abordar temas como cuáles son los grupos de riesgo que deberían recibir la nueva vacuna, dado que estará disponible solo en cantidades limitadas.

Hasta que haya una vacuna, Andrus instó a las personas a que sigan con las recomendaciones habituales: lavarse las manos con frecuencia, cubrirse la boca al estornudar y toser con un pañuelo desechable y, si están enfermas, permanecer en el hogar en lugar de ir a trabajar o a la escuela, o postergar cualquier viaje.

Las personas que estén enfermas deben buscar atención médica si tienen más de 100,4 ºF (o 38 ºC) de fiebre, si experimentan disnea o dificultad para respirar, o si la fiebre persiste por más de tres días. Se debe acudir al médico si un niño enferma y tiene una respiración acelerada o entrecortada, fiebre persistente o convulsiones, o si está confundido o inconsciente o es difícil despertarlo.

La colaboración de la OPS sobre el terreno

La OPS está ayudando a los países miembros a prepararse y responder a la gripe por A (H1N1) por medio de equipos multidisciplinarios de expertos que viajan a los países para informar a las autoridades sanitarias nacionales acerca de los aspectos epidemiológicos y de vigilancia de la situación, el control de la infección y el tratamiento de los casos, y temas virológicos y de laboratorio, incluidas las pruebas para confirmar la infección por este virus.

Hasta ahora, la OPS ha enviado equipos a México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Bolivia, Paraguay y Chile. Se espera que otros equipos viajen a Ecuador y Uruguay en las próximas semanas. Los expertos que integran los equipos se seleccionan mediante la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN por su sigla en inglés). Los principales asociados de la OPS dentro de esta red son los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC), la Oficina Regional de los CDC para Centroamérica y Panamá (CDC-CAP), el Organismo de Salud Pública del Canadá, el Instituto Nacional de Salud de Portugal, el Ministerio de Salud de España, la Universidad de Valparaíso en Chile y PATH, una organización no gubernamental de salud mundial con sede en Seattle.

Además, la OPS ha celebrado consultas frecuentes con las autoridades sanitarias de los países miembros y ha facilitado el intercambio de información para ayudar, por ejemplo, a elaborar y actualizar las directrices para el tratamiento clínico de los pacientes que padecen la gripe por A (H1N1).

Antes de los brotes actuales, la OPS había trabajado intensivamente con los países miembros para redactar y ejecutar los planes de preparación para una pandemia, y para promover sus capacidades de vigilancia y notificación de brotes de enfermedades infecciosas.
 
"En los últimos cinco años invertimos en la preparación ante una pandemia y esto es ahora muy beneficioso a medida que seguimos la propagación de los casos a nivel mundial" explicó Andrus. "Tenemos una idea cabal de su propagación debido a que contamos con una buena vigilancia e investigación. Sin embargo, el virus puede sufrir cambios y no lo sabremos con anterioridad. Tenemos que evitar caer en la indiferencia y es preciso que los países logren el equilibrio adecuado."

El doctor Andrus señaló que la reacción pública a un cambio de fase no debería ser motivo de una gran preocupación.

"Es normal que las comunidades estén preocupadas. Hay un período de adaptación normal durante el cual el público se acostumbra a esta nueva amenaza. Pero los países de las Américas ya han comenzado este proceso."

Instó a las autoridades sanitarias a que "hagan de la comunicación activa una parte de su respuesta estratégica al suministrar información exacta y actualizada sobre temas como la actividad pandémica y las medidas adoptadas por el gobierno".

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Última actualización el Lunes 15 de Junio de 2009 08:58

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