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Ceremonia Conmemorativa del Día de la Enfermera y del Enfermero

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Ciudad de México, 6 de enero del 2012
Gracias.
Muy buenos días, amigas y amigos.
Muchas felicidades a todas y a todos ustedes.
Muy queridas enfermeras, muy queridos enfermeros de México.
Déjenme saludar a algunas de las personalidades que hoy nos acompañan para celebrarles a todas ustedes, a todos ustedes.
Al doctor José Narro Robles, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es un honor, señor Rector, que usted esté celebrando a las enfermeras de México.
Muchas de ellas, por cierto, egresadas de planteles de la Universidad Nacional, a mucho orgullo.
Saludo, también, al doctor Philippe Lamy. Él es Representante de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Panamericana de la Salud. Muchas gracias, doctor.

Desde luego, al licenciado Joel Ayala Almeida, Presidente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado.
A varios líderes sindicales que hoy nos acompañan, también.
Saludo con muchísimo afecto, con admiración, a la licenciada Juana Jiménez Sánchez, Coordinadora General de la Comisión Permanente de Enfermería. Muchas gracias, Juana, por todos estos años de trabajo, de corresponsabilidad, de esfuerzo, en que hemos estado juntos.
Saludo, también, a quienes hoy son galardonadas, galardonados, en particular a la enfermera Petra Ángeles Chimal, Chimalito; a María Victoria Fernández García. A todos ustedes, amigas y amigos, enfermeras y enfermeros de todo el país.
Señoras y señores:
Qué alegría que estemos reunidos este día. Es una muy buena forma de empezar el año, las actividades más intensas aquí, en la Ciudad de México. Y a la vez, amigas y amigos, no podemos dejar de mencionar que, no puedo decir que esta es la última vez que nos reunamos, yo espero que no, pero sí es la última vez que como Presidente de la República tengo el honor, el gusto, el placer de celebrar el Día de la Enfermera y del Enfermero con todas y con todos ustedes.
Y quiero decirles, queridísimas amigas, amigos, que en estos cinco años en que he tenido el gran honor de servir a México, para mí ha sido un enorme privilegio el conocer, el aprender, el admirar el trabajo de miles y miles de enfermeras y de enfermeros de México en favor de las familias mexicanas.
Sé que ustedes forman parte de lo mejor de México y pueden y deben sentirse muy orgullosas y muy orgullosos de ello.
Como dijo hace un momento Chimalito, Petra Ángeles Chimal, la profesión de enfermería es de las más cercanas al servicio y al amor al prójimo. Ustedes encarnan la ayuda al prójimo. Ustedes simbolizan, precisamente, el servicio a los demás.
Y con su vocación y con su trabajo, yo no diría que no sólo refuerzan el lado humano de la medicina; reivindican, nos hacen recordar a todos el lado humano de la medicina y del servicio en general, y en particular del servicio público.
El brindar cuidados, consejos, compañía, comprensión, además de servicios, además de cambiar la ropa, de suministrar medicamentos, de ayudar a vestirse, a bañarse, cuidar, vigilar, atender a quienes se encuentran enfermos, es una labor que está, precisamente, entre las más preciadas, pienso yo, de la humanidad.
Ayudarles a ellos y a sus familiares; a la mamá que sufre por su pequeño, que está enfermo, o la mamá que es primeriza y que está asustada, como vimos en el video; a la esposa, que sufre por el marido o viceversa: al esposo que está preocupado por su esposa; al hijo que sufre por su papá.
Ustedes ayudan a aliviar el dolor físico y, también, algo de lo que pocos hablamos, el dolor del alma. Cuando se tiene un ser querido que sufre por enfermedad o por accidente, o cuando se pierde la vida y que deja ese hueco enorme, que si no fuera, precisamente, por la presencia de la enfermera, sería muy difícil de llenar.
Son ustedes un ejemplo de solidaridad, de nobleza, que nos inspira a todos, a quienes no tenemos el privilegio de ser enfermera o enfermero, a seguir luchando por un México mejor, por un México más humano, un México más seguro, un México más justo, un México más próspero.
Así que, con enorme gratitud y alegría, también, no sólo saludamos, sino festejamos hoy a todas las enfermeras y a todos los enfermeros de México. A aquellas y aquellos que laboran en hospitales, en clínicas, en consultorios de todo el país, así como a quienes trabajan en los centros educativos y de investigación.
También saludo, en particular y con afecto, a las enfermeras y a los enfermeros de las Fuerzas Armadas: de la Escuela Militar de Enfermeras, de la Secretaría de Marina, de la Secretaría de la Defensa.
Hace un rato, Margarita, mi esposa, evocaba y agradecía a las enfermeras que están atendiendo a los soldados heridos en México, a los marinos, a los policías Federales, los policías estatales, a todos los servidores públicos que, día con día, amigas y amigos, están arriesgando la vida por cuidar a las familias mexicanas.
Cada semana hay muchos de ellos, muchas de ellas, que sufren lesiones; otros que, por desgracia, pierden la vida en cumplimiento de su deber. Y quienes están ahora mismo en hospitales, en clínicas, rehabilitándose, recuperándose de esas heridas, sé que encuentran consuelo y apoyo en las enfermeras y en los enfermeros que los cuidan.
También saludo, desde luego, a todas las enfermeras y enfermeros del servicio público. A las del Seguro Social, por supuesto, a los del ISSSTE, a las del ISSSTE, también.
Y desde luego, a las enfermeras y enfermeros del Sistema de Salud, de la Secretaría de Salud, de todo el país y, también, a las enfermeras y enfermeros del sector privado.
También, a las religiosas que se dedican a labores de enfermería, porque me parece una gran nobleza la labor que ellas realizan.
A todas y a todos ustedes, yo quiero reiterarles que los mexicanos valoramos su compromiso con la salud, y que somos conscientes de su gran vocación en servicio de la vida.
En esta fecha significativa, también, quiero reiterar el reconocimiento a quienes han ganado merecidísimos premios.
En primer lugar. Muchas felicidades a la enfermera María Victoria Fernández García, por el Reconocimiento María Guadalupe Cerisola Salcido, por su larga trayectoria, por su destacada labor en el ámbito de la investigación y de la enseñanza de esta noble profesión.
Y, también, desde luego, en segundo lugar a Petra Ángeles Chimal, a Chimalito, déjame decirte Chimalito, como te dicen cariñosamente tus colegas, que me ha conmovido mucho tu mensaje, y un mensaje muy bonito, la verdad, lleno de amor, lleno de generosidad, lleno de sentido humano.
Y qué bella razón y qué bella motivación. Ojalá todos podamos proponernos en la vida generar sonrisas de felicidad en quienes nos rodean. Y para mí, tu ejemplo es muy valioso y te felicito sinceramente no sólo por este Reconocimiento Graciela Arroyo de Cordero, una de las mujeres mexicanas más comprometidas con la dignificación de las enfermeras y los enfermeros de México y sus aportaciones a favor de la salud.
Te felicito, también, por ser ejemplo para tu comunidad allá, en Morelos, Guayabera, como me decías hace un rato. No sabía este término, gentilicio de cariño, sino también, por ejemplo que eres para todos nosotros.
A las dos, muchas, muchas felicidades. Y no sólo a las dos enfermeras, sino también, felicitación a las 27 compañeras enfermeras, al compañero enfermero, que hoy recibieron el Reconocimiento al Desempeño 2012.
Muchas felicidades a todas y a todos ustedes.
Hay que recordar, amigas y amigos, que estos galardonados y galardonadas han participado en un proceso de evaluación durante todo el año, que se califica su profesionalismo y que hoy se les reconoce, en el Día de la Enfermera y el Enfermero.
Estamos, amigas y amigos, conscientes y agradecidos por la invaluable aportación de todas las enfermeras y enfermeros de México.
Desde el Gobierno Federal hemos hecho un esfuerzo por mejorar sus condiciones laborales.
Ustedes recuerdan, por ejemplo, que durante mucho tiempo, incluso, estuvieron congeladas, así como estamos más o menos aquí, en el Auditorio Nacional. No sé por qué hace tanto frío. Cierren la puerta.
Estuvieron congeladas las plazas de enfermeras y, es más, había muchas enfermeras que le echaban ganas y ahí, como que a veces les pagaban, y no tenían base ni nada.
Nosotros hemos hecho un esfuerzo muy grande, y de que yo entré a la Presidencia, que había un poco menos de 200 mil enfermeras y enfermeros, ahorita ya hay 246 mil plazas de enfermeras y enfermeros en el país.
Sé que falta mucho por hacer, sé que todavía no estamos donde queremos llegar, que es mucho lo que podemos hacer para que ustedes tengan mejores prestaciones.
Hemos podido alinear y retabular en algunas instituciones, en otras necesitamos más fortaleza operativa y financiera para hacerlo, pero vamos avanzando, porque sabemos, amigas y amigos, que es de dignidad el poder generar condiciones para la mejor prestación del servicio.
Y no sólo me refiero a ingreso, a las becas, sino, también, a las condiciones laborales. Yo me doy cuenta que en los hospitales, muchos de ellos que se construyeron allá por la época de López Mateos, en los 60, la verdad ya no hay condiciones para prestar el servicio.
Y yo creo que una de las cosas que mejor hecho es meterle todo el esfuerzo, un buen canillazo, como se dice en mi tierra, un buen presupuesto, como se dice y es, la verdad, lo formal, a la construcción de hospitales y clínicas en todo el país.
Hemos construido más de mil hospitales o clínicas totalmente nuevos, desde el llano, digamos, hasta hospitales tan grandes de 200, 300 camas, como algunos que hemos hecho; otras, unidades de medicina familiar, pequeñas. En fin. De todo. Y hemos remodelado otras, quizá, más de dos mil más.
Y eso no sólo ha sido bueno para la salud, sino, también, ha permitido que ustedes presten la noble labor que realizan en mejores condiciones y en condiciones más dignas.
Muchas veces se dice: Que haya más calidez y calidad en la prestación del servicio, y está bien eso. Pero, también, si no hay las condiciones de trato, es muy difícil, es muy difícil que se atiendan a pacientes parados en los pasillos, saturadas las clínicas, las salas de espera, etcétera. Por eso, hemos hecho este gran esfuerzo.
Yo, insisto, me pasó en el Hospital Las Margaritas, no me puedo olvidar del nombre, ustedes comprenderán, ahí en la Ciudad de Puebla, que tenía como 30 años que se había prometido que se iba a remodelar.
Creo que es del ISSSTE, no, Director.
Del IMSS.
Las Margaritas, del IMSS, perdón. Describí la persona adecuada, pero el nombre inadecuado.
Y ya que estábamos ahí, en el hospital, que quedó muy bonito, etcétera, decía una de las usuarias, ahí, desde las butacas, decía: Bueno, a ver ahora cómo nos atienden.
Y yo estoy seguro que ahí, en Las Margaritas, del IMSS, en Puebla, y en muchos hospitales que hemos hecho, la atención es mucho mejor.
Porque no es lo mismo prestar condiciones en todos apretados, que prestarlos en condiciones de infraestructura mucho más humanas y mucho más armónicas.
Esto es un esfuerzo que hace el Gobierno Federal, pero no hay que olvidar, amigas, amigos, que la salud se descentralizó allá, por 1997-98. La salud es un servicio que deben prestar los gobiernos estatales y nosotros les echamos la mano con infraestructura, les echamos la mano con el Seguro Popular.
Por ejemplo, por cada asegurado del Seguro Popular, nosotros le damos al estado dos mil 500 pesos por año; de tal manera que si un estado tiene un millón de asegurados en Seguro Popular, le damos dos mil 500 millones de pesos al año, precisamente, para que puedan prestar en  mejores condiciones los servicios de salud. Así que, también, es un esfuerzo estatal que reconocemos y que apoyamos.
Porque, como dice la sabiduría popular, amigas y amigos: La salud es lo primero. La salud es lo más importante.

Última actualización el Viernes 06 de Enero de 2012 18:31
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