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Investigadores buscan proteger la seguridad de las mujeres que participan en estudios de violencia de género

Washington, D.C., 6 de diciembre de 2011 (OPS/OMS)- En las últimas dos décadas, investigaciones sobre la violencia contra las mujeres han generado un cuerpo de información que provee de valiosa evidencia a los hacedores de políticas, planificadores y partidarios para enfrentar este problema crucial de salud pública.

 

 

 En el proceso, sin embargo, algunas mujeres se han convertido en víctimas de esta violencia como consecuencia de su participación en estudios de este tipo, lo que subraya la necesidad urgente de proteger a las mujeres mientras se realizan estas investigaciones, afirmaron hoy distintos expertos durante un panel de discusión referido a investigaciones sobre violencia de género celebrado en la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).

“La investigación sobre violencia contra las mujeres trae consigo desafíos importantes tanto éticos como metodológicos que se suman a los que ya tiene cualquier investigación”, indicó el Director Adjunto de la OPS/OMS, doctor Jon Andrus. “La naturaleza del tema implica que temas como la seguridad, la confidencialidad y las habilidades y el entrenamiento del entrevistador son mucho más importantes que para otras áreas de la investigación. No es una exageración decir que la seguridad física y psicológica tanto de quienes responden como del equipo de investigación pueden ser puestas en peligro si no se toman las precauciones adecuadas”, explicó.

Las investigaciones sobre violencia contra las mujeres han aumentado considerablemente en las pasadas dos décadas, comentaron los panelistas. En los comienzos de 1990 sólo unas pocas docenas de estudios se habían publicado sobre violencia de género en distintos países.

“Sabíamos que era un problema serio, pero no teníamos mucha información sobre cuán extendido estaba. No teníamos datos entre países ni información sobre su impacto en los hijos y las familias o sobre sus costos económicos”, dijo Mary Ellsberg, Vicepresidenta en Investigación y Programas del Centro Internacional para Investigación sobre Mujeres (ICRW es su sigla en inglés).

El creciente cuerpo de estudios producido desde entonces ha generado “dos grandes verdades”, dijo Ellsberg. La primera es que la investigación sobre violencia contra las mujeres tiene riesgos inherentes. “Para muchas mujeres vinculadas a estas investigaciones es un tema de vida o muerte, no sólo para quienes son sujetos de la investigación, sino también para las investigadoras”, comentó. Esto implica que muchas investigadoras deben ser cuidadosas en asegurar la “privacidad completa” cuando realizan las entrevistas, deben ocultar la finalidad de la entrevista de otros familiares y de la comunidad, y deben llevar consigo cuestionarios que no tienen nada que ver con el tema para no dejar que otros sepan que las entrevistas están designadas para investigar la violencia contra las mujeres, dijo Ellsberg.

La segunda “gran vedad” es que “investigar la violencia contra las mujeres puede ser una fuerza increíble para lograr cambios, puede dar luz a algo que ha estado escondido por tantos años. Traer estas historias a la luz ha logrado cambios en las leyes y en la vida de la gente, y ha sido profundamente empoderador para aquellos que participan o realizan estas investigaciones”, dijo Ellsberg.

Estas investigaciones han ayudado a aumentar la conciencia sobre los significativos costos sanitarios, sociales y económicos que implica este tipo de violencia, y ha facilitado la promoción del tema, así como que se hagan leyes y programas enfocados en este problema.

“Lo que sabemos sobre la prevalencia de la violencia y sus consecuencias negativas sobre la salud proviene de los esfuerzos en recolectar información”, dijo Robert Clay, Director Adjunto Administrativo de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID es su sigla en inglés). “Tres décadas de trabajo en violencia de género han puesto este tema en el radar mundial. Y la información ha sido clave para los esfuerzos exitosos de promoción de esta causa, cambios en las políticas, e intervenciones programáticas para prevenir y responder a la violencia”, dijo.

Muchos de estos datos han sido generados por las Encuestas Demográficas y de Salud de USAID, que han recolectado información sobre la población, salud, VIH y nutrición en más de 90 países, así como también por las Encuestas Internacionales de Salud Reproductiva de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC es su sigla en inglés). Como parte de estas encuestas, información sobre violencia de género y de familia ha sido o sigue siendo recolectada en casi 70 países.

El análisis de los datos de estas encuestas muestra que las mujeres que han experimentado violencia tienen tasas de fertilidad más altas, altas probabilidades de embarazos no deseados, menos acceso a métodos anticonceptivos, y menos acceso a cuidados prenatales y durante el parto. Los estudios han mostrado que la violencia contra la mujer es un factor de riesgo para VIH y que los hombres que son físicamente y sexualmente violentos tienen más posibilidad de tener comportamientos de alto riesgo por VIH.

La información recolectada en estos estudios ha sido crítica para esfuerzos tales como el desarrollo de nueva legislación en Uganda para proteger a las mujeres de violencia doméstica y para promover la igualdad de género en la casa. Información similar ayudó en Kenia a que los promotores de estos temas trabajaran con el Parlamento para crear leyes que criminalicen el sexo forzado en los matrimonios.

Sobre la base de ambas encuestas, la OPS/OMS y los CDS están colaborando en la actualidad en un análisis de los factores de riesgo, las consecuencias y las actitudes vinculadas a la violencia contra las mujeres en América Latina y el Caribe. Los resultados preliminares, que no se han publicado todavía, señalan:

  • La proporción de mujeres que han sido golpeadas o abusadas físicamente por sus parejas en algún momento de sus vidas varía de 13% en Haití a más de la mitad en Bolivia.
  • La proporción de mujeres que ha experimentado violencia y sufrido heridas leves o severas como consecuencia de esa violencia, va entre 41% en Honduras a 82% en Paraguay.
  • La prevalencia de la violencia es más alta entre mujeres que reportan que sus propias madres o madrastras fueron golpeadas que entre otras mujeres.

Alessandra Guedes, Asesora Regional en Violencia Intra-Familiar de la OPS/OMS y una de las investigadoras en el estudio de la OPS y el CDC, dijo que las encuestas probablemente estuvieran reportando menos niveles de violencia contra las mujeres debido a diversos factores, como por ejemplo miedo de parte de quienes participan en estas encuestas, la generalidad de las preguntas de las encuestas, y una tendencia en las encuestas a preguntar sólo sobre las parejas más recientes de las mujeres.

Sidney Ruth Schuler, Asesor Principal para Investigación y Género de FHI360, citó una investigación en Bangladesh referido a actitudes sobre la violencia contra las mujeres que mostró que en algunos casos las mujeres pueden aceptar más ese tipo de violencia que los hombres. La doctora añadió que la evidencia en este estudio sugiere que golpear a las mujeres ha descendido en ese país debido a que se aprobó una ley nacional contra la violencia de género, además de los esfuerzos de las organizaciones no gubernamentales para hacer cumplir esta nueva ley, y un aumento en general de los ingresos de la mujer y de su estatus dentro de la familia.

Diana Arango, la Coordinadora del Proyecto Mundial Inter-Agencial para el Gerenciamiento del Sistema de Información sobre Violencia de Riesgo, dijo que además de proteger la seguridad física de las mujeres que son parte de las investigaciones, también es importante asegurar su privacidad y que haya un consentimiento informado al realizar este tipo de estudios o cuando se compartir información sobre violencia contra las mujeres. Indicó que la data que recoge su organización es anónima y sólo se comparte con el consentimiento total de su cliente.

Sunita Kishor, Asesor Principal en Género para el Programa DHS en ICF Internacional, urgió a los investigadores que trabajan con víctimas de violencia de género, a preguntarse a sí mismo cómo ayudará a las mujeres como las que estudian los datos que ellos producen.

“No importa lo que hagan, siempre están poniendo a esa persona en el mismo nivel de riesgo. No pongan a gente en riesgo si no creen que usaran esa información para ayudarlas. Ese es un tema ético clave”, afirmó.

 

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