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Equidad en salud

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El sistema de salud mexicano tiene dos características que afectan su desempeño y que repercuten directamente en los servicios que recibe la población: la segmentación y fragmentación.

Por una parte se encuentra segmentado con varias formas de aseguramiento que generalmente dependen de la inserción laboral y la capacidad de pago de las familias. Los principales aseguradores son el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Petróleos Mexicanos (PEMEX) y en raros casos algunos aseguradores privados. Estos aseguradores y prestadores de servicios generalmente trabajan de forma independiente, atienden a distintos tipos de población, mantienen poco contacto entre sí y difieren en el tipo de financiamiento y en la organización de la prestación de los servicios lo que genera inequidades e ineficiencias en el ejercicio del gasto público. Las personas que trabajan en el empleo informal o desempleadas, tienen como alternativa los servicios de salud que ofrece la Secretaría de Salud (SSA) a través del Seguro Popular (SP) que incluye 266 intervenciones de acuerdo al Catálogo Universal de Servicios de Salud (CAUSES). Además de lo anterior existe un sector privado lucrativo de servicios de salud.

Según estimaciones, en 2006 las instituciones de seguridad social cubrían aproximadamente al 55% de la población. El IMSS es el mayor asegurador con 43.3% de la población total del país, seguido del ISSSTE con 7%, PEMEX, las Fuerzas Armadas, la Secretaría de Marina y varios seguros para trabajadores estatales cubren al 5.9%. Parte de los asegurados por estas instituciones están cubiertos por más de una de éstas y una porción tiene además un seguro privado (2.8% de la población tiene algún seguro privado). Los trabajadores informales, la población rural no asegurada y los desempleados (aproximadamente 41.8% de la población) son la población objetivo del Seguro Popular y son atendidos por los servicios de la SSA a través de los Servicios Estatales de Salud, que comprenden hospitales y clínicas públicas. De acuerdo a la Comisión Nacional de Protección Social en Salud (CNPSS), en 2007 el Seguro Popular (SP) cubría alrededor de 5 millones de familias (15.3% de la población) con el CAUSES que incluye 266 intervenciones. El SP tenía la meta de cubrir al 100% de las familias (alrededor de 11 millones y medio de familias) para el 2010 lo cual no ha sucedido. Según proyecciones del  Consejo Nacional de Población (CONAPO) y otras fuentes, el 37% de la población no tiene ningún tipo de seguro de salud. Existen grandes diferencias entre estados en términos de disponibilidad de recursos per cápita para prestar servicios de salud y problemas de acceso en las zonas rurales.

Estas diferencias en los aseguradores, también marca diferencias en los beneficios que recibe la población, especialmente en función de las comodidades y capacidades de atención que ofrecen cada una. La pertenencia a uno u otro seguro no es una decisión de las personas, está supeditado a su inserción laboral. Entre los estados también se observan diferencias entre la combinación de gasto privado y gasto público destinado a salud.

En lo que respecto a fragmentación, los servicios se organizan en tres niveles de atención que no logra articularse por completo y presentan dificultades en los mecanismos de referencia y contrarreferencia. En el primer nivel se realizan acciones de promoción de la salud, prevención de enfermedades y atención ambulatoria a la morbilidad más frecuente brindada por médicos generales y personal de enfermería. El segundo nivel de atención brinda las especialidades básicas en hospitales generales o de especialidad y cuenta con servicios de apoyo diagnóstico de imagenología y laboratorio. La atención que se brinda en el tercer nivel es especializada, de mayor complejidad y aunada a actividades de investigación clínica y básica y en este grupo se encuentran los Institutos Nacionales de Salud.

La inequidad se observa en el acceso físico a los servicios que son especialmente deficientes en zonas rurales donde la dispersión de la población limita la cobertura, también existen inequidades en función de la integración  de los servicios a la cultura de los pueblos, y finalmente, falta preparación de los servicios de salud para dar respuesta los requerimientos de adultos mayores, mujeres víctimas de violencia, adolescentes, grupos indígenas, adictos a drogas y personas con problemas de salud mental. El núcleo básico de las unidades de salud, en la práctica generalmente está compuesto por un médico general, una enfermera y una promotora de salud. Dado lo anterior, existen muchos problemas de salud a los que no se puede dar respuesta de forma adecuada.

Un grupo que enfrenta dificultades especiales para el acceso a los servicios de salud es la población indígena que en México presenta los mayores índices de marginación del país. Dada la fuerte dispersión territorial, existe una gran limitante para la dotación de infraestructura y la entrega de servicios de salud, considerando además que alrededor de 38% de los municipios indígenas o con población indígena presentan índices de marginación muy alta y alrededor del 50% marginación alta.

En términos absolutos, México cuenta con la mayor cantidad de población indígena en las Américas, estimada al 2006 en 13,528,579 personas, que representan 12.6% de la población total. México define como población indígena a las personas mayores de 5 años de edad hablantes de una lengua indígena (HLI); a la población de 0 a 4 años de edad que habita en hogares cuyo jefe o jefa de familia o su cónyuge es hablante de lengua indígena, y a la población que se autoadscribió como indígena.

En el país, existen al menos 62 lenguas indígenas con 30 variantes dialécticas. Una cuarta parte de los indígenas hablan el Náhualt, seguido del Maya, Otomí, Tzeltal, Tzotzil, entre otros. Sin embargo, 17 de las 62 lenguas indígenas tienen cada vez menos hablantes y problemas de reproducción ya que cuentan con menos de 500 HLI. Los Estados Mexicanos que concentran proporcionalmente mayor población indígena son: Yucatán (60%), Oaxaca (49%), Quintana Roo (40%) y Chiapas (29%), todos ellos ubicados al sur del país.

Los indicadores en salud son sumamente alarmantes cuando se comparan con los indicadores nacionales. La desnutrición y las parasitosis son comunes en niñas y niños indígenas generando retardo en el crecimiento y muertes, el riesgo de muerte materna para las mujeres indígenas es tres veces más alto que en el resto del país. Pese a los esfuerzos, no se ha logrado una integración de los servicios que ofrece el sector salud con la medicina tradicional (Curanderos, parteras, yerberos, queseros, rezadores, viboreros, etc.) y doméstica que predomina en estas regiones.

Por otra parte, en los últimos años se ha dado una intensa migración regional, nacional e internacional de la población indígena, esto debido a la baja en la producción de la tierra, problemas con el reparto agrario, venta forzada de la propiedad ejidal con fines desarrollistas, caída de los precios de los productos agrícolas principales que producían, entre otros. Esta situación, lejos de mejorar sus condiciones los enfrenta a choques culturales, a desempleo y marginación en las zonas urbanas. Por lo anterior, es necesaria la implementación de un modelo intercultural de atención a la salud que garantice el pleno acceso físico y cultural de la población indígena a los servicios de salud.

Los perfiles de salud-enfermedad en mujeres y hombres presentan características particulares y diferentes de acuerdo con las condiciones socioeconómicas, culturales y educativas en las que viven y se desarrollan las personas. En México, las desigualdades de genero se expresan en algunas cifras importantes; 2.5 millones mas mujeres que hombres viven en condiciones de pobreza; hay 8 millones más de mujeres que hombres que trabajan y no cuentan con seguro médico, ni tiene derecho a una pensión, el 7.6% de las mujeres mayores de 15 años son analfabetas, comparadas con el 4.8% de los hombres y en algunos casos el analfabetismo de la mujer indígena duplica o triplica el del hombre indígena.

Una manera de abordar el problema de la desigualdad en las condiciones de salud es revisando la salud en las poblaciones de los 100 municipios mas marginados del país, en donde vive el millón de mexicanos mas pobres. Alredor de 30% de esa población se concentra en Chiapas, 20% en Oaxaca, 17% en Guerrero y 15% en Veracruz. Casi una tercera parte de las defunciones en los 100 municipios mas pobres del país se deben a padecimientos transmisibles, de la nutrición y la reproducción. Esta proporción es similar a la que presentaba el país en su conjunto hace 18 años. El riesgo que corren las niñas y niños indígenas de morir antes de cumplir un año es 1.7 veces mayor que el que corren las niñas y niños el resto del país. La población indígena adolescente y adulta también corre un mayor riesgo de enfermar y morir que la población general. En las mujeres indígenas la causa número uno de muerte es la diabetes, mientras en hombres es la cirrosis y otras enfermedades crónicas del hígado. La edad promedio de muerte de una mujer que vive en estos municipios es de 51 años (vs promedio nacional 77.4) y la del hombre 49 años (versus 72.6).

Otra situación de relevancia para la salud en México es la migración hacia los Estados Unidos de América (EUA) que atrae históricamente a población mexicana y de los países centroamericanos, generando una situación social compleja en los estados de la frontera norte y sur. Históricamente ocurre una importante migración de mexicanos hacia los EUA. En 2010 se estima que los residentes en EUA nacidos en México son aproximadamente 12.000.000. Se estima que en los EUA residen 24 millones de personas de origen mexicano (nacidos en México o hijos de mexicanos), cifra que representa 11.6% de su población total. Los estados con más emigración de mexicanos hacia EUA son: Jalisco (18%), Michoacán (12%), Guanajuato (8%) y Zacatecas (8%). Un total de 162 municipios son considerados de muy alto grado de migración, de los cuales 30 están ubicados en Oaxaca, 28 en Michoacán y 25 en Jalisco.

La frontera sur comprende 1,138 kilómetros que se comparte con Guatemala y con Belice. Chiapas es el estado que comparte lazos históricos, culturales, étnicos y ambientales con la región fronteriza de Guatemala. Se estima que el número anual de migrantes ilegales que pasan por la frontera sur es de 120,000 personas, situación que complica la vigilancia epidemiológica ante la posibilidad de ingreso de un nuevo agente o de formas resistentes de enfermedades ya conocidas.

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Última actualización el Lunes 10 de Marzo de 2014 19:10
 

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