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RECURSOS HUMANOS Y EL ADULTO MAYOR

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31 de agosto de 2005
Palabras del Dr. Manuel Peña, Representante de la OPS/OMS en el Perú

El proceso de envejecimiento en el mundo es uno de los eventos más trascendentales no sólo desde el punto de vista demográfico sino económico y social. En Sudamérica el 8% de la población es mayor de 65 años y se estima que en el 2025 este porcentaje alcanzará el 23%. En la actualidad existen países, como el Japón, cuya población adulta mayor ya está alrededor del 25%.

En el caso del Perú tenemos municipios donde la proporción de población de adultos mayores es cercana al 15%, y otros Municipios, con peores condiciones de vida, con porcentajes cercanos al 5%. Sin embargo, en cualquiera de los casos, éste es el grupo de edades de mayor crecimiento, fenómeno que va configurando una nueva problemática social y de salud pública.

El proceso de envejecimiento no se acompaña de un proceso de asimilación y preparación por parte de los gobiernos para hacerle frente a este reto en el corto y mediano plazo. La gente envejece con inseguridad económica, con imposibilidad de mantenerse activos laboralmente, con bajas coberturas de seguridad social y un cada vez más debilitado apoyo económico por parte de la familia.  Los procesos migratorios y de urbanización acelerada -y sobre todo desordenada- producen cambios en la estructura familiar y en las redes sociales de apoyo.

Ser adulto mayor en nuestros países significa pertenecer a un grupo vulnerable. Los ancianos suelen verse relegados y sometidos a la violación de sus derechos humanos básicos. Segmentos de la sociedad han perdido el respeto por los adultos
mayores y la discriminación ha aumentado por criterios de edad. En la medida de que pierden su autonomía van perdiendo también su derecho a la privacidad y a tomar decisiones. Sufren, asimismo de una mayor violencia social y doméstica.

Como sostiene la OPS, el problema no es la longevidad, sino la falta de preparación de los individuos, la sociedad y el Estado a asimilar ésta de manera objetiva y efectiva. La respuesta tendrá que ser global y a cada nivel de gobierno y cada sector le debe tocar una parte de la responsabilidad para asegurar un envejecimiento activo y saludable, entendido éste como un proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad del individuo.

Esta visión, que se aplica tanto a los individuos como a los grupos de población, subraya la importancia de estar físicamente y socialmente activo, participando en forma continua en las cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, de la comunidad a la que se pertenece.

Por otra parte, las políticas sociales no alcanzan para todos. Un alto porcentaje de la población tiene carencia de acceso a los servicios básicos de salud, donde las políticas orientadas al adulto mayor no son prioritarias y en general de baja calidad. El personal de salud no está preparado para atender adecuadamente a los ancianos, y en los servicios se percibe frecuentemente discriminación, negligencia o maltrato.

Faltan medicamentos, tecnologías e insumos; y los servicios, principalmente de atención primaria, no están organizados para atenderlo en forma integral y menos para darles una atención diferenciada.

Lograr que los sistemas sanitarios tengan una perspectiva de curso vital completo y se orienten a la promoción de la salud, a la prevención de las enfermedades y a la búsqueda de acceso equitativo tanto a una atención primaria como a una asistencia de larga duración de calidad debe ser una meta de todos nuestros gobiernos. Se debe, en síntesis, procurar que el envejecimiento se de en forma saludable y en un entorno físico y social saludables.

Para esto necesitamos no sólo de buenos servicios hospitalarios, sino del desarrollo de condiciones propicias para el envejecimiento. Deberemos encarar aspectos relacionados con el entorno, los estilos de vida, la educación en salud, la promoción de los derechos, la organización, el autocuidado, las oportunidades de trabajo, la consejería individual y familiar, la asistencia social, la asistencia jurídica, y el voluntariado, recordando siempre que la calidad de vida de las personas adultas mayores se determina en gran medida por su capacidad para mantener su propia autonomía y su funcionalidad.

Al analizar este tema en los municipios peruanos se vio que las falencias son graves en los diferentes niveles de gobierno. Las acciones son predominantemente de emergencia. No existe un respaldo normativo específico; y no se cuenta con partidas presupuestales o éstas son exiguas. La mayoría de las acciones se dirigen más a atender que a promover la salud.

Con este enfoque, las necesidades en recursos humanos son múltiples. Partiendo de los geriatras y gerontólogos, psicólogos, antropólogos, enfermeras, debemos considerar la necesidad de profesionales para la atención primaria, médicos generales, promotores, cuidadores, consejeros, terapeutas, gerentes, profesionales de educación física, abogados y otros.

Frente a este panorama de desafío se encuentra un área que se muestra como de las más débiles, si consideramos las funciones esenciales de la salud pública: los recursos humanos.
En la Región pareciera que nos hemos debilitado en el área de recursos humanos.

Las fuerzas del mercado y la apertura de la educación a las leyes del mercado han
derivado en la proliferación de carreras y facultades, que nos han quitado las posibilidades de planificación, regulación y control, aún siendo concientes que las políticas de recursos humanos tendrían que emerger de las políticas de salud, acordes con la estructura del sistema de salud y con los modelos de atención, financiamiento y gestión.

Las tendencias no parecen halagadoras y, a lo anotado, se debe añadir la influencia de la descentralización, con implicaciones de transferencia de poder y reordenamiento de estructuras; además, la inequidad en la distribución de los RH en salud según áreas geográficas; así como la precarización del empleo y la disminución de la calidad en la educación.

Los temas relacionados con la orientación de las políticas, su institucionalización, la regulación de la educación, la calidad profesional, la calidad del trabajo, la acreditación de la educación, la certificación, el perfil del profesional y el tipo de profesional requerido y el fortalecimiento de su desempeño, son algunos de los temas sobre los que tenemos necesidad de insumos. Los pongo sobre la mesa, como elementos de un marco teórico, cuyos contenidos y principalmente las estrategias de solución, esperamos sean enriquecidas con los aportes de los colegas presentes en este foro. Quiero felicitar muy sinceramente a ALMA por la excelente iniciativa de convocar a este grupo de destacados profesionales para reflexionar en el tema de los recursos humanos desde la perspectiva del adulto mayor. Estaremos atentos a sus contribuciones, que seguro serán de extraordinario beneficio.
Gracias.
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Última actualización el Viernes 04 de Septiembre de 2009 17:22

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