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Diciembre de 2008

CONVERSAMOS CON...

Dra. Socorro Gross
Subdirectora
Organización Panamericana de la Salud


Foto de Eduardo Ortiz/OPS

Socorro Gross-Galiano asumió el cargo de subdirectora de la OPS en mayo de 2008 y actualmente supervisa los programas principales de la OPS para la cooperación técnica en sus países miembros. Ciudadana costarricense, Gross obtuvo su título de médico en la Universidad de Costa Rica y su maestría en epidemiología en la Universidad de Texas. Ejerció la medicina en su país y fue profesora en la Universidad de Costa Rica. Dirigió las secciones de Salud de los Adultos y de investigación sobre servicios de salud de la Caja Costarricense de Seguro Social. En 1994, ingresó a la OPS como asesora en promoción de la salud en la Representación de la OPS en Bogotá y en 1997 fue nombrada representante en la República Dominicana. Más recientemente se desempeñó como representante de la OPS/OMS en Nicaragua.

Cuéntenos sobre sus primeros años de vida.
Nací en la finca de mi abuela, en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua. Mi abuela atendió mi nacimiento.Viví mis primeros años en San Carlos, Río San Juan, y después nos trasladamos a Escazú en Costa Rica, donde viví mi adolescencia y juventud y me formé como médico. Me considero binacional y amo a ambos países. Vengo de una familia muy unida donde la persona que más influencia ha tenido en mi vida es mi madre, Clemen, mujer de avanzada que nunca se ha dejado derrotar, super trabajadora, que me enseñó a enfrentar cualquier reto en la vida. Cuando tenía 16 años, me fui a Nueva Zelandia como estudiante de intercambio del AFS (American Field Service). Viví en un pueblito que se llama Palmerston, en la Isla Sur. El padre de la familia que me acogió era médico de familia, y realmente fue ahí donde concreté mi decisión de estudiar medicina. Además tuve una experiencia maravillosa con una familia Maori, donde pasé una temporada trabajando en un trasquiladero de ovejas.

¿Cuáles fueron sus primeras experiencias en medicina?
Después de graduarme de la secundaria, estudié medicina en la Universidad de Costa Rica. Quise ser pediatra e hice mi rotación de internado en el hospital pediátrico. Lo más difícil era lidiar con los padres. En emergencias, uno ve mucha negligencia y maltrato. Tal vez eso me impactó más. Y en infecciosos cuando se murió un niño que uno estaba cuidando, realmente era muy difícil. El dolor que siente una madre que pierde a su hijo es realmente duro. Pero aun así no había tomado la decisión de no ser pediatra. Fui a hacer mi servicio social en el hospital de la provincia de Limón y fue una experiencia hermosa; allí trabajé en consulta ambulatoria y en emergencias. También iba dos veces a la semana a una bananera, donde me tocó abrir una clínica. Al principio llegaban solamente mujeres y niños, pero después hubo un brote de hepatitis y teníamos intoxicados por organofosforados, mordidos por serpientes, lesiones de trabajo. Estos casos eran casi todos hombres. Fue lindo porque fue una apertura a un médico que era mujer, no hombre.Me convertí en el vínculo entre la bananera y el hospital, lo que también me puso dentro del trabajo comunitario.Tenía que buscar la forma y hasta materiales para comunicarme con ellos sobre cosas como la educación sexual, sobre cómo ellos mismos podían mejorar sus condiciones de vida.Así que el servicio social fue otro momento que me impactó la vida. Estaba segura de que quería ser médica de familia y no una especialista.

¿Cómo evolucionó su carrera?
Mi primer puesto permanente fue en una clínica periférica. Me asignaron primero al área de planificación familiar, pero luego me encargaron hacer visitas domiciliarias a pacientes terminales y otros que no podían llegar a la clínica. Eso también me marcó. Aprendí que en la salud de una persona—y en especial de la mujer— influye mucho el contexto, todas las personas que la rodean. Y a su vez la salud de la persona influye en los demás. Fue un momento difícil porque ibas perdiendo a las personas, pero a la vez se aprendía a dialogar con ellos. Están ansiosos y quieren hablar acerca de cómo cuidar a un paciente o de sus problemas. Muchas de esas personas habían tenido que abandonar su trabajo para quedarse cuidando a un paciente postrado. Te conviertes en una persona que es esencial para esa familia. Uno tiene que asegurarse, por ejemplo, que el paciente reciba sus medicamentos cuando los necesita, que las visitas domiciliarias se hagan cuando sean requeridas. Eso también me impactó. Además de ser médico, uno termina haciendo trabajo de psicología y trabajo social, y trámites. Uno se ocupa de las normas, los reglamentos, las referencias —lo que se puede y lo que no se puede— y aprendes a pelear por que se ajusten a las necesidades de las familias. Pero también hay mucha retribución. La gente te recibe con un café, la gente está esperando que llegues.

¿Fue por eso que se interesó en la salud pública?
No, todavía quería ser médico de familia. Pero después participé en dos proyectos de investigación, uno de ellos sobre la hipertensión con Hermán Vargas (entonces director de medicina preventiva en la Caja Costarricense de Seguro Social). Había sido mi profesor y estaba decidido a convencerme para que fuera salubrista. Cuando salió un año con permiso, me quedé en el puesto, en el área de servicios de salud y en la universidad. Me gustó lo que hacía, me fui envolviendo más y más, y terminé quedándome. Después, me salió una beca de la AID para estudiar epidemiología en la Universidad de Texas en Houston. Así fue como me inicié en salud pública.

¿Cuál fue su primera experiencia con la OPS?
Trabajé por un año—durante un año sabático de la Caja Costarricense de Seguro Social— en INCAP como coordinadora del grupo técnico básico para el área de enfermedades crónicas. Después apliqué a un puesto en promoción de salud en la Representación de la OPS en Colombia. No creo que cuando apliqué, se creía que me iba a mantener afuera tanto tiempo.

¿Qué dirección quiere que tome la cooperación técnica de la OPS?
Una de las cosas importantes que traigo a este puesto es mi experiencia a nivel de país. He trabajado en un país grande, en un país chico complejo, en un país prioritario y tengo presentes todas esas experiencias. Algo más que es fundamental para mí son los compromisos que hemos hecho como organización, en términos de la salud para todos, de la equidad, de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. No se puede esperar más para hacer frente a esas grandes disparidades que tenemos en nuestros países. También como región tenemos un gran reto y es hacer que la renovación de la atención primaria sea una realidad, la protección social, el acceso universal. Y algo muy, muy importante es el reto de atender las necesidades de las poblaciones vulnerables —las comunidades indígenas, los afrodescendientes—, grupos que tienen grandes inequidades. Tenemos que asegurarnos de que esta crisis económica actual no impacte a esos grupos todavía más en materia de salud. Para mí, los tres grandes retos son la agenda inconclusa, las poblaciones vulnerables, y la renovación de la atención primaria de salud en la región. También tenemos que ejercer la rectoría para asegurar la inversión en salud y que la salud forme parte de la formulación de las políticas en otros sectores, para influir en los determinantes de la salud.

¿Qué significa dirigir un área tan importante de la OPS?
Uno tiene que involucrar a todos; somos un equipo. Y tiene que forjar alianzas, con la OMS, con las ONG, bancos, con bilaterales, con instituciones de excelencia a nivel de país. Es un conjunto de alianzas en todos los niveles y que cruzan todo aspecto del trabajo de la organización. Esto produce un diálogo que conduce a avances en la Agenda de Salud de las Américas, y nuestro Plan Estratégico 2008–2012. Y nos da una dirección muy clara y metas para canalizar las capacidades de cada país.

Cuéntenos de su familia y su nueva vida en Washington.
Uno de los aspectos de mi vida más importantes son mis tres hijos, Ronald, Franz y Joshua. Y sin duda son los que también me han dado mucha fortaleza.Aprender a ser madre es un proceso difícil y combinarlo con el trabajo y mis propios sueños siempre ha sido difícil.Mis hijos me han apoyado en diferentes momentos, han dejado amigos para seguirme. En cuanto a establecerme en Washington, ha sido un poco complicado. Era más fácil crear una estructura de apoyo, especialmente para mis hijos, en los países. Pero aquí he recibido apoyo de mis amigas. Crear una red de apoyo siempre es importante, y estoy haciendo eso aquí en Washington. Mi hijo pequeño va al colegio, al centro comunitario y tenemos actividades comunitarias. Todavía estoy aprendiendo a vivir aquí, pero me recibieron muy bien. Me trajeron hasta un paquete de bienvenida cuando nos mudamos.

 

 

 
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