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El cambio climático hace a los residentes de la ciudad más vulnerables a  ciertos riesgos para la salud y a enfermedades. Ejemplos incluyen las enfermedades transmisibles,  las tormentas e inundaciones, la escasez de agua, la contaminación de aire y las olas de calor.   La alta densidad de población humana agrega a la vulnerabilidad de las ciudades, así como la degradación del medio ambiente urbano.  La pobreza es nuevamente un factor de riesgo importante donde las poblaciones más pobres se trasladan a los terrenos más vulnerables de los centros urbanos.

Muchas de las infecciones transmitidas por el agua y por vectores son influenciadas por las condiciones climáticas.  El aumento de la temperatura y la precipitación favorecen la proliferación del mosquito Aedes, transmisor del dengue, y del mosquito Anofeles, transmisor de la malaria. El aumento del promedio de la temperatura también afecta las tasas de diarrea infantil.

El continente americano es firmemente afectado por tormentas e inundaciones, y muchas de las ciudades grandes y densamente pobladas están ubicadas en la costa y son vulnerables al aumento del nivel del mar.  Esto incluye ciudades grandes como Río de Janeiro y Buenos Aires, pero también muchas ciudades más pequeñas y países insulares en el Caribe.

Las lluvias intensas pueden dar lugar a inundaciones relámpago letales, que son una consecuencia de la combinación de vulnerabilidad ambiental y humana.   Aunque gran parte de los impactos se observan en las zonas pobres de los países en desarrollo, los países más ricos son también afectados, según demuestra el caso del huracán Katrina en Nueva Orleans en el 2005.

Inundaciones y tormentas puede repercutir en la calidad y acceso al agua limpia.   Otro fenómeno es la escasez de agua relacionada con la fusión de los glaciares que proveen agua a zonas urbanas, como ocurre en algunas ciudades de países Andinos, y otras comunidades afectadas por cambios en el flujo de agua pluviales.

Muchas ciudades sufren de contaminación de aire, de olas de calor y a veces ambas al mismo tiempo. Esto deteriora la salud y bienestar de las personas, en particular a la población de ancianos y niños.   Las olas de calor son más comunes en las ciudades que en zonas rurales, porque la temperatura tiende a aumentar en las zonas construidas.   Esto es el resultado del denominado "efecto isla de calor", donde las temperaturas en un área urbana pueden ser 5 a 10 C mayor que las zonas rurales a su alrededor.
Los centros urbanos son, por lo tanto, un entorno propicio y crítico para abordar los problemas ambientales, sus efectos en la salud y para promover intervenciones que protejan la salud, el medio ambiente y ayuden a reducir nuestra huella de carbono en el mundo.

 

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