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El aire que respiramos es un recurso natural del que depende la vida pero desafortunadamente nuestra atmósfera es contaminada constantemente. La mala calidad del aire afecta la salud humana y otros recursos ambientales como el agua, los suelos y los bosques. La evidencia científica muestra que por esta causa en la región de las Américas pueden ocurrir anualmente hasta 70 mil muertes por enfermedades cardiopulmonares, cerca de 13 mil muertes por cáncer pulmonar, y perderse 58 mil años de vida por infección respiratoria aguda en menores de cuatro años de edad y 687 mil años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) (Cohen, 2004).

Muchas ciudades en nuestro continente se encuentran en un proceso de urbanización. Las áreas urbanas concentran la demanda de energía para el transporte, la vivienda (calefacción, aire acondicionado, preparación de alimentos, iluminación) y la producción. En las áreas urbanas la mayor preocupación es la contaminación del aire en exteriores (vinculada principalmente al uso de combustibles fósiles en el transporte, la generación de energía y la industria).

En nuestra Región las emisiones vehiculares son responsables de una gran proporción de la contaminación del aire en las áreas urbanas (PNUMA, 2004), debido a que la flota total de vehículos está constituida en buena parte por automóviles y autobuses que frecuentemente no utilizan tecnología limpia. En muchos países a lo largo de la Región, el uso de combustible diesel exacerba esta situación. En algunos casos, este problema se magnifica por las condiciones del clima y la topografía, como la inversión térmica que suele ocurrir en ciudades como la Ciudad de México, Santiago de Chile y Bogotá, Colombia, lo que causa una reducida dispersión de contaminantes y tiende a producir una exposición de grandes poblaciones a una calidad de aire deficiente (OPS, 2005).

La calidad el aire varía dentro de una urbe. Generalmente las personas que viven cercanas a las vías con mayor densidad de tráfico tienen los niveles más altos de exposición (van Roosbroeck, 2006; Brauer, 2003; Levy, 2003; Rundell, 2006; Soliman, 2006), si bien la dirección y velocidad del viento, así como la altura de los edificios, modifican la distribución de los contaminantes en el área. Comparada con las fuentes extramuros, la contaminación del aire en interiores no contribuye grandemente a las emisiones como un todo. Sin embargo, la salud puede verse afectada seriamente por exposición a contaminantes del aire en interiores ocasionada por el uso de leña, condiciones de mala ventilación y tabaquismo. Las mujeres y niños que pasan tiempo importante en estos ambientes se ven afectados particularmente (WHO, 2004).

Las consecuencias graves de la contaminación del aire en la salud pública se observan no solo en términos de enfermedad y muerte, sino también en términos de productividad disminuida, educación perdida y otras oportunidades de desarrollo humano. El problema es multifactorial y un proceso efectivo de gestión para mejorar la calidad del aire y disminuir el impacto deletéreo en la salud requiere del compromiso y participación sostenidos de diferentes sectores, actores sociales y económicos.

 

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